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lunes, 22 de noviembre de 2010

Cien años de la Revolución Mexicana - El águila y el sol (Genealogía de la rebelión, política de la revolución)


1. La repetición, o el eterno retorno de la revuelta


Durante un siglo la historia de México fue una historia de revueltas y rebeliones campesinas enmarcadas por dos revoluciones: la revolución de Independencia en 1810, la Revolución Mexicana en 1910.

Hoy el México institucional celebra las dos revoluciones y sus cambios políticos. Olvida, oculta o deja en la penumbra del pasado a las rebeliones que les dieron cuerpo y destino. Éstas, a diferencia de las revoluciones y sus programas, no soñaban con instituciones y políticas. Nomás querían justicia.

Las dos revoluciones, a un siglo de distancia entre una y otra, fueron por supuesto diferentes. La de 1810 se proponía la independencia de México del poder colonial, cuando las guerras y las invasiones napoleónicas habían puesto en crisis a España y su inmenso imperio americano. La de 1910 se propuso en su inicio una trasformación democrática del régimen político. En éste la oligarquía terrateniente había consolidado su poder y su riqueza a través del despojo de tierras y aguas a las comunidades y pueblos agrarios y la inserción de México en el luciente mercado mundial de la Belle Époque.

Ambas revoluciones, cada una en su tiempo, cambiaron la estructura del Estado y sus instituciones políticas. Pero ambas preservaron intacta la fractura sobre la cual se había fundado México desde la Conquista: la línea de fractura racial que la República siempre se negó a reconocer en sus leyes, pero nunca abandonó en sus prácticas.

En uno de los lados de esa línea, el de abajo, se gestaron y organizaron las rebeliones sin las cuales ninguna revolución es posible. En el otro lado, el de arriba, se fueron formando los programas y las conspiraciones que llevaron a las rupturas en el régimen político que trasforman a las rebeliones en revoluciones.

Así México conoció en un siglo, entre 1810 y 1910, dos revoluciones. Pero después de la primera, entre ambas se sucedieron incontables rebeliones indígenas, grandes y pequeñas, todas ellas por antiguas demandas negadas por el régimen republicano: tierra, justicia, derechos y libertades; todas llevando en su núcleo una antigua demanda inmaterial: el fin de la humillación, la dignidad de cada uno y de todos como esencia de la relación humana.


Un grupo de zapatistas muestra sus armas en Amecameca, estado de México, 1911 (Fotografía de Hugo Brehme). Tomada del libro México fotografía y revolución. Editado por FundaciónTelevisa


En su sustancia corporal la revolución de Independencia de 1810 había sido una extensa rebelión de los pueblos y comunidades indias en defensa de sus derechos comunales, su modo de existir y sus mundos de la vida, que las reformas borbónicas en el orden colonial les arrebataban desde la segunda mitad del siglo XVIII.

Así lo documentan tantos cuantos han excavado en los archivos las razones, los motivos y los modos de los pueblos insurrectos. Así lo dibujaba en un escorzo Octavio Paz, a la mitad del siglo XX, en El laberinto de la soledad:

La guerra de Independencia fue una guerra de clases y no se comprenderá bien su carácter si se ignora que, a diferencia de lo ocurrido en Suramérica, fue una revolución agraria en gestación.

El cambio resultante en la organización política del país –Independencia y República– pasó el poder a la nueva elite dominante criolla, blanca, culta y propietaria. Pero poco o nada cambió en el contenido y las formas de la dominación contra la cual se habían rebelado los pueblos indios y campesinos de México. El dominio criollo incluso desmanteló derechos consuetudinarios de los pueblos.1 Poco o nada cambió, para los indios, en la sustancia de la humillación como rasgo constitutivo de la dominación racial de los antiguos y los nuevos señores de la tierra.

Aquí rebelión y revolución bifurcaron sus caminos, sus contenidos y sus significados.

El resultado fue que esa guerra de clases, esa revolución agraria en gestación, se prolongó a lo largo del siglo XIX en la lucha soterrada o abierta de los pueblos indios para defender sus tierras, sus mundos y sus vidas del despojo material y la opresión racial bajo el régimen republicano. Era una guerra india intermitente, dispersa, sin centro ni periferia, que a fines del siglo XIX se agudizó y en 1910 estalló en una nueva revolución agraria, la que se conoce como Revolución Mexicana.

Esta Revolución de 1910, tan diversa en sus inicios y en sus propósitos de aquella otra, la de Independencia, vivió la misma dicotomía. Pero ahora ésta se presentó nítida, aguda y encarnada en programas y ejércitos diferentes dentro de la revolución.

Una fue la rebelión de las comunidades y los campesinos del norte y del sur que se hizo revolución del pueblo en los ejércitos de Emiliano Zapata y de Pancho Villa. Otra fue la revolución política de los jefes y dirigentes liberales que culminó en la Constitución de 1917 y en los sucesivos gobiernos mexicanos desde 1920, una vez derrotados los campesinos en armas y absorbidas sus rebeldías radicales en reformas agrarias y democráticas legales.

* * *


Las proclamas y los objetivos políticos de las elites dirigentes de las dos revoluciones eran también diferentes, tanto como lo era la nación que cada una de ellas imaginaba. Pero las acciones de las partidas de campesinos indios sublevadas al llamado de esas proclamas eran en cambio sorprendentemente similares. Un siglo después, los métodos de acción –el repertorio de confrontación, según el lenguaje de otros historiadores– se repetían.

Eric Van Young, en La otra rebelión,2 describe el patrón de conducta de los rebeldes de la guerra de Independencia cuando tomaban una población:

Invariablemente echaban las mercancías a la calle o a la plaza para que la gente del pueblo se las llevara, dinero y ganado lo guardaban para sí, liberaban a los prisioneros de las cárceles y secuestraban a los españoles y a los oficiales blancos de la localidad.

Felipe Ávila, en Entre el porfiriato y la revolución, refiere lo que sucedió desde los inicios de la revolución mexicana, en 1911, en los territorios zapatistas:3

enfrentamientos armados, tomas de poblaciones, saqueos, quema de oficinas y archivos públicos, imposición de préstamos, liberación de presos y ejecución de autoridades, comerciantes, empleados de haciendas y fábricas, y de residentes extranjeros.

Esta violencia plebeya, como la llama Ávila, era descrita por la prensa de la época como violencia india. Aunque este uso del término indio venía cargado de contenido racista, en los hechos decían verdad: la revolución zapatista de 1911 en su raíz agraria, en la composición de su tropa y de sus dirigentes y en sus acciones era en lo esencial una revuelta de los indios, aun cuando en las proclamas y los programas de sus jefes nacionales la revolución iniciada en 1910 fuera una revolución política democrática.

Si a un siglo de distancia proclamas, programas y fines de los dirigentes de las revoluciones de 1810 y 1910 eran tan diversos, ¿de dónde viene la extraña repetición de los gestos y las acciones de los protagonistas de las dos rebeliones, los pueblos indios de México?

Es que las imaginaciones de aquellos jefes respondían a una política renovada con los tiempos y sus circunstancias, una política a la cual identificaban muchas veces con la palabra progreso. En cambio los modos de estos otros, su violencia plebeya, provenían de una genealogía trasmitida por las generaciones sucesivas como experiencia y como herencia inmaterial: sentimientos, maneras de estar juntos, imaginaciones, costumbre, mundos de la vida.

Los programas de las elites revolucionarias apuntaban hacia una sociedad y una organización política futuras. Los gestos, las acciones, los métodos de lucha de los pueblos indígenas respondían a los agravios, las humillaciones, los despojos sufridos por ellos y sus ancestros en el pasado y se nutrían de esas experiencias heredadas y repetidas hasta el presente de sus propias vidas.

La rebelión surge de ese pasado y de él toma sus razones, sus motivos y sus métodos. Es herencia y es genealogía. La revolución que resulta de ella derriba las antiguas instituciones y establece otras nuevas. Es programa y es política. Pueden los motivos de la rebelión no ser antagónicos con los objetivos políticos de la revolución. Son ciertamente diferentes. Esta diferencia tomó forma material en la Revolución Mexicana de 1910, cuando los ejércitos campesinos de Zapata y de Villa terminaron enfrentados armas en mano con el Ejército Constitucionalista.

