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lunes, 22 de noviembre de 2010

Cien años de la Revolución Mexicana - El águila y el sol (Genealogía de la rebelión, política de la revolución)


1. La repetición, o el eterno retorno de la revuelta


Durante un siglo la historia de México fue una historia de revueltas y rebeliones campesinas enmarcadas por dos revoluciones: la revolución de Independencia en 1810, la Revolución Mexicana en 1910.

Hoy el México institucional celebra las dos revoluciones y sus cambios políticos. Olvida, oculta o deja en la penumbra del pasado a las rebeliones que les dieron cuerpo y destino. Éstas, a diferencia de las revoluciones y sus programas, no soñaban con instituciones y políticas. Nomás querían justicia.

Las dos revoluciones, a un siglo de distancia entre una y otra, fueron por supuesto diferentes. La de 1810 se proponía la independencia de México del poder colonial, cuando las guerras y las invasiones napoleónicas habían puesto en crisis a España y su inmenso imperio americano. La de 1910 se propuso en su inicio una trasformación democrática del régimen político. En éste la oligarquía terrateniente había consolidado su poder y su riqueza a través del despojo de tierras y aguas a las comunidades y pueblos agrarios y la inserción de México en el luciente mercado mundial de la Belle Époque.

Ambas revoluciones, cada una en su tiempo, cambiaron la estructura del Estado y sus instituciones políticas. Pero ambas preservaron intacta la fractura sobre la cual se había fundado México desde la Conquista: la línea de fractura racial que la República siempre se negó a reconocer en sus leyes, pero nunca abandonó en sus prácticas.

En uno de los lados de esa línea, el de abajo, se gestaron y organizaron las rebeliones sin las cuales ninguna revolución es posible. En el otro lado, el de arriba, se fueron formando los programas y las conspiraciones que llevaron a las rupturas en el régimen político que trasforman a las rebeliones en revoluciones.

Así México conoció en un siglo, entre 1810 y 1910, dos revoluciones. Pero después de la primera, entre ambas se sucedieron incontables rebeliones indígenas, grandes y pequeñas, todas ellas por antiguas demandas negadas por el régimen republicano: tierra, justicia, derechos y libertades; todas llevando en su núcleo una antigua demanda inmaterial: el fin de la humillación, la dignidad de cada uno y de todos como esencia de la relación humana.


Un grupo de zapatistas muestra sus armas en Amecameca, estado de México, 1911 (Fotografía de Hugo Brehme). Tomada del libro México fotografía y revolución. Editado por FundaciónTelevisa


En su sustancia corporal la revolución de Independencia de 1810 había sido una extensa rebelión de los pueblos y comunidades indias en defensa de sus derechos comunales, su modo de existir y sus mundos de la vida, que las reformas borbónicas en el orden colonial les arrebataban desde la segunda mitad del siglo XVIII.

Así lo documentan tantos cuantos han excavado en los archivos las razones, los motivos y los modos de los pueblos insurrectos. Así lo dibujaba en un escorzo Octavio Paz, a la mitad del siglo XX, en El laberinto de la soledad:

La guerra de Independencia fue una guerra de clases y no se comprenderá bien su carácter si se ignora que, a diferencia de lo ocurrido en Suramérica, fue una revolución agraria en gestación.

El cambio resultante en la organización política del país –Independencia y República– pasó el poder a la nueva elite dominante criolla, blanca, culta y propietaria. Pero poco o nada cambió en el contenido y las formas de la dominación contra la cual se habían rebelado los pueblos indios y campesinos de México. El dominio criollo incluso desmanteló derechos consuetudinarios de los pueblos.1 Poco o nada cambió, para los indios, en la sustancia de la humillación como rasgo constitutivo de la dominación racial de los antiguos y los nuevos señores de la tierra.

Aquí rebelión y revolución bifurcaron sus caminos, sus contenidos y sus significados.

El resultado fue que esa guerra de clases, esa revolución agraria en gestación, se prolongó a lo largo del siglo XIX en la lucha soterrada o abierta de los pueblos indios para defender sus tierras, sus mundos y sus vidas del despojo material y la opresión racial bajo el régimen republicano. Era una guerra india intermitente, dispersa, sin centro ni periferia, que a fines del siglo XIX se agudizó y en 1910 estalló en una nueva revolución agraria, la que se conoce como Revolución Mexicana.

Esta Revolución de 1910, tan diversa en sus inicios y en sus propósitos de aquella otra, la de Independencia, vivió la misma dicotomía. Pero ahora ésta se presentó nítida, aguda y encarnada en programas y ejércitos diferentes dentro de la revolución.

Una fue la rebelión de las comunidades y los campesinos del norte y del sur que se hizo revolución del pueblo en los ejércitos de Emiliano Zapata y de Pancho Villa. Otra fue la revolución política de los jefes y dirigentes liberales que culminó en la Constitución de 1917 y en los sucesivos gobiernos mexicanos desde 1920, una vez derrotados los campesinos en armas y absorbidas sus rebeldías radicales en reformas agrarias y democráticas legales.

* * *


Las proclamas y los objetivos políticos de las elites dirigentes de las dos revoluciones eran también diferentes, tanto como lo era la nación que cada una de ellas imaginaba. Pero las acciones de las partidas de campesinos indios sublevadas al llamado de esas proclamas eran en cambio sorprendentemente similares. Un siglo después, los métodos de acción –el repertorio de confrontación, según el lenguaje de otros historiadores– se repetían.

Eric Van Young, en La otra rebelión,2 describe el patrón de conducta de los rebeldes de la guerra de Independencia cuando tomaban una población:

Invariablemente echaban las mercancías a la calle o a la plaza para que la gente del pueblo se las llevara, dinero y ganado lo guardaban para sí, liberaban a los prisioneros de las cárceles y secuestraban a los españoles y a los oficiales blancos de la localidad.

Felipe Ávila, en Entre el porfiriato y la revolución, refiere lo que sucedió desde los inicios de la revolución mexicana, en 1911, en los territorios zapatistas:3

enfrentamientos armados, tomas de poblaciones, saqueos, quema de oficinas y archivos públicos, imposición de préstamos, liberación de presos y ejecución de autoridades, comerciantes, empleados de haciendas y fábricas, y de residentes extranjeros.

Esta violencia plebeya, como la llama Ávila, era descrita por la prensa de la época como violencia india. Aunque este uso del término indio venía cargado de contenido racista, en los hechos decían verdad: la revolución zapatista de 1911 en su raíz agraria, en la composición de su tropa y de sus dirigentes y en sus acciones era en lo esencial una revuelta de los indios, aun cuando en las proclamas y los programas de sus jefes nacionales la revolución iniciada en 1910 fuera una revolución política democrática.

Si a un siglo de distancia proclamas, programas y fines de los dirigentes de las revoluciones de 1810 y 1910 eran tan diversos, ¿de dónde viene la extraña repetición de los gestos y las acciones de los protagonistas de las dos rebeliones, los pueblos indios de México?

Es que las imaginaciones de aquellos jefes respondían a una política renovada con los tiempos y sus circunstancias, una política a la cual identificaban muchas veces con la palabra progreso. En cambio los modos de estos otros, su violencia plebeya, provenían de una genealogía trasmitida por las generaciones sucesivas como experiencia y como herencia inmaterial: sentimientos, maneras de estar juntos, imaginaciones, costumbre, mundos de la vida.

Los programas de las elites revolucionarias apuntaban hacia una sociedad y una organización política futuras. Los gestos, las acciones, los métodos de lucha de los pueblos indígenas respondían a los agravios, las humillaciones, los despojos sufridos por ellos y sus ancestros en el pasado y se nutrían de esas experiencias heredadas y repetidas hasta el presente de sus propias vidas.

La rebelión surge de ese pasado y de él toma sus razones, sus motivos y sus métodos. Es herencia y es genealogía. La revolución que resulta de ella derriba las antiguas instituciones y establece otras nuevas. Es programa y es política. Pueden los motivos de la rebelión no ser antagónicos con los objetivos políticos de la revolución. Son ciertamente diferentes. Esta diferencia tomó forma material en la Revolución Mexicana de 1910, cuando los ejércitos campesinos de Zapata y de Villa terminaron enfrentados armas en mano con el Ejército Constitucionalista.

* * *


Cuando estalla una revolución, el momento de la rebelión es aquel que la cubre por completo, la llena de significados, se confunde con ella. El historiador entonces no se pregunta sólo qué pasó, sino cuál era el sentido de eso que había estado pasando. Son momentos que E. P. Thompson describió en un pasaje clásico acerca de las preguntas del historiador a esos pasados plebeyos sin registros:4

Estas cuestiones, cuando examinamos una cultura de costumbres, a menudo tienen que ver menos con los procesos y lógicas de cambio que con la recuperación de precedentes estados de conciencia y texturas de las relaciones sociales y domésticas. Tienen que ver menos con devenir que con ser. A medida que algunos de los principales actores de la historia se alejan de nuestra atención –los políticos, los pensadores, los empresarios, los generales– un inmenso reparto secundario, que creíamos eran tan sólo figurantes en el proceso, avanzan hasta ocupar todo el proscenio. Si sólo nos preocupa el devenir, entonces hay periodos completos de la historia en los cuales un entero sexo ha sido descuidado por los historiadores, porque las mujeres rara vez son vistas como actores de primer orden en la vida política, militar o incluso económica. Si nos preocupa el ser, la exclusión de las mujeres reduciría entonces la historia a futilidad.

Vista desde este mirador, la rebelión es una irrupción del ser dominado en el acontecer político de la dominación, en su devenir. Para acercarse a aquélla el historiador necesita mirar y considerar lo que con su hacer expresan los cuerpos antes que cuanto con su decir trasmiten las palabras. Ninguna proclama de las dos revoluciones decía de abrir las cárceles, repartir los víveres, quemar los archivos de la justicia y de la propiedad y ajusticiar a los odiados. Eso hicieron sin embargo en ambos casos los rebeldes. Al historiador no le toca juzgar si estuvo bien o estuvo mal, sino registrar que así fue como fue.

Develar esos momentos en la historia tiene que ver no sólo con registrar las ideas del conocer propias del tiempo y del lugar, sino también con indagar y recuperar los modos del hacer y del estar.

Aquellas ideas son ciertamente necesarias para organizar los objetivos de una revolución. Pero las formas, los lazos humanos y las imaginaciones a través de los cuales toma cuerpo esa organización vienen desde más atrás. Están en la memoria de los sublevados, en sus historias vividas y heredadas, en ese entramado que en los lugares de trabajo y de vida se trasmite de una generación a otra. Se trata de una historia de lugares y regiones y de los seres humanos que allí viven, trabajan, disfrutan y dan sentido a sus vidas.

Ese sentido es lo que E. P. Thompson nos propone indagar cuando nos dice que esos oscuros y verdaderos protagonistas de estas historias están preocupados por el ser antes que por el devenir. Es la sutil línea que, aun cuando sean partes de un mismo proceso histórico, distingue a la rebelión de la revolución.

2. El corte en el tiempo


Soldados y sus familias se embarcan en Sonora para reunirse con las fuerzas villistas en Torreón, Coahuila, c. 1913 (fotógrafo desconocido). Tomada del libro México fotografía y revolución. Editado por Fundación Televisa


La revuelta es un corte en el tiempo homogéneo de la historia, dice Walter Benjamin. Ella se nutre de la imagen de los antepasados oprimidos, no de la visión de los descendientes liberados. Los programas políticos proponen un futuro que será inaugurado por el devenir de la revolución. Pero la fuerza de la revuelta sin la cual ninguna revolución existe, proviene del cúmulo de despojos, agravios y humillaciones acumulados por las sucesivas generaciones. Forse una rabbia antica, generazioni senza nome, gli urlarono vendetta [Quizá una rabia antigua, generaciones innombrables, clamaron por venganza], decía una canción del italiano Francesco Guccini para explicar el sentido del gesto sin sentido de un maquinista ferroviario que a principios del siglo XX, allá en Bolonia, lanzó su locomotora loca contra un tren de lujo que corría en sentido opuesto. Teatros y estadios llenos de jóvenes coreaban esas estrofas en la Italia de los años setenta del siglo pasado.

La rebelión no habla del futuro, habla de la abolición de los agravios del pasado. Su violencia exasperada, en apariencia sin sentido y hasta a veces contraria a sus fines, viene de otro origen que las imaginaciones del porvenir. Viene de una interminable cadena de humillaciones y despojos, humillaciones propias y de los padres y de los abuelos. La revolución puede culminar en la Declaración de los Derechos del Hombre y ésta prolongarse en la proclama de Olympe de Gouges, pero la rebelión que la desencadena se iba organizando en aquellos ánimos de donde surgían los Cahiers de Doléances, los memoriales de agravios de la Revolución Francesa.

