miércoles, 3 de junio de 2009

Ecuador: Mi opción es por los pobres, Promesas…. Promesas…..

¿Cómo Correa puede optar por los pobres y al mismo tiempo hacer acuerdos con los responsables de la pobreza; bancos, empresas, transnacionales y negarse a reuniones con los movimientos sociales?
Minutos después del cierre de las urnas que ponía punto final al ritual electoral del dómigo 26 de abril, el presidente reelecto Rafael Correa, en su primera declaración pública, después de que el 50% de la población le confirmara en el cargo para los próximos cuatro años, hizo la primera de las dos promesas con las cuales empieza este nuevo mandato gubernamental.

“Gobernaré en función de todos los ecuatorianos, sin embargo mi “opción es por los más pobres”. Rotunda declaración y promesa que trae a la memoria los combativos años de la teología de la liberación, viene a la mente los gratos recuerdos del Cura Gutierrez, de Frai Betto, Leonardo Boff y principalmente, para los ecuatorianos, el compromiso inquebrantable de Monseñor Leonidas Proaño. Me preguntaba si la declaración del presidente Correa tiene que ver con su breve experiencia de voluntariado en Zumbahua. Si marcó tanto su vida el haber conocido a Monseñor Proaño y la tragedia del mundo indígena, pues optar por lo pobres no es una bonita frase de la retórica política, no puede ser un significate hueco privado de su contenido político, ético e histórico; no sería perdonable por todos los muertos, nuestros muertos, asesinados por la larga historia capitalista. Optar por los pobres, por los más pobres es un compromiso más que político, ético, no es un recurso discursivo para ocultar proyectos antipopulares, anti pobres.

¿Cómo se puede optar por los pobres y al mismo tiempo hacer acuerdos con los responsables de la pobreza; reunirse con estos últimos -bancos, empresas, transnacionales- y negarse a reuniones con los movimientos sociales, - campesinos e indígenas empobrecidos, trabajadores explotados? ¿Cómo se puede optar por los pobres y lanzar políticas contra los trabajadores y sus históricas reinvindicaciones laborales, errores de ciertas dirigencias no invalida la legítima lucha obrera, menos aún justifican liquidar conquistas laborales que supusieron la cárcel, la tortura y la muerte de trabajadores en todo el mundo y particularmente en el país.? ¿Cómo se puede optar por los pobres cuando no se escucha las peticiones de campesinos e indígenas que rechanzan la minería a gran escala porque atenta contra la vida de sus comunidades? ¿Cómo se puede optar por los pobres con una política de soberanía alimentaria dirigida por el proyecto de las agroempresas, que necesariamente implican el deterioro y la destrucción de los pequeños y medianos productores agrícolas, que pronto serán despojados de sus pequeñas propiedades y arrojados a la pobreza? ¿Cómo se puede optar por los pobres cuando no hay la voluntad de fortalecer las organizaciones políticas de los pobres y hacer alianzas con ellos para construir una sociedad justa?, una sociedad donde los empobrecidos de hoy tengamos una vida digna.

Optar, por los pobres es asumir el compromiso ineludible de luchar contra toda forma de dominio, de explotación, de segregación, de empobrecimiento, de injusticia, es decir, luchar contra el sistema colonial imperante en el mundo y contra aquellos que lo defienden para garantizar sus intereses de clase. La opción por lo pobres exige tomar partido por ellos, lo que quiere decir enfrentarse a los enemigos de los pobres, así como Cristo lo hizo con los romanos, así como Ernesto Cardenal lo hizo con la dictadura somosista, como Monseñor Leonidas Proaño lo hizo contra los colonizadores. La opción por los pobres, señor presidente, si no es una frase retórica y demagógica, puede costar la vida, como la vida le costo a Monseñor Romero en el Salvador o a Camilo Torres en Colombia cuando optaron por los pobres y se integraron a su lucha.

Unos pocos días después de las elecciones donde la mitad del pueblo, en su mayoría pobre, volvió a depositar la confianza en el proyecto de Alianza País, su representante dijo: “El socialismo no puede darse dentro del capitalismo”. Otra radical declaración que desmontaba la imagen del Marx con ipod que el gobierno presentó, hace aproximadamente dos años, como sello de su Socialismo del Siglo XXI. Pensé: ¿acaso decidió sacarle el toque posmoderno y ciudadano a su revolución? ¿acaso este nuevo triunfo electoral va a hacer que el gobierno ponga sus direccionales hacia la izquierda y se deje de eufemismos? ¿Acaso entendieron que el problema no tiene que ver con volver a fortalecer un estado que administre de mejor manera los grandes negocios del capital local y global?, ¿acaso por fin entendieron que el problema es el mismo capitalismo y su lógica antihumana, y no la partidocracia ?

Por unos momentos quedé envuelta en esa fantasía ideológica pequeño burguesa, pero pronto se rompió e inmediatamente salí de la falsa ilusión de creer que una revolución anticapitalista se hace por decreto y por la buena voluntad de un individuo o un grupo de individuos. Que la revolución anticapitalista es un asunto de cálculos técnicos de mentes brillantes que planifican la salida del capitalismo y la entrada en el socialismo. Al socialismo no se llega con una revolución ciudadana; menos defendiendo la propiedad privada sobre los medios de producción; mucho menos manteniendo la misma relación instrumental con la naturaleza en general y la humana en particular; no se diga sosteniendo la misma tramposa estrategia de la democracia representativa; y sobre todo sin la presencia de los sujetos históricos de esa revolución, sin las víctimas del capital.

¿Cómo se quiere construir el socialismo por fuera del capitalismo trayendo capital transacional para explotar los biene naturales? ¿Cómo es un socialismo fuera del capitalismo sin revolución agraria real? ¿Cómo se puede construir el socialismo sin los obreros y los campesinos? ¿Qué anticapitalismo es ese que pelea con los trabajadores del campo y de la ciudad, con los sujetos históricos de la revolución socialista, con esos que marcharon el primero de mayo como vienen marchando desde hace más de un siglo en contra del capitalismo? ¿Cómo se combate al capital sin cambiar el modelo económico capitalista? Qué clase de anticapitalismo es ese que prescinde de su principal lucha: la destrucción del capital?

Hay mandatos fundamentales en la lucha anticapitalista y en la construcción del socialismo que no son negociables, que nos son interpretables, que no son modas intelectuales y por lo tanto no caducan ni son susceptibles a adecuaciones ligeras. Existe una radicalidad obligada en la apuesta anticapitalista que supone profundas rupturas con el episteme moderno-liberal y con la ideología burguesa, es decir con las coordenadas básica del pensamiento hegemónico. Esto a su vez implica que la revolución anticapitalista no contempla al ciudadano como el sujeto de la transformación. ¿cómo se va a destruir el capitalismo con el sujeto político que lo legitima?. Tampoco supone la democracia electoral como base de la transformación socialista

Mejor es que se queden con su “Socialismo del Siglo XXI”, es más coherente con las políticas que han emprendido, es más coherente con la ausencia de las organizaciones populares en ese proceso, es más coherente con su revolución sin revolución, es más coherente con su capitalismo de “rostro humano”. La lucha anticapitalista y la construcción del otro mundo es la promesa de los indígenas empobrecidos, de los trabajadores explotados, de los expulsados, de las viudas, los huérfanos y los extranjeros, son ellos, somos ellos, los dueños de ese destino de liberación, que de seguro no está en el proyecto de Alianza País.

Artículo publicado en la Revista ConCiencia Revolucionaria #18 del Movimiento Vientos del Pueblo


Por: Natalia Sierra
Tomado de: Kaos en la Red

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