viernes, 12 de noviembre de 2010

Prosigue el secuestro de civiles saharauis y los asaltos a sus viviendas

En el Aaiun, Sahara Occidental, la población saharaui está aterrorizada, las autoridades marroquíes siguen realizando secuestros, detenciones y torturas de civiles saharauis, así como el allanamiento sistemático de sus hogares. Es muy dificultosa la salida a la calle, donde las tiendas y las instituciones educativas siguen cerradas.

El aumento de este bloqueo constituye una amenaza permanente para la vida de los saharauis que se encuentran refugiados dentro de sus casas; en decenas de casas de diferentes barrios de la ciudad se han producido constantes incursiones de los equipos especiales de seguridad contratados para este fin, que saquean y torturan sistemáticamente.

Aún permanecen una gran cantidad de saharauis desaparecidos y detenidos, entre los que se encuentran ancianas, mujeres y niños, según el testimonio de las familias de los detenidos no han podido acudir a la sede de la gendarmería en el Aaiun, dado el terror impuesto y la colocación de barreras a lo largo de las vías de circulación, que son vigiladas por el ejército, fuerzas auxiliares y policías tanto identificados con uniforme como vestidos de civil.

Después de la eliminación definitiva por la fuerza del campamento, situado a 12 km al este de la ciudad, hasta el momento se desconoce el destino de muchos de los saharauis y el verdadero número de muertes causadas por el asedio que ha producido una situación tensa e inestable en la región.

A pesar de que las autoridades marroquíes han liberado los días 10 y 11 de noviembre de 2010 a numerosos civiles saharauis, en su mayoría mujeres y niños menores de edad, aún se encuentran detenidos decenas de ellos que son sometidos a interrogatorios sin conocer las familias su situación. La mayoría de los liberados han sido objeto de malos tratos, torturas, humillaciones y prácticas degradantes para la divinidad humana tras su detención en la comisaría de policía de el Aaiun (Sahara Occidental), se confirma que el Defensor de los Derechos Humanos El Laili Layla que había sido secuestrado el 9 de noviembre 2010 en el distrito Douret por elementos de la policía marroquí vestidos de civil, fue interrogado sobre su relación con el Comité organizador del Campamento, golpeado, escupido, sometido a palizas y humillaciones durante más de 24 horas antes de ser liberado en compañía de otras 50 mujeres que habían sido detenidas durante la incursión militar al Campamento.

La familia del niño saharaui menor Hamza Chuwaf de 14 años de edad, manifestó que su hijo fue secuestrado aproximadamente a las 12 horas del 8 de noviembre de 2010 en el distrito industrial por la policía marroquí vestida de civil, posteriormente fue liberado aproximadamente a las 8 de la noche del 10 de noviembre de 2010, después de ser torturado en las oficinas de la policía judicial, siendo todavía visibles los efectos de las torturas en diversas partes del cuerpo, especialmente en la boca, la cabeza y las piernas que fueron quemadas con cigarrillos y agredieron su cuerpo con instrumentos cortantes. El mismo sufrimiento fue infligido a otro joven saharaui de 28 años que fue secuestrado por la policía marroquí el 9 de noviembre de 2010, cuando salía de su casa, su familia desconocía su paradero hasta su liberación al día siguiente con marcas visibles en su cabeza, piernas y rostro, teniendo dificultad para hablar y moverse. Igualmente el secuestro de otro joven saharaui se produjo tras el allanamiento y rotura de la puerta de su casa, acompañada de malos tratos y amenazas a su familia, incluidos miembros de la familia menores de edad presentes.

La esposa del Defensor de derechos humanos Brahim Ismaili ha declarado que sobre la 1 de la mañana del 10 de noviembre de 2010, decenas de personas utilizando escaleras accedieron a su casa, allanada por la fuerza y aterrorizaron a toda la familia,
BRAHIM ISMAILI, secuestrado junto a su sobrino MOHAMMED SALEM AL BUSAIDI, han sido golpeados y maltratadas tanto su madre, como sus hermanas en el transcurso del registro de la vivienda perpetrado con violencia, en la que se ha aterrorizando a los miembros de la familia presente. La familia ignora la suerte los secuestrados ya que no es posible acceder a las comisarías de policía y la gendarmería debido a la inseguridad y al bloqueo de los accesos.

En el mismo contexto, el 10 de noviembre de 2010 se produjo el allanamiento de la casa de otros defensores saharauis de derechos humanos MUSTAFA DAH y GHALIA DJIMI, ante la insistente búsqueda por parte policía marroquí de los extranjeros que piensan puedan encontrarse albergados en los hogares de los defensores de los derechos humanos saharauis, motivo por los que están sometidos a un férreo control.

Siguen llevándose a cabo redadas en muchas de las casas de la población saharaui en diferentes barrios del Aaiun, donde siguen produciéndose saqueos, incendios y robos de decenas de tiendas, coches y edificios.


Colectivo de saharauis de Derechos humanos CODESA

Aaiun, Sahara Occidental, a 12 de noviembre 2010






Vista aérea del muro. Con más de 2.700 metros de longitud, es considerado el segundo muro más largo del mundo después de la Muralla China.


[+ Información sobre El muro de la vergüenza del Sahara Occidental, ¡Aquí!]


¡SAHARA LIBRE YA!

Video del campamento saharaui asaltado por la policía que protestaba para exigir mejores condiciones de vida



Video: bbc.co.uk
Imagen: bbc.co.uk
Tomado de: territoriosocupadosminutoaminuto.blogspot.com

Estudiantes expulsan al Esmad de la U de A


Para las 10 de la mañana del jueves la Rectoría, el Comité Rectoral, el Consejo Académico y la organización “Universitarios por la casa de todos” citaron a los estudiantes para un acto simbólico en rechazo a los “actos violentos” cometidos por un grupo de encapuchados el pasado nueve de noviembre, pues éstos se subieron hasta el techo de la edificación a tumbar una cámara de seguridad instalada durante el cierre de la Universidad entre el 15 de septiembre y el 11 de octubre.

