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viernes, 12 de noviembre de 2010

Estudiantes expulsan al Esmad de la U de A


Para las 10 de la mañana del jueves la Rectoría, el Comité Rectoral, el Consejo Académico y la organización “Universitarios por la casa de todos” citaron a los estudiantes para un acto simbólico en rechazo a los “actos violentos” cometidos por un grupo de encapuchados el pasado nueve de noviembre, pues éstos se subieron hasta el techo de la edificación a tumbar una cámara de seguridad instalada durante el cierre de la Universidad entre el 15 de septiembre y el 11 de octubre.

Centenares de estudiantes se encontraban rodeando la Biblioteca prestos a participar de la manifestación, incluso entre pétalos de flores que querían dar cuenta de la voluntad pacífica de la misma. Pero a las 10 y media sonó una explosión que alertó a los escuadrones del Esmad, que desde el primer día del cierre vigilan todas las entradas al campus universitario.

Esto provocó que cerca de 15 hombres de este ejército entraran a la Universidad por la portería de Barranquilla y otros 15 por la de Ferrocarril, formándose en torno a los estudiantes. A la vez se escuchó por los micrófonos instalados para el acto simbólico a la Decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Luz Stella Correa, advirtiendo que en el Bloque uno se encontraban unos estudiantes retenidos.

“Cuando llegaron vieron a unos estudiantes que no estaban encapuchados con papas bombas. Los directivos intercedieron para que dejaran ir a los retenidos” afirmó una de las empleadas de aseo del Bloque nueve, mientras advertía a sus compañeras del bloque uno y siete para que estuvieran atentas ante cualquier anormalidad.

"En una conferencia nos dijeron que si entraba la Policía nos fuéramos, porque ellos entraban y no distinguían a nadie", concluyó.

Por su parte el Esmad, tras su ingreso y unos minutos de espera en los que se vio al personal de la Personería tratar de dialogar con su comandante, desfiló por la cadena de corredores paralela a la Plazoleta Barrientos, para luego atravesar todo el conglomerado de estudiantes que se encontraba en las afueras de la de la Biblioteca Central. Luego llegaron hasta la entrada del Teatro Camilo Torres, lo que provocó rechazos mucho más airados de los estudiantes.

Su desfile regresó por el mismo sendero, mientras centeneras de estudiantes los perseguían para cuidar cuál sería su ruta y ahuyentarlos de la Universidad: "¡En Colombia el que no estudie es Policía Nacional!, ¡Fuera, queremos estudiar!" decía el contraflujo de personas que presionaban a los hombres del Esmad para que abandonaran las instalaciones. En los márgenes se encontraban otros estudiantes gritando arengas: "¡váyanse de la U! ¡Cerrémosle las entradas, no los dejemos pasar!"

La actitud de los policías era impasible. No estaba claro cuál era su objetivo. Lo cierto es que su ruta pasó por lugares estratégicos de la Universidad, lo que alteraba aún más a los estudiantes y los profesores. Los gritos continuaban mientras las tanquetas daban vueltas en círculo alrededor del campus sin emprender ninguna acción.

Finalmente la Policía se retiró, y regresó a sus puestos de vigilancia en las porterías. Los estudiantes permanecieron reunidos en algunos círculos de discusión.


[+ Fotografias en: delaurbedigital]


Por: Redacción De la Urbe
Tomado de: delaurbedigital.udea.edu.co




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jueves, 4 de noviembre de 2010

Entre nubes de gases - Reconstrucción de los hechos del 15 de septiembre en la Universidad de Antioquia


Asamblea en el Camilo, mitin en el 16. Corre por aquí, arenga por allá.
Policías de negro acorazado, estudiantes y docentes desconcertados, miedo
en la Administración… aquí la reconstrucción de lo sucedido el miércoles
15 de septiembre, un día que está marcando un antes y un después de
incertidumbres en la Universidad de Antioquia


Un instante antes del impacto, Esteban lo vio venir con el ojo izquierdo. En el patio del bloque 16, bajo un Cristo Redentor y en medio de una multitud de manifestantes y decenas de policías, el muchacho vio llegar volando la granada con gas que lo rompió arriba de sus cejas. Cayó al piso.
¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! Caras pálidas, corridas, gritos. La policía persigue a los civiles por el campus universitario lanzando gases y gomas contra sus cuerpos. Con la ayuda de personal de Derechos Humanos, logran salir en grupos y, en la calle, los comandos antidisturbios atacan con chorros de agua y gases a los estudiantes que, corriendo con la mochila alzada, se protegen la cabeza. Ese miércoles 15 de septiembre
la Universidad de Antioquia conoció el pánico.
Por cuatro horas, una nube de humo de bromuro de bencilio se expandió unos 50 mil metros en el centro oriente de Medellín, desde el río Medellín hasta la Estación Hospital. El químico, que atrofia la respiración, corta la capacidad sensorial temporalmente, irrita la nariz, la boca y puede dejarte ciego, comenzó su recorrido antes de las cuatro de la tarde, cuando el primer grupo de comandos antidisturbios entró a la
Universidad.
¡Tun, tun, tun, tun! Retumban los pasos de sus botas negras, duras como sus protectores de pecho, testículos, piernas y cabeza. “No sabes lo que es ver un grupo de hombres armados avanzar lentamente, formados ordenadamente, en dirección a un mitin que estaba calmado”, dice pensativa Sara Fernández. Muchos lo supieron ese día.
Daniela, de la carrera de Bioingeniería, creyó que ese día encontraría la muerte. Los ojos de Hernán, verdes y grandes, se cierran por la fuerza del gas pimienta y, aturdido, también cae al suelo. En otra parte de patio, del lado del parqueadero, a Mildelia, defensora de Derechos Humanos, le corre sangre por la frente. No sabe qué la golpeó. Luquegi Gil, el Secretario General del Alma Máter, se esconde detrás de un carro.
Acaba de entrar el tercer grupo de escuadrones antimotines a la ciudadela universitaria. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Según declaró a De La Urbe, el Coronel Luis Eduardo Martínez Guzmán, comandante de la Policía Metropolitana: “La orden era ingresar para proteger la rectoría. Por eso entra el ESMAD”. El rector, Alberto Uribe, quien al principio dijo sentirse secuestrado, en la noche se retractó y fue a su casa a dormir.
“La Fuerza Pública entrará una y las veces que sea necesario a la Universidad de Antioquia porque ese no es un territorio de despeje”, dijo previo a los fuertes disturbios de ese miércoles, el gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, aludiendo a la crisis de seguridad del Alma Máter: micro tráfico de drogas, robos, muertes, violaciones y otras prácticas criminales tienen alarmada a la ciudad que, al mismo tiempo, vive una época de mafias, paramilitarismo, guerrilla y delincuencia.

