viernes, 7 de noviembre de 2008

DEBATE MINGA NACIONAL

Debate Minga Nacional


Por: RJ

Que renuncie a seguir hablando el tirano para que se escuche la verdad. Que renuncie a seguir vociferando órdenes para que empecemos a saber, a descubrir de donde viene el mando de lo que ha ejecutado. Que haga silencio para que se escuche, para que él escuche como ha debido hacerlo, la palabra de los pueblos que son su autoridad.

El pasado domingo 2 de Noviembre a las 6:30 de la noche, en la hacienda María Piendamó en el departamento del Cauca, luego de seis horas de debate se terminó la tercera fase de la Minga Nacional de Resistencia Indígena y Popular, las respuestas del presidente no fueron claras para los pueblos indígenas y como estaba pronosticado, no se llegó a ningún acuerdo con el gobierno nacional, por lo tanto la minga continúa; en estos momentos las autoridades y su dirigencia evalúan para definir la cuarta etapa.

Corteros, campesinos, indígenas, mujeres y estudiantes, entre otros; se dieron cita en el Territorio de Diálogo, Convivencia y Paz para traer su palabra de inconformidad, de dolor, de despojo, de tristeza, de sufrimiento; pero también de propuesta ante la agresión constante que viven todos los pueblos en Colombia, víctimas del terror y la guerra, del sometimiento económico institucional y la propaganda, que arrebata territorios, que mata de hambre, que esclaviza y que entretiene para que unos pocos disfruten de todas las riquezas, mientras las mayorías viven en la miseria .

De este territorio de paz y Resistencia se denuncian hechos de violencia que se siguen presentando tanto en el Cauca en donde miembros del escuadrón antimotines de la policía utilizan armas de fuego y armas corto punzantes con las que han herido a varios indígenas en medio de las recientes acciones de Resistencia, y a lo largo del país por todos los actores armados; el sábado nada más atentaron contra la vida del Representante Legal de la Comunidad de Paz de San José de Apartado, después de que los paramilitares hicieran una amenaza contra su comunidad. “Se hace un llamado a que se haga justicia. Pues el temor del pueblo es el mismo de siempre, ser ejecutados después de que supuestamente hay diálogos y acuerdos,” .

Desde altas horas de la madrugada los lideres y la Guardia Indígena organizaron la jornada de debate, haciendo un trabajo extraordinario, como el que siempre se desempeña en el territorio, es allí en donde se nos demuestra la fuerza de una sociedad igualitaria y equitativa en la cual se respetan los derechos humanos y no se necesita la mano armada ni el militarismo. Varios centenares de indígenas y demás integrantes de movimientos sociales pusieron empeño en escuchar y participar en este debate.

Con las mismas preguntas e inquietudes se levantaron de sus asientos pues el presidente Álvaro Uribe, abrigado con su gabinete de gobierno, sin dar respuesta de fondo a los cinco puntos de la agenda de la Minga nacional, se dedico a alabar su política de seguridad democrática y “prometer otro debate y otras mesas de concertación como si las múltiples que se han hecho, hayan servido para algo”. El Presidente insistió en hablar de los "bandidos de las FARC que tanto daño le han hecho a la Patria", pero no le respondió a la Consejera Mayor quien le exigió que no le hablara a bandidos sino a un pueblo "aquí presente que exige sus derechos".

La Minga ha demostrado con creces la validez de los 5 puntos en los cuales se dice No al TLC y al modelo de desarrollo que representa el gobierno y que despoja a los pueblos para entregar la riqueza y el trabajo a trasnacionales, que se derogue toda la legislación de despojo sobre la base de ser inconsulta y contraria a los derechos de los pueblos; en particular, que se derogue de inmediato el estatuto rural, que el estado reconozca todo el terror contra los pueblos, Las masacres, el asesinato de indígenas, campesinos, sindicalistas, líderes populares y todas las víctimas de los llamados falsos positivos que continúan y que Uribe pida disculpas por las señalasiones contra los pueblos indígenas.

El Presidente no dió respuestas ni soluciones de fondo a la agenda de la Minga nacional, pero sí reiteró que para su gobierno no se puede adoptar la Declaración de la ONU sobre los Pueblos Indígenas en los tres siguientes puntos;

1) ley de la consulta previa, en palabras de Uribe esta ley ocasiona veto a los proyectos que se desarrolla como la carretera de Nuqui, que se construye para el bienestar y desarrollo del pueblo colombiano, que en realidad es solo bienestar y desarrollo para los terratenientes y las multinacionales. La Carretera Panamericana Animas – Nuquí y el Tapón del Darién en Unquía y Acandí, es solo la vía para sacar los recursos explotados y privatizados de Megaproyectos como la minería, el petróleo, el agua y hasta la entrada al Parque natural de Utría, el cual fue entregado por el actual gobierno en concesión para servicios de residencia y restaurante a la empresa privada turística AVIATUR, es decir; rumbo a la privatización, desconociendo la propiedad ancestral y la inalienabilidad que protege a los territorios indígenas de Bojayá, Alto Baudó, Nuquí y Valle Boroboro, en donde había un gobierno propio al cual se debía consultar. El gobierno quiere evadir la consulta previa con los indígenas, pues es conocedor de que tendría que a firmar unos acuerdos sobre reparación e indemnización de los daños ambientales, sociales, culturales y económicos, causados por los Megaproyectos.

2) Ley de propiedad del Subsuelo, Para el gobierno colombiano el subsuelo es del Estado, de lo contario si fuera de las comunidades indígenas y negras no podría dar en concepción los miles de recursos como el petróleo, los minerales y el agua a las monstruosas multinacionales.

3) Retirar las fuerzas militares de los territorios indígenas, Desconociendo al arduo trabajo de la guardia indígena, los cuales han desarrollado medidas de protección a sus comunidades en contra de grupos armados legales e ilegales, desmillendo en un alto porcentaje las amenazas y los asesinados contra los pueblos indígenas; el actual gobierno quiere aumentar el pié de fuerza militar , representado en el reclutamiento forzado, en la Red de informantes, y en los soldados campesinos, según él, para la protección de las comunidades, pero que en realidad el militarismo y el paramilitarismo es la salvaguarda de los Megaproyectos y los intereses geoestratégicos.

No es con el aumento del pie de fuerza que se construye igualdad social, No es con la seguridad democrática que se hace realidad la equidad entre los pueblos, No con Ejecuciones extrajudiciales que se protege la multiculturalidad, No es con el despojo de tierras que se hace una nación incluyente, es con acciones de inversión social, con el respecto a los derechos humanos, con la reparación a miles de victimas de los grupos armados légales e ilegales y del Estado colombiano. Así se podrá hacer un país en el que quepamos todos y todas.

La minga continúa, uniendo todos los dolores para los cambios estructurales , no es el Cauca, ni son los indígenas, ni es solamente el tema tierras. Es una Minga de los pueblos, es Nacional y reclama sus derechos. Entre estos, el principal: el derecho a tener una agenda propia, desde los pueblos.

http://www2.redjuvenil.org/content/view/590/40/

CRÓNICAS DEL RIO CIMITARRA: UN VIAJE A LAS SELVAS DEL NORDESTE ANTIOQUEÑO Y SUR DE BOLÍVAR

Crónicas del Rio Cimitarra: un viaje a las selvas del Nordeste Antioqueño y Sur de Bolívar

Por: Marco Vinicio Pinzón

“… No ando con luces prestadas para alumbrar mi camino,
Pues la luz de mi destino es una estrella muy viva,
Es una estrella colectiva de obreros y campesinos”
Macias el Cantor de Lejanías


La primera vez que llegue al valle del río Cimitarra por las casualidades del destino, me encontré un día en Barrancabermeja: ciudad extraña, caliente, que huele a petróleo, cuna de movimientos sociales; donde trabajadores, mujeres y campesinos empezaron sus luchas. Remontamos el río grande de la Magdalena, hacia San Pablo cogemos un brazo lateral para llegar al Río Cimitarra; 40 grados de temperatura, en la mitad de la manigua; selva de tigre, territorio inexplorado a donde fueron llegando colonos de todas las violencias desarraigados, de cuando mataron a Gaitán, cuando el pacto de Chicoral, de cuando la “contrarreforma” agraria de Lleras y López, llegaron de todos lados.

Los últimos vinieron de Córdoba, del Urabá, de Puerto Boyacá, Puerto Berrio, de los puertos sobre el Bajo Cauca y el río Magdalena o Yuma (como lo nombraron los Yariguíes, indios bravos exterminados por Mr. Isaccson y La Trocco Oil Compañy). Tierras que se llenaron de plaga, alianza corrupta latifundista, electorera, militarista, narco y empresarial que desoló estas regiones de pescadores y labriegos; llegaron desplazados por la pobreza, por las violencias, buscando mejores oportunidades.