Centenares de estudiantes se encontraban rodeando la Biblioteca prestos a participar de la manifestación, incluso entre pétalos de flores que querían dar cuenta de la voluntad pacífica de la misma. Pero a las 10 y media sonó una explosión que alertó a los escuadrones del Esmad, que desde el primer día del cierre vigilan todas las entradas al campus universitario.

Esto provocó que cerca de 15 hombres de este ejército entraran a la Universidad por la portería de Barranquilla y otros 15 por la de Ferrocarril, formándose en torno a los estudiantes. A la vez se escuchó por los micrófonos instalados para el acto simbólico a la Decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Luz Stella Correa, advirtiendo que en el Bloque uno se encontraban unos estudiantes retenidos.

“Cuando llegaron vieron a unos estudiantes que no estaban encapuchados con papas bombas. Los directivos intercedieron para que dejaran ir a los retenidos” afirmó una de las empleadas de aseo del Bloque nueve, mientras advertía a sus compañeras del bloque uno y siete para que estuvieran atentas ante cualquier anormalidad.

"En una conferencia nos dijeron que si entraba la Policía nos fuéramos, porque ellos entraban y no distinguían a nadie", concluyó.

Por su parte el Esmad, tras su ingreso y unos minutos de espera en los que se vio al personal de la Personería tratar de dialogar con su comandante, desfiló por la cadena de corredores paralela a la Plazoleta Barrientos, para luego atravesar todo el conglomerado de estudiantes que se encontraba en las afueras de la de la Biblioteca Central. Luego llegaron hasta la entrada del Teatro Camilo Torres, lo que provocó rechazos mucho más airados de los estudiantes.

Su desfile regresó por el mismo sendero, mientras centeneras de estudiantes los perseguían para cuidar cuál sería su ruta y ahuyentarlos de la Universidad: "¡En Colombia el que no estudie es Policía Nacional!, ¡Fuera, queremos estudiar!" decía el contraflujo de personas que presionaban a los hombres del Esmad para que abandonaran las instalaciones. En los márgenes se encontraban otros estudiantes gritando arengas: "¡váyanse de la U! ¡Cerrémosle las entradas, no los dejemos pasar!"

La actitud de los policías era impasible. No estaba claro cuál era su objetivo. Lo cierto es que su ruta pasó por lugares estratégicos de la Universidad, lo que alteraba aún más a los estudiantes y los profesores. Los gritos continuaban mientras las tanquetas daban vueltas en círculo alrededor del campus sin emprender ninguna acción.

Finalmente la Policía se retiró, y regresó a sus puestos de vigilancia en las porterías. Los estudiantes permanecieron reunidos en algunos círculos de discusión.


[+ Fotografias en: delaurbedigital]


Por: Redacción De la Urbe
Tomado de: delaurbedigital.udea.edu.co




VIDEOS






jueves, 11 de noviembre de 2010

CONTRAVÍA: El alto gobierno en el escándalo del DAS






Emisión: 229 - Noviembre 7 de 2010

Para este inicio de temporada, hemos realizado un especial sobre el escándalo más grande de los últimos años y que viene afectando fuertemente la democracia Colombiana: la cacería del DAS.

"Si el gobierno ordenara el espionaje ilegal tendría que ir a la cárcel empezando por el presidente de la república": esto respondió el ex presidente Uribe a un estudiante que preocupado le preguntaba por su responsabilidad en el escándalo del organismo de inteligencia.

Sin embargo, meses más tarde sería el propio Procurador General de la Nación, el que sancionaría, nada más y nada menos, que al ex secretario general de la Presidencia de la República con 18 años de inhabilidad por "extralimitación de sus funciones" en el caso de las interceptaciones ilegales. Igual suerte corrieron funcionarios del más alto nivel del DAS, departamento de seguridad que depende directamente del ejecutivo.

Luego de semejante fallo, la pregunta que la sociedad colombiana se hace es ¿quién desde el alto gobierno pudo generar semejante situación? ¿Pudo esto suceder a espaldas del presidente, el hombre de la seguridad?

Para responder a esta pregunta, CONTRAVÍA elabora un reportaje detallado de los hechos, pruebas y testimonios que llevaron a esta situación.

NUEVO HORARIO
DOMINGOS 2:30 PM - CANAL UNO



Por: Contravia
Tomado de: youtube.com/morrisproducciones

martes, 9 de noviembre de 2010

La virginiana y la iraní

Sakineh Ashtiani y Teresa Lewis, condenadas a muerte en Irán y Estados Unidos.


TERESA LEWIS FUE EJECUTADA EN Virginia con una inyección letal; nadie será castigado por su asesinato, porque había sido condenada a muerte legalmente.

Había planeado el asesinato de su esposo e hijo adoptivo —lo que, por supuesto, era ilegal— y los que la mataron, consecuentemente, actuaron con la bendición de las autoridades.

Tal vez deberíamos reformular el sexto mandamiento para que diga: “No matarás sin permiso”. Después de todo, durante siglos hemos venerado las banderas de soldados que, estando en guerra, tienen permiso para matar, como James Bond. Y ahora se dice que el presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad, ha respondido a los exhortos occidentales de clemencia para una supuesta adúltera sentenciada a morir lapidada —el castigo ha sido rechazado, pero las autoridades afirman que sigue siendo una posibilidad— diciendo, en esencia: ¿Se quejan porque queremos matar legalmente a una mujer iraní cuando matan legalmente a una estadounidense?

Una objeción para la lógica de Ahmadineyad es que la estadounidense orquestó el asesinato de su esposo, mientras la iraní, Sakineh Mohammadi Ashtiani, sólo fue infiel. Y la estadounidense murió sin dolor, mientras la iraní corre el riesgo de morir de forma brutalmente dolorosa. Pero una respuesta de este tipo implica dos cosas: que mientras una adúltera no debería ser castigada con más que una separación legal, sin derecho a pensión, es aceptable castigar a asesinos con la pena capital —siempre y cuando el método de ejecución no sea muy doloroso—.