Dos días antes

El lunes 13 de septiembre se estrena la Tarjeta de Identificación Personal (TIP). Funcionarios de la Universidad exhiben petos nuevos y limpios que informan que, desde hoy, no sirven para nada los tradicionales carnés. Invitan, amablemente, a visitar la Facultad de Medicina donde te toman la foto, los datos y te imprimen la tarjeta que además puede usarse para viajar en el Metro. En las afueras, se ven tanquetas blindadas y agentes antidisturbios; también policías con motos y revólveres, y Ejército. Nadie sin Tip podrá ingresar a las instalaciones, a menos que consiga un permiso especial. La asamblea de estudiantes, por meses, ha manifestado su desacuerdo.
El profesor Eufrasio Guzmán, Director del Instituto de Filosofía, se pone el peto y va a la portería. Son las 11 de la mañana. Un grupo de estudiantes recorre las entradas a la U a manera de mitin, por momentos violento, en señal de rechazo a la medida. El Departamento de Vigilancia le informa a Guzmán que están rompiendo y quemando material publicitario y arrebatando las nuevas tarjetas plásticas. La turba llega al costado oriental, portería del Ferrocarril.
A la Emisora Cultural Universidad de Antioquia, más tarde, Eufrasio le cuenta: “Estaba con el peto, que era emblemático para la campaña, y trataron de arrancármelo (…) Incrementaron su nivel de protestas, pasaron a los gestos intentando quitármelo, empujando, y un estudiante me lanzó una patada”. Camilo Durango, estudiante de Antropología, estaba presente y cuenta que el profesor señaló, también enérgicamente, que quienes rechazan la Tip apoyan el paramilitarismo dentro de la Universidad. Entonces, la patada. “En ese momento, otros estudiantes en tónica muy diferente se acercaron, me rodearon, me acompañaron, y disuadieron a los agresores para que no continuaran con el maltrato”, dice el docente.
Para la vigilante Gallo, una mujer joven, tierna y corpulenta, es el primer día de trabajo en la empresa privada de vigilancia Miro Seguridad que, contratada por 7 mil millones de pesos, vigila esta Universidad. Cuando ve que los estudiantes furiosos entran a su puesto y rompen un computador, se acuerda de sus hijas. Para no salir corriendo aterrorizada, piensa en la necesidad económica que pasaría si llega a perder el empleo. Algunos de sus compañeros sí que salen en fuga ahuyentados por los coros que los señalan de paramilitares, hijueputas, asesinos.

El día previo

Asamblea de estudiantes. Atardece. Bajo el cielo nublado, en la plaza Barrientos, Gabriel Bocanument Rollo -líder estudiantil por décadas- grita: “¡Compañeros, periodistas del canal Cosmovisión preguntan si pueden grabar”. Entre unos doscientos, la mayoría levanta la mano y gritan sí. La reunión continúa pero la U empieza a vaciarse. Nadie puede entrar. A un costado, en la portería de la calle Barranquilla, se forma un alboroto. Dos policías intentan entrar. Lo impide el Decano de la Facultad Nacional de Salud Pública, Álvaro Cardona. Fue enviado hasta allí como delegado de la administración para dialogar sobre la Tip.
“Luego de sesionar desde las dos de la tarde hasta las 5:50 pm, recibir el informe del profesor Álvaro Cardona, observar todavía la presencia de Esmad en las porterías, notar cómo el administrativo y Miro Seguridad mediante tintas especiales marcan a los que a conciencia no ingresan con TIP, observar algunos malintencionados tirando explosivos buscando la confrontación en la plaza Barrientos, la Asamblea Extraordinaria del 14 de septiembre define: “Reanudar la Asamblea Extraordinaria el día miércoles 15 de septiembre en el Teatro Popular Camilo Torres desde las 10:00 am”, se lee esa noche en el blog de los estudiantes.

