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martes, 25 de mayo de 2010

Los paramilitares también tenían hornos crematorios de víctimas en Antioquia

Los paramilitares pusieron en práctica la sistematicidad del horror en diversas regiones del país.


“(…)Lo echaron vivo ahí(…) El horno lo manejaba un señor que le decían ‘funeraria’, creo que se llama Ricardo; dos señores le hacían mantenimiento a las parrillas y a las chimeneas, porque se tapaban con grasa humana”.


Por primera vez, un ex paramilitar se refiere al uso de este mecanismo de desaparición forzada en el Valle de Aburrá. La Fiscalía investiga con base en su testimonio y se espera que otros paramilitares aporten más información.

La orden impartida a finales de la década del noventa por los comandantes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) de desaparecer a sus enemigos “de cualquier manera”, para no dejar rastros y evitar que las cifras de homicidios crecieran de manera desproporcionada en las zonas urbanas, tuvo en Medellín y el área metropolitana una de las expresiones más crueles de la guerra paramilitar: la utilización de hornos crematorios.

De este macabro mecanismo se han tenido referencias de su existencia en Norte de Santander. Paramilitares de las Auc que operaron en esa región del país, entre ellos Iván Laverde Zapata, alias ‘el iguano’, han confesado ante fiscales de la Unidad Nacional de Justicia y Paz que en áreas rurales del corregimiento Juan Frío, de Villa del Rosario, y Puerto Santander, se construyeron hornos crematorios para incinerar a sus víctimas.

En Medellín el tema de los hornos crematorios de las Auc no pasaba de ser un rumor desde hace varios años. En el mundo de la criminalidad se decía con insistencia que los paramilitares se llevaban a la gente y “la quemaban” para desaparecerla, pero nadie ofrecía información precisa que permitiera afirmar o desmentir el asunto.

No obstante, la realidad le viene ganando terreno al rumor gracias al empeño de varios investigadores judiciales adscritos a Justicia y Paz que rastrean el tema desde hace varios meses. Hoy ya tienen datos concretos, aunque parciales, que los están llevando a constatar que sí se dio esa práctica de desaparición forzada, pero, como ellos mismos admiten, aún falta más información.

Los datos iniciales que develan esa realidad los viene aportando desde hace varios meses un ex paramilitar que decidió colaborar con la justicia. Verdadabierta.com tuvo acceso a varios apartes de los testimonios entregados a los funcionarios judiciales, a través de los cuales es posible dimensionar la extrema crueldad a la que llegaron los grupos armados ilegales de extrema derecha en Medellín, varios municipios del área metropolitana y en el Oriente antioqueño.

Verdadabierta.com reserva la identidad del ex paramilitar que ha venido aportando su testimonio para contribuir a la verdad de lo ocurrido en la capital antioqueña y municipios vecinos durante la etapa de penetración y consolidación de los bloques paramilitares de las Auc.

“Hay muchos muertos que no se han encontrado porque aquí en Medellín, a las afueras, a una hora, se encontraban unos hornos crematorios. Hubo mucha gente quemada. Yo presencié esos hechos", le confesó el ex paramilitar a los investigadores.

Según su narración, entre los años 1995 y 1997, los paramilitares retenían a sus víctimas, las mataban y muchas de ellas fueron arrojadas al río Cauca, por los lados del suroeste antioqueño. “Los cuerpos se abrían, se les echaban piedras y se arrojaban al río. Botando muertos muchos de las Auc cayeron presos”.

A ese problema se le sumó el incremento del índice de homicidios en buena parte de los municipios del Valle de Aburrá y en otros más donde los paramilitares estaban entrando a combatir con la subversión. Del Estado Mayor de las Auc, liderado para esos años por Carlos Castaño Gil, vino la orden de desaparecer a las víctimas. Fue así como surgió la idea de construir un horno crematorio: “La idea del horno la dio ‘Doblecero’ y la materializó Daniel Mejía”.

Para esos años, Mauricio García, alias ‘Doblecero’, era el comandante del Bloque Metro y Daniel Alberto Mejía Ángel, alias ‘Danielito’, se había integrado al bloques Cacique Nutibara, facción de las Auc que estuvieron bajo el mando de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘don Berna’.

“De la construcción se encargó Daniel Mejía, era de las Auc y de la Oficina de Envigado”, dijo el ex paramilitar. “Yo escuché que el horno costaba entre doscientos y quinientos ‘palos’ (millones de pesos) y lo estrenaron con un tipo de nombre Alberto, de la Oficina de Envigado. Lo echaron vivo ahí porque se había robado una plata. El horno lo manejaba un señor que le decían ‘funeraria’, creo que se llama Ricardo; dos señores le hacían mantenimiento a las parrillas y a las chimeneas, porque se tapaban con grasa humana”.