Si nuestro juicio no estuviera tan nublado, tal vez veríamos el punto más general: que ni siquiera los asesinos deben ser sentenciados a muerte, que las sociedades no deberían matar a sus ciudadanos —ni siquiera luego de un debido proceso, ni siquiera si la ejecución es relativamente indolora—.

¿Cómo responderían los ciudadanos de los países democráticos al líder de un país más bien antidemocrático cuando nos pide que no critiquemos la pena capital de Irán —dado que algunas naciones occidentales todavía tienen crueles castigos mortales—?

La situación es más bien rara, y me gustaría saber si estos occidentales —en cuyas filas figura la primera dama de Francia, Carla Bruni-Sarkozy— que protestan contra la pena de muerte en Irán también han protestado contra la de Estados Unidos. Sospecho que la mayoría no. Los occidentales se han desensibilizado con el alto número de ejecuciones legales en Estados Unidos. No obstante, nos horroriza la idea de que una mujer muera en Irán masacrada por una lluvia de piedras.

Ciertamente, no soy inmune a esto: cuando me enviaron una solicitud para que me manifestara contra la lapidación de Ashtiani, la firmé inmediatamente. Al mismo tiempo, pasé por alto el hecho de que la virginiana Teresa Lewis iba a ser sacrificada.

¿Nosotros, los occidentales, hubiéramos protestado con la misma intensidad si Ashtiani hubiera sido condenada a morir por inyección letal? ¿Nos indigna la lapidación o la ejecución de infractores del séptimo mandamiento —“No cometerás adulterio”— en lugar del sexto? No estoy seguro, pero el hecho es que las reacciones humanas muchas veces son instintivas e irracionales.

En agosto encontré una página de internet que describía varias formas de cocinar un gato. Sin importar si era en broma o en serio, los defensores de los derechos de los animales elevaron la voz en todo el mundo. Adoro a los gatos. Son de las pocas criaturas que no permiten ser explotadas por sus dueños —al contrario, los explotan con cinismo olímpico— y su afecto por la casa prefigura una forma de patriotismo. Entonces, me repugnaría que me dieran un plato de estofado de gato. Por otra parte, los conejos me parecen igual de lindos que los gatos, y aún así me los como sin ningún escrúpulo.

Me escandaliza ver perros pasear libremente en sus casas chinas, jugando con los niños, cuando todo mundo sabe que serán comidos a fin de año. Pero los cerdos —animales altamente inteligentes, según me dicen— vagan en las granjas occidentales y a pocos les preocupa el hecho de que su destino sea convertirse en jamón. ¿Qué nos inspira a considerar incomibles ciertos animales cuando los antropomorfizamos mientras otras criaturas adorables —terneros, por ejemplo, o corderitos— nos parecen eminentemente apetitosos?

Los humanos somos animales muy raros, capaces de mucho amor y de cinismo aterrador, igual de dispuestos a proteger un pez de color que a hervir una langosta viva, a aplastar un ciempiés sin remordimientos y tildar de bárbaro al que mata una mariposa. Similarmente, aplicamos una doble moral cuando enfrentamos dos sentencias capitales —nos escandalizamos con una y nos hacemos de la vista gorda con otra—. Algunas veces me siento tentado a coincidir con el escritor rumano Emil Mihai Cioran, quien afirmó que la creación, una vez que escapó de las manos de Dios, debe haber quedado a cargo de un demiurgo: un chapucero torpe, incluso tal vez un poco ebrio, que se puso a trabajar teniendo en mente algunas ideas bastante confusas.

*Novelista y semiólogo italiano.

Por: Umberto Eco
Tomado de: elespectador.com

lunes, 8 de noviembre de 2010

Un enorme beso homosexual como protesta en España por la visita del Papa






Un centenar de activistas gays y lesbianas se besaron al paso del automóvil del Papa cerca de la Catedral de Barcelona.

Foto: Agencia Efe

jueves, 4 de noviembre de 2010

Entre nubes de gases - Reconstrucción de los hechos del 15 de septiembre en la Universidad de Antioquia


Asamblea en el Camilo, mitin en el 16. Corre por aquí, arenga por allá.
Policías de negro acorazado, estudiantes y docentes desconcertados, miedo
en la Administración… aquí la reconstrucción de lo sucedido el miércoles
15 de septiembre, un día que está marcando un antes y un después de
incertidumbres en la Universidad de Antioquia


Un instante antes del impacto, Esteban lo vio venir con el ojo izquierdo. En el patio del bloque 16, bajo un Cristo Redentor y en medio de una multitud de manifestantes y decenas de policías, el muchacho vio llegar volando la granada con gas que lo rompió arriba de sus cejas. Cayó al piso.
¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! Caras pálidas, corridas, gritos. La policía persigue a los civiles por el campus universitario lanzando gases y gomas contra sus cuerpos. Con la ayuda de personal de Derechos Humanos, logran salir en grupos y, en la calle, los comandos antidisturbios atacan con chorros de agua y gases a los estudiantes que, corriendo con la mochila alzada, se protegen la cabeza. Ese miércoles 15 de septiembre
la Universidad de Antioquia conoció el pánico.
Por cuatro horas, una nube de humo de bromuro de bencilio se expandió unos 50 mil metros en el centro oriente de Medellín, desde el río Medellín hasta la Estación Hospital. El químico, que atrofia la respiración, corta la capacidad sensorial temporalmente, irrita la nariz, la boca y puede dejarte ciego, comenzó su recorrido antes de las cuatro de la tarde, cuando el primer grupo de comandos antidisturbios entró a la
Universidad.
¡Tun, tun, tun, tun! Retumban los pasos de sus botas negras, duras como sus protectores de pecho, testículos, piernas y cabeza. “No sabes lo que es ver un grupo de hombres armados avanzar lentamente, formados ordenadamente, en dirección a un mitin que estaba calmado”, dice pensativa Sara Fernández. Muchos lo supieron ese día.
Daniela, de la carrera de Bioingeniería, creyó que ese día encontraría la muerte. Los ojos de Hernán, verdes y grandes, se cierran por la fuerza del gas pimienta y, aturdido, también cae al suelo. En otra parte de patio, del lado del parqueadero, a Mildelia, defensora de Derechos Humanos, le corre sangre por la frente. No sabe qué la golpeó. Luquegi Gil, el Secretario General del Alma Máter, se esconde detrás de un carro.
Acaba de entrar el tercer grupo de escuadrones antimotines a la ciudadela universitaria. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Según declaró a De La Urbe, el Coronel Luis Eduardo Martínez Guzmán, comandante de la Policía Metropolitana: “La orden era ingresar para proteger la rectoría. Por eso entra el ESMAD”. El rector, Alberto Uribe, quien al principio dijo sentirse secuestrado, en la noche se retractó y fue a su casa a dormir.
“La Fuerza Pública entrará una y las veces que sea necesario a la Universidad de Antioquia porque ese no es un territorio de despeje”, dijo previo a los fuertes disturbios de ese miércoles, el gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, aludiendo a la crisis de seguridad del Alma Máter: micro tráfico de drogas, robos, muertes, violaciones y otras prácticas criminales tienen alarmada a la ciudad que, al mismo tiempo, vive una época de mafias, paramilitarismo, guerrilla y delincuencia.