Mineros, campesinos, negros e indios se adentraron en tierra virgen, abriendo trochas poblaron este territorio entre el nordeste Antioqueño y el Sur de Bolívar. La Serranía de San Lucas, montaña de oro atrajo todos los intereses, coca y oro se juntaron en la guerra, una guerra que los persiguió hasta el Cimitarra, que nunca los deja; Militares-Paramilitares que los han perseguido desde siempre por organizarse. La guerrilla siempre a estado ahí, pero los muertos los ponen ellos, los que no se resignan a dejar esta tierra, donde llegaron huyéndole al terror del Hambre y de las Balas.

Llegamos una tarde de Junio a la aldea comunitaria de Puerto Matilde; nos reunimos en un encuentro internacional sobre Conflicto, coca y Derechos Humanos convocado por la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC), éramos 700 personas, de toda Colombia, de varios países, nos sentamos a debatir sobre el conflicto, las fumigaciones, las persecuciones. Pero también llegamos para hablar de la esperanza, de cómo poder vivir dignamente en medio del conflicto, con soberanía alimentaria; como extraer recursos para subsistir, sin acabar con la naturaleza; llegamos para bailar y cantar, en medio de la tristeza y la alegría que siempre se juntan en estos parajes.

La ACVC “representa” a miles de campesinos, sus reivindicaciones por la permanencia en el territorio y las posibilidades reales de una vida digna, sus luchas convergen en la Zona de Reserva Campesina (ZRC) figura equivalente a los resguardos indígenas y a los territorios colectivos para comunidades negras. La ZRC busca regular la propiedad de la tierra en áreas de colonización y expropiación terrateniente que en el Magdalena Medio son una constante histórica; además pretenden la autonomía y soberanía alimentaria, una mínima inversión social y económica (hasta ahora inexistente), la conservación de ecosistemas sensibles y la restricción a la extracción indiscriminada y a gran escala de recursos naturales principalmente minería, maderas y algunas especies; por último la sustitución concertada de cultivos de uso ilícito.

El camino de la ACVC se inició hace décadas con el movimiento popular del magdalena medio, con las ligas campesinas, la propuesta silenciada de la UP; con las marchas del 96 y el éxodo del 98, que movilizaron en el magdalena medio 10 y 15 mil campesinos respectivamente, junto a miles en otras regiones del país (Caquetá, Guaviare y Putumayo). Solo la presión nacional e internacional y la pacífica toma de colegios, universidades y parques en el puerto petrolero de Barranca lograron sentar al gobierno nacional con los líderes campesinos. Primero el ministro Serpa y luego los representantes de Pastrana en el 96 y 98 respectivamente. Se buscaba una salida a la represión militar-paramilitar, a las fumigaciones indiscriminadas, se buscaban soluciones a la ausencia total del estado en materia social.

Acuerdos firmados, pactos incumplidos, los dos gobiernos al contrario mantuvieron la política de interdicción y peor aún, mientras se realizaban los diálogos en el Caguan, varios lideres que habían participado de las negociaciones en Barranca, cayeron abatidos por paramilitares de la mano del terrorismo de estado, cientos de campesinos fueron asesinados en el sur de Bolívar luego del retorno voluntario del 98, con la esperanza de tener al menos por un tiempo algo de tranquilidad. En 2002 se instaura la ZRC del Valle del río Cimitarra la cual se suspendió en 2003 por presiones de latifundistas, alcaldes locales y el senador de esa época Carlos Arturo Clavijo, (paraco condenado según las ultimas actuaciones de la justicia) generando una campaña de estigmatización y persecución permanente.

Vinieron mas marchas en 2001,2004, 2006, 2007 las pretensiones fueron y serán las mismas. En 2007 incluso el presidente Uribe llego a Barranca y se sentó con los campesinos, otra vez se firmo un acuerdo que se centraba en la no persecución y militarización de la región, inversión para la gente, no para la guerra y el levantamiento de la suspensión de la zona de reserva Campesina. Unos meses más tarde dictaban orden de captura a 14 dirigentes de la ACVC, 6 encarcelados y el resto en ruptura y desobediencia con el sistema judicial que siempre los ha perseguido, pero nunca ha aclarado las muertes de cientos de campesinos en la región, en el sur de Bolívar las cosas siguen igual o peor ya no se puede decir. La zona de Manilas, la región de Guamocó mucho oro, mucha bala, familias que aprendieron a vivir entre el miedo y la alegría a ritmo de Vallenato en Barranca o San Pablo, a ritmo de trova en Remedios.

Mi recorrido con los campesinos del Valle del río Cimitarra está lleno de aprendizajes, de tristezas por los compañeros que ya no están, por la vida que les toco vivir, pero también de esperanza cuando miro arrear las mulas en la selva, cuando miro junto a hombres, mujeres y niños a las tortugas asoleándose a medio día en el río.

En este camino me he encontrado y he aprendido tantas cosas de muchas personas, músicos a los que les he aplaudido sus trovas y decimas, de las mujeres con las que he pelado yuca y fritado la rica Guagua, de los arrieros con los que he amarrado la enjalma, de los pescadores que cuentan historias de Moanes y tabaco, de los mineros que hablan del oro que se le esconde al avaro, que esta maldito y algunas veces les trae miseria; de los raspachines con los que he raspado la mamacoca, maldecida por el progreso; de los negros con los que he jugado futbol y bailado champeta; de los evangélicos con los que he discutido sobre religiones y alienación.

Son muchas historias que contar, de un camino que apenas se empieza a tejer, algunos dirán que estas cosas nunca se verán en la academia, pero una buena parte de lo que he aportado en esta región viene de la universidad publica, los cineclubes, los debates de filosofía política, de las enseñanzas de profesores y maestros, de las jornadas libertarias que realizamos. Es un encuentro de saberes que ha permitido llevar al rio cimitarra otras visiones del mundo, del país, de la política; donde personajes de distintos orígenes han participado. Pero también han llevado mensajes y visiones de una comunidad sobreviviente a muchas ciudades en Colombia y el mundo.

Marco Vinicio Pinzón
Bogota Noviembre 2008

domingo, 2 de noviembre de 2008

AMENAZAS DE MUERTE A LIDERES COMUNITARIOS EN LA COMUNA 13 DE MEDELLIN

ACCIÓN URGENTE


AMENAZAS DE MUERTE A LIDERES COMUNITARIOS EN LA COMUNA 13 DE MEDELLIN


Ponemos en conocimiento de las organizaciones de derechos humanos, las instancias internacionales y las instituciones gubernamentales las amenazas contra la vida de líderes comunitarios en la comuna 13 de Medellín y los sabotajes a la publicidad del foro social, que se realizó en este y otros sectores de la ciudad

HECHOS

LA RED DE ORGANIZACIONES COMUNITARIAS DE MEDELLIN, EL MOVIMIENTO NACIONAL POR EL DERECHO A LA SALUD, SINTRALIMENTICIA, EL COLECTIVO DE LA SALUD, LA RED GADARA, EL COLECTIVO CONCIENCIA Y SOCIEDAD, entre otros, organizaron este año el FORO SOCIAL MEDELLIN: otra ciudad es posible sin miseria ni exclusión. En este escenario se vienen desarrollando más de 86 eventos durante la semana comprendida entre el 26 y el 31 de octubre del 2008; en el marco de este FORO se han presentado varias vulneraciones graves a la integridad de algunos lideres comunitarios como las que narramos a continuación:

El día Martes 7 de octubre, 4 jóvenes que realizaban el proceso de preinscripción para la participación dentro del FORO, en los barrios Las Independencias 3 y Nuevos Conquistadores, ubicados en la comuna 13; fueron abordados por un hombre que portaba una arma de fuego y los amenazó para que le entregaran la cámara fotográfica que portaban, pero los muchachos decidieron no dársela, por lo cual fueron sacados del barrio con palabras soeces y amenazados para que no volvieran so pena de ser asesinados.

El día 27 de octubre en horas de la mañana, un grupo de personas del Barrio las Independencias 2, junto con algunos jóvenes de la ROC (Red de Organizaciones Comunitarias) y estudiantes universitarios, organizó una actividad de pinta de murales. El muro que se escogió para pintar es el que cubre el parqueadero de los buses de Belencito Corazón, empresa de transporte llamada Conducciones América. Para la realización de las pintas no hubo muchos problemas, pero durante toda la jornada extraños jóvenes rondaron el lugar.