La revuelta quiere detener –o al menos interrumpir– el tiempo de la humillación y del desprecio. En sus Tesis sobre la historia, Walter Benjamin dibuja esta ruptura en una curiosa anécdota sobre la revolución de julio de 1830 en París:5

Concluido el primer día de combates, sucedió que al caer de la noche la multitud, al caer la oscuridad, en diferentes barrios de la ciudad y al mismo tiempo, comenzó a atacar los relojes. Un testigo, cuya percepción se debió tal vez al azar de las rimas, escribió:

¡Quién podría creerlo! Se dice que, en furia con la hora, / unos nuevos Josués, al pie de cada torre / tiroteaban cuadrantes para parar el día.

De ese corte en el tiempo homogéneo de la dominación reconocida y la obediencia aceptada puede resultar –o no– una revolución, un cambio en las leyes, las instituciones, la propiedad, las formas y los contenidos de la dominación misma. Tal ha sucedido en todas las revoluciones victoriosas: la francesa, la haitiana, la rusa, la china, la argelina, la vietnamita, la cubana, la boliviana, las dos revoluciones mexicanas.

Estos cambios vienen preparados por otros anteriores en las sociedades y se anuncian en los programas, las críticas y las actividades de las elites políticas. Pero no son esas elites, aun las radicales, las que dan cuerpo a la ruptura del antiguo orden y abren paso al nuevo. Son otros, los humillados y ofendidos, los protagonistas del acto material y corporal de la revuelta sin el cual no hay revolución sino, cuando más, cambio en el mando político establecido. Son aquellos a quienes la vida se les ha vuelto intolerable y para quienes la ruptura entre las elites –la del Antiguo Régimen y la revolucionaria– abre un espacio para irrumpir en el primer plano de la escena.

Tal vez en esa dicotomía espacial entre protagonistas y figurantes se encierra el secreto de lo que Benjamin, también en sus tesis, llamó una aporía fundamental:6

La historia de los oprimidos es un discontinuum. La tarea de la historia consiste en apoderarse de la tradición de los oprimidos. [...] El continuum de la historia es el de los opresores. Mientras la representación del continuum conduce a la nivelación, la del discontinuum está en la base de toda tradición auténtica. La conciencia de la discontinuidad histórica es propia de las clases revolucionarias en el momento de su acción.

Uno de los dirigentes de la revolución rusa de 1917, León Trotsky, desterrado desde 1929, pudo escribir su Historia de la revolución rusa, obra de escritor, protagonista, historiador y cronista de los acontecimientos. En el prólogo de este trabajo presentó su propia visión sobre la preservación de tradiciones del pasado en la génesis de las rupturas revolucionarias y sobre la relación entre la rebelión del pueblo y la política de sus dirigentes:7

Las masas no van a una revolución con un plan preconcebido de sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja. Sólo el sector dirigente de su clase tiene un programa político, el cual, sin embargo, necesita todavía ser sometido a la prueba de los acontecimientos y a la aprobación de las masas. [...] Sólo estudiando los procesos políticos sobre las propias masas se alcanza a comprender el papel de los partidos y los caudillos, que en modo alguno queremos negar. Son un elemento, si no independiente, sí muy importante de este proceso. Sin una organización dirigente la energía de las masas se disiparía, como se disipa el vapor no contenido en una caldera. Pero sea como fuere, lo que impulsa el movimiento no es la caldera ni el pistón, sino el vapor.

Su propuesta para explicar el proceso es, entonces, guiarse primero por el hacer de los insurrectos y sólo después por el decir de sus dirigentes. La línea divisoria entre aquel hacer y este decir es la que separa también rebelión y revolución.

Aunque en la realidad aparezcan confundidas –no hay revolución sin rebelión, decíamos–, en la tarea del historiador es fundamental reconocer esa línea. No pocas historias de las revoluciones mexicanas son historias de las políticas de los dirigentes, incluidos los más radicales, antes que de los motivos profundos de los oprimidos para rebelarse y de cuáles fueron los sentimientos y los procesos en sus conciencias que los decidieron a correr los riesgos de una rebelión.

Aquélla es hoy la tendencia dominante en las conmemoraciones oficiales de las dos revoluciones mexicanas. Habla en ellas la voz y la memoria de las instituciones estatales, es decir, la voz del orden surgido de las revoluciones y no las múltiples voces de la ruptura del orden precedente que fue la esencia de cada una de esas rebeliones. Son relatos del “continuum de la historia”, diría Benjamin, y no de la discontinuidad histórica encarnada en las revoluciones. Así la conmemoración estatal de las revoluciones mexicanas se convierte en un discurso del poder y de sus instituciones, como si la tarea y la misión de las rebeliones hubiera sido la de fundar ese poder y no la de destruir los poderes antes dominantes.

En esos discursos la continuidad ocupa el lugar de la discontinuidad y la permanencia desplaza a la impermanencia que es la esencia misma de cada rebelión.

3. Un tiempo fuera del tiempo


La entrada triunfal de zapatistas y villistas a la ciudad de México, el 6 de diciembre de 1914, único momento de la Revolución en que los jefes de ambos bandos coincidieron en una acción común. (Fotografía de Antonio Garduño). Tomada del libro México fotografía y revolución. Editado por Fundación Televisa


Nadie puede ignorar los cambios en la economía, las modificaciones en las normas y formas de la dominación o las crisis y rupturas en las elites dominantes que pueden estar en el origen de cada rebelión. Pero una tarea es el estudio de sus causas y otra la investigación de las formas que toma, de cuanto sucede en el seno mismo de la rebelión, de aquellos modos de hacer y de sublevarse que se repiten y renuevan a través de los tiempos.

Una rebelión, una huelga, una ocupación de espacios físicos o simbólicos es un modo de estar juntos y entre iguales, libres del mando extraño, y de establecer el lazo solidario más allá de los lazos de sangre familiares y de los lazos de los intercambios mercantiles, incluido el vínculo salarial.

Los lazos de una rebelión vienen del pasado y se han establecido en las regiones del trabajo en común (plantación, barco, mina, hacienda, industria, estudio) o de la vida en común (aldea, pueblo, barrio, ciudad). Llevan consigo cierto orgullo de los lugares nuestros, esos que nosotros, los que ahora nos rebelamos, hicimos con nuestro trabajo y con nuestras vidas. Son los lugares donde se fue creando en el pasado el sentimiento de comunidad propio de toda rebelión. De ellos surgió la consigna de los Industrial Workers of the World: “An injury to one is an injury to all” - Un agravio a uno es un agravio a todos.

Ese sentimiento de comunidad, propio de la historia subalterna, tiene sus sitios sagrados y sus lugares simbólicos. Este orgullo de los lugares nuestros suele trasmitirse entre generaciones aunque no esté registrado en las historias. Pasa por las narraciones, las canciones, los relatos de los antiguos a los modernos y de los viejos a los jóvenes, aunque después modernos y jóvenes los adapten a sus nuevos usos. Pero en una fábrica, un barrio del trabajo, una aldea campesina, una comunidad indígena, en esa trasmisión los relatos del tiempo fuera del tiempo perduran y se renuevan como organizadores de los sentimientos.

De esas narraciones y de sus auras se nutrirán las futuras rebeliones, o protestas, o desafíos, aunque sus motivos y razones serán tan diferentes como los nuevos tiempos. Esas narraciones, sin embargo, tienen algo en común. Recuerdan, repiten, recrean aquellos momentos discontinuos en que se rompió la continuidad de la humillación impuesta por el poder a sus dominados, mucho más cuando ese poder se afirma en la línea de la distinción racial.

Por eso los relatos y los mitos de las rebeliones pasadas, en vez de registrar en primer lugar los cambios económicos destacados en tantas historias, recuerdan y celebran ante todo los momentos y los lugares de la ruptura de la humillación y del mundo puesto al revés. No es que aquéllos no importen. Es que son éstos los momentos míticos de la revuelta.

El triunfo de la Revolución se propone perpetuarlos. Pero ellos tienden a disolverse, aun cuando no desaparezcan del todo, en el nuevo orden que por necesidad establece la revolución triunfante. Si ese orden se congela en un puro mando autoritario o despótico, como ha sido recurrente en las revoluciones del siglo pasado, aquellos relatos y aquellos mitos vuelven a sus lugares subalternos y se recrean bajo nuevas e insólitas formas.

Esta distinción entre revolución y rebelión, aun cuando ambos acontecimientos se presentan confundidos, es capital para la tarea del historiador. Pues una revolución no es sólo lo que dicen los libros o lo que proponen los programas de sus dirigentes, sino sobre todo lo que hace el pueblo que se rebela.

La genealogía de este hacer es un objeto de estudio prioritario para el investigador de las revoluciones y rebeliones, sus programas políticos, sus acciones y sus imaginaciones.

4. El otro sol


En su manuscrito Sobre el concepto de historia, Walter Benjamin anotó esta tesis:8

La lucha de clases, que nunca deja de estar presente para el historiador formado en el pensamiento de Marx, es un enfrentamiento en torno a cosas toscas y materiales sin las cuales no pueden subsistir las cosas finas y elevadas. Sin embargo, sería un error pensar que, en la lucha entre las clases, estas últimas sólo aparecen como botín destinado al vencedor. Para nada es así, puesto que ellas se afirman precisamente en el corazón mismo de ese enfrentamiento. Allí aparecen y se mezclan entre sí tomando las formas de la fe, la valentía, la astucia, la perseverancia y la decisión. Y la irradiación de estas fuerzas, lejos de ser absorbida por la lucha misma, se prolonga en las profundidades del pasado humano. Toda victoria que alguna vez haya sido conquistada por los poderosos, aquéllas jamás han cesado de disputarla. Como esas flores que se mueven hacia el sol, las cosas pasadas, movidas por un heliotropismo misterioso, se vuelven hacia ese otro sol que está surgiendo en el horizonte de la historia. Nada hay menos visible que este cambio. Nada más importante, tampoco.

Revuelta y revolución, el águila y el sol. Será historiadora de una revolución quien sepa ver en su seno la revuelta, sin confundirlas en una y sin separarlas en dos.

Por Adolfo Gilly, Conferencia magistral en el centenario de la Revolución Mexicana - Université du Québec à Montréal, 12 octubre 2010; y University of California, Berkeley, 23 octubre 2010.

NOTAS

1. Indios e indígenas actuaron en los conflictos de 1808 a 1821, de diversas maneras participando en la creación de la nación mexicana. Pero sus participaciones raramente unieron una búsqueda de derechos de indios y la promoción de la nación. El derecho indígena, las Repúblicas de Indios, los Juzgados de Indios eran invenciones coloniales, políticas de la monarquía española. La nación y el liberalismo que muy pronto llegaron a guiar la nación nacieron en oposición al derecho indígena. No es de sorprender que por décadas muchos indígenas negociaran para limitar la nación y el liberalismo, luchando en momentos clave en contra del poder nacional y los programas liberales. (John Tutino, Indios e indígenas en las guerras de Independencia y en las revoluciones zapatistas, ponencia presentada en el coloquio Miradas sobre la historia, FCPS-Colmex, noviembre 2009).

2. Eric Van Young, La otra rebelión – La lucha por la independencia de México, 1810-1821, FCE, México, 2006, p. 260.

3. Felipe Arturo Ávila Espinosa, Entre el porfiriato y la revolución – El gobierno interino de Francisco León de la Barra, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2005, p. 21.

4. Edward P. Thompson, History and Anthropology, en Making History – Writings on History and Culture, The New Press, New York, 1995, ps. 204-205.

5. Walter Benjamin, Écrits français, Gallimard, París, 1991, p. 346.

6. Ibid., p. 352.

7. León Trotsky, Historia de la revolución rusa, Juan Pablos Editor, México, 1972, vol. I, p. 15.

8. Walter Benjamin, cit., p. 341.


Por: Adolfo Gilly
Tomado de: enlacesocialista.org.mx

sábado, 3 de abril de 2010

El marxismo humanista de Raya Dunayevskaya

Este año se celebra el centenario del nacimiento de la teórica y revolucionaria marxista Raya Dunayesvskaya (1910- 1987), de quien leí recientemente una de sus obras más importantes: Filosofía y revolución, de Hegel a Sartre y de Marx a Mao (Siglo XXI, 2009), en la cual se expone una perspectiva crítica del marxismo que resulta imprescindible conocer a profundidad, entre otros motivos por su contribución a la comprensión de los procesos trasformadores que actualmente tienen lugar en el mundo, particularmente en América Latina.