* * *


Cuando estalla una revolución, el momento de la rebelión es aquel que la cubre por completo, la llena de significados, se confunde con ella. El historiador entonces no se pregunta sólo qué pasó, sino cuál era el sentido de eso que había estado pasando. Son momentos que E. P. Thompson describió en un pasaje clásico acerca de las preguntas del historiador a esos pasados plebeyos sin registros:4

Estas cuestiones, cuando examinamos una cultura de costumbres, a menudo tienen que ver menos con los procesos y lógicas de cambio que con la recuperación de precedentes estados de conciencia y texturas de las relaciones sociales y domésticas. Tienen que ver menos con devenir que con ser. A medida que algunos de los principales actores de la historia se alejan de nuestra atención –los políticos, los pensadores, los empresarios, los generales– un inmenso reparto secundario, que creíamos eran tan sólo figurantes en el proceso, avanzan hasta ocupar todo el proscenio. Si sólo nos preocupa el devenir, entonces hay periodos completos de la historia en los cuales un entero sexo ha sido descuidado por los historiadores, porque las mujeres rara vez son vistas como actores de primer orden en la vida política, militar o incluso económica. Si nos preocupa el ser, la exclusión de las mujeres reduciría entonces la historia a futilidad.

Vista desde este mirador, la rebelión es una irrupción del ser dominado en el acontecer político de la dominación, en su devenir. Para acercarse a aquélla el historiador necesita mirar y considerar lo que con su hacer expresan los cuerpos antes que cuanto con su decir trasmiten las palabras. Ninguna proclama de las dos revoluciones decía de abrir las cárceles, repartir los víveres, quemar los archivos de la justicia y de la propiedad y ajusticiar a los odiados. Eso hicieron sin embargo en ambos casos los rebeldes. Al historiador no le toca juzgar si estuvo bien o estuvo mal, sino registrar que así fue como fue.

Develar esos momentos en la historia tiene que ver no sólo con registrar las ideas del conocer propias del tiempo y del lugar, sino también con indagar y recuperar los modos del hacer y del estar.

Aquellas ideas son ciertamente necesarias para organizar los objetivos de una revolución. Pero las formas, los lazos humanos y las imaginaciones a través de los cuales toma cuerpo esa organización vienen desde más atrás. Están en la memoria de los sublevados, en sus historias vividas y heredadas, en ese entramado que en los lugares de trabajo y de vida se trasmite de una generación a otra. Se trata de una historia de lugares y regiones y de los seres humanos que allí viven, trabajan, disfrutan y dan sentido a sus vidas.

Ese sentido es lo que E. P. Thompson nos propone indagar cuando nos dice que esos oscuros y verdaderos protagonistas de estas historias están preocupados por el ser antes que por el devenir. Es la sutil línea que, aun cuando sean partes de un mismo proceso histórico, distingue a la rebelión de la revolución.

2. El corte en el tiempo


Soldados y sus familias se embarcan en Sonora para reunirse con las fuerzas villistas en Torreón, Coahuila, c. 1913 (fotógrafo desconocido). Tomada del libro México fotografía y revolución. Editado por Fundación Televisa


La revuelta es un corte en el tiempo homogéneo de la historia, dice Walter Benjamin. Ella se nutre de la imagen de los antepasados oprimidos, no de la visión de los descendientes liberados. Los programas políticos proponen un futuro que será inaugurado por el devenir de la revolución. Pero la fuerza de la revuelta sin la cual ninguna revolución existe, proviene del cúmulo de despojos, agravios y humillaciones acumulados por las sucesivas generaciones. Forse una rabbia antica, generazioni senza nome, gli urlarono vendetta [Quizá una rabia antigua, generaciones innombrables, clamaron por venganza], decía una canción del italiano Francesco Guccini para explicar el sentido del gesto sin sentido de un maquinista ferroviario que a principios del siglo XX, allá en Bolonia, lanzó su locomotora loca contra un tren de lujo que corría en sentido opuesto. Teatros y estadios llenos de jóvenes coreaban esas estrofas en la Italia de los años setenta del siglo pasado.

La rebelión no habla del futuro, habla de la abolición de los agravios del pasado. Su violencia exasperada, en apariencia sin sentido y hasta a veces contraria a sus fines, viene de otro origen que las imaginaciones del porvenir. Viene de una interminable cadena de humillaciones y despojos, humillaciones propias y de los padres y de los abuelos. La revolución puede culminar en la Declaración de los Derechos del Hombre y ésta prolongarse en la proclama de Olympe de Gouges, pero la rebelión que la desencadena se iba organizando en aquellos ánimos de donde surgían los Cahiers de Doléances, los memoriales de agravios de la Revolución Francesa.

La revuelta quiere detener –o al menos interrumpir– el tiempo de la humillación y del desprecio. En sus Tesis sobre la historia, Walter Benjamin dibuja esta ruptura en una curiosa anécdota sobre la revolución de julio de 1830 en París:5

Concluido el primer día de combates, sucedió que al caer de la noche la multitud, al caer la oscuridad, en diferentes barrios de la ciudad y al mismo tiempo, comenzó a atacar los relojes. Un testigo, cuya percepción se debió tal vez al azar de las rimas, escribió:

¡Quién podría creerlo! Se dice que, en furia con la hora, / unos nuevos Josués, al pie de cada torre / tiroteaban cuadrantes para parar el día.

De ese corte en el tiempo homogéneo de la dominación reconocida y la obediencia aceptada puede resultar –o no– una revolución, un cambio en las leyes, las instituciones, la propiedad, las formas y los contenidos de la dominación misma. Tal ha sucedido en todas las revoluciones victoriosas: la francesa, la haitiana, la rusa, la china, la argelina, la vietnamita, la cubana, la boliviana, las dos revoluciones mexicanas.

Estos cambios vienen preparados por otros anteriores en las sociedades y se anuncian en los programas, las críticas y las actividades de las elites políticas. Pero no son esas elites, aun las radicales, las que dan cuerpo a la ruptura del antiguo orden y abren paso al nuevo. Son otros, los humillados y ofendidos, los protagonistas del acto material y corporal de la revuelta sin el cual no hay revolución sino, cuando más, cambio en el mando político establecido. Son aquellos a quienes la vida se les ha vuelto intolerable y para quienes la ruptura entre las elites –la del Antiguo Régimen y la revolucionaria– abre un espacio para irrumpir en el primer plano de la escena.

Tal vez en esa dicotomía espacial entre protagonistas y figurantes se encierra el secreto de lo que Benjamin, también en sus tesis, llamó una aporía fundamental:6

La historia de los oprimidos es un discontinuum. La tarea de la historia consiste en apoderarse de la tradición de los oprimidos. [...] El continuum de la historia es el de los opresores. Mientras la representación del continuum conduce a la nivelación, la del discontinuum está en la base de toda tradición auténtica. La conciencia de la discontinuidad histórica es propia de las clases revolucionarias en el momento de su acción.

Uno de los dirigentes de la revolución rusa de 1917, León Trotsky, desterrado desde 1929, pudo escribir su Historia de la revolución rusa, obra de escritor, protagonista, historiador y cronista de los acontecimientos. En el prólogo de este trabajo presentó su propia visión sobre la preservación de tradiciones del pasado en la génesis de las rupturas revolucionarias y sobre la relación entre la rebelión del pueblo y la política de sus dirigentes:7

Las masas no van a una revolución con un plan preconcebido de sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja. Sólo el sector dirigente de su clase tiene un programa político, el cual, sin embargo, necesita todavía ser sometido a la prueba de los acontecimientos y a la aprobación de las masas. [...] Sólo estudiando los procesos políticos sobre las propias masas se alcanza a comprender el papel de los partidos y los caudillos, que en modo alguno queremos negar. Son un elemento, si no independiente, sí muy importante de este proceso. Sin una organización dirigente la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor.

Su propuesta para explicar el proceso es, entonces, guiarse primero por el hacer de los insurrectos y sólo después por el decir de sus dirigentes. La línea divisoria entre aquel hacer y este decir es la que separa también rebelión y revolución.

Aunque en la realidad aparezcan confundidas –no hay revolución sin rebelión, decíamos–, en la tarea del historiador es fundamental reconocer esa línea. No pocas historias de las revoluciones mexicanas son historias de las políticas de los dirigentes, incluidos los más radicales, antes que de los motivos profundos de los oprimidos para rebelarse y de cuáles fueron los sentimientos y los procesos en sus conciencias que los decidieron a correr los riesgos de una rebelión.

Aquélla es hoy la tendencia dominante en las conmemoraciones oficiales de las dos revoluciones mexicanas. Habla en ellas la voz y la memoria de las instituciones estatales, es decir, la voz del orden surgido de las revoluciones y no las múltiples voces de la ruptura del orden precedente que fue la esencia de cada una de esas rebeliones. Son relatos del “continuum de la historia”, diría Benjamin, y no de la discontinuidad histórica encarnada en las revoluciones. Así la conmemoración estatal de las revoluciones mexicanas se convierte en un discurso del poder y de sus instituciones, como si la tarea y la misión de las rebeliones hubiera sido la de fundar ese poder y no la de destruir los poderes antes dominantes.