Llegó el día

Las porterías continúan militarizadas. Unas 500 personas llegan hasta el Teatro Camilo Torres. Los líderes dan informes y comienzan las intervenciones. Por radio, los vigilantes se piden estar atentos. Al mediodía, un estudiante molesto, vestido de camisa verde, se toma el micrófono. Cuenta que el día anterior los vigilantes de Miro lo golpearon en la portería del Metro por negarse a mostrar la Tip. Pudo al fin entrar con defensores de derechos humanos de la Personería de Medellín y el colectivo Gustavo Marulanda.
Hoy, antes de llegar a la asamblea, pasó de nuevo por esa portería. “Niño mimado, ¿por qué no venís hoy con tus papás? ¡Malparidito! Aquí sos alguien pero espérate que te cojamos en la calle”, relata en el Teatro. Narra que lo agarran y le toman una foto. “¡Ya te tenemos reseñado, hijueputa!”, cuenta. La masa se altera. “Como nos están retratando, vamos a hacer lo mismo”, pide uno de los muchachos. Acuerdan que a las dos de la tarde saldrán en mitin por las porterías y terminarán con un plantón en el Bloque Administrativo. “No vamos a desalojar a nadie violentamente. Vamos a arengar para que nos escuchen”, dice otra voz y la mayoría asiente.
2:30 p. m. Cecilia Plested, profesora de la Escuela de Idiomas, escucha el mitin desde la carrera Carabobo, apura el paso, ve la puerta peatonal cerrada, pide permiso, los Esmad están adentro y ella, sorprendida pero clara, empieza a gritar a los estudiantes: “¡No se dejen provocar!, ¡no se dejen provocar!”. Llama a una jovencita para pedirle que, por favor, le diga al encapuchado que está bajo un árbol que se aleje del lugar. “¡Ustedes no saben lo que es una universidad militarizada! ¡No se dejen provocar!”, grita Cecilia meneando la cabeza y alborotándose el pelo.
Cecilia corre al Bloque 16, sube a la oficina del Rector, le cuenta lo que vio. “Tengo cinco minutos, cuéntame rápido”, le dice a la profesora que no para de gritar. Otros funcionarios llegan. Se forma una discusión. Martiniano Contreras, Vicerrector General, no se sorprende con la denuncia de la profesora. “Si a mí me preguntan si yo sabía que iba a entrar el Esmad ese día, yo digo: ‘Yo suponía que iba a entrar el Esmad después de lo que estaba pasando, de lo que dijo el Gobernador’ ”, explica un mes después a De La Urbe.
3:10 p. m. Un coro se acerca al Cristo Redentor. “¿Y dónde está? ¿Y dónde está? Alberto Uribe, ¿dónde está?”, cantan y saltan los estudiantes. No hay encapuchados ni gente armada visiblemente. El Rector cancela su cita. No sale del bloque. La multitud llegó hasta el patio y la profesora Cecilia se asoma. Les pide calma, que vayan al Teatro Camilo Torres para dialogar.
Le responden con chiflas. La creen vocera de la administración y ella, aireada, pide respeto, además de que no pisen las matas. “¡No pisen las maaaaaaaaatas!”, grita, grita y grita.
Ricardo Toro, de la Unidad de Derechos Humanos de la Personería, tiene un radio en la mano que levanta una y otra vez, ansioso. Está parado junto a la entrada del Bloque Administrativo comunicándose con Jesús Sánchez, quien está en la portería del Ferrocarril. “¿Cómo está la situación allá adentro?, ¿es cierto que hay un secuestro de los directivos?”, le pregunta Jesús a Ricardo.
“A lo sumo, Ricardo manifiesta que no es cierto, que eso es una medida de seguridad (las puertas cerradas), que custodia el Administrativo cuando se presentan este tipo de sucesos”, relata Jesús. “Entonces, el Mayor Hernández, al mando de la policía en ese momento, nos escucha la comunicación y nos dice: ‘Bueno, yo estoy tranquilo entonces’.
Cuando de un momento a otro, ingresamos a la Universidad verificando cómo se encontraba la situación y nos encontramos con que a nuestras espaldas entran uno o dos escuadrones del Esmad -por ahí de 20 a 30 hombres- sin mediar palabra, haciendo sus disparos de gases lacrimógenos y de granadas aturdidoras”, declara Jesús Sánchez.
-¿Qué pasó, Mayor? ¿Por qué ingresan los ESMAD si hace cinco minutos usted y nosotros estábamos escuchando la comunicación de que esto era una protesta, pero pacífica?- increpa Jesús al policía.
El comandante de los antimotines dice que está recibiendo órdenes.
-¿Y que quién le da esas órdenes?
-La dan el Gobernador de Antioquia y el Rector de la Universidad. Que cuando a él le cambien esa orden esas dos personas, él retira sus hombres de allá”, recuerda el Coordinador Administrativo de la Unidad de DDHH de la Personería de Medellín.
Marco y Sara, de la Asociación de Profesores, caminan en dirección a la salida de Ferrocarril. Ven la reunión en los bajos del Bloque 16 y solo los sorprende lo numerosa que es. “Un mitin normal, con arengas, organizados, pidiendo la palabra”, recuerda Sara. En la acera del bloque 18, de frente a la portería y de espaldas al 16, se detienen. “Veo a los de Miro abriendo las puertas a un grupo numeroso del ESMAD. En la malla están los de Personería alzando las manos. ¡No, no, no! ¡No entren, no entren! Les piden y pido yo”. ¡Booom! Explota una granada de gas lanzado por los policías desde el parqueadero.
El escuadrón avanza hasta el costado oriental del bloque. Daniela y todos corren. Junto a la fuente del Hombre creador de energía, la pequeña se derrumba, entra en shock, no puede parar de llorar. “Llamo a mi casa y me despido de todos”, cuenta. A unos pocos metros, por la Biblioteca, Julián Henao, estudiante de Derecho regresa al Bloque 16. Quiere saber si alguien está herido, averiguar qué pasó. Un centenar, como él, regresa asustado y enojado.
Sara y Marco se apuran a mediar. Líderes de oficinas estudiantiles, que andaban reunidos en el bloque 9 paralelo a la Asamblea, llegan al lugar para lo mismo. Nadie, entre los representantes profesorales y estudiantes, quiere el tropel. Todos hablan con todos y llaman por celular, buscan soluciones. Llegan los periodistas y las cámaras de tv. Casi la mitad de la unidad de Derechos Humanos de esta ciudad se concentra a esta hora en la Universidad de Antioquia. También hay funcionarios de la Defensoría del Pueblo y, según el Rector, gente armada entre la multitud.
Arriba, en las oficinas, la gente ruega por sus vidas. Rocío se aferra a un rosario. Está escondida en la oficina de Presupuesto. Los insultos que se escuchan abajo y el intento de estudiantes de llegar -con una escalera y una mesa- hasta el segundo piso, le disparan los nervios. Ella, Auxiliar de Presupuesto, imagina que se está repitiendo la toma del Palacio de Justicia, cuando el Ejército ingresó al edificio público tomado por guerrilleros asesinando y desapareciendo civiles. “Si alguna cosa me pasa, demanden la Universidad. ¡Para qué nos encierran aquí!”, dice enojada y triste a sus familiares por teléfono.
Algunos se esconden en los baños, otros, como Eufrasio Guzmán observan desde adentro; el Secretario General, Luquegi Gil, es enviado a dialogar. La propuesta es que los estudiantes vayan al Teatro Universitario y, en otras condiciones, continúen la asamblea. El comandante del operativo, otro vestido de negro al estilo RoboCop, acepta dialogar con los profesores. “Yo recibo órdenes”, les dice a Marco Antonio Vélez, Presidente de la Asociación de Profesores, y a Sara Fernández, Vicepresidenta. “Que baje el Rector para ver que está bien, que salga o me den una orden”. Marco saca el celular, marca el número de Alberto Uribe, como lo hizo cuando vio entrar el primer grupo. Policía y Rector hablan pocos minutos. El Policía cuelga, le devuelve el celular al profesor. “No tengo órdenes de retirarme”, explica y regresa al frente de su escuadrón.
El Rector, según cuenta, llama al Gobernador y le informan que éste se encuentra en Bogotá. “Lo que me decía el Secretario de Gobierno, para acabar de ajustar, era que la orden del Coronel era que ni yo ni los demás funcionarios nos fuéramos a mover hasta que él personalmente viniera por mí, porque no me garantizaban nada ante la información que tenían. Yo no pregunté qué información había, guardé mucha calma. María Eugenia (su secretaria) entraba, los Vicerrectores entraban, pero yo decía: ‘Guardemos la calma, que lo peor que nos puede pasar es que la perdamos’ ”, explica.
Mientras tanto, Cecilia orienta la cadena humana para proteger la salida de los funcionarios administrativos que, por decisión del gobierno de la Universidad, quedaron encerrados en el edificio. Desde el segundo piso, agarra la mano de Rocío, quien hasta ahora respira y siente la esperanza de salir sana. “¡Despacio, no corran, por favor, no corran!”, les pide la profesora de la Escuela de Idiomas a los empleados que, poco a poco, terminan de salir. Quedan pocos adentro, sólo los que quisieron, y abajo están, cara a cara, los estudiantes que le cantan a los Esmad: ‘¿Qué se necesita para ser un policía? Ser un hijueputa de noche y de día’.
4:00 p. m. Ya el paisaje es de hombres de negro, escudos marcados con Policía en letra blanca, y estudiantes con palos y piedras en la mano. Ingresa un tercer escuadrón por la portería del Ferrocarril. Desde los bloques de Ingeniería y entre los carros, la gente silba. ¡Fueraaaaaaaaaaaa!, piden a gritos. ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! ¡Taque! Hernán Pineda, quien estaba en el Laboratorio de Electrónica cuando oyó la primera explosión, ahora se codea con un agente del Esmad que, sin saber por qué, le exprime un gas pimienta de frente a la cara, por un ladito del escudo que tiene frente al pecho y con el que lo empujó y lo tumbó al piso. ¡Jueputa! ¡Corramos!, se escucha.
La Universidad hierve. Policías se pasean por el campus intentando allanar salones, empujando estudiantes, disparando gases, retirando la gente y, al mismo tiempo, bloqueando las salidas. Los vigilantes de Miro, desde la portería del Río, salen corriendo. Dan la vuelta a la Universidad y desde el Bar de Ciro, a dos cuadras, David Roldán los ve correr juntos y quitarse el uniforme. En el Parque E, donde también hay vigilancia de Miro, pudieron entrar y cambiarse la ropa. En Barraquilla, Julián Henao ve como un policía vestido de verde dispara un revólver para ahuyentar una turba que golpea a dos agentes del ESMAD. Nuevamente, todos corren. Al salir del campus, las tanquetas siguen a los estudiantes con chorros y más gases. Los vecinos sacan bolsas de leche y vinagre para que los que respiraron gases lacrimógenos se recuperen.
En el Parque de los Deseos, los niños están espantados, también se asfixian y lloran por los gases que allá mismo están lanzando los policías. La Estación Hospital del Metro es cerrada por quince minutos, casi anocheciendo, porque las agresiones del Esmad se extienden hasta acá. Frente a Policlínica, uno de ellos lleva un muchacho agarrado por la camisa. Aunque no pueden detener, esa noche 8 estudiantes resultaron en estaciones de policía; siete fueron los heridos que recibieron atención médica -Esteban el más grave con coágulos de sangre y un tumor en la cabeza-; y cero secuestrados.
8:00 p. m. Apenas una decena de personas queda en la Universidad. Sara, Cecilia, Camilo, Santiago, Ricardo y otros conforman una comisión verificadora. Con megáfono, Sara, morena,
alta, pesada, de rasgos bruscos y voz delicada, informa que la Fuerza Pública ya no está en el
campus, que pueden salir, que si alguien necesita ayuda salga ahora. Encuentran profesores en oficinas con cerrojo, estudiantes en los rincones de pasillos de los pisos altos de los bloques de Biología y Matemáticas.
El Rector, un par de horas antes, salió por la puerta que tiene acceso al río. A unos 100 metros
de la puerta, dentro de la Universidad, funciona el expendio de cocaína, marihuana, heroína y licores, según algunos, más movido de Medellín. Esa zona deportiva, El Aeropuerto, se salvó de los gases lacrimógenos. No hay noticia de jíbaros heridos o detenidos. Pero sí versiones de que, a pesar de la vigencia de la Tip, estaban ahí con un tendal de sustancias ilegales mientras la policía reprimía la protesta estudiantil.