Ucraniana de nacimiento, Raya se instala con su familia en Estados Unidos en 1922; llega a México en 1937 como secretaria de Trotski en idioma ruso, rompiendo con él por sus divergencias políticas respecto de la caracterización de la Unión Soviética: mientras ella pensaba, sobre todo después del pacto de no agresión Hitler-Stalin de 1939, que Rusia no era más un Estado de trabajadores, el fundador del Ejército Rojo sostuvo siempre que era un Estado obrero, aunque degenerado. En 1938 regresa a Estados Unidos, donde lleva a cabo una intensa actividad política y una prolífera producción intelectual, relacionadas ambas con el periódico News and Letters, expresión de la corriente marxista-humanista que ella fundó en los años 50. Sustenta que originalmente Marx denominó sus nuevas elaboraciones teóricas no materialismo ni idealismo, sino humanismo.

Congruente con la idea de que la teoría sólo puede desarrollarse plenamente cuando se asienta en lo que las propias masas hacen o piensan, destaca que para Marx lo fundamental consistía en que el ser humano no era meramente objeto, sino sujeto; que no únicamente estaba determinado por la historia, sino que también la creaba.

A partir de estos planteamientos, Raya hace una crítica radical al vanguardismo: ¿las masas campesinas o proletarias son las forjadoras de la historia, o solamente les corresponde someterse a una “dirección” y recibir órdenes? ¿Deben ser masas pasivas al día siguiente de la revolución? Precisamente, en su condena al estalinismo afirma que este régimen sofocó la espontaneidad de las masas: el Estado absorbió a los sindicatos y a todas las organizaciones obreras de tal manera que la propiedad estatal, el plan estatal, el partido, eran los fetiches por los cuales los trabajadores debían ofrendar su vida.

Dunayesvskaya propone, en cambio, una perspectiva que se fundamenta en el sujeto autodesarrollado, y se alinea con Lenin, quien, a su juicio, consideró a las masas, el proletariado, el campesinado, e incluso la nacionalidad oprimida, como sujetos autodesarrollados. Lenin creía que se necesitaba un nuevo impulso teórico porque había nacido un nuevo sujeto: la autodeterminación de las naciones.

También discrepa con Trotski en su concepción del campesinado, quien no lo consideraba sujeto autodesarrollado ni tampoco le concedía una conciencia nacional ni mucho menos socialista.
Dunayevskaya mantiene, por el contrario, que la iniciativa política no es siempre patrimonio exclusivo de la clase obrera. Cuando las masas son el sujeto no debe analizarse una revolución a partir del liderazgo, sino del sujeto autodesarrollado. Afirma que Trotski siempre se preocupó demasiado del problema de la dirección, subordinando al sujeto autodesarrollado.

Aunado a esta perspectiva –muy útil para el análisis de los indígenas como sujetos autodesarrollados–, es sumamente interesante su crítica al estatismo: “el subjetivismo pequeño burgués –sostenía– siempre ha concluido aferrándose a determinado poder estatal, y lo ha hecho sobre todo en esta época de capitalismo de Estado, cuyos intelectuales están impregnados de la mentalidad administrativa del plan, el partido de vanguardia, la revolución cultural, como sustituto de la revolución proletaria”.

Considera a Jean-Paul Sartre, “el extraño que se acerca a mirar”, como filósofo de la derrota. Detrás del lenguaje nihilista de Sartre –afirma– acecha… nada; y como no hubo pasado, y el mundo actual es “absurdo”, no hay futuro.

Su crítica a Mao es demoledora: señala que con el propósito de aumentar la producción, el dirigente lleva a China a un proceso de acumulación originaria de capital mediante un capitalismo de Estado, en el que el partido tiene el monopolio del pensamiento correcto, produciéndose un despilfarro humano total, el burocratismo y la ineficiencia. Retrogradación es la palabra que resume realmente el pensamiento de Mao, esto es, lo que no representa una reorganización total de la vida, y relaciones humanas totalmente nuevas. Lo acusa de volver la espalda al aliado y camarada Vietnam, que libraba una lucha de vida o muerte contra el imperialismo estadunidense, presionándolo para firmar la pax americana. En China, la dialéctica de la liberación fue sustituida por un dogmatismo caprichoso y arbitrario, por la fetichización simultánea del marxismo leninismo-pensamiento Mao-Tse-Tung y la propia revolución mundial. “La dialéctica reveló que la contrarrevolución está en el seno de la revolución.”

Ante su pregunta reiterada: ¿qué sucede después de la toma del poder?, Raya responde que la cuestión del carácter imprescindible de la espontaneidad es no sólo inherente a la revolución, sino lo que debe marcar su trayectoria posterior, lo mismo que la diversidad cultural, el autodesarrollo y la instauración de una forma no estatal de colectividad.

La reinterpretación de Marx y la teoría de la revolución de Dunayevskaya son de trascendencia estratégica para las luchas por un socialismo humanista, libertario y autodesarrollado.

Por: Gilberto López y Rivas - La Jornada
Tomado de: www.desdeabajo.info

lunes, 11 de enero de 2010

CNT, 100 años de anarcosindicalismo (1910-2010)

El día 1 de Noviembre de 1910, en el local barcelonés del Círculo de Bellas Artes, quedó constituida la CNT (Confederación Nacional del Trabajo). Esta Organización, heredera de la Regional Española de la 1ª Internacional (1870), nació del propio seno del Movimiento Obrero como la primera organización sindical autónoma en este país.

Asumiendo el lema internacionalista “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, o no será”, la CNT se hizo depositaria de la rebeldía popular que, como una corriente soterrada, se opone al poder a lo largo de los tiempos, para emerger triunfante en momentos concretos desde el imperio medio egipcio a la Revolución Francesa, germen de los únicos procesos históricos en que la humanidad avanzó notoriamente por la senda de la libertad, la justicia, la igualdad, la dignidad y el progreso.

Sobre el sencillo acuerdo de crear una organización obrera independiente de los poderes políticos, religiosos y económicos, como condición indispensable para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores hasta el fin de la explotación, comenzó la CNT su actividad anarcosindicalista. En pocos años aglutinó la mayoría del movimiento obrero, consiguiendo importantes conquistas sociales y económicas que constituyen ya un legado de valor incalculable para la sociedad actual.

La jornada laboral de ocho horas, la jornada semanal de treinta y seis horas, la erradicación del trabajo infantil, la igualdad de la mujer y la incorporación a los quehaceres diarios de valores como la solidaridad, el federalismo, la ecología, el feminismo, el amor libre, el antimilitarismo, el ateísmo ..., hoy tan en boga, son parte de ese legado que alcanzó su cenit en la Revolución Social de 1936, cuando la utopía -el comunismo libertario- se convirtió en modo de vida cotidiano de todos los territorios liberados

La reacción del capitalismo internacional, permitió al ejército fascista de Franco convertir ese sueño revolucionario en una pesadilla de cientos de miles de personas perseguidas, asesinadas y desaparecidas, tras la victoria golpista en 1939. Mas ni uno solo de los culpables – todos conocidos, algunos políticos en activo- de aquel régimen de terror, uno de los más criminales de la historia, resultó tan siquiera públicamente reprobado, merced al vergonzoso pacto de impunidad con el franquismo, que la izquierda nacional democrática (PSOE, PCE, UGT y CCOO) selló en sus acuerdos de rendición al capital, conocidos como “la transición española” (1977).

Pese a todo, el pueblo siguió defendiendo, muchas veces con su vida, los sencillos principios del anarcosindicalismo: independencia, autonomía, federalismo, autogestión, asamblea, solidaridad y acción directa, es decir, autoorganización para rechazar toda injerencia de partidos políticos u otras instituciones económicas, religiosas, etc. en los asuntos obreros. Huelgas, manifestaciones, represión y tortura fueron la crónica diaria de la dictadura (1939-1976), hasta que con su desaparición el movimiento obrero volvió ilusionado a reconstruir su anhelada CNT (1977). Vivimos nuevos años de incesantes conquista obreras. Las jornadas de Montjuich, o San Sebastián de los Reyes, jalonaron el poderoso renacer confederal en la década de 1970.

El avance del movimiento obrero, de nuevo autoorganizado por la CNT, mediante luchas ejemplares como la huelga de gasolineras de 1978, suscitó la reacción del capitalismo, esta vez apoyado en el estado democrático y su aparato institucional (gobiernos, partidos, jueces, burocracias sindicales, …). El éxito sindical de la CNT fue reprimido policialmente (Caso Scala, 1978) y junto a campañas de silencio y propaganda difamatoria en los medios de comunicación, generaron desastrosas consecuencias para el movimiento obrero de este país.

La debilitación de la presencia anarcosindicalista en el movimiento obrero posibilitó la pérdida de derechos adquiridos tras una larga y dura lucha sindical, por la desregulación y precarización laboral implantadas con la peor de las corrupciones que asolan el país: La Corrupción Sindical. Una corrupción oficialmente silenciada, que pervierte el sindicalismo en general a los ojos de los trabajadores, pero que es protagonizada fundamentalmente por los sindicatos institucionales- CC.OO y UGT-, cuyos "yuppies" sindicales cobran subvenciones y sumas millonarias a gobiernos y empresas como pago a su traición, por aceptar cuantas medidas se adoptan en defensa del capital y su creciente acumulación de beneficios ( EREs, Reformas Laborales, despido libre...)

A pesar de todo, miles de trabajadores y trabajadoras seguimos hoy en esa genuina organización obrera a la que llamamos CNT, manteniéndola exclusivamente con nuestros propios medios, convirtiéndola así en el único ejemplo vivo de sindicalismo de clase, capaz de enfrentarse a la opresión y el control social, la destrucción ecológica del planeta y la sobreexplotación económica, aspectos todos, inherentes al Capitalismo.

2010 tiene para nosotros una connotación especial: se cumple un siglo de existencia de la CNT. Es el centenario de un pueblo y la inestimable lucha de miles de personas, que a lo largo de estos cien años se han dotado de una herramienta ejemplar, a seguir para la clase obrera mundial, por su cultura propia, capacidad autoorganizativa, lucha radical, extensión popular y realizaciones revolucionarias en aras a construir una sociedad antiautoritaria y solidaria.

Estos ideales conforman la noble causa a la que aquí y ahora te invitamos.
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Almanaque


Comienza el año del deslumbrante CNTenario que también es el año del entenario de la Revolución Mexicana y el del Bicentenario de la Independencia de la ayoría de los países latinoamericanos. Puestos a conmemorar, recordemos que también ocurrieron otros magnoseventos en 1910:

Internacional.- Bélgica, Gran Bretaña y Alemania marcan sobre un papelucho cualquiera las fronteras entre sus respectivas colonias africanas: Congo, Uganda y el África Oriental [el nuevo mapa sirve para establecer un campeonato de genocidios; en sus primeras ediciones, la Liga es ganada por Bélgica demostrándose así que los equipos pequeños también son de temer, especialmente si su seleccionador es un rey] Amenazado por China, el Dalai Lama huye del Tibet y se refugia en la India [al revés de lo que pasaría décadas después, en esta ocasión los sacerdotes de la teocracia tibetana, los seráficos lamas, tuvieron tiempo para llevarse sus collares de huesos humanos] Los territorios de Arizona y Nuevo México son anexionados por los EEUU; asimismo, los gringos invaden Nicaragua y, a través de sus esbirros locales, deponen al presidente Madriz [todo sea por la democracia] So pretexto de reprimir una supuesta conspiración ácrata a la que atribuye la colocación de una bomba en el Teatro Colón, el gobierno argentino promulga contra los anarquistas una Ley de Defensa Nacional seguida de una ola de torturas contra el proletariado [cualquier parecido con el Caso Scala, no es mera coincidencia]

Imperio español.- Convenio hispano-marroquí: la monarkía española recupera Ifni [todavía faltaba casi un siglo para la singular matanza de las cabras del islote Perejil] Se celebra en Gernika la Fiesta del Árbol, con la plantación de un retoño de roble que representa las tradiciones vascas [los nacionalismos se extravían cuando se ponen fecha de nacimiento]

Obituarios y natalicios.- Fallecen el anarquista peruano Manuel González Prada y los escritores Samuel Clemens alias Mark Twain y León Tolstoi. Nacen Miguel Hernández y Jean Genet.