En esos discursos la continuidad ocupa el lugar de la discontinuidad y la permanencia desplaza a la impermanencia que es la esencia misma de cada rebelión.

3. Un tiempo fuera del tiempo


La entrada triunfal de zapatistas y villistas a la ciudad de México, el 6 de diciembre de 1914, único momento de la Revolución en que los jefes de ambos bandos coincidieron en una acción común. (Fotografía de Antonio Garduño). Tomada del libro México fotografía y revolución. Editado por Fundación Televisa


Nadie puede ignorar los cambios en la economía, las modificaciones en las normas y formas de la dominación o las crisis y rupturas en las elites dominantes que pueden estar en el origen de cada rebelión. Pero una tarea es el estudio de sus causas y otra la investigación de las formas que toma, de cuanto sucede en el seno mismo de la rebelión, de aquellos modos de hacer y de sublevarse que se repiten y renuevan a través de los tiempos.

Una rebelión, una huelga, una ocupación de espacios físicos o simbólicos es un modo de estar juntos y entre iguales, libres del mando extraño, y de establecer el lazo solidario más allá de los lazos de sangre familiares y de los lazos de los intercambios mercantiles, incluido el vínculo salarial.

Los lazos de una rebelión vienen del pasado y se han establecido en las regiones del trabajo en común (plantación, barco, mina, hacienda, industria, estudio) o de la vida en común (aldea, pueblo, barrio, ciudad). Llevan consigo cierto orgullo de los lugares nuestros, esos que nosotros, los que ahora nos rebelamos, hicimos con nuestro trabajo y con nuestras vidas. Son los lugares donde se fue creando en el pasado el sentimiento de comunidad propio de toda rebelión. De ellos surgió la consigna de los Industrial Workers of the World: “An injury to one is an injury to all” - Un agravio a uno es un agravio a todos.

Ese sentimiento de comunidad, propio de la historia subalterna, tiene sus sitios sagrados y sus lugares simbólicos. Este orgullo de los lugares nuestros suele trasmitirse entre generaciones aunque no esté registrado en las historias. Pasa por las narraciones, las canciones, los relatos de los antiguos a los modernos y de los viejos a los jóvenes, aunque después modernos y jóvenes los adapten a sus nuevos usos. Pero en una fábrica, un barrio del trabajo, una aldea campesina, una comunidad indígena, en esa trasmisión los relatos del tiempo fuera del tiempo perduran y se renuevan como organizadores de los sentimientos.

De esas narraciones y de sus auras se nutrirán las futuras rebeliones, o protestas, o desafíos, aunque sus motivos y razones serán tan diferentes como los nuevos tiempos. Esas narraciones, sin embargo, tienen algo en común. Recuerdan, repiten, recrean aquellos momentos discontinuos en que se rompió la continuidad de la humillación impuesta por el poder a sus dominados, mucho más cuando ese poder se afirma en la línea de la distinción racial.

Por eso los relatos y los mitos de las rebeliones pasadas, en vez de registrar en primer lugar los cambios económicos destacados en tantas historias, recuerdan y celebran ante todo los momentos y los lugares de la ruptura de la humillación y del mundo puesto al revés. No es que aquéllos no importen. Es que son éstos los momentos míticos de la revuelta.

El triunfo de la Revolución se propone perpetuarlos. Pero ellos tienden a disolverse, aun cuando no desaparezcan del todo, en el nuevo orden que por necesidad establece la revolución triunfante. Si ese orden se congela en un puro mando autoritario o despótico, como ha sido recurrente en las revoluciones del siglo pasado, aquellos relatos y aquellos mitos vuelven a sus lugares subalternos y se recrean bajo nuevas e insólitas formas.

Esta distinción entre revolución y rebelión, aun cuando ambos acontecimientos se presentan confundidos, es capital para la tarea del historiador. Pues una revolución no es sólo lo que dicen los libros o lo que proponen los programas de sus dirigentes, sino sobre todo lo que hace el pueblo que se rebela.

La genealogía de este hacer es un objeto de estudio prioritario para el investigador de las revoluciones y rebeliones, sus programas políticos, sus acciones y sus imaginaciones.

4. El otro sol


En su manuscrito Sobre el concepto de historia, Walter Benjamin anotó esta tesis:8

La lucha de clases, que nunca deja de estar presente para el historiador formado en el pensamiento de Marx, es un enfrentamiento en torno a cosas toscas y materiales sin las cuales no pueden subsistir las cosas finas y elevadas. Sin embargo, sería un error pensar que, en la lucha entre las clases, estas últimas sólo aparecen como botín destinado al vencedor. Para nada es así, puesto que ellas se afirman precisamente en el corazón mismo de ese enfrentamiento. Allí aparecen y se mezclan entre sí tomando las formas de la fe, la valentía, la astucia, la perseverancia y la decisión. Y la irradiación de estas fuerzas, lejos de ser absorbida por la lucha misma, se prolonga en las profundidades del pasado humano. Toda victoria que alguna vez haya sido conquistada por los poderosos, aquéllas jamás han cesado de disputarla. Como esas flores que se mueven hacia el sol, las cosas pasadas, movidas por un heliotropismo misterioso, se vuelven hacia ese otro sol que está surgiendo en el horizonte de la historia. Nada hay menos visible que este cambio. Nada más importante, tampoco.

Revuelta y revolución, el águila y el sol. Será historiadora de una revolución quien sepa ver en su seno la revuelta, sin confundirlas en una y sin separarlas en dos.

Por Adolfo Gilly, Conferencia magistral en el centenario de la Revolución Mexicana - Université du Québec à Montréal, 12 octubre 2010; y University of California, Berkeley, 23 octubre 2010.

NOTAS

1. Indios e indígenas actuaron en los conflictos de 1808 a 1821, de diversas maneras participando en la creación de la nación mexicana. Pero sus participaciones raramente unieron una búsqueda de derechos de indios y la promoción de la nación. El derecho indígena, las Repúblicas de Indios, los Juzgados de Indios eran invenciones coloniales, políticas de la monarquía española. La nación y el liberalismo que muy pronto llegaron a guiar la nación nacieron en oposición al derecho indígena. No es de sorprender que por décadas muchos indígenas negociaran para limitar la nación y el liberalismo, luchando en momentos clave en contra del poder nacional y los programas liberales. (John Tutino, Indios e indígenas en las guerras de Independencia y en las revoluciones zapatistas, ponencia presentada en el coloquio Miradas sobre la historia, FCPS-Colmex, noviembre 2009).

2. Eric Van Young, La otra rebelión – La lucha por la independencia de México, 1810-1821, FCE, México, 2006, p. 260.

3. Felipe Arturo Ávila Espinosa, Entre el porfiriato y la revolución – El gobierno interino de Francisco León de la Barra, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2005, p. 21.

4. Edward P. Thompson, History and Anthropology, en Making History – Writings on History and Culture, The New Press, New York, 1995, ps. 204-205.

5. Walter Benjamin, Écrits français, Gallimard, París, 1991, p. 346.

6. Ibid., p. 352.

7. León Trotsky, Historia de la revolución rusa, Juan Pablos Editor, México, 1972, vol. I, p. 15.

8. Walter Benjamin, cit., p. 341.


Por: Adolfo Gilly
Tomado de: enlacesocialista.org.mx

domingo, 16 de agosto de 2009

La lucha de los indios de México. Liberación de 2010


— NOTAS DE LA OTRA CAMPAÑA —

“Instrúyanse, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia. Conmuévanse,

porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo. Organícense,

porque necesitaremos toda nuestra fuerza.” —Gramsci

INTRODUCCIÓN



El camino de la utopía

“La Otra Campaña es otra forma de no hacer nada”, concluyó un estudiante que participó en el foro del Tajín “Váyanse o los sacamos”. No hice gestos, pero a la vuelta de la esquina cualquiera se pregunta ¿qué estamos haciendo mal?

Se comparten aquí éstas reflexiones a los adherentes de este movimiento contra del capitalismo, que busca derrocar al régimen de gobierno pero que no está sirviendo según el parecer de la gente que nos observa: ni cambiamos el sistema ni lo mejoramos y el país sigue en caída libre.