Dos días antes

El lunes 13 de septiembre se estrena la Tarjeta de Identificación Personal (TIP). Funcionarios de la Universidad exhiben petos nuevos y limpios que informan que, desde hoy, no sirven para nada los tradicionales carnés. Invitan, amablemente, a visitar la Facultad de Medicina donde te toman la foto, los datos y te imprimen la tarjeta que además puede usarse para viajar en el Metro. En las afueras, se ven tanquetas blindadas y agentes antidisturbios; también policías con motos y revólveres, y Ejército. Nadie sin Tip podrá ingresar a las instalaciones, a menos que consiga un permiso especial. La asamblea de estudiantes, por meses, ha manifestado su desacuerdo.
El profesor Eufrasio Guzmán, Director del Instituto de Filosofía, se pone el peto y va a la portería. Son las 11 de la mañana. Un grupo de estudiantes recorre las entradas a la U a manera de mitin, por momentos violento, en señal de rechazo a la medida. El Departamento de Vigilancia le informa a Guzmán que están rompiendo y quemando material publicitario y arrebatando las nuevas tarjetas plásticas. La turba llega al costado oriental, portería del Ferrocarril.
A la Emisora Cultural Universidad de Antioquia, más tarde, Eufrasio le cuenta: “Estaba con el peto, que era emblemático para la campaña, y trataron de arrancármelo (…) Incrementaron su nivel de protestas, pasaron a los gestos intentando quitármelo, empujando, y un estudiante me lanzó una patada”. Camilo Durango, estudiante de Antropología, estaba presente y cuenta que el profesor señaló, también enérgicamente, que quienes rechazan la Tip apoyan el paramilitarismo dentro de la Universidad. Entonces, la patada. “En ese momento, otros estudiantes en tónica muy diferente se acercaron, me rodearon, me acompañaron, y disuadieron a los agresores para que no continuaran con el maltrato”, dice el docente.
Para la vigilante Gallo, una mujer joven, tierna y corpulenta, es el primer día de trabajo en la empresa privada de vigilancia Miro Seguridad que, contratada por 7 mil millones de pesos, vigila esta Universidad. Cuando ve que los estudiantes furiosos entran a su puesto y rompen un computador, se acuerda de sus hijas. Para no salir corriendo aterrorizada, piensa en la necesidad económica que pasaría si llega a perder el empleo. Algunos de sus compañeros sí que salen en fuga ahuyentados por los coros que los señalan de paramilitares, hijueputas, asesinos.

El día previo

Asamblea de estudiantes. Atardece. Bajo el cielo nublado, en la plaza Barrientos, Gabriel Bocanument Rollo -líder estudiantil por décadas- grita: “¡Compañeros, periodistas del canal Cosmovisión preguntan si pueden grabar”. Entre unos doscientos, la mayoría levanta la mano y gritan sí. La reunión continúa pero la U empieza a vaciarse. Nadie puede entrar. A un costado, en la portería de la calle Barranquilla, se forma un alboroto. Dos policías intentan entrar. Lo impide el Decano de la Facultad Nacional de Salud Pública, Álvaro Cardona. Fue enviado hasta allí como delegado de la administración para dialogar sobre la Tip.
“Luego de sesionar desde las dos de la tarde hasta las 5:50 pm, recibir el informe del profesor Álvaro Cardona, observar todavía la presencia de Esmad en las porterías, notar cómo el administrativo y Miro Seguridad mediante tintas especiales marcan a los que a conciencia no ingresan con TIP, observar algunos malintencionados tirando explosivos buscando la confrontación en la plaza Barrientos, la Asamblea Extraordinaria del 14 de septiembre define: “Reanudar la Asamblea Extraordinaria el día miércoles 15 de septiembre en el Teatro Popular Camilo Torres desde las 10:00 am”, se lee esa noche en el blog de los estudiantes.