En horas de la tarde de ese mismo día, luego de una jornada de estampación de camisetas alusivas al tema del Foro; algunas personas del barrio las Independencias II recomendaron que era mejor que no se siguieran haciendo tantas cosas por que eso era muy subversivo y podían haber problemas en el Barrio.

El día lunes 27 de octubre del presente año, realizaron una llamada a la casa del señor GABRIEL ANGEL ORREGO, líder comunitario del barrio las Independencias de la comuna 13 y quien ha sido clave en el trabajo comunitario de este barrio. A la llamada contestó su hija DANIELA de apenas 9 años de edad, y le dijeron "te vamos a matar". Horas mas tarde recibieron una nueva llamada, en esta ocasión contestada por la señora Maria, esposa de Gabriel, a quien le dijeron: "no salga que la vamos a matar".

El día martes 28 de octubre, se recibió una nueva llamada a la que contestó la señora Maria, y en la que le dijeron "no te hemos matado la hija porque no nos ha dado la gana". Este mismo día 4 jóvenes estuvieron rondando la casa del señor Gabriel, y cuando un vecino se alertó sobre el asunto uno de los jóvenes le apunto con arma con silenciador y luego se fueron.

En esta zona de la ciudad hacen presencia numerosos grupos de paramilitares que se pelean el control, que ejercen violencia indiscriminada permanentemente y lo hacen en medio de la presencia militar, pues en el barrio de las Independencias está la policía con la estación de Belencito y el ejército con la base de las independencias.

SABOTAJE GENERALIZADO

Además de los hechos narrados anteriormente, en algunos barrios como la Esperanza, Popular dos, La Salle y varios sectores de la comuna 13; lugares en los que tienen presencia las organizadoras del evento, en horas de la noche, toda la publicidad como afiches y volantes fue despegada y quemada.

En algunos sectores grupos armados han intimidado a las personas para que no participen de las actividades propuestas por el FORO.

PETICIONES

Solicitamos de manera urgente a las organizaciones comunitarias, de derechos humanos, organismos internacionales y agencias; al igual que a la población en general a que una las voces y la solidaridad en contra del rechazo a acciones como estas. El respeto por la vida y la diversidad debe ser el pilar de toda sociedad.

Igualmente ponemos en conocimiento de instancias de derechos humanos, así como las autoridades respectivas de los graves hechos ocurridos en contra de la integridad y la vida de varios compañeros especialmente en la comuna 13 de Medellín.

Instamos a las autoridades locales y de derechos humanos a que adelanten las acciones pertinentes tendientes a proteger la vida y la integridad de la familia ORREGO, así como la de los demás lideres que se encuentran en esta zona y en estas condiciones.

Exigimos a las organismos veedores de los procesos de desmovilización en la cuidad, las organizaciones de derechos humanos y especialmente a la administración municipal, el reconocimiento del contexto de control social y violencia que vive la ciudad y que está asociado indiscutiblemente a la presencia de los grupos paramilitares.

Igualmente informamos que el cronograma del FORO no se verá alterado por hechos intimidatorios como estos, y por el contrario a la violencia le respondemos como hemos aprendido; con la fuerza de la palabra, y con el convencimiento de estar haciendo lo correcto.



Comunicaciones Foro Social
¡OTRA CIUDAD ES POSIBLE, SIN MISERIA NI EXCLUSIÓN!
Neoliberalismo, Privatización, Pobreza y Derechos Humanos.
Medellín. 27 al 31 de octubre de 2008
www.forosocialmedellin.org
info@forosocialmedellin.orgEsta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Actualizado ( Viernes, 31 de Octubre de 2008 07:50 )

CONTRAVIA - LA MINGA INDIGENA OCTUBRE 2008

CONTRAVIA - LA MINGA INDIGENA OCTUBRE 2008
RACISMO & REPRESIÓN


Parte I







Parte II







Parte III





jueves, 30 de octubre de 2008

LAS CICATRICES DE EL ARO

LAS CICATRICES DE EL ARO

Por Javier Arboleda García


VERDAD ABIERTA
Relato de la lenta e impune masacre de los habitantes de un caserío al norte de Antioquia, en octubre de 1997, y de cómo en los siete días que duró, ninguna autoridad llegó a auxiliarlos. Historia de Verdadabierta.com, el portal especializado en paramilitarismo y conflicto armado que se lanza esta noche.
Martes 21 Octubre 2008



Jesús Abad Colorado Así quedó el Aro, corregimiento de Ituango, después de la masacre.

TOMADO DE VERDAD ABIERTA

“Si lo quiere tanto; entonces, duerma con él”, le gritó el hombre a Rosa María Posada y la empujó encima de su marido, quien yacía tirado sobre la yerba húmeda, recién asesinado. Ella abrazó a Marco Aurelio, intentando taparlo, para que sus dos hijos no vieran su cuerpo destrozado, los ojos afuera, el pecho rajado, la piel levantada. Marco Aurelio Areiza, su esposo, de 64 años, había sido un hombre bueno, dueño de las únicas dos tiendas de abarrotes de El Aro, un pueblo de 60 casas de paredes de bahareque mapeadas por la cal y el tiempo, tejas de zinc y puertas de colores, en el área rural de Ituango, un municipio al norte de Antioquia. Areiza había sido de sus primeros habitantes; llegó en 1967, dos años después del obispo que lo fundó.

A Marco Aurelio lo mataron un domingo 26 de octubre de 1997, a una cuadra de la plaza de ese caserío de páramo, frío y nublado, con una calle larga empedrada que empataba con la iglesia, a donde sólo se podía llegar después de siete horas de camino de mula, cuesta arriba por una montaña quebrada de arroyos de aguas limpias. Su cadáver quedó al borde del cementerio, que junto con una escuela, cuatro plantas eléctricas, una cabina telefónica, dos cantinas, y la dos tiendas de Marco Aurelio, formaban todo el equipamento urbano.

No fue el primer caído, ni tampoco el último. La masacre, planeada varios días antes, lejos de allí, había empezado tres días antes, y duró cuatro días más. La cometieron 150 hombres de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), también conocidos en la región como los ‘mochacabezas’.

Con todo la parsimonia del caso, como a sabiendas de que nada les impediría su calculada carnicería, cazaron, torturaron y vejaron a sus 17 víctimas, quemaron 42 de las 60 viviendas, se robaron 1.200 reses y forzaron a 702 habitantes a salir huyendo para salvar la vida.

Por la fría sevicia de los verdugos que sometieron y humillaron a la población, y por la absoluta desprotección en la que la dejó la fuerza pública que en siete días nunca acudió en su ayuda, la masacre de El Aro queda en la memoria de los colombianos como una de las más crueles. Aun así, hoy, once años después sigue en gran parte impune.

Hubo tres sentencias, proferidas en un solo fallo del 22 de abril de 2002, por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Antioquia: contra Carlos Castaño Gil y Salvatore Mancuso Gómez, condenados a 40 años de prisión, como determinadores del homicidio agravado, desplazamiento forzado, y del hurto calificado y agravado en esos parajes montañosos de Ituango.

Carlos Castaño no cumplió la condena pues fue asesinado en abril de 2004. Y a Salvatore Mancuso, el gobierno colombiano lo extraditó en mayo de 2008 para que fuera juzgado primero por el delito de exportación de cocaína a Estados Unidos. La otra condena, a 33 años y cuatro meses de prisión, recayó sobre Francisco Enrique Villalba Hernández, conocido en las filas de las Accu como Cristian Barreto quien, movido por sus culpas, se entregó a la Fiscalía casi cuatro meses después de la masacre.

La justicia sólo abrió investigación penal a dos militares: al teniente del Ejército Everardo Bolaños Galindo, detenido hasta hace algunos meses en la cárcel de máxima seguridad de Cómbita (Boyacá), y al cabo primero Germán Alzate Cardona, conocido como ‘Rambo’, quien está prófugo. A ambos, la Procuraduría General los destituyó y sancionó disciplinariamente por haber “colaborado y facilitado”, con conocimiento de causa, la incursión paramilitar.

El 10 de agosto de 2001 la Procuraduría archivó la investigación disciplinaria contra el general Carlos Alberto Ospina Ovalle, comandante de la IV Brigada para la época, y luego hizo lo mismo en el proceso al que estaba vinculado el teniente coronel Germán Morantes Hernández, ex comandante del Batallón Girardot, con jurisdicción en el norte de Antioquia.

El primero de julio de 2006 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la OEA, condenó al Estado colombiano a pagar una indemnización cercana a 3.400 millones de pesos a favor de 123 familiares de las víctimas de El Aro. Le ordenó que les rindiera un homenaje público y le pidió que persiguiera a quienes tuvieron responsabilidad en los hechos y hoy siguen libres.