Agresiones de los religiosos.- El Senado italiano renueva la prohibición de celebrar procesiones religiosas en las calles. El parlamento prusiano aprueba la incineración de cadáveres con los votos en contra de centristas, conservadores y polacos. Una Real Orden autoriza en España los signos externos de religiones distintas a la católica [en los últimos cien años, ¿hemos mejorado posiciones en la sempiterna batalla contra el intrusismo inquisitorial?]

Rebeliones.- Asesinato legal de 25 japoneses acusados de intentar ajusticiar al Emperador [de haber conseguido los revolucionarios tan altruista propósito, es posible que el pueblo nipón se hubiera ahorrado los millones de muertos que, en años subsiguientes, costearon la megalomanía de su atildado reyezuelo] Motín de la marina de guerra en Río de Janeiro [un antecedente de la revolución de los marineros de Kronstadt (1917-1921), junto con la Makhnovina, la cumbre de la auténtica revolución rusa] Un alzamiento árabe en Palestina es violentamente reprimido por el ejército otomano [otra prueba de que los palestinos no llevan sólo 60 años luchando contra sus invasores sino que su rebelión viene de más antiguo]

MUNDO FACUNDO/ Antonio Pérez, el Otro


Por: Confederación Nacional del Trabajo (CNT)
Tomado de: cnt.es - Periódico CNT

jueves, 23 de abril de 2009

Los rebeldes setenteros

altEn UC insistimos en poner de moda la protesta, y esta vez traemos la historia de un grupo de muchachos de Medellín que por allá a finales de los 70, Ver mas muy influenciados por Foucault y recibiendo todavía los fogonazos de Mayo del 68, decidieron salir a llenar las paredes de nuestra pacata ciudad con grafitis buscapleitos del estilo de ¡POR UN ORGASMO TOTAL! o ¡LA PENETRACIÓN NO ES SÓLO MASCULINA!

No eran esas frases repetidas del estilo de ¡Abajo el imperialismo! pero sí fueron muy repetidas sus apariciones, al grado de preocupar a las autoridades civiles y eclesiásticas, y, cómo no, hacer eructar moral a El Colombiano, que en sus páginas nunca ha podido contestarles para qué sirve una lengua en la cama.

Camilo y Cristina, dos de los pintamuros que apenas vienen a revelar su identidad después de viejos, nos contaron que cuando empezó la decada de los 80, con Turbay y su estatuto de seguridad haciendo estragos a punta de allanamientos, desapariciones, y todo tipo de persecuciones contra todo lo que se moviera, y además con el tufo de los traquetos empezando a empañar el vidrio, sencillamente les dio miedo y dejaron de hacerlo. Les queda el mérito de haber empezado lo que después, quizás más tímidamente, continuaron otros (los que firmaban con una florecita). ¿Qué pasó? Según Camilo después se volvió muy individual la protesta, y según Cristina, concretamente en Colombia se volvió mortal.

UC publica un artículo aparecido en el periódico El Mundo (3 de agosto de 1980) que retrata la polémica que levantaron esos grafitis, y se compromete de nuevo a que pronto, muy pronto, convocará a un CONCURSO DE PROTESTA. Preparados todos.


altLas razones del EL Corazón


Nota: A la redacción de Vida del Mundo llegó en el transcurso de la semana la siguiente carta, donde se explica el origen de las frases que sobre la autoridad, la sexualidad, la libertad y la muerte, han marcado los muros de Medellín desde hace tres meses. Los autores de la carta, escrita en pulido manuscrito fotocopiado, explican los propósitos de esta “campaña”. En la presentación de la carta, invocan nuestro compromiso con la libertad que los lectores tienen de enterarse de sus razones. Aquí la transcribimos textualmente.

Texto de la carta
Tal vez la mejor manera de comenzar a hablar de las consignas firmadas con el corazón, que han venido apareciendo en Medellín de un tiempo para acá, de su fundamentación y del lugar que ocupan en la lucha política, nos la brinda la respuesta unánime que han tenido entre la derecha y la izquierda tradicionales: el rechazo, la persecución.

En efecto, a una fotografía de una de las consignas que publicó el tan excelso representante de la reacción como es El Colombiano, con un pie de foto en el que clamaba por la cacería y el acallamiento, no se hizo esperar la respuesta del Moir y sus aliados —tan esqueléticos como él— que se dedicaron con motivo del Primero de Mayo a utilizar sus insulsos, repetidos y monótonos carteles en la tarea de tapar las consignas, así eso les implicase respetar los afiches de liberales y conservadores.

Pero no es de extrañar, más bien la repuesta desatada valida nuestra postura y objetivos: todos esos, unos abiertamente y otros encubiertos en la palabra revolución, tienen la misma alma de fachos y tiranos, tienen la misma disposición de silenciar la libertad.
Y no nos engañamos: nuestra acción se inscribe en un claro escenario político. Por eso definimos nuestra lucha como una lucha política en la que hay que contender contra enemigos que tienen máscaras diferentes, pero con una identidad única: defienden con celo la autoridad y la obediencia.

altNos negamos a circunscribir al enemigo al exclusivo espacio de los aparatos del Estado. Más bien creemos que aunque el poder hace uso del Estado para maniatar y reducir, sojuzgar y aniquilar, tiene, ante todo, la capacidad de diseminarse sobre toda la superficie social, controlando la vida, no sólo bajo la forma del soldado amenazador, sino de lo más cotidiano: el amor; la sexualidad; la familia; las relaciones con la vejez y la niñez; las nociones interiorizadas de macho y hembra y los lugares asignados y aceptados al hombre y a la mujer; la distribución y la utilización de los espacios urbanos y rurales; las formas de encierro como la cárcel, el manicomio, la escuela, la fábrica; las formas de dirigismo y obediencia, dogma y acatamiento, como la iglesia y los partidos políticos; las relaciones del trabajo y la diversión; los sistemas de segregación sobre el negro, las minorías, las formas de sexualidad que no se encuadran en la cópula genital; en fin, en tantas maneras.

Por eso las rabias y las amenazas de una burguesía que sólo puede preservarse si logra mantener la obediencia. Y por eso también las furias de la izquierda dogmática y falta de imaginación, que ama las doctrinas y las funciones de profeta y discípulo, que grita vivas a la revolución en la plaza y luego regresa a la casa o a la universidad a ser el mismo padre, el mismo amante, el mismo profesor o estudiante, como cualquier burgués de dos por cinco, que siempre piensa que la revolución está más allá de la vida diaria, que vive, y que es una cosa para hablar hoy y hacer mañana, que sólo le alcanza la imaginación para asociar revolución con relaciones sociales de producción, que creen que unos iluminados, posesos de la verdad, representan al proletariado, que cantan alabanzas al partido y al Estado y que, por eso mismo, no se asustan cuando sus revoluciones, esas de las que siempre escogen una para sí como modelo, igual que cualquier sociedad burguesa, se enorgullecen de sus cárceles y manicomios, de la defensa que hacen de la familia y de la escuela, de sus kafkianos aparatos y funcionarios judiciales, en fin, de todo aquello que garantiza y reproduce las relaciones de poder, así quieran engañarse y engañarnos diciendo que éste es el poder del proletariado que por operación alquímica queda transubstanciado en los funcionarios del partido y de la burocracia, lo que en fin de cuentas es lo mismo.

Pensamos que la lucha revolucionaria es, no una lucha contra el estado burgués simplemente, sino contra lo que subtiende la posibilidad de éste: todas esas relaciones que desde la vida cotidiana preparan a la gente para el silencio y la obediencia. Nadie es la verdad única, por eso es necesario rescatar la imaginación, la voz y la acción de todos. Para no extraviarse, la revolución tiene que dinamitar todos esos laboratorios donde se procesa la mansedumbre y la obediencia, el silencio y la sumisión, cosa en la que son duchos burgueses y leninistas de todos los pelambres.

De ahí que no nos inspire ningún afán profético, que no hagamos trazados organizativos para que la gente nos adhiera y por ensanche lleguemos, un remoto día, a ser dirigentes o vanguardia de la revolución, que no citemos a congresos públicos o clandestinos de donde habrá de salir “el verdadero camino” que opondremos al de los otros.

altSólo convocamos a ganar la libertad, entendida como concresión histórica y social y como ampliación de las posibilidades y realizaciones de la vida, logro sólo posible en la permanente lucha de todos contra todas las formas del poder y sumisión. Por eso invitamos a todos los que odien el poder a luchar ahí, en todos los lugares donde su vida es, y ya. Y si quieren, como nosotros, ganarse los muros y las paredes para romper esa absurda estética de opresores, que ve más bella una ciudad enmudecida que una ciudad llena de garabatos, elevar su grito en busca de la libertad y de la vida, ¡háganlo!, al fin y al cabo ya Zorba nos lo ha dicho: “Tengo la convicción de que solamente aquel que quiere ser libre es un ser humano”.

Nota: La carta está firmada por el mismo corazón que identifica las consignas de los muros.


Por: www.universocentro.com

sábado, 14 de marzo de 2009

[Venezuela] Intolerancia en el Socialismo del Siglo XXI

Curisos artículo encontrado en: bolpress.com
(Barómetro Internacional).

Nunca he creído que polemizar a través de los medios contribuya a la revolución. Más bien lo he visto siempre como una forma más de alimentar narcisismos y dejar de lado la pelea fundamental. Sin embargo a veces es necesario aclarar términos, cuando la libertad de expresión permite excesos, falta de respeto y actitudes contrarrevolucionarias.

Por lo tanto voy a contestar a un artículo publicado el viernes 6 de marzo en el encarte "Debate Socialista", una publicación que siempre hemos respetado, realizada por compañeros que acompañan el proceso bolivariano y que cuenta con columnas como "Un Grano de Maíz", considerada por muchos como un aporte comunicacional importante al proceso que estamos viviendo.

Sin embargo, en esta publicación, aparece un artículo (anunciado en su portada) escrito por Neftalí Reyes, que asombrosamente dedica dos páginas enteras a realizar un ataque frontal al Anarquismo. La primera cosa a destacar es que a través de su texto y en forma expresa al final, califica al anarquismo como el principal enemigo de la Revolución Bolivariana (en esta etapa).

Según la autora entonces, la derecha y la reacción han dejado de ser nuestros principales enemigos. Según ella, debemos emplear toda nuestra atención y esfuerzo en atacar y destruir a algunos de aquellos que nos acompañan en esta difícil tarea de cambiar el mundo.

Actitudes como ésta no son nuevas, el autoritarismo, el sectarismo y la persecución han aparecido en todos los procesos revolucionarios. Siempre han existido quienes se consideran los poseedores absolutos de la verdad y se auto designan para reprimir y combatir a todos aquellos "herejes" que tengan visiones diferentes, aunque sean algunos de los que participan cotidianamente en la misma lucha.

Sin embargo, una de las características fundamentales del proceso bolivariano ha sido su amplitud.

Acorde con los tiempos, nuestro proceso social parece haber entendido muy bien la unidad en la diversidad. Combatiendo al imperialismo, al fascismo y a la reacción, mientras aportamos nuestro esfuerzo por crear una sociedad más justa, nos encontramos en la Venezuela de hoy -codo con codo- gentes con visiones del mundo que podrán tener distintos matices, pero que comparten objetivos comunes. Una circunstancia que definitivamente supera las "capillas" en las que se dividía la izquierda en los años 60. Igualmente, este Socialismo del Siglo XXI se ha caracterizado por no intentar definirse en forma previa dentro de una teoría que todo lo explique y todo lo determine, sino que ha preferido ir construyendo su visión y su ideología a partir de su praxis, de su trabajo cotidiano por cambiar las cosas.

Por eso, cuando en su seno aparecen actitudes como éstas con espíritu de Santa Inquisición, es necesario salir al paso y denunciar la intolerancia política como un factor contrarrevolucionario. ¿Es que no ha bastado el ejemplo del "socialismo real" para demostrar como el pensamiento hegemónico es mortal para los cambios revolucionarios? Primero se ataca al anarquismo, luego a los socialistas, más adelante a los cristianos, y se prosigue con todo aquel que no participe del pensamiento único, liquidando en el camino la esencia del proceso por el cual estamos combatiendo.