Pero también hay cosas que celebrar. En parte nos referiremos a los compañeros anarquistas, que son quizá la antítesis del capitalismo y nuestro sector más radical. En verdad señalan el domicilio de la utopía donde queremos llegar: una sociedad de justicia y paz donde nadie esté por encima del otro, sin clases ni necesidad de gobiernos, inundados por esa cultura del “hombre nuevo” que nos platicó Felipe Echenique en el Tajín.1

1 Hablamos de cultura en el sentido sociológico del término, como un estilo de vida; no sólo aplicado a las artes, al conocimiento o la educación, sino a las costumbres de los pueblos en su vida económica, política e ideológica. Ver “el volador” 51, www.cedoz.org.

El hombre nuevo

Ciertamente, llega un momento en que uno se pregunta en qué consiste ese hombre nuevo, y cuántos se precisan para derrocar un régimen. ¿A partir de cuándo se sabe que contamos con un tipo de esos? Porque de seguro no los habrá perfectos, y se observa que brotan a cuenta gotas. ¿Acaso el hombre nuevo y la mujer nueva empiecen digiriendo esa pesada idea de derrocar un régimen con todos los riesgos que implica? Pero precisémoslo más: ¿son los dispuestos a arriesgar su vida por una causa justa? Lo cierto es que esos hombres nuevos, pocos e imperfectos, son los que pueden provocar el cambio revolucionario, echando abajo las estructuras que producen tantas injusticias. En estos términos, ¿usted se considera un “hombre nuevo”?

¿Cambiamos las estructuras o los hombres?

Es que estamos estancados en un círculo vicioso donde no existe una estructura social más justa porque no hay suficientes hombres nuevos que la construyan; ni hay esos hombres por falta de estructuras que lo propicien. Para resolver esta dialéctica surge el movimiento revolucionario, que viene a ser la combinación y negación de ambas tesis en conflicto: significa no esperar mejores estructuras ni mejores hombres, sino construirlas con los hombres y mujeres que se tengan.

Por ejemplo, no se ha dado una nueva constitución por falta de una asamblea constituyente que realmente funcione desde lo local, ni hay esa constituyente a falta de una constitución que lo permita. Es necesario romper con esa ley y esos legisladores para poder hacer algo nuevo. Y pues el constituyente no es un fin ni un mal en sí mismo, es un instrumento para construir democracia, que ha funcionado equivocadamente; hagamos uno que funcione desde abajo y a la izquierda para obtener la constitución de la sociedad deseada.* La nueva constitución no va a caer del cielo ni nacerá por generación espontánea en medio del desierto.

¿Trabajo de base o movilización espontánea?

También estamos hablando de abrir la mente a toda forma de lucha, como explicó Carlos Fazio en el foro anterior al del Tajín, en Tampico. Porque a veces pensamos que sólo hay un modo de llegar al horizonte. Algunos piensan que se requiere un fuerte trabajo de base en comités de barrio, en sindicatos, círculos de estudio, en la familia, desde uno mismo, y muchos adherentes nos hemos formado de ese modo, lo que nos ha permitido participar en grandes movimientos; incluso las bases del EZLN requirieron de ese paciente trabajo.

Pero otros piensan que dichos movimientos surgen espontáneos y son los que despiertan a la gente en la lucha directa contra el capitalista y el estado burgués. Es verdad, movimientos como la caravana zapatista o el propio levantamiento armado de 1994 aumentaron la consciencia sobre la lucha indígena, lo que no pudo hacerse desde el trabajo de base —aunque no fueron tan espontáneos.

Dos calendarios

En realidad, ambas acciones son necesarias y cada una tiene sus mejores momentos. A veces el trabajo de base debe pasar a la movilización y al enfrentamiento sin postergaciones, ya que las coyunturas lo exigen. Es lo que planteó el documento “Váyanse o los sacamos” en dichos foros: aprovechar la coyuntura histórica del 2010 para avanzar hasta donde se pueda, contra un sistema capitalista que se encuentra débil.

Por su parte, los del poder buscarán aplastar este calendario revolucionario que encuentran tan adverso, para apostarle al suyo, al calendario electoral del 2012, ajustándonos a sus reglas y a sus anchas. Tendrán tiempo de tomar aire y organizarse para controlar e intimidar a la población, para dividirla e infundirle nuevas esperanzas mediante los medios de comunicación y programas asistenciales. Por eso, aquí ponderaremos el análisis coyuntural, como una herramienta de los actores sociales para avanzar en el terreno político.

ANARQUISMO Y OTRA CAMPAÑA



Ruidos en la consciencia

Anarquismo y autonomía guardan una simpatía natural. Quizá por ello muchos anarquistas participan en movimientos autónomos como La Otra Campaña y ven con agrado los municipios rebeldes de Chiapas, que son independientes y no obedecen la autoridad del estado.

Sin embargo, algún anarquista se topa con cosas que no le gustan, por ejemplo, la “nueva constitución” que demanda la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. No le cuadra ninguna autoridad aunque “mande obedeciendo”; y acaso le causen ruido las Juntas de Buen Gobierno pues contemplan lo que aborrece, un gobierno, una autoridad. Diferente, pero gobierno al fin.

Es que a veces se quiere saltar hasta la utopía sin pasos intermedios. Algunos querrán pegar el brinco sin pasar por un gobierno que “mande obedeciendo”, aunque se acerque al ideal anarquista. Otros desearán brincar hasta donde las leyes no se necesiten, sin pasar por una constitución justa; o pensamos en construir nuevas leyes sin constructores, es decir, sin una asamblea constituyente que legisle obedeciendo la voluntad del pueblo.

Otra forma de hacer política

Incluso existen anarquistas que rechazan todo orden y entran automáticamente en conflicto con las culturas indígenas, con “La Otra Campaña”, con el sentido común en general y con el propio anarquismo que propone la libre asociación: “Una sociedad libre en posesión de la herencia común, tendrá que buscar en el libre agrupamiento y en la libre federación de los grupos una organización nueva que convenga a la nueva fase económica de la historia”, concluía Kropotkin, hablando del comunismo anarquista.2

Inclusive, quienes se oponen a todo orden chocan con la “otra forma de hacer política” —si entendemos política como sinónimo de organización en su concepto más simple—. Un modo de ordenar las cosas, eso es la política en pocas palabras. Y “otra forma de hacer política” es otra forma de organizar el mundo: el trabajo, los medios de producción, las relaciones laborales, los recursos naturales y demás riquezas; la educación y la cultura; la participación ciudadana en los asuntos públicos, y todo aquello que los indígenas han organizado de modo contrario al capitalismo en los municipios rebeldes.

2 Cfr. Peter KROPOTKIN, “La conquista del pan”, p. 21.


La necesidad del orden

Es que tarde o temprano el orden brota donde aparece el ser humano. Y no faltará un anarquista que llegue a poner orden, para decirlo escandalosamente. Es que la persona de por sí analiza y separa, clasifica y estructura, valora, jerarquiza… así va comprendiendo y controlando la realidad que le rodea. Porque el orden significa entendimiento y salud mental, tanto que a veces cualquier orden se acepta aunque se trate de un mal orden —por desgracia, claro.

En cambio, el desorden no se comprende y es rechazado de súbito, sobre todo si no se le controla. Por eso, el anarquista más sensato buscará un orden justo de las cosas, contrario al desorden y al caos que generalmente la derecha atribuye al anarquismo para denigrar sus nobles ideales. El anarquismo no es desorden, es otra forma de ordenar las cosas, otra forma de hacer política. Y no es del todo utópico, pues ya existe de manera “subterránea” en las redes ciudadanas que se organizan para diversos fines.3

3 Colin WARD, “Esa anarquía nuestra de de cada día”. Tusquets Editores, España, 1973, pp. 12, 74.


La otra mano invisible vs. estado

Pero hay un problema: como anarquista no quiero que intervenga un gobierno en ese nuevo orden. Buscaré desarrollar la cultura del “hombre nuevo” a partir de “la otra mano invisible”, de izquierda y espontánea, que le guíe a compartir, cooperar y organizarse solidario con los demás; muy contraria a la mano invisible del capitalismo que nos conduce a buscar el propio provecho, según Adam Smith en “La riqueza de las naciones” (1776). Buscaré hacerlo desde abajo y con el pueblo, mediante asociaciones libres a contrapelo del régimen de estado, hasta derrocarlo. Y no querré otro estado en el poder aunque sea más justo, pues consideraré que todo sistema y estado condicionan la libertad y la conducta de la gente. “Rechazamos cualquier tentativa de organización social que no admita la libertad más amplia tanto de los individuos como de las organizaciones, o que requiera la instauración de cualquier régimen de poder”, decía Bakunin (1814-1876), pensador anarquista.4

4 Cfr. Mihail BAKUNIN, “Socialismo sin estado”, G.P. Maximoff (ed.), "The Political Philosophy of Bakunin". The Free Press, NY. 1953.