Para la CIDH, quedó demostrada la responsabilidad del Estado, por acción y omisión, en especial, en la violación “a los derechos a la vida, la integridad personal, la libertad, la propiedad privada y la circulación y residencia”.

El buen vecino está muerto

Liliana Amparo Areiza, de 31 años, una de las hijas del primer matrimonio del tendero Marco Aurelio, les dijo después a los investigadores de la Fiscalía que ella supo que los paramilitares iban para El Aro con malas intenciones, y desde Yarumal, donde vivía, lo llamó a advertirle. Pero él estaba confiado de que nada le pasaría.

“No voy a huir como un delincuente; todo lo he conseguido honradamente y trabajando”, dijo Liliana que le respondió su papá.

Antes de meterle cuchillo a Marco, los paramilitares obligaron a Rosa María, su mujer, a matar una res, prepararla y servírselas. Ella intentó convencerlos de su inocencia. Les rogó que se apiadaran de sus hijos, que lo escucharan antes. “Marco Aurelio nunca les negó que le vendía comida a la guerrilla –contó luego Rosa— pero les explicó que siempre fue bajo presión y amenazas”.

Si mataron al buen tendero, qué no le esperaba a la gente de El Aro.

En realidad no importaba si Marco era culpable o no. Su delito, y el de sus demás coterráneos, era vivir en un descanso de una falda del Nudo de Paramillo, un macizo de montaña, por donde los frentes 5,18 y 36 de las Farc, transitaban a sus anchas. Desde mediados de 1996, cuando se estaba gestando su proyecto de organización nacional que luego se conoció como Autodefensas Unidas de Colombia, los paramilitares juraron sacar a la guerrilla de sus madrigueras, una de esas era precisamente el Nudo de Paramillo. Dominar el Nudo era tener un tránsito libre entre cinco departamentos y un conducto entre dos mares. No era sólo un objetivo contrainsurgente, también codiciaban los terrenos alejados para la siembra de coca y el corredor estratégico para sacar la cocaína y entrar las armas. El Aro era la puerta de entrada.

El mismo Carlos Castaño, quien luego se erigió como jefe visible de las Auc, lo reconoció públicamente, días después de la masacre: “Hace parte de nuestra estrategia. O la guerrilla sale de sus santuarios o vamos a entrar. Iremos al Nudo de Paramillo y a Tadó, donde hay reductos fuertes de la guerrilla. Si el Ejército no es capaz de entrar y acabar con esas repúblicas independientes; yo sí, y se los voy a demostrar.”

El expediente judicial, revela que la masacre se planificó días antes en una finca cerca de La Caucana, corregimiento de Tarazá, en el Bajo Cauca antioqueño, un bastión de las autodefensas. Varios testigos y el arrepentido Villalba Hernández dijeron que allí estuvieron Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, junto a varios militares, estudiando cada detalle de lo que sería el recorrido de muerte.

¿Quiénes eran los militares? La justicia todavía no lo dilucida. Villalba, el contrito paramilitar, pareció recordar los detalles sólo hasta diez años después. Dijo en 2007 que habían participado en la planeación de la masacre los altos mandos de la IV Brigada del Ejército. Y también dijo, sin pruebas y con algunas contradicciones, que en la misma hacienda estuvo el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, “condecorándonos por el éxito de la operación”.

Antes de que ningún medio de comunicación publicara la versión de Villalba precisamente por lo dudosa, el presidente Álvaro Uribe salió a desmentirla: “Ese bandido dice que hasta agradecí a los paramilitares por esa masacre, porque liberaron a seis secuestrados, entre ellos a un primo mío y que Santiago, mi hermano, prestó 20 paramilitares para ese crimen“,

Ningún testimonio respalda, hasta ahora, lo dicho por Villalba con respecto al Presidente. Pero muchos sí dan cuenta de la reunión de planeación en finca de la que originalmente habló Villalba, y de la presencia allí de los jefes paras y de algunos militares.

Empieza la procesión

Después del plan trazado en la Caucana, empezó la ejecución. Los 150 hombres de las Accu empezaron su recorrido de la muerte en Puerto Valdivia, un caserío en la Troncal de Occidente, a orillas del río Cauca. El miércoles 22 los paramilitares, vestidos con trajes de fatiga y con fusiles AK-47 y Galil; subametralladoras y radios de comunicación, hicieron la primera estación: una finca de la vereda Puquí, al pie del río.

“Preguntaron por la guerrilla, pero nadie dijo nada, hasta que un jefe separó del grupo al propietario, Omar de Jesús Ortiz Carmona (30 años) y a uno de sus trabajadores, Fabio Antonio Zuleta Zabala (54 años)”, narró un testigo, que los vio conversar un rato “hasta que la cosa se puso maluca”.

“¿Qué hago con ellos?”, preguntó un subalterno. “Haga lo que quiera”, respondió el jefe. “No, mentira, mate esos perros…” Las necropsias practicadas después a los cadáveres revelaron que ambos sufrieron estallido del cráneo debido al impacto de los proyectiles de fusil.

Ese mismo día, otro grupo de unos 30 paramilitares llegó a la finca La Planta, de la vereda Remolino. Allí, mató al anciano Arnulfo Sánchez Álvarez, de 68 años. Pocos vieron qué pasó, pero Medicina Legal determinó que su muerte obedeció a “una lesión del tallo cerebral”, producto de un impacto de arma de largo alcance.
El jueves 23 de octubre, a las 6:30 de la mañana, las autodefensas entraron a una pequeña tienda de abarrotes, en la vereda Puerto Escondido, donde empieza la cuesta hacia El Aro.

Martha Cecilia, de 18 años contó que ella vio cuando llegaron uniformados y hablaron con su esposo, Omar Iván Gutiérrez, de 32 años. No la dejaron acompañarlo, sino que la obligaron a permanecer dentro de un cuarto con sus dos pequeñas hijas y unos familiares que estaban de visita. Luego vio que las explicaciones de Omar Iván enfurecían cada vez más a quien lo entrevistaba. Ella apretaba a sus hijas, sobre todo a la más chiquita de apenas 7 meses.

Como a las ocho sintió que alguien preparó el fusil y luego escuchó cuatro disparos. Lo dejaron tirado en el piso. “Lo que no se llevaron, lo dañaron, dizque porque era para la guerrilla” dijo después a los investigadores.

Camino al infierno

“A mi esposo también lo torturaron”, les dijo a los investigadores del CTI, María Esther, la compañera de José Darío Martínez, muerto en iguales circunstancias junto a Olquín Fail Díaz, de 26 años, y Otoniel de Jesús Tejada Jaramillo, de 40.

A los tres los retuvieron algunos momentos en la finca de Olquín Fail, en la vereda Organí. Ante el temor por las armas que les apuntaban, uno de ellos dijo, contradiciendo a los demás, que la guerrilla sí había pasado por allí, pero hacía ya varios meses. Allí les llegó la sentencia de muerte. Los disparos dispersaron a los demás campesinos.

Antes de llegar a El Aro, ese mismo 23 de octubre y luego de recorrer a pie un sendero en zig-zag por la montaña, los paramilitares entraron a la finca Mundo Nuevo. Un tiro de gracia recibió el agricultor Alberto Correa, quien les informó que no sabía nada de sus enemigos y que él veía pasar todos los días gente uniformada, como ellos.

En la retirada se encontraron con Wilmar de Jesús Restrepo Torres, un joven de 14 años. La respuesta del adolescente fue igual. Los paras lo obligaron a seguirlos hasta El Aro, pero cuando estaban a punto de entrar al pueblito, fueron emboscados por guerrilleros. Allí murió uno y uno, por cada bando.

“Al término del combate, el jefe de los paramilitares se enardeció con el muchacho porque no les dijo la verdad”. Lo mataron y dejaron su cuerpo sobre un camino de herradura, dijo Gustavo Palacio quien, para la época vivía en El Aro.
“Llevamos su cadáver en el lomo de una mula hasta Puerto Valdivia, para darle cristiana sepultura”, contó en el proceso judicial Miladis, su hermana. “Fue duro, era apenas un niño… su único pecado fue trabajar y ayudarles a sus papás…”

En el caserío

En El Aro sabía la gente que los paras venían. Y estaban más pendientes de ellos que de las elecciones para alcalde y concejo del domingo 26. Cuando los combates arreciaron en los alrededores del caserío arreció el miedo.

“Sentí disparos, gente correr de un lado para el otro… gritaban: ‘guerrilleros, malparidos, se van a morir todos’”; entonces, Gustavo se metió debajo la cama.