Y hay más aún. No voy a ponerme aquí a defender ni la ideología anarquista ni la condición de revolucionarios de aquellos que así se consideran. Baste sólo con mencionar que las ideas libertarias son precursoras en los movimientos revolucionarios desde el siglo antepasado y que las acciones militantes de los anarquistas van desde la Comuna de París hasta el Mayo del 68, pasando por la trayectoria de la CNT-FAI en la Guerra Civil Española. En nuestra Latinoamérica, todos los grandes movimientos sindicales, de México a la Patagonia, fueron organizados y promovidos por los anarquistas en las primeras décadas del siglo XX, como lo sabe cualquiera que se haya tomado la molestia de analizar la historia social de nuestro continente.

Pero lo que es importante puntualizar es que en el ataque que se realiza contra los anarquistas, aparecen consideraciones ideológicas que creo necesario refutar, porque no sólo colaboran en provocar confusión sino que constituyen importantes errores en una visión revolucionaria, Veamos algunas de ellas:

1) Para poder mostrar su tesis de que el anarquismo es pequeño burgués, la autora parte de un análisis de nuestra sociedad venezolana, de la que afirma, tiene "una abundante clase media". No sé de dónde saca esta apreciación, ya que las consideraciones más optimistas que conozco sitúan a la clase media venezolana en el orden del 12% de la población.

2) Al intentar mostrar "las corrientes de la pequeña burguesía" que forman el anarquismo en el proceso bolivariano: a) Condena a un sector que "enfrentó el pacto de punto fijo y que una vez fue guerrillero" (¿se estará refiriendo a alguno de los ministros del gabinete de gobierno?), descalificando muy gratuitamente a aquellos que, aunque piensen diferente, no se han pasado al lado de la derecha y tienen detrás una historia y un aval de lucha revolucionaria que ha sido precursora de nuestro proceso. b) Dice que otra de las corrientes se forma en "el lumpen marginal" (¿clasismo, elitismo?) ¿Cuánto de ese "lumpen marginal" está constituido por los excluidos que el proceso bolivariano reivindica? ¿Es el "lumpen marginal" entonces parte de la petite bourgeoisie, según la autora? ¿Qué arroz con mango es éste?

3) Y muy importante, en el objetivo de atacar las prácticas que adjudica a los anarquistas, realiza un ataque directo a la autogestión. Siempre hemos creído muy claro y transparente el concepto del presidente Chávez, cuando habla de "empoderar al pueblo". No es casualidad que ha propuesto que los Consejos Comunales no dependan del PSUV, sino que mantengan su autonomía y que su relación con el gobierno sea directamente con Miraflores (o ahorita a través del Ministerio recién creado). Aparentemente la autora tiene miedo (ya que lo dice dos veces en un mismo párrafo) de que el pueblo caiga en el "asambleísmo" que es "incontrolable". O: "Nosotros debemos construir un poderoso partido organizado en unidades pequeñas de discusión...Estas unidades se pueden controlar." La pregunta es ¿Porqué y quienes deben controlar a la gente? Hasta ahora, el propio presidente Chávez sigue afirmando (y lo ha vuelto a repetir luego del referéndum) que aquí quien manda es el pueblo, es la gente organizada por su propia decisión.

4) Finalmente se argumenta que los anarquistas atacan al estado y se postula una defensa acérrima del "Estado revolucionario". Al respecto: a) Muy poco inteligentes serán los anarquistas que en las circunstancias actuales consideren que su principal tarea es destruir el Estado, ya que eso los colocaría hoy mano a mano con el neoliberalismo. Si en algo se han caracterizado las visiones anarquistas, es en no partir de dogmas previos e inmutables, y así se lo han reprochado siempre algunas otras visiones de la izquierda. Y b) El "Estado revolucionario" fue un concepto usado en el socialismo real y creemos que ha corrido su misma suerte. Creer en un "Estado revolucionario" como protagonista de la revolución no es lo mismo que le hemos oído al presidente y que hemos practicado en estos diez años de proceso, de ir realizando cambios progresivos en la estructura del Estado venezolano heredado, para así promover e impulsar los cambios necesarios dónde deben generarse, en la sociedad.

En definitiva, si nos pusiéramos puristas habría mucho más para analizar y decir. Sin embargo creemos que es suficiente con denunciar el lamentable espectáculo de estas nostalgias de Burós políticos o Comités Centrales que han constituido siempre para la izquierda un pesado lastre, y que son un factor contrario a la práctica revolucionaria. Ojalá estas cosas no persistan y podamos lograr lo que pregonaba Simón Bolívar, la unidad de todos aquellos que peleamos por un mejor futuro.

domingorodriguez7@gmail.com

www.alasbarricadas.org

jueves, 5 de febrero de 2009

[GRECIA]: ""SECTA REVOLUCIONARIA"?

Grecia: "Secta Revolucionaria" ?

A los recientes ataques armados a las fuerzas policiales griegas se sumo el ataque a una comisaria en Korydallos el martes. Según la policía tres "encapuchados" armados con armas automáticas dispararon varias veces y lanzaron una granada -que no exploto- antes de huir.

Hasta ahora los ataques armados se adjudicaban al grupo "Lucha Revolucionaria" , que recientemente hizo lo propio enviando un comunicado a un semanario y reclamando autoria por los ataques a la policía en Diciembre.

Pero esta vez, la policía dice haber recibido una llamada anónima que los llevo a la tumba de Alexis , y allí encontraron un cd con un comunicado a través del cual un supuesto "nuevo grupo extremista" : "secta revolucionaria" se adjudica el ataque cuya finalidad dicen, era "ejecutar" a los policías, y declara también: "De ahora en mas, la vida de cada policía no vale mas que una bala" , "nosotros no hacemos política , hacemos guerra de guerrillas" y una cita de las brigadas rojas de Alemania.

Ya cuando el primer ataque armado desde que inicio la revuelta, realizado -supuestamente- por "Lucha Revolucionaria"- puso en peligro la autonomía de las universidades -la policía decía dispararon desde allí- o el segundo , realizado en una zona muy custodiada , justifico una oleada represiva inmediata son muchos quienes creen que las recientes acciones armadas están siendo orquestadas por fuerzas estatales.

No es necesario señalar los beneficios que recibe el estado: desde el punto de vista mediático , la prensa habla de los insumisos griegos o la lucha de los agricultores y en la misma nota menciona ataques armados a las fuerzas represivas. Y desde el punto vista del propio accionar del estado la lucha contra los "Terroristas" justifica y legitima los excesos y abusos.

Y si antes uno podía pensar que efectivamente, los restos de la guerrilla marxista "Lucha Revolucionaria" podían estar intentando "sacar provecho" de la revuelta, la aparición de este nuevo grupo parece estar cerca de confirmar el trabajo de agencias de inteligencia.

Me explico, el accionar de "Lucha Revolucionaria" tuvo poco efecto en la opinión publica y quizás mas importante aun , muy poco efecto en los sectores mas radicales de los movimientos e individuos que protagonizaron la revuelta.

Todo lo cual es fácilmente explicable incluso ignorando las sospechas de que no se trate de dicho grupo en absoluto: En lo que se refiere a la opinión publica, solo los que quieren relacionan con éxito el accionar de una guerrilla marxista de décadas de existencia con las revuelta griega , su discurso y sus participantes. -en gran parte jóvenes-

Por otro lado, los sectores e individuos participes de la revuelta, incluso los mas radicales , nada tienen en común con el discurso marxista de "Lucha Revolucionaria" , Basta leer un fragmento de un comunicado de dicho grupo y uno de cualquiera de los comunicados emitidos durante la revuelta para notarlo.

Teniendo esto en consideración, y asumiendo que el "resurgimiento" de "Lucha Revolucionaria" hubiese sido un montaje que no funciono como se esperaba, veamos ahora la aparición de este nuevo grupo:

En un intento de provocar la identificación efectiva tanto del publico como de los insumisos con el accionar del grupo armado se coloca su declaración en la tumba de Alexis , cuya muerte fue el detonante de la revuelta. El comunicado -hasta donde fue hecho publico al menos- tiene un contenido político reducido , de lo cual incluso se jacta: "no hacemos política, hacemos guerra de guerrillas" todo el discurso marxista de Lucha Revolucionaria es reemplazado por la sencilla amenaza de ejecutar policías.

En definitiva: Un discurso violento que rechaza la política , Alexis , Odio a la policía, a eso suelen simplificar la revuelta quienes quieren simplificarla , y casualmente eso es todo lo que este "nuevo grupo" ha ofrecido.

Fuentes:
MSNBC
AFP

http://ansiolitiko.blogspot.com/

domingo, 25 de enero de 2009

EMMA GOLDMAN: LA MUJER MÁS PELIGROSA DEL MUNDO

Emma Goldman: la mujer más peligrosa del mundo

Pepe Gutiérrez-Álvarez (Para Kaos en la Red)

Cuando Emma Goldman, que había sido llamada por la prensa norteamericana «la mujer más peligrosa del mundo", murió oscuramente en un lugar de Canadá, un periodista llamado William Marion Reedy escribió que aquella pequeña pero formidable judía había estado «ocho mil años adelantada a la de su época". Sin duda, hay que considerar ésta como una opinión bastante exaltada, pero no sería injusto decir que estuvo (en muchos aspectos) muy por delante de su tiempo. Esta brillante discípula de Bakunin y de Nietzsche, no destacó siempre a igual altura, pero durante unos años llegó a convertirse en una auténtica pesadilla para el orden establecido norteamericano y en el terreno de la liberación de la mujer su voz resulta plenamente actual.

En su larga trayectoria vital, Emma recorre distintos momentos de la historia moderna; momentos que para esquematizar podemos dividir en dos partes y cuyo punto de separación tendría que ser la Primera Guerra Mundial.

Durante la etapa de preguerra, Emma fue una de las cabezas más visibles del radicalismo norteamericano, portavoz y símbolo de innumerables luchas desarrolladas contra los abusos y arbitrariedades del Estado liberal más represivo de su tiempo y sus posiciones anarcoindividualistas sé confunden a veces con las de la izquierda radical liberal o socialista. Posteriormente, su actuación al frente de la Liga Antiguerra sobrepasó los límites de libertad que podía conceder un Estado agresivo dispuesto a no perder la posibilidad abierta con la Gran Guerra de convertirse en una especie de tutor dominante del imperialismo británico todavía primer eslabón de la cadena imperialista. Desde entonces ya nada fue igual. Ningún gobierno, ningún otro Estado permitiría nunca más los márgenes de libertad que Emma había conocido en la preguerra; el mundo había cambiado de base y el liberalismo de la época del capitalismo concurrencial entró en el Museo de la Historia. Su vida y su época, concluyen abruptamente con la derrota de la República española atenazada entre el fascismo, el estalinismo y el liberalismo decadente, y el significado de todos estos fenómenos político-sociales la sobrepasaron. Ni siquiera consiguió sentirse de acuerdo con los dirigentes anarcosindicalistas españoles.

Esta “anarquista de ambos mundos", como la ha llamado José Peirats; nunca fue una militante organizada aunque tuvo parcialmente el mérito de sacar el anarquismo estadounidense del pantano individualista, germanista y terrorista en que lo había encerrado la poderosa personalidad de Johann Most (1). Tampoco fue una pensadora original. Su pensamiento es una peculiar síntesis de diversas escuelas anarquistas junto con unas buenas dosis de Nietszche y en sus reflexiones no trata de penetrar en los vericuetos de las contradicciones sociales. Sin embargo, sí fue una activista en el sentido más pleno de la palabra y en sus escritos se hizo eco de algunas de las concepciones más osadas y avanzadas de su época y les dio una proyección militante. A pesar de su individualismo tuvo la capacidad de identificarse con todas las causas -incluso las que causaban pavor entre sus compañeros-, y no tuvo miedo en nadar contra la corriente. Sólo que las olas que encontró desde que salió de Norteamérica eran más altas y más complejas que las que había combatido hasta entonces.

La rebeldía de Emma Goldman se gestó originalmente en la Rusia zarista donde había nacido el año 1869. En sus Memorias (2) recuerda a su padre, un trabajador que vivía en el ghetto judío, como “la pesadilla de mi infancia". Su madre, continuamente brutalizada por su marido -lo que era perfectamente legal en la legislación zarista-, tenía totalmente asumido el papel de mujer sumisa y atada a las tradiciones y costumbres, como lo demuestra el hecho de que cuando Emma empezó a menstruar a los once años, le dio una sonora bofetada y un rudo consejo: “Es lo que necesita una joven cuando se convierte en mujer, como protección contra la desgracia". El padre se quejaba constantemente de que Emma no hubiera sido el niño que él esperaba y preparaba para ella un destino idéntico al que conocía su madre. No tenía por qué saber nada: “Las jóvenes no tienen por qué saber demasiado, le gritó en una ocasión, sólo deben saber preparar un buen plato de pescado, cortar bien Ios tallarines, y dar al hombre muchos hijos”.