*Con investigación de los egresados y estudiantes del programa
de Periodismo: Javier Bergaño, Daniela Gómez,
María Flórez, Jorge Caraballo, Róbinson Úsuga y Andrea
Aldana.

Por: Katalina Vásquez Guzmán
Tomado de: delaurbedigital.udea.edu.co

jueves, 3 de junio de 2010

LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA HACE LA VISTA CIEGA AL PARAMILITARISMO QUE DESDE HACE RATO PENETRÓ LA INSTITUCIÓN

En los últimos días, algunas instituciones gubernamentales y diferentes medios de comunicación, tanto nacionales como locales, han registrado varios artículos, posiciones y declaraciones frente a la problemática que se vive en la Universidad de Antioquia.

Los ejes que se plantean como problemáticas, son: el expendio y consumo de drogas, los atracos a mano armada, supuestas violaciones sexuales al interior de los baños de mujeres, presencia de los venteros informales y las acciones de protesta de algunos estudiantes. Sin embargo, la mayoría de las publicaciones sobre este tema evaden o pretenden ocultar el problema real que afronta la Universidad: la expansión del proyecto paramilitar que desde hace rato penetró al interior de este centro educativo, y no sólo de ésta, sino de la mayoría de las universidades públicas del país.

La Universidad de Antioquia tiene en su historial diferentes episodios relacionados con la interferencia paramilitar en el Alma Mater. Para sustentar lo anterior, están las amenazas, los acosos, las agresiones, los encarcelamientos y los asesinatos de que son víctimas estudiantes, profesores, trabajadores sindicalizados y defensores de derechos humanos que hacen parte de la institución, como son los casos del profesor asesinado Hernán Henao, el asesinato del estudiante y reconocido líder estudiantil, Gustavo Marulanda y la arbitraria privación de la libertad de Wiston Gallego Pamplona, abierto defensor de los derechos humanos en Medellín.

Igualmente, está la aparición de listas y sufragios que amenazan la vida de algunos profesores y estudiantes, que son obra de grupos paramilitares que ya penetraron el claustro universitario, como la del segundo semestre del 2005, cuando empezó a circular una lista negra con el nombre de 15 personas a las que las Autodefensas de la Universidad de Antioquia, Audea, amenazaban con asesinar; o como la de marzo de 2009, que esta vez amenazaba a 30 estudiantes, muchos de ellos activistas estudiantiles, y estaba firmada por el Bloque Antioqueño de las Autodefensas.

Y ahora, en lo que va del año, aparecen dentro de la institución atracadores, los cuales robaron un computador portátil del Instituto de Estudios Políticos y a un
estudiante que trabaja en las burbujas de café y que al parecer llevaba 2.JPGconsigo el dinero de las ventas, ambos asaltos fueron cometidos a mano armada y los autores llevaban la indumentaria que suelen llevar los estudiantes que se encapuchan cuando van a realizar una protesta; lo preocupante del asunto es que la administración universitaria, por medio de sus comunicados, enviados a los correos electrónicos de toda la comunidad universitaria, dejó la sensación que estos actos de vandalismo eran cometidos por los mismo “encapuchados” que desde hace décadas y generación tras generación, hacen presencia en la universidad pública para protestar o pronunciarse. Sin prueba alguna y de manera tácita se culparon a estos estudiantes, sólo con el fin de agudizar la estigmatización que se ha levantado sobre el uso de la capucha.

Sin embargo, una vez fue desarticulada la banda de 10 atracadores, tal como lo informó el periódico El Mundo, el pasado 11 de abril (Ver artículo), y que de acuerdo con las declaraciones de Martiniano Jaime Contreras, vicerrector general de la Universidad de Antioquia, “eran personas al interior de la universidad que actuaban como una organización. Se hizo un trabajo interno de vigilancia, de seguimiento y de control y se logró capturar a estas personas que eran contratistas”, esto no se informó de igual manera a toda la comunidad universitaria y, hasta ahora, la Vicerrectoría General de la institución no ha revelado el nombre de la empresa contratista a la que pertenecían los asaltantes, ni se ha pronunciado acerca de las medidas que se adoptaron frente a ésta, y aún se desconoce si se le inició un proceso penal o si por lo menos se la abrió algún proceso disciplinario. Inclusive, siendo conocedores de quiénes son los atracadores, siguen haciendo públicas cartas abiertas a nombre de estudiantes, como la que reposa a un costado de la biblioteca central, donde se trata con ambigüedad el tema y sólo pretenden reproducir el ambiente de inseguridad en la universidad.

La administración de la universidad, de manera poco objetiva, pretende reunir todas las problemáticas de la universidad en un solo nivel, como si el el consumo de drogas tuviera algo que ver con una protesta política, con una empresa contratista que en su interior tenía una banda de atracadores o con una agresión sexual.

Las agudización de los problemas de orden público que ha vivido el Alma Mater, casualmente se han presentado en los mismos momentos en que la universidad ha vivido coyunturas políticas: la amenaza de las Autodefensas de la Universidad de Antioquia, Audea, coincidió con la movilización del segundo semestre del año 2005 que estaba realizando la comunidad estudiantil para lograr la libertad de los estudiantes que estaban arbitrariamente detenidos en la cárcel de Bellavista, que fueron capturados luego del incidente del 10 de febrero del mismo año: la explosión al interior de la institución durante una protesta de los estudiantes; cuando surge el Bloque Antioqueño de las Autodefensas, los estudiantes de la UdeA marchaban y se movilizaban en contra del Plan Nacional de Desarrollo y del poco presupuesto para la educación pública; y ahora la inseguridad que se ha propiciado en la universidad coincide con la nueva carnetización que se quería implementar, la cual no fue consultada con la comunidad de la institución y que al parecer es abiertamente rechazada. Los carnet electromagnéticos, así como las cámaras de seguridad, no son más que medidas de control social para mantener bajo vigilancia el actuar y la locomoción del estudiantado en general, como si al interior del Alma Mater se quisiera imponer un Estado policivo, no se explica de otra forma las declaraciones del rector Alberto Uribe que recogió Colprensa el pasado 3 de mayo (ver artículo), donde éste anunciaba: “Se está estudiando la posibilidad de retirar la malla que rodea al plantel para así facilitar el acceso y control de las autoridades”.