Llegó el día

Las porterías continúan militarizadas. Unas 500 personas llegan hasta el Teatro Camilo Torres. Los líderes dan informes y comienzan las intervenciones. Por radio, los vigilantes se piden estar atentos. Al mediodía, un estudiante molesto, vestido de camisa verde, se toma el micrófono. Cuenta que el día anterior los vigilantes de Miro lo golpearon en la portería del Metro por negarse a mostrar la Tip. Pudo al fin entrar con defensores de derechos humanos de la Personería de Medellín y el colectivo Gustavo Marulanda.
Hoy, antes de llegar a la asamblea, pasó de nuevo por esa portería. “Niño mimado, ¿por qué no venís hoy con tus papás? ¡Malparidito! Aquí sos alguien pero espérate que te cojamos en la calle”, relata en el Teatro. Narra que lo agarran y le toman una foto. “¡Ya te tenemos reseñado, hijueputa!”, cuenta. La masa se altera. “Como nos están retratando, vamos a hacer lo mismo”, pide uno de los muchachos. Acuerdan que a las dos de la tarde saldrán en mitin por las porterías y terminarán con un plantón en el Bloque Administrativo. “No vamos a desalojar a nadie violentamente. Vamos a arengar para que nos escuchen”, dice otra voz y la mayoría asiente.
2:30 p. m. Cecilia Plested, profesora de la Escuela de Idiomas, escucha el mitin desde la carrera Carabobo, apura el paso, ve la puerta peatonal cerrada, pide permiso, los Esmad están adentro y ella, sorprendida pero clara, empieza a gritar a los estudiantes: “¡No se dejen provocar!, ¡no se dejen provocar!”. Llama a una jovencita para pedirle que, por favor, le diga al encapuchado que está bajo un árbol que se aleje del lugar. “¡Ustedes no saben lo que es una universidad militarizada! ¡No se dejen provocar!”, grita Cecilia meneando la cabeza y alborotándose el pelo.
Cecilia corre al Bloque 16, sube a la oficina del Rector, le cuenta lo que vio. “Tengo cinco minutos, cuéntame rápido”, le dice a la profesora que no para de gritar. Otros funcionarios llegan. Se forma una discusión. Martiniano Contreras, Vicerrector General, no se sorprende con la denuncia de la profesora. “Si a mí me preguntan si yo sabía que iba a entrar el Esmad ese día, yo digo: ‘Yo suponía que iba a entrar el Esmad después de lo que estaba pasando, de lo que dijo el Gobernador’ ”, explica un mes después a De La Urbe.
3:10 p. m. Un coro se acerca al Cristo Redentor. “¿Y dónde está? ¿Y dónde está? Alberto Uribe, ¿dónde está?”, cantan y saltan los estudiantes. No hay encapuchados ni gente armada visiblemente. El Rector cancela su cita. No sale del bloque. La multitud llegó hasta el patio y la profesora Cecilia se asoma. Les pide calma, que vayan al Teatro Camilo Torres para dialogar.
Le responden con chiflas. La creen vocera de la administración y ella, aireada, pide respeto, además de que no pisen las matas. “¡No pisen las maaaaaaaaatas!”, grita, grita y grita.
Ricardo Toro, de la Unidad de Derechos Humanos de la Personería, tiene un radio en la mano que levanta una y otra vez, ansioso. Está parado junto a la entrada del Bloque Administrativo comunicándose con Jesús Sánchez, quien está en la portería del Ferrocarril. “¿Cómo está la situación allá adentro?, ¿es cierto que hay un secuestro de los directivos?”, le pregunta Jesús a Ricardo.
“A lo sumo, Ricardo manifiesta que no es cierto, que eso es una medida de seguridad (las puertas cerradas), que custodia el Administrativo cuando se presentan este tipo de sucesos”, relata Jesús. “Entonces, el Mayor Hernández, al mando de la policía en ese momento, nos escucha la comunicación y nos dice: ‘Bueno, yo estoy tranquilo entonces’.
Cuando de un momento a otro, ingresamos a la Universidad verificando cómo se encontraba la situación y nos encontramos con que a nuestras espaldas entran uno o dos escuadrones del Esmad -por ahí de 20 a 30 hombres- sin mediar palabra, haciendo sus disparos de gases lacrimógenos y de granadas aturdidoras”, declara Jesús Sánchez.
-¿Qué pasó, Mayor? ¿Por qué ingresan los ESMAD si hace cinco minutos usted y nosotros estábamos escuchando la comunicación de que esto era una protesta, pero pacífica?- increpa Jesús al policía.
El comandante de los antimotines dice que está recibiendo órdenes.
-¿Y que quién le da esas órdenes?
-La dan el Gobernador de Antioquia y el Rector de la Universidad. Que cuando a él le cambien esa orden esas dos personas, él retira sus hombres de allá”, recuerda el Coordinador Administrativo de la Unidad de DDHH de la Personería de Medellín.
Marco y Sara, de la Asociación de Profesores, caminan en dirección a la salida de Ferrocarril. Ven la reunión en los bajos del Bloque 16 y solo los sorprende lo numerosa que es. “Un mitin normal, con arengas, organizados, pidiendo la palabra”, recuerda Sara. En la acera del bloque 18, de frente a la portería y de espaldas al 16, se detienen. “Veo a los de Miro abriendo las puertas a un grupo numeroso del ESMAD. En la malla están los de Personería alzando las manos. ¡No, no, no! ¡No entren, no entren! Les piden y pido yo”. ¡Booom! Explota una granada de gas lanzado por los policías desde el parqueadero.
El escuadrón avanza hasta el costado oriental del bloque. Daniela y todos corren. Junto a la fuente del Hombre creador de energía, la pequeña se derrumba, entra en shock, no puede parar de llorar. “Llamo a mi casa y me despido de todos”, cuenta. A unos pocos metros, por la Biblioteca, Julián Henao, estudiante de Derecho regresa al Bloque 16. Quiere saber si alguien está herido, averiguar qué pasó. Un centenar, como él, regresa asustado y enojado.
Sara y Marco se apuran a mediar. Líderes de oficinas estudiantiles, que andaban reunidos en el bloque 9 paralelo a la Asamblea, llegan al lugar para lo mismo. Nadie, entre los representantes profesorales y estudiantes, quiere el tropel. Todos hablan con todos y llaman por celular, buscan soluciones. Llegan los periodistas y las cámaras de tv. Casi la mitad de la unidad de Derechos Humanos de esta ciudad se concentra a esta hora en la Universidad de Antioquia. También hay funcionarios de la Defensoría del Pueblo y, según el Rector, gente armada entre la multitud.