Desde luego, esto no era precisamente lo que soñaba Emma que era una niña muy imaginativa. Desde muy temprana edad se planteó dedicarse a la medicina, pero no tardó en comprobar que esto era prácticamente imposible. Su paso por la escuela primaria resultó brillante por su inteligencia natural, pero fue también tan conflictiva que vio denegado su permiso para acceder a la enseñanza secundaria. Tenía trece años cuando su familia se trasladó a San Petersburgo que era entonces el centro industrial e intelectual de todas las Rusias. Inmediatamente comenzó a ganarse la vida trabajando como obrera y al poco tiempo tuvo relaciones con miembros del movimiento nihilista que conocía por aquella época su apogeo, destacando en su interior una impresionante hornada de mujeres antizaristas como Vera Figner, Vera Sazsulith, Praskovia Ivanóvskaya, OIga Liubatóvicht y Elizabeth Noválskaya (3). No obstante, debido a su extrema juventud, su intervención en el movimiento oposicionista fue ínfima, aunque estas relaciones tensaron su vocación de rebelde.

En 1884, su padre arregló a muy «buen precio" su boda y creyó con ello poder domesticar al fin a su indómita hija, pero no fue así, Emma no consintió y amenazó con lanzarse al helado Volga sí la obligaban y en un momento determinado se puso de pie en el borde de uno de sus puentes. Su padre tuvo entonces que ceder, pero las tensiones con él fueron agravándose hasta que un año después Emma pudo huir a América, la «tierra prometida" para tantos rusos y sé estableció en Rochester junto con su hermana mayor. Ésta vivía en unas condiciones terribles y durante un tiempo Emma se vio sola y derrotada. Encontró trabajo en una fábrica y al poco tiempo después cometió la flaqueza de casarse con Jacob Kershher, un compañero suyo de trabajo, amable y cariñoso, pero a la postre un marido convencional que acabó haciéndosele insoportable.

Fue durante este tiempo de recién casada cuando Emma comenzó a frecuentar indistintamente los medios anarquistas y marxistas, pero tras un breve espacio de tiempo de indecisión tomó partido por los primeros fuertemente influenciada por el caso de los “mártires de Chicago" (4). Desde entonces siguió el proceso en todos sus detalles, hizo campaña a favor de los inculpados y leyó todo lo que sobre la anarquía le cayó entre las manos. Cuando los acusados fueron condenados a muerte, Emma dice que se sintió como si naciera de nuevo: había que cambiarlo todo. Se juramentó dedicar desde aquel momento a la actividad revolucionaria y lo primero que hizo fue divorciarse de su primer marido.

En Nueva York conoció a Johann Most, un ex-marxista alemán que había sido expulsado del Partido Socialdemócrata alemán por su “extremismo” y que se había convertido en el anarquista más afín con la teoría de la “propaganda por el hecho" o sea de la acción terrorista contra la injusticia y sus representantes llegando a escribir un tratado sobre diversas maneras de emplear esta clase de violencia minoritaria. Su personalidad atrajo fuertemente a Emma durante cierto tiempo y pasó a ser además de su discípula, su amante. Esto no duró mucho y Emma empezó a cuestionar ambos roles. Los métodos dominantes de Johann la rebelaron y su actuación le pareció sectaria ya que se restringía a los medios germanos y carecía de perspectiva de futuro ya que no iba en función de las exigencias de las luchas de masas. Emma no estaba persuadida de la bondad de un movimiento organizado (aunque cooperó con entusiasmo al lado de los sindicalistas revolucionarios), pero pensaba que la violencia podía aparecer como gratuita y no como una acción justiciera clara, al servicio de los trabajadores.

La ruptura entre Johann y Emma fue al mismo tiempo una crisis de un sector importante del anarquismo norteamericano y la parte que siguió el ejemplo de ella se abrió al movimiento real y rehuyó el ghetto de los diversos sectores de inmigrantes.

El lugar que había dejado vacío Johann no tardó en ser ocupado y esta vez por dos hombres a la vez. Se trataba de Alexander Berkman, que desde entonces pasó a ser su compañero casi inseparable, y un pintor también de origen ruso como Berkman y con los que estableció un menage a trois que transcurrió sin incidentes internos dignos de mención, pero que al puritanismo norteamericano le pareció el colmo de la perversidad.

Todo terminó sin embargo cuando Alexander, profundamente indignado por la masacre que la patronal había ocasionado entre los obreros con motivo de la huelga de Hamestead Steel, decidió ejecutar por su propia cuenta a Henry Clay Frick, un “tiburón de la industria" y responsable de la actuación de los pistoleros de la Pirkenton que habían disparado. El asunto no era fácil, con muchas dificultades consiguieron dinero para viajar a Pensylvania, el lugar de los hechos, pero carecían dé armas. Siempre al lado de Alexander, Emma llegó Basta el punto de intentar (sin éxito) ejercer la prostitución para conseguir el dinero, para comprarlas. Cuando lo consiguieron, el 12 de julio de 1892, Alexander se trasladó a Pittsburg y cumplió parcialmente su propósito ya que el gran magnate sólo resultó herido y no tardó en recuperarse. La naturaleza de clase de la justicia norteamericana se puso de manifiesto cuando el atentado de Berkman que no daba judicialmente para más de siete años por «homicidio frustrado" es condenado a veintidós años de cárcel mientras que Henry Clay Frick, responsable del asesinato de diez obreros no tuvo ni que pasar por la comisaría.

Después de este acontecimiento Emma consiguió la celebridad como incendiaria y roja. Protagonista de una gran campaña en defensa de su compañero y amante, demostró ser una soberbia oradora con una gran fuerza y convicción, aunque a pesar de todo no pudo evitar la suerte de Berkman que descendió literalmente a los infiernos del sistema penitenciario yanqui. Del "caso Berkman" Emma pasó a defender otras causas de la libertad y del movimiento obrero, ocasionando cada vez mayor escándalo y miedo entre los bien pensantes. El colmo de su actuación, que asombró a propios y extraños, tuvo lugar cuando asumió la defensa de León Czolgosz, un obrero de origen polaco que había causado la muerte del presidente McKinley en un atentado con una bomba. La prensa desarrollará entonces una gran campaña presentándola como la instigadora del crimen, aunque en realidad no había tenido nada que ver con éste (5) Ciertamente, Emma estaba muy lejos de aprobar la actuación de Czolgosz, pero estaba convencida que éste había actuado por indignación justiciera.

Por otro lado, ¿qué era un atentado individual? Poco, si se le comparaba con la represión y la muerte de decenas de sindicalistas y trabajadores. Así, si Czolgosz era culpable, ¿qué no sería el primer representante de la patronal En otra ocasión, cuando en plena guerra mundial, cuando un policía le habló de un atentado terrorista le respondió que en comparación con el terrorismo que se estaba desarrollando en Europa, aquel atentado «era pura bagatela". En este punto la posición de Emma tuvo lejos de alcanzar el rigor y el repudio que tuvo en otros anarquistas conocidos y sobre todo en los marxistas. Con actuaciones como ésta no tardó en hacerse sumamente impopular para los poderes públicos. La policía la vigilaba constantemente, obstaculizaba siempre que podía sus actividades, y la detuvo en tantísimas ocasiones que siempre llevaba consigo un libro para no perder demasiado el tiempo en prisión. La prensa sensacionalista la atacó continuamente. Se la culpó de ser la instigadora de numerosas luchas obreras promovidas, a veces espontáneamente y, a veces, por los "wobbies" (militantes del IWW), de conspirar para derrocar el gobierno constitucional, de revelar información sobre el control de la natalidad... de antipatriota y, por supuesto, de prostituta. Al margen de diversas detenciones menores, purgó durante dos años en una prisión federal donde en poco tiempo se situó a la cabeza de la lucha por la dignidad humana. Por ello desafió duramente a celadoras, policías, autoridades y tenebrosas celdas de castigo. Su actuación se dejó sentir y logró modificar bastantes cosas, y sobre todo ganó para esta causa a otra recluso, Kate O’Hara, que con el tiempo se haría famosa cuando tras salir de libertad se trasladó a California e inició desde allí una campaña de protesta contra los métodos carcelarios imperantes y con el tiempo llegó a ser directora de penales llevando a cabo notables reformas en el sistema.

En la cuestión del feminismo se puede decir, con palabras de Nietszche, que la Goldman fue una mujer contra su tiempo: el carácter vanguardista de sus concepciones llegó a soliviantar al mismísimo Kropotkin, el «príncipe anarquista" que la consideró excesivamente avanzadas. Fue llamada no sin motivo, la «Reina de los anarquistas" y simbolizó durante su época las posiciones de autonomía femenina, de amor libre, de una total falta de prejuicios... Emma llegó hasta asumir la defensa de los homosexuales, algo que casi ningún revolucionario notorio de su tiempo se atrevió a hacer.

En su formación revolucionaria, Emma fue antes feminista radical que anarquista. Como dice muy bien Alix Shulman, Emma: “Utilizó la doctrina anarquista para explicar la opresión que padecían las mujeres, pues sabía muy bien que la raíz de semejante opresión era más profunda que las instituciones. Cuando su anarquismo entraba en conflicto con su feminismo, reaccionaba siempre como feminista. A semejanza de muchas mujeres de la izquierda actual, se rebeló cuando los hombres radicales le menospreciaban por el sólo hecho de ser mujer...” (6)

El ideario personal de Emma era bastante distinto del de las corrientes feministas entonces predominantes, entre las cuales el anarquismo no se contaba. No podía estar de acuerdo de ninguna manera, con las sufragistas, ni en los medios ni en los fines; Emma no consideraba el sufragio una conquista importante y menos para formar parte de una democracia burguesa. Estaba un poco más de acuerdo con las socialistas que ponían un notable énfasis en la emancipación económica de la mujer, pero consideraba los partidos como una cadena y desconfiaba de cualquier programa político. Para Emma era mucho más importante el factor ideológico y creía que el centro del problema radicaba en el machismo, en el hecho de que los hombres eran “tiranos inconscientes" y la sumisión actuaba sobre las mujeres como un «tirano interno".

La mujer estaba educada para ejercer como tal (“Casi desde la infancia, escribió, las jóvenes aprenden que el más alto objetivo en la vida es el matrimonio"), eran incapacitadas para el goce sexual, por lo cual «la vida de estas muchachas se destruye por la frustración". En el momento en que la mujer contempla la sexualidad de igual a igual que el hombre, sistemáticamente es tratada como alguien monstruoso o enfermizo. Hasta los hombres más avanzados se sienten incómodos ante mujeres así y actúan sin excepción en plan dominante. Por eso, Emma tiene claro que la emancipación de la mujer será obra de la mujer misma:

El desarrollo de la mujer), su libertad, su independencia, deben de surgir de ella misma, y es ella quien deberá llevarlos a cabo. Primero, afirmándose como personalidad y no como mercancía sexual. Segundo, rechazando el derecho de cualquiera que pretenda ejercer sobre su cuerpo; negándose a engendrar hijos, a menos que sea ella quien los desee; negándose a ser la sierva de Dios, del Estado, de la sociedad, de la familia, etc., haciendo que su vida sea más simple, pero también más profunda y más rica. Es decir, tratando de aprender el sentido y la sustancia de la vida en todos sus complejos aspectos, liberándose del temor a la opinión ya la condena pública. Sólo eso, y no el voto, hará a la mujer libre (7).

Sin embargo, aunque en lo fundamental, será difícil encontrar hoy alguna feminista que no esté de acuerdo con lo que aquí se dice, en el último aspecto la posición de Emma careció de cualquier proyección al margen de las huestes ácratas, entre las cuales destacó también otra gran personalidad femenina llamada Voltairine de Cleyre (8). La mayoría del feminismo militante nunca subestimó la importancia de la lucha por un derecho que le permitió conocer, como diría Emmeline Pankhurst, “la alegría de la lucha", y sentar las bases de movimientos ulteriores. La mujer no habría llegado a hacer las conquistas que ha hecho sin el sufragismo y sin la labor de las socialistas en los partidos y sindicatos obreros. El punto más débil de Emma fue su vanguardismo que sólo conectó con las masas precisamente en aquellos momentos en que las luchas concretas cobraban alas a partir de una pequeña reivindicación. . .