Las Accu llegaron a la una de la tarde del 25 de octubre de 1997, el día antes de que mataran a Marco Aurelio, el tender, y empezaron a sacar gente de las casas. “Cuando llegué ya habían matado a Guillermo Andrés (Mendoza Posso, de 21 años); Nelson de Jesús (Palacio Cárdenas, de 50), y Luis Modesto (Múnera Posada, de 60 años, este último funcionario de la Alcaldía de Ituango)”, dijo Gustavo.

“Me contaron que los sacaron de una cantina, la de Nelson de Jesús, y los arrastraron” hasta obligarlos a ponerse bocabajo frente al atrio de la iglesia. Allí, les dictaron la sentencia: ‘Vos te vas a morir por guerrillero’; ‘A vos también te damos por guerrillero hijueputa’ y, antes de disparar contra Luis Modesto, le preguntaron, con sorna, que qué hacía su hijo en las Farc.

Con las autodefensas patrullaba Gilberto Sánchez, un hombre de mediana edad, a quien apodaban ‘El Zorro’ y que meses antes habían visto en las filas insurgentes. “Pensé –recordó Gustavo- este tipo debe estar dándole dedo a todo el mundo para salvar su pellejo”.

La gente se reunió alrededor de los cadáveres. “Nos amenazaron con una lista negra y dijeron que si sabíamos algo de la guerrilla que dijéramos, que nada nos pasaría si obedecían sus órdenes”.

“El que aparezca en la lista, se muere como estos perros y, el que no, no tiene por qué preocuparse”, les anunció uno de los jefes paramilitares antes de permitir a varios lugareños enterrar a las personas asesinadas.

“Recuerdo que los metimos, a dos de ellos, en las bóvedas 32 y 33; del otro no recuerdo”, dijo Rodrigo, quien salió de El Aro el lunes siguiente.

Las pesadillas de Villalba

“Degollé a una muchacha con un machete”, le dijo Villalba Hernández al fiscal al que le rindió la primera indagatoria, el 16 de febrero de 1998, tres días después de entregarse presionado por las pesadillas que no lo dejaban dormir y que repetían, una y otra vez, los gritos de sus víctimas. El cuerpo de la mujer jamás apareció.

El paramilitar, una de las personas que comandó la incursión, contó que era ducho en el arte de matar, desde su ingreso a las autodefensas, en el año 94, cuando lo contrataron como escolta de un jefe paramilitar de Sincelejo (Sucre), donde nació el 6 de mayo de 1972.

Adquirió la destreza en la finca El Tomate, en el Urabá antioqueño, con instructores como Carlos Mauricio García, conocido como Rodrigo Doble Cero, quien comandó el disidente y extinguido bloque Metro de las Autodefensas y quien fuera asesinado por sus antiguos compañeros el 28 de mayo de 2004 en Santa Marta.

A Villalba Hernández le enseñaron a manejar armas, pero sobre todo a matar y el entrenamiento lo cumplió con personas vivas que traían de otras regiones del departamento por sus supuestos nexos con la guerrilla. La idea era “degollarlas, quitarles un brazo o abrirlas”.

En la diligencia también confesó su participación en la masacre de Pichilín, corregimiento de Colozó (Sucre), el 4 de diciembre de 1996, cuando asesinaron a 17 personas en una incursión de las autodefensas.

Mató a los hermanos Manuel e Israel Vergara y, desde entonces, mató por encargo. Así lo hizo en noviembre de 1997 con dos labriegos de Toledo y, en diciembre de ese mismo año, con dos personas de Labores, corregimiento de Belmira (ambas localidades del Norte antioqueño), “a quienes les disparé con un revólver”.

Aparte de la condena por El Aro, Villaba Hernández recibió otra sentencia del Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Medellín, a 37 años de prisión, como coautor de un concurso de delitos, entre los que estaban los homicidios de Oscar Valderrama Cruz, Luis Alfonso Valderrama López y Alejandro Higuita Mesa.
Ellos aparecen entre las víctimas de una masacre de las autodefensas a las veredas La Balsita, Antesales, La Argelia y Buenavista, de Dabeiba, occidente antioqueño, ocurrida entre los días 22 y 30 de noviembre de 1997; es decir, casi un mes después del ataque en Ituango.

A El Aro, Villaba Hernández llegó como comandante de un grupo de 22 personas, que se encargó de la retaguardia, mientras adentro ‘Cobra’ y ‘Junior’, los dos principales jefes, ordenaban a sus hombres buscar a los supuestos guerrilleros que aparecían en la lista.
Antes de matar al tendero Marco Aurelio, le preguntaron por la guerrilla, que dónde tenía el radio, dónde escondía las armas, cómo se comunicaba con ellos. Revolcaron su tienda, dañaron todo, pero nada encontraron.

“Luego lo separaron del grupo y empezaron a insultarlo”. Gustavo vio cuando uno de los jefes se lo llevó para “el cementerio, donde lo torturaron. No quise ver el cadáver porque dijeron que quedó muy destrozado”.

Nadie acudió

Un funcionario de la Alcaldía de Ituango, quien ahora vive en Medellín y prefirió el anonimato, supo que uno de sus superiores, el secretario de Gobierno local, Alberto Calle Gallo (quien fue asesinado 11 años después de la masacre, el 14 de agosto de 2008 por un atentado con bomba en una cafetería de Ituango) se comunicó con El Aro el sábado 25, pero alguien en la otra línea le dijo que todo estaba bien, que llamara al día siguiente.

Repitió la llamada la noche del domingo, para averiguar por la jornada electoral y, antes de que le quitaran el teléfono, la recepcionista le alcanzó a informar de la muerte de cuatro personas, entre ellas las de Luis Modesto y la del tendero. “Le dijo que los paramilitares solo permitieron la votación durante dos horas, de dos a cuatro de la tarde, y que habían alcanzado a sufragar 19 personas”.

De inmediato, el funcionario pidió ayuda a la Gobernación, entonces encabezada por Uribe Vélez. Le dijeron que iban a realizar una reunión secreta el miércoles 29 de octubre para analizar la situación de El Aro. Y llamó a la base militar del corregimiento Santa Rita y luego al Batallón Girardot, donde le respondieron que debido a la escasez de tropa, toda destinada al Plan Democracia, diseñado para la vigilancia del proceso electoral, el contingente más cercano demoraría tres días en llegar a pie.

El teniente Carlos Emilio Gañán Sánchez, comandante de la Policía en Ituango, le dijo a la Fiscalía que poco pudo hacer para proteger a los habitantes de El Aro, pues tenía la orden de no enviar a ninguno de sus hombres a la zona rural, debido a la situación de orden público del momento.

Se enteró de lo sucedido por los informes de prensa y aceptó que tres o cuatro días después de las elecciones vio que un helicóptero artillado había sobrevolado la zona.

Mientras las autoridades se tomaban su tiempo para decidir qué hacer frente a los llamados de auxilio para que alguien corriera a socorrer a los pobladores del caserío, en El Aro los paramilitares seguían matando a gusto a los civiles, y combatiendo a la guerrilla en las afueras del pueblo.

Impotente ante la toma de su pueblo, el sacerdote Héctor Gallego repetía una y otra vez por un parlante que la gente de El Aro era gente de bien, humildes campesinos y que lejos estaban de tener algún vínculo con la guerrilla.

“El lunes hubo otro combate, por lo menos eso era lo que se escuchaba”, dijo Teresa quien se decidió por fin a regresar a su casa, luego de dos días de permanecer a la intemperie. “Entré de un empujón a mi niña que me decía desesperada que un helicóptero blanco volaba bajito”. Ella no lo vio, pero el ruido de las aspas y de los fusiles casi la ensordece.

Ese día, entre vigilia y rumores, la tensión crecía. Contaron que varios paramilitares tenían encerrada y torturaban en el salón anexo a la casa cural a Elvia Rosa Areiza Barrera, de unos 30 años, que le ayudaba al párroco en los quehaceres domésticos. Gustavo supo que la violaron, la ultrajaron y vio cuando la sacaron arrastrada por la calle. “La mataron y la dejaron tirada cerca del matadero”, donde días después sólo recogieron algunos huesos que dejaron los chulos.

Rosa Elvia no aparece registrada en el proceso judicial, porque su muerte no pudo comprobarse oficialmente, pero sí está entre las víctimas de la sentencia de la CIDH. “Estaba casada con Eligio Pérez Aguirre, con quien tenía cinco hijos: Ligia Lucía, Eligio de Jesús, Omar Daniel, Yamilse Eunice y Julio Eliver, todos de apellido Pérez Areiza. Sus padres eran Gabriel Ángel Areiza y Mercedes Rosa Barrera. Su familia se desplazó a otras ciudades por motivo de los hechos y regresaron tres años después a la región”, dice el fallo.