Condiciones económicas para el hombre nuevo

Sin embargo, se trata precisamente de inducir la formación del hombre nuevo, mediante otras estructuras y distribución de la riqueza. El mismo Bakunin afirmaba: “Los hechos están antes que las ideas; el ideal, como dijo Proudhon, no es más que una flor de la cual son raíces las condiciones materiales de existencia. Toda la historia intelectual y moral, política y social de la humanidad es un reflejo de su historia económica”.5 Pero el anarquista no cree que estas condiciones económicas puedan ser cambiadas por algún estado, ni que esto pueda ser planeado. Piensa que todo será espontáneo desde las bases trabajadoras. Y uno se pregunta dónde empieza la espontaneidad si no es desde el sentido común y la necesidad histórica, porque cualquier propuesta desde abajo suele ser tachada de autoritarismo o de iluminismo intelectual. ¿Cómo va a surgir esa espontaneidad si no es desde las ideas de rebeldía surgidas entre nosotros mismos?

5 Por estas razones, la formación política en La Otra Escuela comienza estudiando las raíces económicas del Árbol Social, como una manera de analizar la estructura de la sociedad. Y termina con el análisis coyuntural para buscar incidir en la política nacional.

La espontaneidad es relativa

Más todavía, tanto el anarquismo como La Otra Campaña contrastan con las comunidades indígenas donde el liderazgo no es espontáneo, sino un cargo que la comunidad encomienda a un individuo. “La espontaneidad pura no se da en la historia (…), en todo movimiento espontáneo hay un elemento primitivo de dirección consciente, de disciplina”, decía Gramsci.6 Por su parte, Eugene Gogol, adherente de La Otra Campaña, nos confirma que esta consciencia es un complemento de la “subjetividad revolucionaria”, no un substituto.7

Es que la espontaneidad surge obligada por la historia, con las conciencias revolucionarias formadas en las luchas sociales, es decir, por sus propios pensadores de “abajo y a la izquierda”. Por eso, en movimientos como La Otra Campaña, que entretejen diversas luchas de muchos años, sus adherentes no necesitan que alguien desde arriba les dicte lo que han de hacer; la conflictividad los ha formado como sujetos revolucionarios y eso los dota de una autoridad natural.

6 Cfr. Antonio Gramsci, “Escritos políticos”, Ed. Siglo XXI, 2ª ed. 1981. P. 327, 330.

7 Cfr. Eugene GOGOL, “El concepto del otro en la liberación latinoamericana”, Ed. Casa Juan Pablos, 3ª ed., México, 2008, p. 340.

El estado zapatista, ¿un nuevo anarquismo?

En la región rebelde de los municipios autónomos han construido una especie de pequeño estado donde el poder reside en el pueblo y es tierra fértil para el hombre nuevo. Una flor en el pantano. Y he aquí que el zapatista sí cree —y lo demuestra— que se puede organizar un estado de otra forma, donde el pueblo mande y el gobierno obedezca. Donde pueblo, autoridad y estado son lo mismo; donde el pueblo no ha sido marginado del estado por un gobierno. ¡Esta posibilidad no la contemplaba Kropotkin!, aunque andaba cerca. Y Bakunin reconocía que “el estado es un mecanismo históricamente temporal, una forma transitoria de sociedad”, aceptando que la utopía del “no gobierno” es un proceso y otra forma de gobernar. Pero algunos queremos llegar de un gran salto sin caminar; sin entender que el anarquismo es un camino, no un horizonte.

Jugar en cancha ajena

Entonces, son dos manos invisibles, en realidad muy visibles y contrarias que guían al mundo: una derecha y otra izquierda, digámoslo así. Dos espíritus, dos culturas, dos ideologías. Pero ninguna logra sus objetivos sin la organización política del estado en determinado momento, y sin la propiedad de la economía —especialmente de los medios de producción—. El capitalista lo ha comprendido bien y se aprovecha de ellos diseñando un sistema social para sus intereses, con gobiernos que le dejan avanzar en el control de la sociedad.

Es por eso que la cultura del anarquismo y del “hombre nuevo” necesita otras estructuras. Pero si no comprendo esta necesidad de crear un sistema y una estructura transitoria de gobierno que propicie el nacimiento de muchos “hombres nuevos”, siempre estaré jugando de visitante en cancha ajena, y no encontraremos más de un “hombre nuevo” entre mil, como hasta ahora.

Quitar lo que estorba

En efecto, las estructuras capitalistas no están diseñadas para que brote la humanidad nueva. Cada hombre nuevo que nace en medio del capitalismo crece entre piedras y espinos, fruto de una dura lucha a contracorriente, a cuenta gotas, y está muy lejos de transformar la sociedad en esas condiciones, sin enfrentarse al enemigo, vulnerable a un sistema que todo lo corrompe. Es decir, la autonomía pronto encuentra un límite; sigue dando pasos pero no avanza.

Es el momento de pasar a otra fase de la lucha, con otras estrategias que quiten lo que nos impide caminar. Acaso esto sucede con los municipios autónomos, donde el estado dificulta su crecimiento y trata de aniquilarlos, dando lugar a la Otra Campaña, que extiende la lucha indígena a todos los sectores sociales para conjuntar fuerzas y derrocar al régimen; un régimen que estorba a las autonomías y al anarquismo en el camino hacia una sociedad más justa. El análisis de coyuntura será muy importante en esta historia.

EL ANÁLISIS DE COYUNTURA



El arte de la coincidencia

Una notable cualidad del ser humano es el arte de provocar coincidencias. Gracias a ello se puede escuchar una bella sinfonía donde se articulan los más complejos instrumentos con los más talentosos músicos y las más adiestradas voces, en el momento más oportuno, el espacio más adecuado y con el público más sensible. Situaciones que jamás sucederían sin la premeditación humana. Y así, la vida cotidiana se basa en hacer coincidir todo tipo de recursos para diversos fines.

No se diga en política, donde el análisis de coyuntura busca esta articulación de cosas para incidir en las estructuras sociales; pero hay que buscarlas, provocarlas y aprovechar lo aprovechable, porque las condiciones óptimas nunca se darán solas. Así, el levantamiento zapatista de 1994 no podía ser el día de san lo que sea, fue fruto de un análisis de fuerzas y tiempos.

Por su parte, las clases dominantes analizan asimismo su entorno para consolidarse y generan las coyunturas que necesitan, como el escándalo de la influenza, por citar un ejemplo conocido.

La palanca adecuada

El análisis de coyuntura es, pues, una herramienta útil en la lucha social; con ella encontraremos la palanca adecuada para un gran levantamiento con relativamente poca fuerza. Se trata de situaciones coyunturales a la mano: son actores, acciones, escenarios, contextos, historias, recursos, instrumentos ¡y hasta simbolismos!, pero se requiere identificarlos y articularlos para levantar o echar abajo lo que nos proponemos. Un buen juego de poleas puede alzar un pueblo o desestabilizar un pesado régimen. El capitalismo no se va a derrumbar solo.

Son esos “a cuenta gotas” los que pueden aumentar la consciencia social, abatir un régimen e iniciar desde abajo otro orden social que permita la humanidad nueva; que combata de continuo la cultura capitalista, cuyos impulsos mezquinos llegan hasta donde se ve si no los controla un sistema revolucionario. Esos hombres nuevos no transformarán la realidad contemplando las crisis estructurales, deberán prepararse para la acción. Acecharán las debilidades del enemigo; analizarán las propias fuerzas; medirán bien el terreno; calcularán el momento oportuno y las consecuencias; distinguirán lo público de lo secreto y provocarán lo que haga falta. Es decir, harán análisis de coyuntura.

No sólo es un asunto estructural

Ahora bien, existe un vínculo entre coyuntura y estructura: “La acción de los actores sociales generando una situación, no se da en el vacío: tiene una relación con la historia, con las relaciones sociales, económicas y políticas establecidas durante un proceso más largo”.8 Así, el calendario del 2010 supone que la crisis capitalista no sólo es estructural sino que también ha generado una coyuntura que exige acciones.

La crisis estructural manifestada en la ingobernabilidad y la corrupción financiera; en la polarización y degradación social; en 80 millones de pobres; en el desarrollo insostenible, las deudas impagables y la creciente militarización; en un estado fragmentado con instituciones de papel y un sistema electoral desacreditado; en leyes de juguete y justicia inexistente; en la revolución destruida, en una independencia que tampoco existe ya… todo es también una coyuntura donde se une el hartazgo ciudadano, la desobediencia civil y la radicalización popular.