Ahora bien, si el problema es la venta y consumo de alucinógenos, es inexplicable que gran parte de los estudiantes de la Universidad de Antioquia, la mayoría de ellos no consumidores, reconozcan a los expendedores de drogas, es decir, a los “jibaros” que suelen ubicarse en “El Aeropuerto”, pero nadie de la seguridad privada, que incluso permanecen en una portería frente a la zona, ha logrado identificar a alguno.

El asunto de las drogas no es nuevo y no se les ha salido de las manos a la administración universitaria, lo que pasa es que “El Aeropuerto” se ha convertido en la plaza más grande y más cómoda para la venta y el consumo de drogas, y como bien es sabido, todas las plazas de la ciudad son controladas por paramilitares, y la de la Universidad de Antioquia no es la excepción, por esta razón no hay un serio interés de acabar con esta problemática, porque obedece a estructuras más grandes y complejas del paramilitarismo.


La problemática de la Universidad de Antioquia parece más una puesta en escena para justificar una militarización de la institución, el control policial y el afianzamiento del proyecto paramilitar en la misma. Se supone que la universidad cuenta con su esquema de seguridad, tiene una vigilancia privada a cargo de la empresa Miro Seguridad, pero el actuar de ésta ha sido ineficiente, y muchas veces ha quedado la sensación que esa ineficiencia es programada, obedeciendo a algún interés.

Y para terminar, por qué la administración de la universidad no se ha pronunciado ante el artículo que publicó El Espectador el pasado 17 de abril, que hacía referencia a los hermanos Carlos Mauricio y Juan Rodrigo, ambos jefes paramilitares, donde se informaba que este último, el cual fue “asesor de Carlos Castaño Gil, en las postrimerías de su comandancia, y de Freddy Rendón Herrera, alias El Alemán, durante el proceso de desmovilización del bloque Élmer Cárdenas”, también fue coordinador de un seminario de democracia y paz de la Universidad de Antioquia, que fue dirigido por Alfonso Monsalve Solórzano, quien fue decano de la Facultad de Ciencias Humanas desde noviembre 1989 hasta enero 1991 y de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, de enero 1991 a febrero 1994.

Según la confesión de Juan Rodrigo García, el ex director del DAS, señalado como el cerebro detrás de las “chuzadas” de este organismo, José Narváez, a través de una fundación que lideraba, le giró a Monsalve 2.000 dólares mensuales durante su estadía en España y desde entonces, tal como lo dice El Espectador, Juan Rodrigo García “sospechaba que actividades académicas de la Universidad de Antioquia podían ser parte de actividades de inteligencia del Ejército”.

Así mismo, García también confesó que en una reunión que sostuvo con Narváez y Carlos Castaño, en una finca de este último, días después del asesinato de Jaime Garzón, se analizó una lista de personas a asesinar en dado caso que la guerrilla reaccionara, lista en la que figuraba la investigadora y docente de la U. de A., María Teresa Uribe

Por qué la administración universitaria no se ha manifestado al respecto, teniendo en cuenta que Monsalve ha ocupado altos cargos directivos durante la actual administración, fue director del Instituto de Filosofía de la Universidad desde diciembre de 2003 a diciembre de 2005 y vicerrector de Investigación de la institución desde enero de 2006 hasta febrero de 2009. Por lo tanto, qué pretende encubrir la Universidad de Antioquia con el silencio que está guardando. Cuándo se va a iniciar una investigación seria sobre la penetración paramilitar en dicha institución.

Aparentemente, no existe una voluntad real de parte de la administración de la Universidad de Antioquia para pronunciarse sobre la verdadera problemática que es la penetración paramilitar en este centro educativo, tampoco para solicitar que se investiguen las posibles vinculaciones que puedan tener miembros de la comunidad universitaria con el paramilitarismo, ni para iniciar las debidas investigaciones disciplinarias que den a lugar en el mismo sentido, quedando todo en la impunidad tal como ocurrió con el actual rector de la UIS, Jaime Alberto Camacho, del cual se conoció una conversación que sostuvo con alias “Felix” en donde el rector le aseguraba al paramilitar que le conseguiría una lista de trabajadores y líderes estudiantiles, los cuales serían asesinados bajo el “plan pistola” (Escuchar conversación).

La Corporación Jurídica Libertad hace una llamado a la administración de la Universidad de Antioquia para que se pronuncie sobre los hechos aquí detallados, a que inicie una investigación que permita tomar las decisiones y medidas para desmantelar el proyecto paramilitar en el Alma Mater, a que revele el nombre de la empresa contratista involucrada con los atracos al interior de la institución y, finalmente, hace un llamado general a que se respete la vida, la integridad y la libertad de los estudiantes, profesores y trabajadores que ejercen la crítica y hacen uso de su derecho a la disidencia política.

Comunicaciones CJL
2 de junio de 2010


Tomado de: cjlibertad.org

martes, 10 de noviembre de 2009

Jornadas Académicas de Pensamiento Libertario

11 y 12 de Noviembre
Edificio de Extensión UDEA, Auditorio 2



Entrada Libre

Apoya, Instituto de Estudios Políticos
Universidad de Antioquia

jueves, 26 de marzo de 2009

La Intervención policial en la U. de A. estuvo llena de irregularidades

Inconformismo se sintió en la Universidad de Antioquia luego de la intervención policial a las instalaciones del Alma Mater el pasado viernes 20 de mazo a las 4:45 de la tarde. Al final del operativo 26 personas quedaron retenidas por policía. De acuerdo con el general Dagoberto García, comandante de la Policía Metropolitana, el resultado fue de diez personas detenidas y la incautación de cuatro kilos de marihuana, 79,5 gramos de clorhidrato de cocaína y 14,1 gramos de bazuco.

Miembros de la comunidad universitaria consideraron los hechos como una clara agresión de la fuerza pública y denunciaron abusos cometidos por los uniformados. Por su parte, la Unidad Permanente para los Derechos Humanos de la Personería de Medellín, UPDH, manifestó que 17 jóvenes fueron retenidos ilegalmente.

Conforme al general Dagoberto García, “la operación había sido solicitada por las autoridades municipales, departamentales, al interior de la universidad, a raíz de unas denuncias que la misma comunidad había hecho sobre delincuentes que estaban dedicados a expender alucinógenos dentro de la misma. (...) Fue muy bien planeada y direccionada exclusivamente a capturar las personas que vendían estupefacientes al interior de la universidad, en ningún momento iba contra ningún estudiante”.