Fueron muy pocas las mujeres de su época las que llegaron a repudiar el puritanismo como ella. Emma estaba convencida de que el sexo era «tan vital como la comida y el aire", y subrayó la contradicción que existía en el hecho de que las mujeres fueran obligadas por una parte a ser asexuadas y por otra, a vender su cuerpo a través del matrimonio o la prostitución pública. Llegó a estas conclusiones no a través de una sistematización teórica -aunque fue muy influida por Havelock Ellis y por Margaret Sangers-, sino a través de una ardua experiencia conseguida cuando trabajó en diferentes ocasiones como obrera y, sobre todo, cuando ejerció durante algún tiempo como asistente sanitaria. En su inquieta vida, también trató en múltiples ocasiones con «mujeres de vida fácil" en las que encontró no pocas amigas que la apoyaron y la escondieron en momentos verdaderamente difíciles cuando huía de la policía o de los pistoleros de la patronal preocupados por sus denuncias de las injusticias laborales o de otros problemas. Emma llegó a ver en estas mujeres una paradójica síntesis del problema femenino:

No existe un sólo lugar donde la mujer sea tratada sobre la base de su capacidad de trabajo, sino a su sexo. Por tanto, es casi inevitable que deba pagar con favores sexuales su derecho a existir, a conservar una posición en cualquier aspecto. En consecuencia, es sólo una cuestión de grado el que se venda a un sólo hombre, dentro o fuera del matrimonio o a muchos. Aunque nuestros reformadores no quieran admitirlo, la inferioridad económica y social de las mujeres es la responsable de la prostitución (9).

Con opiniones como ésta, no era de extrañar que Emma pareciera una auténtica bestia negra a unas autoridades puritanas e hipócritas. Un periodista diría que “fue enviada a prisión por sostener que las mujeres no siempre deben mantener la boca cerrada y su útero abierto". El caso es que en cada conferencia o mitin que daba sobre la cuestión de la mujer, las autoridades dudaban si encerrarla ya antes y si no lo hacían es porque temían que podía ser peor por la campaña que se desataría en su defensa. Mientras que llamó a las mujeres a no tener como objetivo el matrimonio ya conseguir mejoras en las fábricas, o su propia determinación, la cosa no pasó de unos días entre rejas, pero cuando el 23 de marzo de 1915, delante de una amplia audiencia en el "Sunrise Club" de Nueva York, explicó quizá por primera vez en la historia, cómo tenían que ser utilizados los anticonceptivos, la paciencia policíaca alcanzó un techo.

Fue entonces arrestada ipso tacto y llevada a un juicio que se convirtió en un acto espectacular durante el cual -no sin una contradicción por su parte- aprovechó magistralmente las tradiciones democráticas revolucionarias de los «padres de la patria" norteamericana para denunciar un poder que traicionaba sus propios Dioses democráticos cuando les convenía. Gracias a su brillante autodefensa el juez le dio a elegir entre pasar quince días en un taller penitenciario o pagar una multa de quince dólares. Como la ayuda en estos casos siempre era generosa, Emma optó por lo segundo.

En Nueva York, Emma vivía habitualmente en el bohemio «Greenwich Village", tal como la muestra la famosa película de Warren Beatty, Reds (10). Puede decirse que en la atmósfera de este barrio se hallaba como un pez en el agua, y volvía a él siempre después de una campaña política. Allí se encontraban amalgamadas las vanguardias estéticas, morales y políticas, y Emma representaba junto con Berkman y el italonorteamericano Carlos Tresca, el sector ácrata. El barrio era en ocasiones la caja de resonancia de las campañas políticas de los radicales como en la que, bajo la inspiración de John Reed y con el apoyo del dirigente de los IWW, Dan Heywood, montaron una impresionante obra teatral en la calle que representaba la terrible huelga de Patterson. Económicamente la obra fue un fracaso, pero emocionalmente conmovió los cimientos del lugar.

Cuando estalló la Gran Guerra en agosto de 1914, Emma empezó a trabajar con todas sus fuerzas contra la intervención norteamericana en el conflicto y fundó junto con Reed, Berkman, Tresca y otros amigos la Liga Antialistamiento que llegó a ser el centro neurálgico de toda la agitación pacifista y antipatriotera. No pasó mucho sin que fuera de nuevo detenida y juzgada al tiempo que las revistas que dirigía con Berkman fueron cerradas e invadidas por la policía. Situada delante de los jueces no tuvo inconveniente en declarar: “Ninguna guerra se justifica si no es con el propósito de derrocar el sistema capitalista y establecer el control industrial de la clase trabajadora" (11).

Por esta razón, insistió en otra intervención, habían sido consecuentes haciendo propaganda antimilitarista desde el inicio de sus vidas militantes, aunque, al contrario que el gobierno, la Liga que representaban jamás había hecho nada contra la conciencia de nadie, sólo desertaban los que no querían participar en una carnicería motivada por intereses financieros. Esta vez, a pesar de todo el genio polémico de Emma, el veredicto del tribunal fue más allá de la multa o la cárcel, y siguiendo los dictados del gobierno de Wilson fueron obligados al destierro fuera del país. Para Emma aquello era pura y simplemente un robo de su ciudadanía, pero significaba más; era el fin de un período de una mayor flexibilidad democrática. Cuando se enteró de la noticia un fiscal de Washington pudo comentar con ironía: “Con la prohibición que se avecina y Emma Goldman que se va, este país será muy monótono".

El nuevo país al que iban a encaminarse había sido el suyo de la infancia y ahora se encontraba bajo el signo de una revolución que les llenaba de esperanzas. Seis días antes de la Navidad de 1919 salían hacia su nuevo destino en el "Buford", un desvencijado navío militar. Emma y Alexander no compartían el estrecho criterio de muchos anarquistas que reducían la revolución de Octubre a un golpe de Estado dado por la izquierda. Para ellos, Octubre había sido la culminación de la revolución rusa y miraban a los bolcheviques con ojos de buenos amigos y estaban en buena medida convencidos de que éstos se habían apropiado de ciertas premisas libertarias para proclamar que todo el poder debía de ser para los soviets, o sea para los consejos obreros de obreros, campesinos y soldados. Durante los primeros tiempos, que coincidieron con una indescriptible guerra civil que destruiría radicalmente las bases materiales de la revolución, ambos trabajaron junto con los bolcheviques que se habían convertido en un Ejército Rojo disciplinado para vencer. Durante este tiempo polemizaron con los anarquistas que se negaban a colaborar y se establecieron un poco como un puente entre ellos y el poder revolucionario. Esta actitud, fundamentalmente positiva, comenzó a cambiar al final de la guerra cuando los bolcheviques fueron prohibiendo las diferentes tendencias socialistas disconformes con su programa y sus métodos y fueron enfrentándose a las revueltas campesinas y obreras con las armas. El punto definitivo de su ruptura ocurrió en medio de los acontecimientos de Kronstadt en marzo de 1921, en los que un grupo insurreccionado levantó la bandera de una tercera revolución y los bolcheviques los reprimieron por medio de la fuerza" (12)

Entre enero de 1920 y marzo de 1921, Emma y Berkman trataron de mediar contra las actuaciones represivas de la Cheka, constituida según expresión de su máximo jefe Félix Dzherjinski, por santos y canallas. Se entrevistaron sucesivamente con Lenin y Trotsky que prometieron revisar algunos casos; con Máximo Gorky al que encontraron apesadumbrado por su mala conciencia -se había opuesto inicialmente a la revolución- y por el terrible analfabetismo del pueblo incapaz de asumir las responsabilidades del poder con sus propias manos; con Alejandra Kollontaï que les argumentó que en toda gran obra tenían que existir pequeños errores; con los delegados de origen libertario del II Congreso de la Internacional Comunista como Víctor Serge, Alfred Rosmer, Joaquín Maurín, etc., pero todo fue prácticamente inútil. El caso de Maknó se sumó al de Kronstadt y la ruptura fue tan radical que los dos se convirtieron en la principal fuente de las acusaciones anarquistas contra el comunismo ruso.

En contra de los bolcheviques, Emma vuelve su mirada hacia Kropotkin al que había conocido antes en un Congreso anarquista. El "príncipe anarquista" que durante la Gran Guerra y en la primera etapa de la revolución rusa había indignado a Emma por su actuación pro-Entente y de apoyo al Gobierno provisional -Kerensky quiso hacerlo ministro-, se encontraba ya agonizante y soñaba con una nueva Rusia estructurada por comunas que organizarían la pequeña industria artesanal, industrial y campesina que se federarían entre sí... Durante cierto tiempo y por miedo de hacerle el juego al imperialismo que tenía cercado el «país de los soviets", ninguno de los dos escribió nada para el gran público, pero en 1922 decidieron hacerlo. En uno de sus trabajos, Emma escribe:

Quizá la revolución de Rusia nació ya sentenciada. Llegando arrastrada por los cuatro años de guerra, que habían aniquilado sus mejores valores y devastado sus mejores y más ricas comarcas, es posible que la revolución no hubiese tenido suficientes fuerzas para resistir los locos arrebatos del resto del mundo. Los bolcheviques afirman que fue culpa del pueblo ruso que no tuvo suficiente perseverancia para resistir el lento y doloroso proceso de cambio operado por la revolución. Yo no creo eso y aceptando que esto fuese cierto, yo insisto, sin embargo en que no fueron tanto los ataques del exterior como los insensatos y crueles métodos que en el interior estrangularon la revolución y la convirtieron en un yugo odioso puesto sobre el cuello del pueblo ruso. La política marxista de los bolcheviques, alabada en un principio como indispensable a la revolución para ser abandonada después de haber introducido el descontento, el antagonismo y la miseria, fueron los verdaderos factores que destruyeron el gran movimiento e hicieron perder la fe del pueblo (13).

Su profunda aversión al bolchevismo llevó a Emma a no distinguir en su interior el más mínimo matiz. De esta manera, cuando tenían lugar los llamados ""procesos de Moscú", no dudó en escribir un panfleto contra Trotsky que tenían un título bastante explícito: Trotsky habla demasiado. Para ella, éste no había hecho otra cosa que preparar el camino de Stalin y calificó -junto con la CNT- a los "procesos" como un mero ajuste de cuentas entre "autoritarios". Durante la guerra civil española llegó a hablar de "contrarrevolución marxista" para definir la política estalinista, y solamente cuando la represión se abatió contra el POUM trató (paradójicamente) a Andreu Nin y a sus compañeros de "verdaderos bolcheviques".

El nuevo exilio de Emma Goldman estuvo lejos de ser dorado. No pudo volver a los Estados Unidos hasta después de muerta y las cancillerías europeas, temerosas de su fama de agitadora, le negaban sistemáticamente un visado. No obstante, aún pudo palpar por última vez la miel de la fama y de la simpatía de las masas cuando un mitin suyo en Canadá congregó a veinticinco mil personas. Después de muchas tentativas consiguió un albergue en Inglaterra gracias a los esfuerzos de la izquierda laborista, en particular a Harold Laski, teórico de la "revolución consentida" con el que tuvo amistad aunque no llegara obviamente a comulgar con sus ideas.

En 1931 escribió su autobiografía Living my life (Vivir mi vida) que será un gran éxito editorial internacional y que representa su mayor esfuerzo literario.

Pero a pesar de este triunfo personal, aquella fue una mala época para Emma. En Inglaterra no podía intervenir en la política y se encontraba por primera vez desarraigada, sin un campo de acción donde proyectarse. Se encontraba profundamente deprimida cuando le llegó la terrible noticia de que su compañero incondicional Alexander Berkman se había suicidado en París. Berkman estaba al parecer muy enfermo y muy desalentado por graves problemas con su nueva compañera, además el clima de tensiones y desavenencias entre los anarquistas rusos en el que la tensión resultaba insoportable. Cuando llegaron las noticias de ¡a guerra y la revolución española, Emma comentó que igual que ella Berkman hubiera renacido con entusiasmo.

A pesar de toda las clases de obstáculos que le ponían las autoridades británicas, Emma no pudo permanecer totalmente alejada de unos acontecimientos que parecían con firmar sus convicciones de que una revolución anarquista era posible. Aunque no pudo instalarse en España como era su deseo logró arreglar las cosas para poder efectuar tres largas visitas. En una de ellas visitó con entusiasmo el frente de Aragón, conoció las experiencias comuneras y departió animadamente con figuras del anarquismo como Durruti que la causó una honda impresión.