8 Cfr. José DE SOUZA, “Cómo se hace análisis de coyuntura”, ed. Mimeo, Brasil.

El capitalismo se regenera

Desestimar esta coyuntura es un pecado revolucionario y hasta un acto de contrainsurgencia, pues difícilmente tendremos los mexicanos esa mesa servida. Porque toda coyuntura es temporal y las condiciones pueden cambiar rápidamente. Porque las fuerzas disminuyen en ciertas condiciones y se potencian en otras.

Además, el capitalismo demuestra su capacidad de regenerarse: hace ajustes, desbarata movimientos y se fortalece para seguir engullendo al mundo. Mire usted cómo el no pago a los bancos lo desaniman “perdonando” multas. Y liberando un preso político se renuevan esperanzas en las vías jurídicas. Un proyecto de pensiones baja la irritación social. Aprobar el plebiscito o el referéndum puede revivir a los diputados, aunque de ribete impongan la reelección y otras cosas que les benefician. Y hay quienes se ligan a todo movimiento para desviarlo de sus intenciones revolucionarias, sean marchas, juicios políticos, etc. Sí, las condiciones para la rebeldía pueden ser trastocadas por el poder y, perderse.

La subjetividad revolucionaria

Hay en el 2010 una realidad social que puede ayudar a derrocar el régimen, impulsando al sujeto revolucionario mencionado por Diego Torres en el Tajín. Es la formación de las identidades colectivas y sectoriales frente al problema común de la superviviencia. Es la consciencia de clase entre ricos y pobres, patrones y obreros, entre dueños y empleados. Es la organización ciudadana en comités, frentes y alianzas. El desafío y la desobediencia civil a la autoridad. Es la superación del miedo en el hombre nuevo. La impaciencia de la digna rabia. Las ideas de rebelión.9 Nuevos horizontes y la convicción de que otro mundo es posible.

Todo esto puede subir al escenario del 2010 por la fuerza y astucia de los hombres nuevos. Pero también gracias a la fuerza de los símbolos: la historia objetiva del 2010 se ha vuelto símbolo de cambio y transformación social a favor de las mayorías.

9 Ver Otro Sentido común”, numeral 2. http://zapateando2.wordpress.com/2006/07/24/otro-sentido-comun/
La fuerza de los símbolos

Efectivamente, otra característica humana es la fuerza y vitalidad que adquirimos de los símbolos y sus significados. Estos encierran un potencial poderosamente detonador que vence muchas adversidades.

Según algunos historiadores, Hernán Cortés tuvo la autoridad para incursionar y conquistar el territorio mexicano gracias al símbolo de Quetzalcóatl. Trescientos años después, sin el estandarte de Guadalupe, muchos mexicanos no habrían seguido a Miguel Hidalgo en la guerra de independencia. Agarrados al significado cultural de ciertos números, muchos toman decisiones importantes, incluso sólo por reafirmar tal simbolismo o para que se cumpla la profecía que encierra. Un símbolo nos pone en contacto con un ser querido y nos remonta años atrás. Mediante los símbolos el hombre y la mujer se hacen dueños y señores de la naturaleza, le dan sentido a la vida, así como valor y significación a las cosas. Son fechas, lugares, objetos, los “sacramentos de la vida”.10

10 Ver Leonardo BOFF, “Los sacramentos de la vida”, Ed. Sal Terrae. España.

Fe revolucionaria y contrainsurgencia

De este modo lo simbólico participa en la definición del sujeto, fortaleciendo la identidad de los individuos y de los pueblos. Esta fuerza de lo simbólico forma parte de la realidad social, aunque suele ser desaprovechada.11 Así también, el simbolismo del 2010 puede ayudar a detonar toda la subjetividad mencionada si los hombres nuevos creen en él, pues la fe tiene mucho que ver en el mundo de los símbolos. El “sí se puede” se ha convertido hoy en instrumento de fe para lograr cualquier cosa, y sólo pronunciarlo es símbolo de victoria.

Las fuerzas reaccionarias del gobierno ya se perfilan para enfrentar esa fe en el 2010. Además del aparato represivo, múltiples apoyos y reformas sociales se preparan ya a disuadir cualquier rebelión en ese año, tratando de apresurar los tiempos para que al fin termine esa amenaza, para aplastar de una vez por todas ese simbolismo que considerarán absurdo, y seguir con sus planes de saqueo y explotación. Qué cosa más triste que un 2010 lleno de júbilo y fiestas patrias, rebosante de espectáculos y apoyos a los pobres.

11 Ver Teodoro BUSTAMANTE; “Fuerza y límite de los símbolos”; FLACSO, p. 17-19.

Inaugurar el 2010

Entonces, analicemos la coyuntura del 2010 para ganar tiempos, espacios y restar oportunidades al enemigo. Ese año puede aprovecharse quizá desde el primer día, incluso meses antes. Y sólo el hombre nuevo sabría neutralizar toda medida de contrainsurgencia, haciendo coincidir objetivos, fuerzas y estrategias, fechas, lugares y desde luego el factor sorpresa. El primero de enero todos los mexicanos conscientes podríamos hacer algo, al menos las fuerzas anticapitalistas, al menos La Otra Campaña. Si no coordinados, aislados aunque sea; si no se puede derrocar el poder, debilitarlo sería un avance. Por lo menos la primera piedra, anunciarlo siquiera. Cualquier cosa que hagamos ese año contra el capitalismo y el estado significará un logro en la lucha contra el régimen, aprobado por el pueblo mexicano y por la historia. No podemos permanecer de brazos cruzados, incrédulos o pesimistas ante el paso de la historia. Ése puede ser el año de los mexicanos.

LLAMADO A LA LIBERACIÓN


Nuestro objetivo común: derrocar al régimen

El 2010 supone suspender las propias luchas, demandas y proyectos en este momento de la historia, o bien, reorientarlos en contra del régimen. Por ejemplo, si uno trabaja en derechos humanos, a prepararse para no ser detenido, liberar compañeros, trabajar desde la cárcel y en la denuncia pública. En salud seré brigadista de emergencias ante la represión. En educación, proyectaremos el significado histórico de ese año. En la cultura popular presentaremos nuestra historia en tres actos: 1810, 1910, 2010. ¿Trabaja usted en medios alternativos?, a prepararse para darle cobertura a la insurgencia; para manejar radios comunitarias o clandestinas, incluso medios de comunicación tomados por el pueblo. Si trabajo en cooperativas, a proveer alimentos, agua, albergues, impermeables… hasta resorteras. A prepararnos física y anímicamente para pelear, resistir y… pues sí, arriesgar la vida; y es que la vida como un fin en sí mismo, carece de significado.

La Otra Escuela

La Otra Escuela, siendo un espacio de formación política de La Otra Campaña, puede enfocar sus energías a la planeación de esas acciones. ¿Cómo derrocar el régimen con lo que tenemos?, ése puede ser el tema de estudio en esta coyuntura. Concentremos toda nuestra libertad, memoria y entendimiento en esto, toda nuestra voluntad, todo lo que somos y tenemos, pues en esa medida obtendremos resultados. No se trata de prepararnos mucho intelectualmente, ya no es tiempo para eso en esta coyuntura, se trata de preparar las acciones. La formación principal será en la praxis (acción-reflexión-acción): es “educar para transformar y transformar para educar”, decía el pedagogo mexicano Carlos Nuñez, “la teoría a partir de la práctica”.12 Porque son las acciones y el enfrentamiento lo que forma al hombre nuevo. Eso sí, analicemos las revoluciones de México, de América Latina y del mundo, ¿hay algo que aprender ahora? 13

12 Cfr. Carlos NUÑEZ, “Educar para transformar, transformar para educar”, IMDEC; México, 1985, p. 55

13 Por ejemplo, en enero el año 2000 el pueblo de Ecuador protesta por la dolarización de la economía y toma masivamente los espacios de poder sin derramamiento de sangre, paraliza al país, derroca al presidente, nombra un parlamento alternativo, dicta leyes, neutraliza la fuerza pública, instala un “gobierno de salvación nacional”… pero negocia y cede espacios al ejército, y éste le arrebata el poder al pueblo mediante conspiraciones, donde desde luego intervienen los Estados Unidos, quedando en el poder Gustavo NOVOA, quien siguió con la misma política neoliberal. De todo esto pueden desprenderse muchas reflexiones. Cfr. GOGOL, pp. 253-257.