Arriba, en las oficinas, la gente ruega por sus vidas. Rocío se aferra a un rosario. Está escondida en la oficina de Presupuesto. Los insultos que se escuchan abajo y el intento de estudiantes de llegar -con una escalera y una mesa- hasta el segundo piso, le disparan los nervios. Ella, Auxiliar de Presupuesto, imagina que se está repitiendo la toma del Palacio de Justicia, cuando el Ejército ingresó al edificio público tomado por guerrilleros asesinando y desapareciendo civiles. “Si alguna cosa me pasa, demanden la Universidad. ¡Para qué nos encierran aquí!”, dice enojada y triste a sus familiares por teléfono.
Algunos se esconden en los baños, otros, como Eufrasio Guzmán observan desde adentro; el Secretario General, Luquegi Gil, es enviado a dialogar. La propuesta es que los estudiantes vayan al Teatro Universitario y, en otras condiciones, continúen la asamblea. El comandante del operativo, otro vestido de negro al estilo RoboCop, acepta dialogar con los profesores. “Yo recibo órdenes”, les dice a Marco Antonio Vélez, Presidente de la Asociación de Profesores, y a Sara Fernández, Vicepresidenta. “Que baje el Rector para ver que está bien, que salga o me den una orden”. Marco saca el celular, marca el número de Alberto Uribe, como lo hizo cuando vio entrar el primer grupo. Policía y Rector hablan pocos minutos. El Policía cuelga, le devuelve el celular al profesor. “No tengo órdenes de retirarme”, explica y regresa al frente de su escuadrón.
El Rector, según cuenta, llama al Gobernador y le informan que éste se encuentra en Bogotá. “Lo que me decía el Secretario de Gobierno, para acabar de ajustar, era que la orden del Coronel era que ni yo ni los demás funcionarios nos fuéramos a mover hasta que él personalmente viniera por mí, porque no me garantizaban nada ante la información que tenían. Yo no pregunté qué información había, guardé mucha calma. María Eugenia (su secretaria) entraba, los Vicerrectores entraban, pero yo decía: ‘Guardemos la calma, que lo peor que nos puede pasar es que la perdamos’ ”, explica.
Mientras tanto, Cecilia orienta la cadena humana para proteger la salida de los funcionarios administrativos que, por decisión del gobierno de la Universidad, quedaron encerrados en el edificio. Desde el segundo piso, agarra la mano de Rocío, quien hasta ahora respira y siente la esperanza de salir sana. “¡Despacio, no corran, por favor, no corran!”, les pide la profesora de la Escuela de Idiomas a los empleados que, poco a poco, terminan de salir. Quedan pocos adentro, sólo los que quisieron, y abajo están, cara a cara, los estudiantes que le cantan a los Esmad: ‘¿Qué se necesita para ser un policía? Ser un hijueputa de noche y de día’.
4:00 p. m. Ya el paisaje es de hombres de negro, escudos marcados con Policía en letra blanca, y estudiantes con palos y piedras en la mano. Ingresa un tercer escuadrón por la portería del Ferrocarril. Desde los bloques de Ingeniería y entre los carros, la gente silba. ¡Fueraaaaaaaaaaaa!, piden a gritos. ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! Hernán Pineda, quien estaba en el Laboratorio de Electrónica cuando oyó la primera explosión, ahora se codea con un agente del Esmad que, sin saber por qué, le exprime un gas pimienta de frente a la cara, por un ladito del escudo que tiene frente al pecho y con el que lo empujó y lo tumbó al piso. ¡Jueputa! ¡Corramos!, se escucha.
La Universidad hierve. Policías se pasean por el campus intentando allanar salones, empujando estudiantes, disparando gases, retirando la gente y, al mismo tiempo, bloqueando las salidas. Los vigilantes de Miro, desde la portería del Río, salen corriendo. Dan la vuelta a la Universidad y desde el Bar de Ciro, a dos cuadras, David Roldán los ve correr juntos y quitarse el uniforme. En el Parque E, donde también hay vigilancia de Miro, pudieron entrar y cambiarse la ropa. En Barraquilla, Julián Henao ve como un policía vestido de verde dispara un revólver para ahuyentar una turba que golpea a dos agentes del ESMAD. Nuevamente, todos corren. Al salir del campus, las tanquetas siguen a los estudiantes con chorros y más gases. Los vecinos sacan bolsas de leche y vinagre para que los que respiraron gases lacrimógenos se recuperen.
En el Parque de los Deseos, los niños están espantados, también se asfixian y lloran por los gases que allá mismo están lanzando los policías. La Estación Hospital del Metro es cerrada por quince minutos, casi anocheciendo, porque las agresiones del Esmad se extienden hasta acá. Frente a Policlínica, uno de ellos lleva un muchacho agarrado por la camisa. Aunque no pueden detener, esa noche 8 estudiantes resultaron en estaciones de policía; siete fueron los heridos que recibieron atención médica -Esteban el más grave con coágulos de sangre y un tumor en la cabeza-; y cero secuestrados.
8:00 p. m. Apenas una decena de personas queda en la Universidad. Sara, Cecilia, Camilo, Santiago, Ricardo y otros conforman una comisión verificadora. Con megáfono, Sara, morena,
alta, pesada, de rasgos bruscos y voz delicada, informa que la Fuerza Pública ya no está en el
campus, que pueden salir, que si alguien necesita ayuda salga ahora. Encuentran profesores en oficinas con cerrojo, estudiantes en los rincones de pasillos de los pisos altos de los bloques de Biología y Matemáticas.
El Rector, un par de horas antes, salió por la puerta que tiene acceso al río. A unos 100 metros
de la puerta, dentro de la Universidad, funciona el expendio de cocaína, marihuana, heroína y licores, según algunos, más movido de Medellín. Esa zona deportiva, El Aeropuerto, se salvó de los gases lacrimógenos. No hay noticia de jíbaros heridos o detenidos. Pero sí versiones de que, a pesar de la vigencia de la Tip, estaban ahí con un tendal de sustancias ilegales mientras la policía reprimía la protesta estudiantil.