Comienza el éxodo

El lunes 27, los paramilitares dejaron salir a los primeros desplazados, pero de manera selectiva. Así lo hicieron durante martes y miércoles, tiempo que les sirvió para saquear las casas y dañar todo lo que encontraban.

El miércoles 29, los combates se alejaron. Fue entonces cuando, ante el asombro de los campesinos, un helicóptero negro artillado de los que usa la fuerza pública -según consta en el proceso judicial que compiló varios testimonios en ese sentido- aterrizó en El Aro, entregó munición a los paramilitares y sacó a un combatiente herido.

El jueves 30, reinaba la confusión y el pánico. Ninguna autoridad aparecía. Una mujer acusó a Dora Luz Areiza Barrera, de 21 años, de ser guerrillera. La apresaron de inmediato y le dijeron que su vida dependía de la información que les suministrara. “Se la llevaron para que les mostrara el campamento”, pero Gustavo no la vio regresar, “lo único que sabemos es que la encontraron después, como a dos horas del pueblo”.

Lo que apareció de su cuerpo, de la cintura para abajo, fue enterrado sin la presencia de autoridad alguna, hecho que, en parte, impidió también que fuera reconocida su muerte en los expedientes.

Para entonces, ya los paramilitares habían podido juntar 1.200 reses robadas de todas las fincas vecinas. Los primeros desplazados habían llegado a Puerto Valdivia, donde tuvieron otro inconveniente con algunos soldados que los obligaron a devolverse con el argumento de que pronto llegarían a El Aro a brindar seguridad.

Las autodefensas amenazaron de muerte a 17 campesinos y los obligaron a arrear el ganado hasta varias fincas del Bajo Cauca. Los mandaron delante de las reses, pues pensaban que el territorio estaba minado.

“Antes de irse y dejar ir a los demás, le prendieron candela a todo y, el resto, los colombianos lo vieron por la prensa y la televisión…”, recordó Teresa.

El ganado pasó por varias veredas y por la Troncal de Occidente pese a que, para la fecha, el Ejército y la Policía estaban enterados de lo sucedido.
Tres de las personas consultadas para este trabajo periodístico dijeron que nunca volvieron a ver sus vacas, a pesar de que tocaron muchas puertas y de las promesas de que se las devolverían una vez demostraran su propiedad.

“Miembros del Ejército tenían conocimiento del hurto y traslado del ganado e, incluso, impusieron un toque de queda a la población (Puerto Valdivia), cerrando los negocios comerciales nocturnos”… para evacuar las reses, por plena vía pública y sin testigos, de las cuales también se lucraron algunos, “pues dispusieron de unos semovientes para su consumo interno”, dijo el informe de la CIDH.

De acuerdo con la Comisión y el fallo judicial, el teniente Bolaños, con informaciones falsas suministradas a funcionarios de la Gobernación sobre el origen y el destino del ganado, habría facilitado el tránsito.

“El ganado provenía de fincas entre Puerto Valdivia y El Aro, las cuales quedaron sin ningún animal… Fue montado en camiones y trasladado a Caucasia”, dictaminó la CIDH. Villaba Hernández dijo que el destino final fue un predio de Salvatore Mancuso, ubicado entre Montería y Tierralta (Córdoba).

El ping pong

Lo que pasó después fue un debate mediático sobre las responsabilidades. Alterado, Carlos Castaño llamó a los medios de comunicación, negó las torturas y, frente a los homicidios, dijo que las personas muertas eran “guerrilleros vestidos de civiles”.

“Que se exhumen los cadáveres y, si alguno presenta señales de tortura, me comprometo personalmente, a poner a disposición de las autoridades a dos de los comandantes que supuestamente entraron en esa zona”, le dijo al diario El Colombiano.

Nunca lo hizo pero reconoció que Ituango y, en especial, el Nudo eran un objetivo de las Accu. Una investigación de la Fiscalía determinó que la idea de llegar a la región empezó a cristalizarse el 11 de junio de 1996, en una finca del norte antioqueño, donde comerciantes y ganaderos, víctimas de las continuas extorsiones y amenazas de las Farc, ofrecieron 300 millones de pesos a las autodefensas como sostenimiento de su tropa para que frenaran a las Farc.

Técnicos del CTI documentaron que los paras, traídos de Urabá, se ubicaron en siete apartamentos de la zona urbana de Ituango y montaron tres campamentos en las veredas Los Galgos, Buenavista y Chambas.

El valiente abogado y concejal de Ituango, Jesús María Valle Jaramill, denunció lo sucedido a todo pulmón; dijo que los paramilitares habían asesinado a 120 personas en su municipio y que habían contado con la tolerancia de las autoridades y mandos militares de la región.

Dijo que debido al accionar paramilitar y su aparente connivencia con la fuerza pública ocurrieron masacres como las de El Aro y La Granja (el 11 de julio de 1996, cuando murieron cinco personas).

A raíz de esas afirmaciones, el comandante de la IV Brigada, general Ospina Ovalle, lo denunció por injuria y calumnia, pero el entonces presidente del Comité de Derechos Humanos de Antioquia se sostuvo en sus aseveraciones.

“Los grupos paramilitares no podían cometer tantas tropelías, asesinar a tantas personas y sembrar el terror en mi pueblo si no fuese por el comportamiento connivente del Ejército y la Policía”, insistió.

Sicarios de la banda La Terraza, una organización criminal al servicio del narcotráfico y que le hacía algunos encargos a las autodefensas y, en especial, a Carlos Castaño, mataron a Valle en su oficina del centro de Medellín, la tarde del 27 de febrero de 1998.

Epílogo

Once años después muchos han regresado a sus casas en El Aro. Ahora tienen luz eléctrica. El Estado pagó la indemnización ordenada por la CIDH, pero la gente del caserío sigue a la espera del acto de desagravio y del monumento en honor a las víctimas.

“Pocas cosas han cambiado; es más, todo parece igual, porque inclusive la guerrilla volvió y la coca sigue siendo el sustento de muchos”, dijo Teresa que nunca volvió su pueblo. “La plata que me dieron no alcanza a cubrir el dolor ni la ausencia”.
Rosa María, la mujer del buen tendero Marco Aurelio, también sigue en duelo once años después. No sabe dónde están los verdugos de su marido. De él, sólo queda una tumba raída.


http://www.semana.com/noticias-conflicto-armado/cicatrices-aro/116851.aspx

Mr. BUSH

Mr. BUSH

EL GOBIERNO DISTORCIONA LA SITUACIÓN DE LOS DDHH EN EL PAIS - AMNISTIA INTERNACIONAL

El gobierno distorsiona la situación de los derechos humanos en el país


Madrid.- El gobierno de Colombia está dando una versión muy optimista de la situación de los derechos humanos en el país, a pesar de que cada vez son más los informes sobre desplazamientos forzados, ataques contra activistas sociales y de derechos humanos y homicidios cometidos por las fuerzas de seguridad. Ésta es la conclusión del informe publicado hoy por Amnistía Internacional.

“Las autoridades colombianas mantienen una postura de negación absoluta: incluso se niegan a reconocer que hay un conflicto armado en el país. Sin embargo, la gente nos cuenta una versión muy diferente”, afirmó Marcelo Pollack, investigador sobre Colombia de Amnistía Internacional. “Es imposible resolver un problema sin admitir que existe. Negando la situación sólo se consigue condenar a más personas a sufrir abusos o a morir.”

El informe de Amnistía Internacional es el estudio más exhaustivo y actualizado sobre el estado de los derechos humanos en Colombia. Muestra que, si bien algunos indicadores de derechos humanos han mejorado con el paso de los años –por ejemplo, el índice de secuestros y la seguridad en algunas ciudades–, otros muchos han empeorado.

El estudio también echa por tierra declaraciones realizadas en repetidas ocasiones por el gobierno colombiano, por ejemplo, que los grupos paramilitares ya no están activos, que se obliga a rendir cuentas a los autores de abusos contra los derechos humanos, o que se respeta plenamente el trabajo de los activistas sociales y los sindicalistas.

“La población colombiana lleva más de 40 años atrapada en uno de los peores conflictos olvidados del mundo, atacada por las fuerzas de seguridad, los paramilitares y los grupos guerrilleros, mientras que el gobierno no toma ninguna medida de peso para brindarle protección”, declaró Marcelo Pollack.

“Para cambiar radicalmente la trágica realidad de Colombia, el gobierno y los grupos guerrilleros tienen que dejar de involucrar en el conflicto a la población civil de una vez por todas.”