No obstante, personas que no tenían relación con el problema de drogas de la U. de A., resultaron retenidas por la policía, como el caso de Edison Arley Franco Rodas, un joven de 18 años que iba a pitar un partido de baloncesto en compañía de su madre y sin explicación alguna fue aprehendido en la redada policial y posteriormente montado a una tanqueta del Escuadrón Móvil Antidisturbios, Esmad esto pese a los reclamos de su mamá que insistía en reclamar a su hijo incluso mostrando los papeles que certificaban que era un arbitro y que además no era estudiante del Alma Mater, esta señora ya interpuso su denuncia en la UPDH.

Algunos estudiantes anotaron que la policía no necesitó ni al Esmad ni gran cantidad de policías, uniformados y de civil, para decomisar cerca de tres toneladas de marihuana el pasado jueves veinte de marzo en el corregimiento San Antonio de Prado de la ciudad de Medellín, y, sin embargo, sí requirieron de cerca de 200 miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios y casi 30 agentes infiltrados y vestidos de civil para incautar apenas cuatro kilos de marihuana y pocos gramos de bazuco y cocaína.

No se puede negar que el problema de drogas en la U. de A. es evidente y de alto conocimiento, pero las medidas para contrarrestar el problema, las cuales fueron autorizadas por el gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos Botero, son de carácter represivo e indiscriminado, y atentan contra la integridad y la seguridad de la comunidad estudiantil. Prueba de lo anterior es la arbitraria forma en que fueron retenidas 17 personas, luego de la intervención policial a la Universidad de Antioquia, un procedimiento a todas luces ilegal e inconstitucional.

Abuso policial

Estudiantes que fueron testigos de los hechos relataron que “cerca de 30 personas vestidas de civil y armadas con pistolas, nos amenazaron, respaldados por casi 200 miembros del Esmad que ingresaron por la portería que queda sobre la avenida del río y otra metálica que nunca está en uso, ubicada más adelante, casi en la esquina del ‘aeropuerto’. Estos nos agredieron y nos golpearon, sólo que nosotros pudimos escapar”. Un joven presentaba marcas rojas como de quemadura en su pecho, según él, “por unos perdigones que la policía me disparaba desde esas armas con que se juega Paintball (juego con armas que disparan bolas cuyo contenido es pintura)”.

En consulta con la UPDH, esta unidad afirma que poseen cerca de 40 de estas canicas, e incluso consignan en el último informe ejecutivo de Derechos Humanos, capitulo La situación de los derechos humanos en la ciudad de Medellín durante el año 2008, página 14: “Aunque hubo avances en la actuación de la fuerza pública en las confrontaciones que se presentan en las universidades, identificamos acciones ilegales como el uso de armas no convencionales, fabricación y lanzamiento de bombas ‘papas’, bolas plásticas y de cristal, lanzadas con altas dosis de presión”. Sin embargo, el general Dagoberto García dijo que siempre se respetó al estudiantado y en el operativo nunca se les agredió.

Las discrepancias del General

El general Dagoberto García manifestó que se logró la captura de diez personas expendedores de droga, de los cuales cuatro eran estudiantes y los otros seis “no tienen nada que ver con la universidad”. La UPDH afirmó que los capturados son 9 y que además están en conocimiento del fiscal 90 seccional; coincide con la policía en que cuatro de éstos son estudiantes, y aclara que de los otros cinco, dos son comerciantes y los otros tres son egresados de la Universidad de Antioquia. Contrario a lo que afirma el General, esto quiere decir que sí tienen vínculo con el Alma Mater. Conforme a la UPDH, o la policía está reportando una captura de más o a la Unidad Permanente para los Derechos Humanos no se les ha informado sobre este otro detenido.

Otra irregularidad es la forma en que fueron retenidas personas diferentes a las diez que la policía reporta como “capturadas”, en su boletín oficial del sábado 21 de marzo de 2009. De acuerdo con el General Dagoberto García, “se condujeron sí otros 17 estudiantes más que eran los consumidores que estaban en el lugar pero igualmente se dejaron en libertad y se le entregaron a la personería”. Cabe resaltar que entre estos “consumidores” estaba el arbitro de 18 años, Edison Arley Franco Rodas, cuya madre al parecer es muy tolerante pues no se opuso a que su hijo fumara marihuana en su presencia, como tal vez pasó, según insinúa la anterior afirmación del General.

La sentencia de la Corte Constitucional C-720/2007 dice que la retención transitoria es una medida de carácter preventivo y está destinada a evitar que la persona pueda cometer actos que le afecten sus derechos o los de terceros y que sólo puede darse cuando ésta se encuentra en estado de excitación o de embriaguez. Por esta razón, la UPDH confirma que esta retención fue ilegal pues asegura que los retenidos no presentaban estos estados y que algunos incluso se encontraban leyendo o transitando tranquilamente en el área de la Universidad de Antioquia conocida como el “Aeropuerto”. Para ningún estudiante es un secreto que allí se mueve el negocio de las drogas y hay fuentes, que pidieron guardar su nombre, que aseguran que esta plaza de vicio pertenece a grupos paramilitares. Sin embargo, también es de conocimiento público que allí se mantienen deportistas y personas que van a reposar, a leer, cantar y hasta a dormitar.

De acuerdo con las declaraciones del General, son 17 los “consumidores” que condujeron con ellos, pero el informe escrito que emitió la Policía Metropolitana informa que son 16: “Nueve son estudiantes de la U. de A. y siete no tienen vínculos con el establecimiento universitario”, aunque de estos últimos siete, no se dijo cuántos son egresados. Lo cierto es que la inconcordancia de estas cifras y la de los diez detenidos (según el mismo informe) diferente a la de nueve que registra la UPDH, pone de manifiesto un problema de veracidad en el General miente o un error de los miembros de la policía al contabilizar los datos.

Sumándose a esta carrera de anormalidades, varios miembros de la comunidad estudiantil emitieron diferentes denuncias: unos dicen que desde la tarde vieron uniformados fotografiando a la gente a la entrada de la universidad; otros afirman que durante la redada policial había gente de civil que señalaba a los miembros del Esmad, la gente que deberían capturar; un muchacho reportó que un agente se llevó un computador portátil mientras ocurría el operativo; y no siendo suficiente, algunos de los 17 estudiantes retenidos, de los que se reserva la identidad para salvaguardar su integridad, denunciaron que durante la retención fueron fotografiados y filmados y uno de ellos dijo: “Yo vi cuando a uno de los que estaba conmigo lo agredió la policía, también lo obligaron a firmar un documento y el muchacho firmó asustado”.

La Unidad Permanente para los Derechos Humanos afirma: “En un ambiente de amenazas contra 30 estudiantes de la U. de A., muchos de ellos pertenecientes al movimiento estudiantil; y a tan sólo ocho días de haberse cometido un asesinato en los pasillos de la universidad, no es consecuente, pertinente ni responsable esta intervención policial que lo único que logra es incrementar el conflicto”.

Finalmente, recogiendo las palabras de un estudiante en la reciente Asamblea General Estudiantil, cabe resaltar que nadie se opone al ingreso de la policía a la Universidad de Antioquia, “pero que pasen el examen de ingreso”.