La esclavitud de las deudas

La insurrección depende mucho de lo que se proclame, de la agitación que se dé. Al igual que hace 100 y 200 años, la libertad sigue siendo un estandarte, una exigencia común de esclavos con deudas impagables. La diferencia es que la finca se ha globalizado y no puede salir de ella... ¡pero tampoco lo quieren en ningún lado! y a cada rato cambia de trabajo, de casa, de ciudad y hasta de país. Y no le piden muchos requisitos para engancharlo, sólo que pague con su trabajo. La diferencia es que ahora deja empeñado lo que tenga… aunque en realidad prefieren que no les pague. La diferencia es que las tiendas de raya son cualquier empresa transnacional que se la encontrará dondequiera que se esconda; y que le cobran intereses. La diferencia es que el patrón está en todos los trabajos, incluso usted mismo lo trae dentro, obligándose a trabajar en subempleos que apenas le darán de comer. Y qué curioso, el banquero y el empresario saben que uno no podrá pagar; y usted también lo sabe, pero endeudarse es la única manera de sobrevivir.

El robo y la competencia por el dinero

Hoy, hace unos instantes nació un niño mexicano. Sólo por nacer ya le tocan unos 20 dólares de la deuda externa. Nació deudor. Ése es, digámoslo así, el “cover” mínimo para ingresar a este mundo. Luego ese niño tendrá otras deudas como las que usted tiene en Coppel, Elektra, Chedraui, Banamex, HSBC, etc.

Pero observe usted que el dinero para pagar no se ha puesto en circulación en el mundo. No existe,14 o no alcanza. Y no alcanza siquiera para pagar en efectivo, por eso acude al crédito. Salen de la tienda las mercancías a crédito, pero el dinero para pagarlas no sale de ningún lado. Y los intereses a su cuenta, es dinero extra que tampoco se emite. Así las deudas aumentan por cualquier cosa en todo el mundo y sigue habiendo el mismo dinero; o bien, las impresoras de billetes no aguantan el acelerado ritmo de tal endeudamiento. Sigue habiendo poco dinero, además acaparado por unos cuantos. ¿Con qué pagaremos tantas deudas? El único camino es la competencia por el dinero, trabajando como esclavos y mediante el robo en todas sus formas: sueldos descomunales arriba, salarios simbólicos abajo; premios inventados; ventas muy arriba de los costos o contra la voluntad del cliente; compras de coyotaje; desplazo de trabajadores; acaparamiento del mercado; impuestos al pobre, rescates al rico; etc.

14 Enric DURAN, “Podemos vivir sin capitalismo”, Colectivo Crisis, Marzo de 2009, España, p. 10s.

Lo hicieron en la independencia

Así es como una minoría arrebata el dinero que no es suyo, mientras la mayoría pierde y se endeuda trabajando a cualquier precio. Esto es el sistema capitalista, la moderna esclavitud, burda y sutil. Tan burda que no la vemos, y tan sutil que se prohíbe en el artículo primero de la Constitución Política. No obstante, con un poco de consciencia se la puede ver; y un poco de fuerza e inteligencia pueden abolirla.

En efecto, el 2010 puede ser ideal para proclamar nuevamente la libertad, aboliendo todas las deudas internas y externas, y liberando a los presos como lo hizo Miguel Hidalgo el 16 de septiembre de 1810, según dicen a las dos de la mañana. Ese año, Hidalgo decretó: “1° Que todos los dueños de esclavos deberán darles la libertad, dentro del término de diez días, so pena de muerte. 2° Que cese para lo sucesivo la contribución de tributos respecto de las castas que lo pagaban y toda exacción que a los indios se les exija”.15 Parecía un sueño, ¿quien iba a pensar que se podría acabar con el imperio español?

15 Cfr. Miguel HIDALGO, “Decreto contra la esclavitud, las gabelas y el papel sellado”, Guadalajara, Jal. 6 de diciembre de 1810. Art. 1 y 2.

Lo hicieron en la revolución

Del mismo modo, durante la revolución mexicana, 1914 fue un año de decretos en diversos estados del país, aboliendo la esclavitud de las haciendas porfirianas. En Yucatán, por ejemplo: “Se desconocen y se declaran nulas y de ningún valor todas las carta cuentas o cuentas corrientes, llamadas de sirvientes, que se han girado entre éstos y los propietarios o administradores de fincas de campo”. En Puebla se estipuló: “Quedan abolidas todas las deudas de los peones en todas las haciendas y ranchos de los estados de Puebla y Tlaxcala. (…) también las deudas de los artesanos y mozos y toda clase de empleados en las ciudades, distritos y municipalidades”. En Chiapas: “No hay sirvientes en el estado de Chiapas. Los individuos que trabajen en las fincas de campo, negociaciones industriales o fabriles, percibirán los salarios que fija la presente ley. Las deudas de los sirvientes quedan abolidas desde la fecha; nadie podrá alegar en contrario y, en consecuencia, queda también prohibida la creación de otras deudas”.16 Era lo increíble, el poder de Porfirio Díaz y de los hacendados extranjeros echado abajo.

16 Decretos del 11 de septiembre de 1914 en Yucatán, y del 3 de septiembre en Puebla: ver Herbert NICKEL, “El peonaje en las haciendas mexicanas”, UIA, 1997, pp. 112, 432. “Ley de obreros” del 30 octubre de 1914: ver María Eugenia REYES RAMOS, “El Reparto de tierras y la política agraria en Chiapas”, UNAM; México, p. 42.

La abolición de las deudas no basta

Pero hay un problema, porque Hidalgo liberó las deudas y los esclavos, pero no las tierras y demás medios de producción. Así que el “capitalista” seguía ahí y la esclavitud continuó. Por eso, cien años después, a Emiliano Zapata no le bastó que terminara la explotación en las fincas; la explotación seguía con los salarios, y pues la tierra no se repartió sino después de su muerte, con Álvaro Obregón.

De igual suerte, en el antiguo Israel había liberación de deudas cada 7 años, luego cada 50, y no se pagaban intereses entre los israelitas. Pero era de hacerlo periódicamente pues la explotación continuaba; era para que el sistema económico no condujera a la riqueza excesiva a costa del empobrecimiento de otros; para que no hubiera gente explotada y dependiente; ni acumulación de tierras, ni siervos ni amos, ni deudas, donde a nadie le faltase lo que a otros les sobra. Con el tiempo la iglesia transformó esas deudas concretas en deudas “espirituales”, en pecados del alma… o sea que le perdonan a usted lo que quiera, pero un solo centavo no.17 Y así la justicia se perdió, pero salvaron los negocios.

17 Cfr. Lv. 25, 8-18, Ex 22, 24, Lv. 25,23-31, Lv. 25, 24-55, Dt. 15, 1-3, Dt.15, 7-9. Ver Gregorio IRIARTE, OMI, “La deuda externa y el jubileo 2000”, Bolivia.

Llamado al no pago y al no cobro


Así también, nuestro llamado en el 2010 debe ser a la abolición inmediata de todas las deudas. No sólo entre los mexicanos, también las deudas externas que cada uno tenemos con las empresas y bancos extranjeros, y las del gobierno con organismos internacionales. Quienes deban tarjetas de crédito en tiendas y bancos, no las pagarán. Quienes deban pagos en abonos o renta de vivienda, ahí queda. Si usted debe luz, agua, teléfono o cualquier servicio, ya no. Las cuentas por cobrar entre particulares, no se cobrarán. El pago del Fobaproa a los banqueros se cancela para toda la vida. Los pagos del país al Banco Mundial o lo que sea, ya no se harán. Y así en todo lo demás. El llamado es a la desobediencia civil y al perdón, a no pagarle al de arriba ni cobrarle al de abajo.

Esta abolición de las deudas es el primer paso para lo que hoy reclamamos: la propiedad de los medios de producción en manos de los trabajadores, y así desbaratar las desigualdades. Pero antes habrá que destituir al régimen y reorganizar toda la sociedad.

El atrevimiento a liberarse


Desde luego, la liberación no la hace el llamado, sino aquellos que se liberan. Derrocar el régimen nos exige pensar en el futuro inmediato y dejar la comodidad del largo plazo; entender nuestro derecho a la violencia cuando no hay otro camino que la rebelión; y arriesgar la vida, pero no tontamente. Exige perder el miedo a la responsabilidad de la libertad; exige ser pacientes pero también ágiles. Inteligencia para neutralizar la fuerza del estado y la injerencia extranjera, porque no basta la razón, pero tampoco la fuerza.18 Exige la desobediencia civil a un sistema que no merece ningún respeto; lo que puede ser una manera de neutralizar al enemigo sin enfrentarlo directamente. La toma de los medios de comunicación, especialmente de las televisoras, y de todos los espacios de poder. Exige persecución a los funcionarios; pasar a la ofensiva, al contraataque. En suma, es el atrevimiento a liberarse. Pero no todo puede ser por consenso, ni todo lento, ni todo público o desde lo local, ni todo pacífico ni todo espontáneo ni todo transversal… Los esquemas rígidos, las ideas inflexibles o dogmáticas nos impiden avanzar. ¢

18 Cfr. “Contragolpe”, numeral 24. http://cinoticias.com/2008/08/17/contragolpe/

Juan Castro Soto
Agosto de 2009, México.