El informe de Amnistía Internacional arroja los siguientes datos sobre Colombia:

En 2007 hubo al menos 1.400 homicidios de civiles, frente a 1.300 en 2006. De los casos en los que se conoce a los autores, las fuerzas de seguridad fueron responsables de al menos 330; los paramilitares, de unos 300; y los grupos guerrilleros, de alrededor de 260.
Hasta 305.000 personas fueron desplazadas en 2007, frente a 220.000 en 2006.
En 2007, al menos 190 personas fueron víctimas de desaparición forzada a manos de las fuerzas de seguridad y los paramilitares, o se encuentran en paradero desconocido después de ser secuestradas por los grupos guerrilleros, frente a 180 en 2006.
Amnistía Internacional insta a todas las partes implicadas en el conflicto de Colombia a que muestren la voluntad política necesaria para poner fin a los abusos contra los derechos humanos. La organización también exhorta a la comunidad internacional a que redoble los esfuerzos para lograr que las dos partes enfrentadas respeten los derechos humanos de la población colombiana.Nota para periodistasEl informe de Amnistía Internacional, titulado “¡Déjennos en paz!” La población civil, víctima del conflicto armado interno de Colombia, es un estudio exhaustivo sobre el estado de los derechos humanos en Colombia. Incluye una serie de recomendaciones que, de ser adoptadas por el gobierno y los grupos guerrilleros, podrían contribuir a acabar con la tragedia de derechos humanos que sufre el país. El informe recoge los casos de las personas y comunidades más afectadas por el conflicto, por ejemplo, miembros de comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas que han sido víctimas de homicidio o de desplazamiento forzado; personas secuestradas; mujeres y niñas violadas; niños y niñas reclutados por grupos paramilitares y guerrilleros o mutilados por minas terrestres; comunidades que defienden activamente su derecho a no ser involucradas en el conflicto; y defensores, defensoras y sindicalistas a quienes su trabajo en pro de los derechos humanos les ha costado la vida.


Consulta el informe “¡Déjennos en paz!” La población civil, víctima del conflicto armado interno de Colombia


Descarga el informe completo de Amnistía Internacional CLICK AQUÍ!

martes, 28 de octubre de 2008

FALSO POSITIVO ERA SU PROPIO HERMANO

“Mi hermano fue un falso positivo”


Sábado 25 Octubre 2008


“Buscaban personas que no fueran de la región para que no reclamaran”

"Todo pasó el 30 de abril del año pasado. Yo estaba como soldado contraguerrilla en el Batallón de Infantería N.31 que opera en Córdoba. Mi compañía llevaba más de 15 días sin hacer mucho en un pueblito caluroso que se llama San Juan. No había operaciones ni patrullajes. Los soldados estábamos simplemente ahí, sin hacer nada. Pero el Día de la madre estaba cerca y los altos mandos empezaron a preocuparse porque no teníamos resultado para mostrar, ni méritos para que nos dieran los días y poder salir a visitar a las familias. Entonces se empezó a hablar de "legalizar" a alguien. Es decir, de matar a una persona para hacerla pasar por guerrillero y así ganarse el permiso para salir. No me sorprendió del todo, pues las 'legalizaciones' son un asunto cotidiano.

"Una noche, mientras yo hablaba con mi familia por teléfono, llegó mi cabo Jonathan Pineda y me dijo: "Guajiro, váyase para el cambuche que ya tenemos el 'man' al que le vamos a hacer la vuelta". Yo le pregunté que quién era, pero me mandó a callar y me advirtió que mi capitán Jairo Mauricio García había dado la orden de que no le habláramos para que no se diera cuenta de que lo iban a matar. Le pregunté: "¿De dónde es el 'man'?" y me dijo que de La Guajira. Siempre buscaban personas que fueran extrañas a la región para que ningún familiar los reclamara. De todas maneras yo tenía mucha curiosidad porque también soy de La Guajira. Entonces me salí del cambuche, prendí un cigarro y escuché que el hombre me pidió otro. No le alcancé a ver el rostro porque no había luz ni luna. Estaba lloviznando. Le regalé el cigarro y nos pusimos a charlar. Al poco tiempo me di cuenta de que era mi hermano, Leonardo Montes.

"Mi hermano se había ido de Maicao hacía mucho tiempo, cuando yo apenas era un pelao de 9 años. Por eso no lo reconocí. Pero cuando me dijo el nombre de mi papá, lo comprobé. Era mi hermano y era también al que habían elegido al azar para matarlo. No lo podía creer. Entonces me destapé. Le dije que yo era el 'niño', Luis Esteban, su hermano. Nos abrazamos y en medio de la emoción le advertí que lo iban a matar para hacerlo pasar por guerrillero. Le dije que se fuera, pero él no me creyó. Él se había hecho muy amigo de dos soldados de mi compañía que lo invitaron hasta el cambuche. Leonardo estaba seguro de que no le iban a hacer nada. Estaba engañado.

"Después de 20 minutos conversando con él afuera, me mandaron a llamar. Entonces me fui directo donde mi cabo Pineda y le dije: "Ustedes no pueden matar a ese hombre porque él es mi hermano". El cabo no me creyó y me dijo que mejor hablara con el capitán García, quien tampoco me creyó. Lo único que hizo fue insultarme. Le insistí. Le dije que le preguntara por el nombre de mi papá, de mis hermanos, de la familia, de la calle en Maicao donde habíamos nacido.

"A partir de ese momento todo fue un enredo. El capitán y yo discutimos varias horas y mi hermano lo escuchó todo. Al final, les dije que ya no me importaba si me creían o no, que ese hombre que iban a matar era mi hermano y primero tenían que matarme a mí. "Por qué no trae a un hermano suyo, capitán, o a su papá y así puede irse contento el Día de la madre. Pero con mi hermano no se pueden meter", le dije. Todos estaban muy alterados. No podían creer que la única persona que lograron conseguir para asesinar resultara ser el hermano de un soldado de su propio pelotón. El plan que tenían de buscar a alguien que no fuera de la zona, a alguien que no tuviera dolientes en el pueblo y que su muerte pasara inadvertida, se les había ido a la basura.

"Después de un rato, el Capitán me dijo: "A mí no me duele la mano pa matar a ese hijueputa". Tampoco era difícil encontrar quién lo hiciera porque cada compañía tiene sus dos o tres sicarios, que son siempre los que hacen esas vueltas y se ganan su millón de pesos.

"En un momento de descuido aproveché para decirle a mi hermano que se fuera corriendo, que saltara por unos alambres, que pasara la quebrada y se fuera para la casa porque lo iban a matar. Él decía que no se iba porque ahí sí era más fácil que lo asesinaran. Logramos salir un poco del cambuche, conseguimos una mototaxi y él se fue para el pueblo. Yo me quedé pero, obviamente, esa noche no pude dormir.

"Al otro día me di cuenta de que todo había cambiado para mí. Mis compañeros me odiaban. Entonces le pedí a un coronel que me trasladara porque yo no era capaz de patrullar con la misma gente. Además estaba muy débil, pues me había atacado con fuerza el paludismo. Ese mismo día me mandaron para una compañía diferente en Puerto Libertador, un pueblo cercano a San Juan. Allá me sentí más tranquilo. Al menos no tenía miedo de que me mataran. La idea de denunciar a mis compañeros se me pasó por la cabeza, pero finalmente no lo hice en ese momento. Ya había liberado a mi hermano, que era lo más importante, y quería evitarme problemas con mis superiores.

"Como al tercer día de estar en Puerto Libertador escuché que la compañía donde yo estaba antes había "dado una baja". Me entró la duda por mi hermano y le pregunté a un soldado si sabía quién era el muerto. Él me contestó que no, pero que un carro lo estaba recogiendo para llevarlo al cementerio.

"De inmediato me fui para donde una tía que vive en Puerto Libertador y le conté todo. Le pedí que me acompañara al cementerio. Cuando íbamos caminando hacia allá, pasó el carro con el muerto pero tenía la carpa abajo y no pudimos verle la cara. Cuando llegamos al lugar, el muerto ya estaba en el piso envuelto en un plástico blanco. Yo me tiré sobre él, rompí la bolsa y me di cuenta de que era mi hermano, Leonardo. El hueco ya estaba listo y dos soldados lo agarraron de los pies y de las manos y lo tiraron así, sin ataúd ni nada. Supuestamente, le encontraron una granada y un arma en las manos. Pero ya hay un testigo en el pueblo que dice que él le vendió esa pistola al Ejército y yo me acuerdo cómo, días antes al 30 de abril, dos soldados de mi pelotón la estaban limpiando con orina para borrarle las huellas.