*Con investigación de los egresados y estudiantes del programa
de Periodismo: Javier Bergaño, Daniela Gómez,
María Flórez, Jorge Caraballo, Róbinson Úsuga y Andrea
Aldana.

Por: Katalina Vásquez Guzmán
Tomado de: delaurbedigital.udea.edu.co

martes, 2 de noviembre de 2010

The Coca-Cola Case


Dos abogados y activistas de los derechos laborales ', Daniel Kovalik del Sindicato de Trabajadores del Acero de América y Terry Collingsworth del Organismo Internacional de Defensores de los Derechos, y el socio de Ray Rogers, de la Campaña Corporativa firmemente convencidos de que las corporaciones multinacionales EE.UU. deben rendir cuentas por las prácticas de miserable de sus socios comerciales en todo el mundo. Para llevar su batalla, recurren a una ley que data del origen de la Constitución de Estados Unidos - The Alien Tort Claims Act "- que permite a los extranjeros a presentar una demanda en los EE.UU. contra los estadounidenses que violan las leyes internacionales. La película cuenta la historia de su lucha contra uno de los iconos estelares de Estados Unidos: la empresa Coca-Cola.


Los cineastas hacen un seguimiento al trabajo de los abogados Daniel Kovalik y Terry Collingsworth, y del militante Ray Rogers, director de la Campaña Stop Killer-Coke, quienes levantan un acta de acusaciones contra el imperio de Coca-Cola por los delitos de secuestro, tortura y asesinato de dirigentes sindicales que luchan por el mejoramiento de las condiciones de trabajo en países como Colombia, Guatemala y Turquía. Con ello, los abogados buscan obligar al gigante norteamericano de la industria de bebidas gaseosas a responder por sus actos en una lucha jurídica por los derechos humanos.
























Por: The Coca-Cola Case - Sinaltrainal - Killer Coke

lunes, 1 de noviembre de 2010

Brad Will: Una Noche Más En Las Barricadas


Brad Will: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!

Brad engrosa la lista de víctimas del terrorismo de estado que se practica impunemente en México amparado bajo la Iniciativa Mérida

El 27 de octubre de 2006 las fuerzas represivas del gobernador Ulises Ruiz asesinaron a Brad Will,documentalista independiente de Indymedia N.Y, mientras cubría un enfrentamiento desatado por elementos policiales y para policiales contra manifestantes en las barricadas del municipio de Santa Lucía del Camino en el Estado de Oaxaca,México.

Hace cuatro años que su muerte continúa impune ,mientras los responsables, a quienes se le
conoce sus rostros y sus nombres, siguen libres mientras desde el poder se encarcela chivos expiatorios como sucedió con Juan Martínez Moreno,quien estuvo detenido mas de un año acusado injustamente de tal crimen.

Lamentablemente Brad engrosa la lista de víctimas del terrorismo de estado que se practica impunemente en México amparado bajo la Iniciativa Mérida cuyo objetivo es aniquilar todas las manifestaciones de resistencia,que de una u otra forma, atenten contra los intereses políticos y económicos de una clase que opera desde la total impunidad.

Por eso una vez más denunciamos y exigimos :

¡Justicia y castigo a los asesinos de Brad!
¡Basta de criminalización y represión en Oaxaca!
¡Basta de impunidad en México!
¡Alto a la Iniciativa Mérida!



Contraimpunidad
no nos rendimos, no nos callamos, no l@s olvidamos


Por: kaosenlared.net





Director: Miguel Manzaneda
País: Brasil/España
Fecha: 2007
Duración: 58 Minutos


Ver también en Archive.org o en Youku (mejor calidad).


La película está escrita y dirigida por Miguel de "Videohackers", amigo de Brad y miembro activo de indymedia, que presentará en persona su trabajo.

Sinopsis:
Rebelión popular en Oaxaca, Mexico, 2006.

Cuando los paramilitares le pegan un tiro de fusil a Brad Will, la cámara cae, pero sigue grabando. Esa cámara pasa de una mano a la otra, contándonos la historia de Brad.

El documental narra en primera persona, las interesantes reflexiones de su autor, ante la muerte de un amigo, de un compañero, de un miembro de indymedia…Reflexiones que inevitablemente giran entorno al trabajo y la lucha de estxs reporterxs anónimos y a ese movimiento de movimientos conocido como antiglobalización.

A través de los pensamientos del realizador, nos acercamos a la vida de Brad, a las luchas de unos okupas en Nueva York, a un piquete ecologista en Oregón, a la batalla de Seattle, a Praga, a Genova, a Quito, a Oaxaca…

Detrás de las cámaras están muchos amigos de Brad que como él, se dedican a mostrar lo que no veremos en la televisión.


Brad Will
- 1970 - 2006 -

miércoles, 27 de octubre de 2010

Jóvenes y barricadas

En Los Cachorros, la estupenda novela breve de Vargas Llosa, en la que experimenta con los narradores y los puntos de vista, se describe una generación mediocre, sin aspiraciones políticas de cambio.

Sólo objetos de consumo, de jóvenes de la pequeña burguesía que buscan pasar la vida sin alteraciones ni preguntas existenciales. Y así van envejeciendo, sin haber cuestionado el mundo y haber permanecido en la imitación de prototipos norteamericanos como James Dean.

Ser joven, como protagonista de la historia, como ser reflexivo y vanguardista, comenzó a ser relevante en la década de los sesenta. Es en ese período cuando las juventudes asumen papeles clave en la sociedad, a la que leen de otras maneras y cuestionan en su estructura. Las protestas de los muchachos norteamericanos contra la guerra de Vietnam, el papel de los universitarios en procesos como el Cordobazo, en Argentina, las expresiones musicales de opinión que se manifiestan en América del Sur, en fin, van constituyendo un catálogo sobre la conformación del joven como ser pensante, indispensable en los cambios sociales.

Claro que entonces no se da un movimiento uniforme. Menos mal, dirán algunos. Hay de todo, como aquellos que se dejan crecer el pelo, no se bañan, se dejan engrupir por asuntos como el “hippismo”, al que consideran como una protesta contra lo establecido. Otros, se dedican a espantar beatas y asustar feligreses, y creen así que están cumpliendo una misión histórica. Sin embargo, va a ser en el mayo francés cuando irrumpen las juventudes con nuevos ideales y utopías, en una mezcla rara de anarquismo y socialismo. Es el activismo social, aunado, por ejemplo, a las luchas obreras y de otros estamentos de la sociedad.

Esos muchachos del 68 dejaron la idea colectiva de una insurrección. De la poesía en las calles, de la sangre nueva circulando por el asfalto, con un pálpito tenaz de que todo sería diferente. Suele pasar que, como en la novela de Lampedusa, las cosas cambian para seguir iguales. O peores. Sin embargo, ahí estaba la muchachada con sus propuestas imposibles, con sus gritos recientes. Con la piedra y el libro. Con la pregunta.