COMENTARIOS Y REFERENCIAS

1 Hablamos de cultura en el sentido sociológico del término, como un estilo de vida; no sólo aplicado a las artes, al conocimiento o la educación, sino a las costumbres de los pueblos en su vida económica, política e ideológica. Ver “el volador” 51, www.cedoz.org.

2 Cfr. Peter KROPOTKIN, “La conquista del pan”, p. 21.

3 Colin WARD, “Esa anarquía nuestra de de cada día”. Tusquets Editores, España, 1973, pp. 12, 74.

4 Cfr. Mihail BAKUNIN, “Socialismo sin estado”, G.P. Maximoff (ed.), "The Political Philosophy of Bakunin". The Free Press, NY. 1953.

5 Por estas razones, la formación política en La Otra Escuela comienza estudiando las raíces económicas del Árbol Social, como una manera de analizar la estructura de la sociedad. Y termina con el análisis coyuntural para buscar incidir en la política nacional.

6 Cfr. Antonio Gramsci, “Escritos políticos”, Ed. Siglo XXI, 2ª ed. 1981. P. 327, 330.

7 Cfr. Eugene GOGOL, “El concepto del otro en la liberación latinoamericana”, Ed. Casa Juan Pablos, 3ª ed., México, 2008, p. 340.

8 Cfr. José DE SOUZA, “Cómo se hace análisis de coyuntura”, ed. Mimeo, Brasil.

9 Ver Otro Sentido común”, numeral 2. http://zapateando2.wordpress.com/2006/07/24/otro-sentido-comun/
10 Ver Leonardo BOFF, “Los sacramentos de la vida”, Ed. Sal Terrae. España.

11 Ver Teodoro BUSTAMANTE; “Fuerza y límite de los símbolos”; FLACSO, p. 17-19.

12 Cfr. Carlos NUÑEZ, “Educar para transformar, transformar para educar”, IMDEC; México, 1985, p. 55

13 Por ejemplo, en enero el año 2000 el pueblo de Ecuador protesta por la dolarización de la economía y toma masivamente los espacios de poder sin derramamiento de sangre, paraliza al país, derroca al presidente, nombra un parlamento alternativo, dicta leyes, neutraliza la fuerza pública, instala un “gobierno de salvación nacional”… pero negocia y cede espacios al ejército, y éste le arrebata el poder al pueblo mediante conspiraciones, donde desde luego intervienen los Estados Unidos, quedando en el poder Gustavo NOVOA, quien siguió con la misma política neoliberal. De todo esto pueden desprenderse muchas reflexiones. Cfr. GOGOL, pp. 253-257.

Por: Juan Castro Soto
Tomado de: www.alasbarricadas.org

miércoles, 7 de enero de 2009

CRISIS ECONÓMICA, SOLUCIONES DESDE MÉXICO: BARZON, ZAPATISTAS, DOCENTES.

Crisis económica, soluciones desde México: Barzon, Zapatistas, Docentes.

Traducción al castellano de un artículo publicado originalmente en lengua inglesa en la revista "Intersections" (http://www.anarkismo.net/article/10790) El artículo es escrito por un compañero de Common Action. Common Action es una organización anarquista regional, del Noroeste de Norteamérica, con miembros en las ciudades de Bellingham, Seattle, Tacoma, Olympia y Portland.

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Mientras Estados Unidos entra en lo que puede ser una crisis económica extremadamente prolongada, el anarquista mexicano Gustavo Estevas recomienda que aprendamos de cómo las personas en su pueblo han enfrentado la crisis que los azota desde hace más de dos décadas y, que hasta el día de hoy, no vislumbra su final. Él también señala que en ambos países -EE.UU y México- los políticos han reaccionado de la misma forma, inyectando dinero al problem lo cual constituye. sin ludar a dudas una mala solución... si es que existe alguna que pueda ser proporcionada dentro del marco democrático burgues.

Una forma de afrontar la situación ha sido el desarrollo del movimiento "Barzon", formado para defender a los deudores de los bancos. Sus tácticas han desarrollado una orientación a los agricultores de como mantener sus propiedades mediante el bloqueo de caminos cuando los bancos tratan de expropiar sus fincas y sus casas. Incluso, han llevado la crisis a los hogares de sus responsables, aplicando castigos físicos a los banqueros.

Los miembros de el "Barzon" han trabajado cercana y solidariamente con el Movimiento Zapatista alzado en el estado de Chiapas desde el año 94. Hoy, las comunidades autónomas zapatistas se organizan en los consejos de buen gobierno, donde las decisiones locales son realizadas con el consenso de todos, a la vez que las decisiones regionales son tomadas por delegados que rotan una vez al año y que son elegidos mediante la Asamblea Local.

Hace dos años, durante las elecciones presidenciales, los Zapatistas y sus simpatizantes a lo largo de México, organizaron "La Otra Campaña", un movimiento anti-electoral que denunciaba las vacías promesas de cambios que ofrecían los candidatos, tanto de derecha como de izquierda. La campaña perseguía promover y desarrollar las organizaciones comunitarias de base dirigidas por los principios de la democracia directa, como aquella que practican los zapatistas. Los partidarios más devotos de "La Otra Campaña" eran vendedores ambulantes, trabajadoras sexuales, y otros grupos ignorados por los políticos.

Por otro lado, el sureño estado de Oaxaca también ha tenido una interersante experiencia con la democracia directa en los años recientes. En respuesta a la irrupción política de un gobernador impopular, el pueblo de Oaxaca organizó una Asamblea Popular donde se decidió tomar los edificios del gobierno así como las radios y las estaciones de televisión. Por cinco meses, no hubo un solo policía en las calles de la ciudad. Al contrario de lo que podría pensarse, la criminalidad descendió a niveles históricos. A su vez, vecinos, que no se conocían, pasaban las noches juntos en la calle. En la rebelión, las pandillas encontraron una causa en la cual redirigir sus energías, defendiendo al pueblo de la brutal represión que llego con la Policía Federal a finales del 2006. Mientras el movimiento por los derechos de lo inmigrantes hacia su aparición en el escenario político norteamericano ese mismo año, la Asamblea Popular de los pueblos de Oaxaca (APPO) encontró eco en los asambleistas reunidos en comunidades oaxaqueñas de California, Chicago y Nueva York. Hoy, Oaxaca es famoso por sus grafitis políticos, que frecuentemente denunciaba, con la misma energía, al gobernante del Partido Republicano, la oposición de izquierda y el estalinismo del Frente Popular Revolucionario. Si bien todos tenían diferentes creencias e ideologías, todos competían por el poder para gobernar sobre las organizaciones de base generadas por el pueblo; objetivos que eran ajenos a la naturaleza de la Asamblea.

A pesar que el fuego de la rebelión del 2006 se ha apagado, la mecha aún sigue seca. El gremio de profesores (que jugó un rol crucial en Oaxaca) se alzó en huelga nuevamente en Agosto de este año, esta vez en Morelos. Estas huelgas, son también luchas contra la burocratización del gremio, cuyos líderes nacionales son cómplices totales en los planes gubernamentales que buscan la privatización de la educación. Son los que venden a los trabajadores en la primera oportunidad que se les presenta. A principios de Octubre, el ejército fue llamado a romper la huelga y a reprimir las comunidades indígenas que la apoyaban.

Han ocurrido innumerables revueltas más a lo largo de México, incluyendo un levantamiento en una prisión de Tijuana en septiembre, en respuesta a la precariedad y reiteradas torturas que sufrían los prisioneros. Ciertamente que México se dirige a una situación de agitación social; especialmente ahora que los trabajadores inmigrantes en EE.UU. comienzan a retornar a México debido a los despidos, la escasez de puestos de trabajo y el endurecimiento de las políticas migratorias (en manos de agentes de aduanas y policía migratoria). La clase empresarial mexicana se esta poniendo nerviosa, y los ricos han marchado vestidos de blanco, demandando mas cárceles y que los trabajadores abandonen las huelgas. Obviamente, México es distinto que EE.UU en innumerables aspectos. Pero si miramos al Sur podríamos estar mirando nuestro futuro. Además, los principios básicos de los rebeldes mexicanos (principalmente la desconfianza de la clase política, de derecha o de izquierda, y la insistencia en que el poder se mantenga a nivel comunitario) servirán de buena guía para Norte América, en los oscuros días que se avecinan.

Traducido por Colectivo Agitación Libertaria (Arica, Chile)


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