"Después de ver todo esto llamé a mi familia en Maicao. Les conté todo y ellos vinieron por él hasta Córdoba para darle cristiana sepultura. Fue entonces cuando decidí demandar al Estado. Pero el mundo se me vino encima. Estoy en permanente estado de alerta porque pienso que me puede pasar algo. Me da miedo comer lo que me dan en el Ejército y aunque ya completé tres años en la institución y hoy estoy en el Batallón Juan del Corral, en Rionegro, Antioquia, la única función que puedo cumplir es recoger la basura de todos. No puedo ir a zonas de combate porque tengo medidas especiales de protección. Además, muchos me tienen la mala porque saben de la demanda y de mi historia. Yo espero que todo esto pase muy rápido. El caso lo tiene una fiscal de derechos humanos, quien está investigando a los siete militares implicados en mi caso. El día que se haga justicia veré qué otro rumbo le doy a mi futuro. Lo que pasó con mi hermano me cambió completamente la vida y creo que ya merezco un poco de tranquilidad".



http://semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=117023

LAS CONFESIONES DE HASBÚN

Las confesiones de Hasbún




Proceso de Paz
El empresario que se convirtió en jefe paramilitar de Urabá le contó a la Fiscalía reveladores secretos de ese capítulo macabro de la historia de la región bananera.

El día que Raúl Hasbún llegó a la oficina de Pedro Juan Moreno, secretario de Gobierno del entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe, se llevó una gran sorpresa. El empresario bananero le planteó a Moreno el interés que tenían varios de los propietarios de fincas de Urabá en montar una cooperativa de vigilancia, Convivir. Pero Moreno le dijo que no montara una, sino una docena. En pocos meses, Urabá tenía 12 de estas organizaciones donde se agrupaban 150 personas, 800 radios, carros y armas.

Si bien para ese entonces -mediados de los 90-, las Convivir tenían el visto bueno del gobierno nacional, el problema es que Hasbún no sólo era dueño de plantaciones de banano y de extensas ganaderías, sino que se había convertido desde hacía tiempo en el comandante 'Pedro Ponte', de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá.

En su versión libre (iniciada en julio) no ha titubeado al confesar que él mismo dio la orden de asesinar a todas las personas "que olieran a guerrilla". Sin parpadear, confesó la masacre cometida en San José de Apartadó en 1998. Dijo que ordenó la matanza porque este corregimiento era muy alejado, y la logística para desplazarse hasta allí, tan difícil, que no se justificaba hacer la incursión para matar a una o dos personas. Entonces, para optimizar el viaje, mataron el mayor número posible de supuestos colaboradores de las Farc.

¿Cómo pasó este hombre dueño de 4.000 hectáreas de las mejores tierras a convertirse en un criminal? Según su relato, en una ocasión intentó vender una finca, pero nadie quiso comprársela porque en Urabá había mucha guerrilla. Decepcionado porque su riqueza estaba perdiendo valor, y porque estaba siendo extorsionado, buscó un contaco para conocer a Fidel Castaño, que ya tenía un grupo de paramilitares en Urabá, y ofrecerle su apoyo. Poco después lo invitaron a una finca donde conoció a Carlos y a Vicente Castaño. Desde ese momento se convirtió en colaborador de las autodefensas. Poco después, en 1996, le hicieron entrega de un grupo de 40 hombres armados que quedaron bajo sus órdenes.

Sin perder su fachada de empresario de alto turmequé, se había convertido en un jefe paramilitar, sanguinario y ambicioso como pocos, guiado siempre por Vicente Castaño. Y para ello utilizaba la información que salía de las Convivir. Hasbún dice que las 12 Convivir que se conformaron en Urabá trabajaban en red, y la información le llegaba a él directamente, como jefe paramilitar, al tiempo que lo mismo pasaba con los militares y la Policía. Generalmente quienes hacían las operaciones eran los paramilitares porque tenían mejores recursos. "En una ocasión las Convivir dieron la ubicación exacta de unos guerrilleros. Cuando el Ejército fue a reaccionar, los dos camiones que tenían estaban sin gasolina y otro sin batería. Y cuando por fin iban a salir, resulta que no tenían radios. Finalmente no se hizo la operación", cuenta. La Convivir de Urabá les pagaba la gasolina al Ejército, a la Policía y al DAS, les prestaba los carros y hasta los radios de comunicación, según Hasbún. Y cuando los organismos de inteligencia no podían judicializar a alguien, esa información la recibían los paramilitares, que de inmediato lo asesinaban.

Eso era posible gracias a que el sistema que habían montado los paramilitares hizo millonarias a las Convivir. "Entraba un platal enorme. Millones y millones de pesos", dice. Y es que Hasbún cumplió al pie de la letra la orden que le dio Vicente Castaño: que garantizara que cada persona de Urabá le diera dinero bien fuera a las Convivir, o a las autodefensas. El propio Carlos Castaño hizo varias reuniones con empresarios bananeros y directivos de empresas exportadoras, en las que se acordó el pago de tres centavos de dólar por caja de banano exportada, dinero que era recaudado por la Convivir Papagayo, administrada por Arnulfo Peñuela, hoy detenido. El pago continuó hasta 2003, en casos como el de Chiquita Brands, empresa que reconoció haber financiado por esta vía a las autodefensas. Aunque Hasbún lo niega, otros jefes paramilitares aseguran que un centavo de los tres que se recaudaban iba para las autodefensas.

Hasbún insiste en que sólo unos pocos bananeros conocían su doble condición de paramilitar y empresario, pero personas que vivieron en la zona durante esos años dicen lo contrario. Todo el mundo sabía que Raúl Hasbún, dueño de por lo menos cinco fincas y representante legal de varias Convivir, era el mismo comandante 'Pedro Ponte' de las autodefensas que ordenaba los asesinatos y las masacres que hicieron de Urabá la región más violenta del país.

Lo que sí reconoce el ex paramilitar es que el dinero que pagaban los ganaderos -10.000 pesos por hectárea al año- iba directamente a las arcas de las autodefensas y servía para financiar el para-ejército rural. Los comerciantes y otras empresas de la zona les pagaban a los paramilitares que operaban en las zonas urbanas. Caso especial resultó la mención de Postobón en su versión libre. Hasbún ratificó lo dicho antes por Salvatore Mancuso, en el sentido de que esta empresa de gaseosas les pagó una cuota extorsiva a los paramilitares. Según explica, en principio la empresa se negó a pagarles, entonces las AUC secuestraron sus carros y conductores, hasta que Postobón envió a su jefe de seguridad a hablar directamente con Carlos Castaño. Se logró un acuerdo de pagar 10 millones de pesos mensuales por cada departamento del país. Postobón no quiso pronunciarse sobre este tema.

Aunque en una primera versión Hasbún dijo que Coca-Cola también había pagado una cuota, después rectificó y dijo que estaba confundido. Sin embargo, reconoció haber asesinado a tres sindicalistas de esta empresa, muertes que han tenido a Coca-cola en la lista de empresas cuestionadas por las ONG internacionales.

Tanto era el dinero que recogían las Convivir, que hicieron por lo menos dos carreteras con su propia maquinaria y de acuerdo con los objetivos militares de los paramilitares. El plan de expansión hacia el Urabá chocoano que había ideado Vicente Castaño se encontró con un gran obstáculo: no había carretera para entrar los aprovisionamientos de comida y munición. Entonces decidieron construirla. La Convivir lideró un convite y les pidió apoyo a los finqueros de Belén de Bajirá y en Riosucio, a la Alcaldía y hasta el Ejército. La Convivir ponía la retroexcavadora, la aplanadora y todo el material necesario. "La carretera, que era una necesidad para las autodefensas, se le vendió a la comunidad como una obra de beneficio social", dice el ex paramilitar.

Vicente Castaño ordenó que se controlara también todo el narcotráfico que salía por el puerto de Turbo. Por cada kilo de cocaína que salía del puerto, las autodefensas cobraban 50 dólares. La mitad del dinero se le enviaba a Castaño. El enlace entre los paramilitares y el narcotráfico era un hombre conocido como Mateo Rey, quien hace pocos meses fue asesinado en San Pedro de los Milagros, en Antioquia.

Tanto sería el control que tenían los paramilitares en Urabá, que en varias ocasiones cerraron cinco kilómetros de la carretera Panamericana, en una zona donde ésta es plana y ancha, para que aterrizaran avionetas que venían cargadas de armas y munición y se iban cargadas de cocaína.

La versión libre de Raúl Hasbún, así como las de Hebert Veloza, alias 'H.H,' y la de Freddy Rendón, alias el 'Alemán', demuestran que en Urabá hubo un proyecto paramilitar con tentáculos en todos los campos y sectores. Eso pone en cuestión la idea de que la región fue 'pacificada' por las autoridades civiles y militares, que tanto elogio han hecho de un proyecto de seguridad que dista bastante de ser un modelo a imitar.

Semana.com ©2008.