Aunque el idioma era una barrera difícilmente franqueable para actuar en el escenario español, se esforzó a pesar de las prohibiciones del gobierno inglés en fomentar la solidaridad con los combatientes. Su admiración por la valentía y el entusiasmo de sus compañeros españoles no le llevó como a otros ilustres anarquistas extranjeros a plegarse ante la orientación política de la CNT-FAI. No comprendía ni admitía que los anarquistas pudieran colaborar con los republicanos y con los comunistas en unas tareas gubernamentales que iban en contra de la revolución que sus bases militante estaban llevando a cabo. Se encontraba ante este problema bastante sola y se sintió internamente dividida entre sus convicciones y sus simpatías. Por un lado estaba persuadida de que en un mundo que se derrumbaba a su alrededor no había más salida que la anarquía, pero por otro intentaba comprender y veía que los dirigentes anarcosindicalistas aunque no actuaban en "provecho propio" y "eran demasiado humanos". No por ello podía dejar de denunciar una política "rayana con el oportunismo" y planteó sin éxito sus desavenencias en la Internacional Libertaria, aunque nunca hizo una crítica sistemática y rigurosa.

La derrota de la revolución y de la República española cerraron el tiempo que se había dado por delante de su compañero y el 17 de enero de 1940 una hemorragia cerebral le causó la muerte. Con ella moría en cierta medida, toda una época; moría una mujer que sería la más alta expresión del feminismo libertario cuyos frutos sobrepasa rían el campo de la anarquía y extendería su influencia entre todas las ramas del feminismo radical.

Notas

(1) Johann Most, célebre y controvertido anarquista alemán (Augsburg, Alemania, 1846-Cincinnatti, USA, 1909), que extendió sus actividades por su propio país, Austria, Inglaterra y Estados Unidos. Algunos historiadores lo equiparan como profeta a Bakunin y Kropotkin, aunque la mayoría lo ven como un turbio representante del terrorismo. Richard Drinon lo describe como un personaje que «llegó a convertirse en una figura verdaderamente trágica, en una “criatura de Andreiev, a quien todos abofeteaban: no querían aceptarlo en ningún trabajo por temor a que su rostro ahuyentara a los clientes; las muchachas y las mujeres rechazaban con repugnancia sus intenciones y, finalmente, la prensa, en especial la norteamericana, utilizaba la cara barbuda de Most, coronada por una mata de pelo, como modelo para la caricatura del anarquista que lleva la bomba bajo el brazo». Hijo de una familia pobre, Most tuvo una enfermedad que duró cinco años, y después de una intervención quirúrgica le deformó para siempre el rostro. Lo maltrataron una madrastra cruel y el no menos cruel patrón que lo tenía como aprendiz. Se educó con su propio esfuerzo y se hizo zapatero. Como «compagnon» viajó por toda Alemania, Austria. Italia y Suiza. Fue en este último país donde se adhirió a la AIT.

En el verano de 1869, fue encarcelado en Viena, debido a una soflama revolucionaria. Un año después de haber participado en la organización de una manifestación pública en demanda de la libertad de palabra y de reunión, fue sentenciado a cinco años acusado de «alta traición». Después de algunos meses de prisión, fue indultado y expulsado de Austria. En Alemania tomó parte en el partido socialdemócrata. Fue elegido en 1874 diputado socialista en el Reichstag. En 1880, cuando la Ley contra los socialistas, se refugió en Inglaterra (algunos de sus adversarios anarquistas achacan a esta frustración de su carrera parlamentaria su inclinación bakuninista). Bastante radicalizado, funda Freiheit (Libertad), en abierta polémica con el órgano oficial del SPD, Sozialdemokratic. Es expulsado por indisciplina, y evoluciona hacia el anarquismo. Most ayuda a crear algunos núcleos minoritarios en Alemania, y contribuye a que los «jóvenes socialistas» y la facción de izquierda del socialismo austriaco, evolucione hacia el anarquismo. En 1881 pasó seis meses de cárcel debido a un artículo en el que se mostraba un entusiasta de la táctica nihilista que acababa de ejecutar al zar Alejandro II. Esta confianza en la violencia le llevó a escribirá menudo cosas como la siguiente: «¡La dinamita! El mejor de los inventos. Introdúzcanse varios kilos de esta preciosa sustancia en un tubo, obtúrense ambos extremos, métase un dedal provisto de mecha, colóquese junto a un grupo de los ricos parásitos que viven del sudor de otras frentes y préndase fuego a la mecha. El resultado es de los más maravilloso y reconfortante... Medio kilo de esta excelente sustancia basta para hacer saltar por los aires a unos cuantos explotadores; ¡no lo olvidéis!».

No era Inglaterra entonces un terreno propicio para la vehemencia de Most y entonces emigró a los Estados Unidos. Su entrada en la escena norteamericana no pudo ser más apoteósica. Fue recibido con un mitin multitudinario y en poco tiempo, se puso a la cabeza de las dispersas huestes libertarias —compuestas primordialmente por emigrantes europeos y consiguió arrancar una importante fracción de las filas socialistas a través de varios debates públicos donde impuso su talla como polemista y orador. El medio primordial de la influencia de Most en Norteamérica fue la emigración que hablaba en alemán. Con la colaboración de Albert Parsons y de August Spies, Most redactó el famoso Manifiesto de Pittsburg, en el que se limita a reproducir esquemáticamente algunas de las ideas motrices de Bakunin. En primer lugar —y no es casualidad— el Manifiesto dice que «debía de destruirse por cualquier medio el orden social existente»; en segundo término postula la necesidad de organizar la producción siguiendo el esquema colectivista de su maestro y, en tercer lugar, exigía el «libre intercambio de productos equivalentes por y entre organizaciones productoras no lucrativas, sin mediación del comercio». Su ideario incluía además el federalismo, las cooperativas de producción, pero sobre todo insistía en la rebeldía permanente y por cualquier medio. Most se mostró largamente reacio a los planteamientos comunistas de Kropotkin.

Siguió publicando Freiheit, así como algunos folletos como La peste religiosa (1883), La bestia propietaria, La sociedad libre, donde desarrolla su concepción más personal del anarquismo y en 1899 muestra de su conversión al comunismo publicando El comunismo libertario. Ya 1891 había publicado en alemán el libro de Bakunin Dios y el Estado, En 1897, Most se hizo cargo de otro periódico, el Diario de los Trabajadores. En 1886, después de los sucesos de Haymarket, una de sus editoriales incendiarias le llevaron de nuevo a la cárcel, esta vez a la penitenciaria de Blakwell, Nueva York. Poco después lo descubrió Emma Goldman, que se sintió fascinada por su fulgurante personalidad. Él se sintió idolatrado y quiso tenerla a su servicio. Lo «único que le importa, dice, es tener cerca a su mujercita». Cuando demuestra su independencia, Most se siento traicionado. En 1891 Emma se aproximó a los adversarios de Most dentro del movimiento, al grupo «Autonomy», en el que Joseph Peukert tenía el papel más activo. Este grupo criticaba a Most por su tendencia conspiradora y autoritaria. En tanto que Emma Goldman se insertó en un movimiento crítico y radical muy amplio, Most siguió aferrado a su ámbito germano y fiel a los métodos violentos y conspirativos. Nunca llegó a ejercer una influencia social organizada. Siguió luchando con su periódico hasta que la muerte le sorprendió durante una gira de agitación. Su figura atrajo la imaginación de Henry James que lo inmortalizó como el misterioso Hoffdahl de su obra La princesa Casamissima. Rudolf Rocker escribió una biografía suya, Joham Most. La vida de un rebelde (La Protesta, Buenos Aires, 1927).

(2). Cf. Living my life (hay una traducción castellana editada por la Fundación Anselmo Lorenzo en dos volúmenes). A considerar también: Emma Goldman. Anarquista de ambos mundos, Campo abierto, ed. Madrid, 1978 (hay una edición Laia de Barcelona con otro subtítulo: Una anarquista en la tormenta del siglo). Otra biografía suya es la de Richard Drinon Rebelde en el paraíso, Ed. Americalee, Buenos Aires, 1960.

(3). Cf. Cinco mujeres contra el zar, Ed. ERA, México, 1981.

(4) El primero de mayo de 1886 los trabajadores de máquinas agrícolas de McCormick de Chicago se declararon en huelga para obtener una jornada de trabajo de ocho horas. El día tres con ocasión de un mitin solidario la policía cargó contra los trabajadores, entonces fue cuando una bomba anónima estalló causando cuatro muertos y una veintena de heridos. La administración americana, a falta de culpable conocido, quiso hacer un escarmiento contra el movimiento obrero y tras un juicio fantoche asesinó a los organizadores de un Congreso anarquista celebrado en las proximidades, en Pittbourg, aunque ninguno de los inculpados estuvo en el mitin. Su voluntad de ser enterrada junto a los «mártires de Chicago» fue respetada por la administración Roosevelt. joven marido para trasladarse a Nueva York. Tenía a la sazón veintiún años, pero se encontraba ya bastante curtida por la vida.

(5). León Czolgosz se había acercado a Emma en una ocasión pero sus amigos sospecharon de él. Era muy posible que hubiera realizado el atentado para hacerse valer en el medio anarquista más radical.

(6). Prólogo de Tráfico de mujeres y otros ensayos sobre el feminismo, Ed. Anagrama, Barcelona, 1977, p. 14. Algunos de sus escritos (Amor y matrimonio, La tragedia de la emancipación femenina, fueron publicados por las Mujeres libres.

(7). Ibidem, p.18.

(8). “La más bella flor de esa evolución libertaria -de los demócratas de izquierda- entre americanos que, sin preocuparse de las escuelas socialistas y anarquistas europeas, trataban simplemente de combinar al máximo de libertad, de solidaridad y de sentimientos revolucionarios como abnegados para los trabajadores explotados, para las mujeres enfeudadas a las costumbres de la familia, para la humanidad sometida a los gobernantes fue Voltairine de Cleyre (1886-1912) inspirada sus comienzos por el libre pensamiento, el martirologio de Chicago y las ideas e impulsiones de ayer, D. Lum (1839-1893), pero llegada durante sus veinticinco años de actividad a una concepción de la anarquía que fue tal vez la más amplia, tolerante, y además seria, reflexiva, que conocemos al lado de Eliseo Reclús. En su conferencia sobre la anarquía dada en Filadelfia de 1902, explica las diversas concepciones, la individualista, la mutualista (Lum), las colectivistas, la comunista en perfecta igualdad y explica las diferencias por los ambientes y personalidades donde han nacido. Si se hubiera dado siempre en esta posición, cuántas animosidades estériles nos habrían sido ahorradas!" Max Nettlau, Historia de la anarquía, Ed. Zafo, Barcelona, 1978. Cuando un senador reaccionario dijo que daría gustosos mil dólares por disparar a bocajarro contra un anarquista, Voltairine se ofreció como blanco.. Esto fue lo que hizo, ser el blanco de un pistolero, seis años más tarde y quedó desde entonces maltrecha, Sin embargo, ella no quiso llevar al autor a los tribunales.

(9) Tráfico de mujeres, Pág. 38.

(10) Quizás uno de los aspectos positivos de esta película sea su colaboración al redescubrimiento de Emma que empero, aunque muy bien interpretado por Mauren Stapleton, aparece extrañamente como una mujer solitaria, sin Berkman y bastante cortada de su contexto real de intervención. Sobre Reds me permito señalar mi trabajo sobre la película aparecido en la antología de John Reed titulada Rojos y Rojas (Ed. Intervención cultural/El Viejo Topo, Barcelona, 1999).

(11). Esta fórmula era la defendida por los teóricos del «Industrial Worker of World", de inspiración marxista. Se trataba de una dictadura del proletariado basada en los sindicatos y el control obrero de las industrias.

(12). Una versión bastante detallada y reflexiva sobre estos acontecimientos es la de Paul Avrich, Kronstadt 1921, Ed. Proyección, Buenos Aires. Avrich demuestra que: a) los ocupantes de la fortaleza no eran anarquistas y querían unos soviets sin bolcheviques; b) que los blancos deseaban fervientemente su victoria; c) que los bolcheviques no tuvieron más remedio que intervenir. Me remito a los artículos sobre la cuestión aparecido en Kaos.

(13). Dos años en Rusia, Pequeña Biblioteca, Mallorca, 1978, págs. 27-28. Berkman publicó tres pequeños libros sobre el tema: La rebelión de Kronstadt, El mito bolchevique y La revolución rusa y el Partido Comunista. Emma igualmente trata ampliamente el tema en su autobiografía.

Kaosenlared - Domingo.25 de febrero de 2007