Por Andrea Aldana - El Tiempo
andreaaldanap@hotmail.com

domingo, 22 de marzo de 2009

Desalojo de venteros en los alrededores de la Universidad de Antioquia

COMUNICADO A LA OPINIÓN PUBLICA

DESALOJO DE VENTEROS EN LOS ALREDEDORES DE LA UdeA

Sin lugar a dudas resulta absolutamente lamentable el asesinato de una persona dentro de la Universidad de Antioquia, tan lamentable como resulta el asesinato de cualquier persona en cualquier esquina de la ciudad de Medellín o en cualquier parte de Colombia; los venteros ambulantes que nos encontramos ubicados en los alrededores de la Ciudad Universitaria repudiamos, al igual que lo ha hecho la comunidad universitaria y la ciudadanía en general, este tipo de acontecimientos, no solo porque haya ocurrido al interior del Alma Mater sino porque el suceso en si resulta absolutamente aterrador.

Sin embargo no logramos entender aún porque resulta necesario para las instancias de gobierno a nivel departamental, municipal y universitario erradicar las ventas informales en los alrededores de la Universidad (y también al interior de ella) para poder “ devolverle la seguridad al campus universitario ” más aún teniendo en cuenta que la existencia de las ventas exteriores es el resultado de un proceso de concertación y organización que se ha venido adelantando durante más de cinco años de manera mancomunada entre los venteros del sector y la administración municipal encarnada obviamente en la Subsecretaria para la Defensoría del Espacio Público de la ciudad de Medellín.

Y no lo logramos entender porque no se nos ha explicado cual es la relación que según la policía y las instancias de gobierno existe entre nosotros como venteros informales, organizados, carnetizados, regulados, plenamente identificados, estudiantes de la misma Universidad, padres de familia, adultos mayores, discapacitados, etc, etc. con los problemas de seguridad que afronta la ciudadela universitaria, y no lo podemos entender porque ni siquiera el acto administrativo mediante el cual nos notifican su decisión explica los motivos como según la ley debería hacerlo. Pero más aún nos preguntamos ¿como el hecho de sumergir a más de 50 familias en la angustia y la incertidumbre puede ayudar a mejorar la situación de seguridad no solo en la Universidad sino en la ciudad?

¿Porque después de cinco años de diálogo y concertación, en los que como diría la Corte Constitucional resulta más que obvia la “confianza legitima” depositada por la administración municipal en este grupo de venteros, se arremete contra ellos de una forma tan arbitraria?, ¿Por qué sin dialogo ni concertación?, ¿simplemente porque si?.

Elevamos un reclamo respetuoso frente a la administración municipal, la departamental y la universitaria para que se sienten a la mesa y conversen con nosotros, para que juntos, como nos habían dicho durante más de cinco años que debía hacerse, encontremos puntos de encuentro para poder generar alternativas de solución a las dificultades si es que realmente existen porque hasta el momento no las conocemos.

Hacemos un llamado solidario a la personería municipal, a la defensoría del pueblo, a la comunidad universitaria, a los demás venteros ambulantes de la ciudad, a la ciudadanía en general, movimientos y organizaciones sociales, ONG´s, sindicatos y organismos internacionales para que no nos dejen solos y no permitan que bajo el argumento de la seguridad se cometan atropellos y justifiquen decisiones que nada tienen que ver con el interés colectivo de nuestra sociedad; y muy especialmente hacemos este llamado a la propia Subsecretaria para la Defensoría del Espacio Público ya que consideramos que más que nadie es esta instancia gubernamental la que puede dar fe de los éxitos alcanzados en estos cinco años de organización con los venteros del sector, porque consideramos que guardar silencio de su parte es tanto como aceptar el fracaso de su trabajo y sus políticas, y ante todo porque más que nadie tienen el conocimiento de que es imposible lograr la reubicación de un grupo tan grande de venteros en una ciudad como Medellín, saturada de ventas informales, sin desmejorar seria y drásticamente la calidad de vida de cada una de estas personas y su grupo familiar.

A los venteros informales en el resto de la ciudad les sugerimos estar alertas, pues al parecer un asesinato en cualquier lugar y por cualquier motivo, de esos que ocurren en tan grandes cantidades por estos días, puede ser motivo suficiente para desconocer sus derechos y arrasar con sus negocios.

A los estudiantes y miembros de la comunidad Universitaria que confluyen en nuestros negocios, bien sea por las ventajas económicas o por la calidad de nuestros productos les damos las gracias por todos estos años de fidelidad y confianza y los invitamos a exigirle a la administración universitaria a desarrollar programas serios desde bienestar universitario que le brinden garantías reales de alimentación a todos aquellos que no cuentan con $5000 ó $6000 pesos diarios para su alimentación.

EXIGIMOS RESPETO, EXIGIMOS DIALOGO Y EDUCACIÓN, SOLIDARIDAD Y COMPETENCIA DE PARTE DE LA ADMINISTRACIÓN MUNICIPAL, EXIGIMOS QUE SE NOS RESPETE EL DERECHO AL BUEN NOMBRE, AL TRABAJO, LA VIDA DIGNA Y A LA HONRA, EXIGIMOS QUE SE NOS GARANTIZE EL DEBIDO PROCESO, QUE SE NOS TRATE COMO PERSONAS, COMO CIUDADANOS Y QUE EL ESTADO CUMPLA CON SU DEBER DE PROTEGERNOS EN LUGAR DE ATROPELLARNOS.

¿MEDELLIN LAS MÁS EDUCADA?
¿MEDELLIN SOLIDARIA Y COMPETITIVA?

ASOCIACIÓN DE VENTEROS DE LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA, ASOVUDEA.


Estudiantes UdeA

viernes, 13 de marzo de 2009

Asesinato sacudió la U. de A.

Asesinato en la U.de.A, 8 dias después de las amenazas.........

Indignados, los estudiantes y profesores que este jueves, pasadas las seis de la tarde, se encontraban en la primera planta del bloque 14 de la Universidad de Antioquia, no le quitaban la mirada al charco de sangre que quedó después del ataque a bala que le costó la vida al ex alumno de la Facultad de Derecho, Jorge Andrés Isaza Velásquez, de 28 años de edad.

Nunca había visto esto en la Universidad, le decía una joven a una amiga con la que observaba la escena del crimen, en un pasillo cerca a las mesas de una cafetería.

Por su parte, a pocos metros del cerco que hizo el CTI de la Fiscalía, el vicerrector, Martiniano Jaime Contreras daba a conocer lo ocurrido.

"Aquí en el primer piso de la Facultad de Derecho hubo un ataque con arma de fuego contra un joven que había salido hace un año de la Universidad por mal rendimiento. Esto nos cogió por sorpresa, porque se venían tomando las medidas de seguridad con requisas para evitar el ingreso de personas ajenas que vienen a delinquir", dijo.

Esperamos, agregó, que la comunidad nos comprenda porque vamos a exigir el carné y a pedir la identificación en el ingreso ya que tenemos que preocuparnos por nuestro propio blindaje".

Al condenar el hecho dijo que es un acto que "nos entristece y preocupa".

El directivo universitario alertó que hace ocho días hubo una amenaza de un grupo que se hizo llamar "Autodefensas de Antioquia", contra un grupo de estudiantes, pero este joven no estaba en esa lista.

Varios estudiantes que integran el Comité de Derechos Humanos Gustavo Marulanda expresaron preocupación por las intimidaciones que hace ocho días les enviaron por internet.