Y estas apreciaciones rápidas tal vez ahora tengan un sentido con lo que está ocurriendo en Francia, en donde la juventud se moviliza con orgullo al lado de los obreros en contra de las reformas a las pensiones. Dicen allá que “si el capitalismo nos va a quebrar la espalda, al menos no se la pongamos fácil”, y entonces vuelven a llenarse las calles con la protesta. Una suerte de renacer de aquel mayo lejano.

Aquí, en Colombia, tal vez faltó ese ingrediente intrépido cuando el neoliberalismo criollo la emprendió contra los trabajadores, cuando privatizó la salud, cuando convirtió el derecho a la salud en un negocio para el capital financiero, cuando aumentó la edad de jubilación, y cuando ha realizado tantas reformas adversas a los intereses populares. No ha habido las grandes movilizaciones obreras y estudiantiles. Hasta en eso somos subdesarrollados.

Tal vez aquí nos ha faltado el sentido poético de la barricada, ese mismo que Víctor Hugo describe en Los Miserables, o la barricada como parte de nuestra educación sentimental, a lo Flaubert. Ahora, los jóvenes en Francia, retomando una tradición, se unen a los trabajadores en las huelgas generales contra Sarkozy y lo que él representa. El capitalismo siempre trata de salir de sus crisis convirtiendo al trabajador en chivo expiatorio. Eso es lo que quiere Sarkozy: solucionar la crisis a costillas de los asalariados.

Para algunos, aquel mayo del 68 fue menos un alzamiento social que un acto poético. Allí estuvieron “aprendices de Rimbaud”, sólo por establecer la noción sin tiempo de la rebelión, del ser joven ahora, con canción y barricada. Y eso era suficiente.
A diferencia de los Pichula Cuéllar, los Chingolo y los Choto (y de los rebeldes sin causa), hubo otros jóvenes que vieron en la toma de calles y en los anuncios de conquistar lo imposible, una expresión de la vida breve, como la de una muchacha que en medio de la turba alza la bandera de la libertad.


Por: Reinaldo Spitaletta
Tomado de: elespectador.com

Denuncia Pública: Señalamientos y estigmaticación de integrantes del MOVICE

El Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado expresa su profunda preocupación frente al incremento en los últimos meses de los señalamientos y la estigmatización de la labor de integrantes del MOVICE por parte de organizaciones supuestamente no-gubernamentales como UnoAmerica, la Asociación de Víctimas Civiles de la Guerrilla Colombiana y la Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia y algunos periodistas como Fernando Londoño y José Obdulio Gaviria; a través de plantones, grafitis, páginas web, artículos de opinión y comunicados públicos.

Las detenciones de los integrantes del MOVICE Carmelo Agámez Berrio y David Ravelo Crespo, como también el montaje judicial en contra de las organizaciones defensores de derechos humanos en la ciudad de Medellín muestran como el desprestigio y los señalamientos en muchos casos son un primer paso hacia los montajes judiciales y las detenciones arbitrarias.

Hechos
En octubre de 2010 el MOVICE fue informado sobre la existencia de un periódico virtual “B1” que estaba colgado en la página web de la Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia, del que es presidente el ex-asesor presidencial José Obdulio Gaviria. En el periódico aparecen varios testimonios y fotografías del montaje judicial que tiene su génesis en la Fiscalía 74 Seccional Delegada ante el DAS y la RIME y en el que más de 20 organizaciones de derechos humanos, sindicatos y organizaciones estudiantiles que hacen trabajo en Antioquia son señalados de pertenecer al PC3 (Partido Comunista Clandestino). En este proceso la prueba testimonial incriminatoria que se acreditó era falaz y estaba estructurada por los organismos de seguridad del Estado que, valiéndose de guerrilleros conversos interesados en acceder a dádivas jurídicas y económicas, se prestaron a verter declaraciones en contra de defensores de derechos humanos y dirigentes sociales, en el propósito perverso de vincularlos a organizaciones insurgentes.

En el periódico B1, se hace un claro señalamiento a integrantes del MOVICE como Winston Gallego Pamplona de la Fundación Sumapaz, Elkin Jesús Ramirez de la Corporación Juridica Libertad y el integrante del Comité de Impulso y Secretario General del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, Diego Martinez quienes aparecen en diferentes fotos. En el mismo periódico se hacen señalamientos contra el Partido Comunista Colombiano (PCC) y la Juventud Comunista (JUCO), ambos miembros del Comité de Impulso del MOVICE, la comunidad de Paz de San José de Apartadó, Gloria Cuartas, integrantes de CJL, el Padre Javier Giraldo y el profesor Miguel Angel Beltran.

Antecedentes
- La Organización UnoAmerica desde su creación ha señalado de forma sistemática y en reiteradas oportunidades a las organizaciones defensores de derechos humanos, varios de ellos integrantes del MOVICE de pertenecer a las FARC-EP y/o ELN. El 11 de octubre de 2010 UnoAmerica publicó un articulo en que acusa al Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, CJL y el Instituto Popular de Capacitación (IPC) de difundir falsas denuncias en relación al Oriente Antioqueño.
- En las operaciones del DAS, como “Transmilenio”, “Arauca”, “Intercambio” y “Europa” se subraya la necesidad de deslegitimar la labor de defensores de derechos humanos a través de montajes judiciales, la creación de páginas web y comunicados públicos.

Exigimos
- A la Fiscalía que investigue como elementos probatorios de una investigación pueden ser utilizados por terceros para señalar y amenazar a las personas investigadas en la misma. Y a la vez, que garantice el debido proceso de la investigación y la presunción de inocencia.

- Que el Estado Colombiano brinde las medidas de protección necesarias para proteger la vida y la integridad física de las personas vinculadas al proceso 686, adelantado por la Fiscal 74, seccional destacada ante el CTI.

MOVIMIENTO NACIONAL DE VÍCTIMAS DE CRÍMENES DE ESTADO
26 de Octubre de 2010


Tomado de: movimientodevictimas.org