"La amenaza es muy clara. Nos la enviaron a nuestros correos y con nombres propios. Se hizo para aquellas personas que conformamos grupos de tendencias políticas", dijo el estudiante.

Otro alumno testigo del ataque indicó que fue perpetrado por un hombre y una mujer encapuchados que corrieron hacia el bloque cuatro y ahí desaparecieron".

El COLOMBIANO estableció que la víctima había cursado hasta el quinto semestre de Derecho, residía en el barrio Francisco Antonio Zea, noroccidente de Medellín y estaba trabajando como mensajero.

Una estudiante se quejó ante el Vicerrector por falta de reacción para atender al herido, porque, según ella, sólo 20 minutos después de ser atacado se acercó un paramédico para brindarle atención.

El personal de seguridad de la Universidad y la Policía montaron este jueves en la noche un dispositivo con requisas a personas y carros en las porterías de la Universidad, lo cual originó congestión en las vías internas del claustro.

Contexto
El pronunciamiento de la Universidad
El siguiente es el texto del comunicado oficial que dio a conocer el rector de la Universidad de Antioquia, Alberto Uribe Correa, a raíz de los hechos registrados en la tarde de ayer en el bloque de la Facultad de Derecho del Alma Máter:

"El rector de la Universidad de Antioquia lamenta informar que en la tarde del jueves 12 de marzo de 2009, el joven Jorge Andrés Isaza Velásquez, quien estuvo matriculado en años anteriores en la Universidad, fue víctima de un violento atentado que cobró su vida.

Ante situaciones como ésta, exhorta a todos los universitarios y a la sociedad a unirse en torno a la defensa de la vida y la libertad, para hacer viable la realización de la misión de la Universidad".


...


Definidas medidas especiales para la U. de A.

El anuncio lo hizo el Gobernador, Luis Alfredo Ramos, tras presidir un consejo de seguridad.
El gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, tras un análisis de la situación de seguridad en el interior de la Universidad de Antioquia, anunció este viernes un conjunto de medidas especiales.

Tras lamentar el asesinato del ex estudiante de Derecho, Jorge Andrés Isaza Velásquez, lamentó lo sucedido e informó que de acuerdo con las primeras investigaciones el caso podría estar relacionado presuntamente con la disputa de grupos delincuenciales en la Universidad.

Entre las principales medidas adoptadas están las de realizar un mayor control en la parte externa de la Universidad por parte de la Policía Metropolitana y el DAS, así como en el ingreso al claustro por parte de la Policía y la firma de seguridad privada a cargo de la vigilancia del Alma Máter.

Quedaron totalmente prohibidas las ventas ambulantes y estacionarias dentro de la Universidad y solo se permitirá el funcionamiento de las cafeterías y otros servicios de tipo comercial, autorizados por la Rectoría.

La Secretaría de Gobierno de Medellín realizará controles sobre los venteros ambulantes y estacionarios de la parte externa de la Universidad. Se acordó que la Policía Metropolitana ingresará a la Universidad cuantas veces sea necesario.

Se solicitará a la Fiscalía General de la Nación para que se delegue un fiscal especializado que investigue los casos de inseguridad que se han venido presentando en la Universidad.

Además, se instalará un sistema de cámara inalámbrico en la parte exterior y en el interior de la Universidad que contribuya a mantener la seguridad.

En la reunión de seguridad que presidió el Gobernador también estuvieron presentes el rector de la Universidad, Alberto Uribe Correa; el Secretario de Gobierno de Medellín, Jesús Ramírez, y el comandante de la Policía Metropolitana, general Dagoberto García, entre otras autoridades.


El colombiano

miércoles, 11 de marzo de 2009

No olvidar 10 años de impunidad 10 años de resistencia



El 7 de agosto de 1999 fue asesinado el líder estudiantil de la Universidad de Antioquia (Medellín, Colombia), Gustavo Marulanda. El crimen fue reconocido por los grupos paramilitares quienes habían publicado una lista en Internet, donde acusaban a los miembros del Movimiento Estudiantil de pertenecer a grupos insurgentes y los amenazaban de muerte.


EL COMPAÑERO GUSTAVO MARULANDA LUCHO POR UN IDEAL,Y POR EL LUCHO HASTA EL FINAL.
HOY CASI 10 AÑOS DESPUES SU ASESINATO SIGUE IMPUNE ANTE EL ESTADO PERO EN NUESTROS CORAZONES EL SIGUE VIVO Y POR EL Y MUCHOS OTROS COMPAÑEROS NO ESTAMOS DISPUESTOS A RENDIRNOS Y SEGUIREMOS CON EL PUÑO EN ALTO SIN DEJARNOS ASUSTAR POR EL ESPIRITU DE GUSTAVO Y DE NUESTR@S COMPAÑER@S ASESINAD@S TORTURAD@S Y DESAPARECID@S NUESTRA LUCHA SIGUE EN PIE


GUSTAVO MARULANDA
1999- HASTA SIEMPRE PRESENTE!!!

LUCHA POPULAR POR EL CAMINO A LA GLORIOSA LIBERTAD!!

martes, 10 de marzo de 2009

Amenazas en la UdeA

El 6 de marzo varios estudiantes recibieron amenzas de dasaparicion y asesinato por parte de AUC del bloque Antioqueño.

En pleno gobierno de seguridad democratica.

El día viernes 6 de marzo en horas de la tarde, varios activistas políticos y lideres estudiantiles de la U de A, recibieron un correo electrónico; en el cual explícitamente se les dice que son declarados objetivo militar, y que tienen el plazo de una semana para desaparecerse o si no serán desaparecidos o asesinados.

Además el panfleto lanza acusaciones y estigmatizaciones en contra de las oficinas de asuntos estudiantiles, muy de la mano de las acusaciones que han lanzado varias directivas e incluso profesores que se suman a la ola terrorista, en contra de compañeros y compañeras, sin ninguna sustentación jurídica.

Es preocupante la situación puesto que la historia a demostrado que detrás del discurso de “limpieza social” se esconde el asesinato selectivo de activistas políticos, es por eso que a estas amenazas, se le suman las amenazas en todos los barrios de nuestras comunas, de los famosos panfletos que las autoridades han llamado “bromas”, los cuales milagrosamente han aparecido en casi todos los barrios de Medellín y que ahora han aparecido en varios municipios de Antioquia. No son gratis los crecientes robos a las ONG’s criticas al gobierno, robos muy particulares, en los que los delincuentes se han llevado solo la información.

Es por eso que hacemos la denuncia internacional de que los Delincuentes al servicio del estado, han anunciado su reactivación; teniendo presente que todos los que vivimos en los barrios sabemos que la “Desmovilización” fue un teatro y la guerra nunca ha cesado.

La crisis al interior del gobierno, los escándalos de corrupción e infiltración de las AUC en las altas esferas de la política, el creciente desempleo y descontento social por la miserable situación de nuestro pueblo, coinciden con la reactivación de estos grupos del terror; que masacran la vida, la cultura y la libertad.

Las organizaciones sociales y poblaciones, quedan invitados a que no permitan que el miedo los calle y que la autocensura no nos impida decir la verdad.



Panfletos difundidos en los barrios de Medellín.





La lista continua en el pais más democratico de latinoamerica.

Indymedia Colombia