Sobre su ubicación, el paramilitar señaló que estaba en una finca del municipio de Caldas, sur del Valle de Aburrá. “Hay que pasar el casco urbano. Se sale de Caldas por ahí media hora en vehículo. Está ubicado en una finca muy grande. La entrada, para esa época, era una puerta blanca”.

Ya dentro de la propiedad, el ex paramilitar describió con detalles el inmueble: “la primera casa en obra negra y enseguida de la casa había como una especie de depósito, y más atrás, como a 70 u 80 metros, funcionaba supuestamente una ladrillera. Se veían dos chimeneas en el techo. En la entrada había un primer piso con antejardín bien decorado y de ahí a mano derecha se bajaba por unas escalas como de cinco metros, cuando se llegaba al final se observaba un horno grande de panadería industrial”.

Sobre el horno como tal detalló lo siguiente: “la puerta era hermética, de palanca, se cerraba y quedaba incrustada en un marco de pared, tenía vidrios muy gruesos, como blindados. En la parte de afuera contaba con tres botones, un botón rojo para prender y los otros dos para graduar la temperatura. Por dentro, el horno era metálico y tenía como una especie de mesón firme, tenía resistencias, unas abajo del mesón, como una especie de parrillas. A los lados del mesón también había resistencias. Al fondo de la pieza quedaban dos ventiladores. Nos decían que ahí no podíamos fumar. Olía como a chicharrón quemado. En el horno solo cabía una persona. Los cuerpos eran enganchados al mesón. Cuando subían la temperatura los cuerpos se levantaban. Mucha gente se moría antes de entrar al horno".

Según sus cálculos, en la semana eran conducidas allí entre 10 y 20 personas. Y se tenía un procedimiento para ello: “cuando nosotros llegábamos con las personas, vivas o muertas, tocábamos y nos decían ‘esos insumos llévelos para el fondo’. Llegábamos hasta adentro, los llevábamos en bolsas para que no botaran sangre. Los desangrábamos. Nos preguntaban ‘¿quién manda eso?’. Alías ‘J’ y Daniel mandaban mucho. Llevaban una carpeta donde anotaban todo. El que anotaba era un señor como de 45 años, bajito, cejón. Nosotros entrábamos y teníamos que esperar las cenizas. El procedimiento duraba como 20 minutos, pero cuando estaba encendido eran como cinco minutos. Luego se las mostrábamos a ‘J’ o a Daniel, y luego las botábamos al río o a donde ellos dijeran”.

Ante los investigadores judiciales no negó su participación en la comisión de varios crímenes bajo esa modalidad. “A unos los llevé muertos y a otros los llevé vivos. Llevé más de cincuenta muertos y vivos más de quince”.

Entre las víctimas que recuerda se encuentran dos hermanos de apellido Vanegas, ganaderos de profesión, quienes fueron retenidos en el sector de Belén, suroccidente de Medellín, por orden de Daniel Mejía. Según los paramilitares, los hombres fueron asesinados porque financiaban un frente de la guerrilla de las Farc. Con su muerte en el horno crematorio, se puso a funcionar para toda clase de personas, pues según el relato del ex paramilitar, hasta ese momento era usado para “personalidades solamente”.

Otra de las personas que recuerda que fue incinerado allí fue el narcotraficante Julio Cesar Correa Valdés, conocido en el mundo de la mafia como Julio Fierro y esposo de la modelo Natalia Paris. Su deceso se produjo, según el testimonio de este ex paramilitar, a finales de agosto de 2001. Según relatos periodísticos de ese año, este narcotraficante venía adelantando conversaciones con la DEA para someterse a la justicia de Estados Unidos y colaborar como informante para obtener beneficios jurídicos.

“De ello se enteraron en Antioquia, entonces se reunieron Salvatore Mancuso, Carlos Castaño y Daniel Mejía. Castaño ordenó que cogieran a Julio Fierro. A él lo retuvieron en el municipio de Guarne varios hombres de Daniel. La orden era que no lo mataran. De Guarne lo llevaron en helicóptero hasta Córdoba, donde Carlos Castaño. Le querían quitar unas propiedades. Natalia Paris viajó también hasta allá porque le iban a quitar unas propiedades que estaban a nombre de ella. A Julio lo regresaron a Medellín en helicóptero, para hacerle la extinción de dominio, luego lo mataron y el cuerpo lo llevaron al horno”.

Lo más paradójico de lo narrado por este ex paramilitar es que ofrece una versión que podría aclarar lo ocurrido con alias ‘Danielito’, desaparecido desde el 25 de noviembre de 2006, dos semanas después de abandonar el centro de reclusión de La Ceja, Antioquia, donde permanecían recluidos los jefes de las Auc. De allí salió porque contra él no pesaba orden de captura de alguna.

“Él fue víctima de su propio invento”, dijo el ex paramilitar entrevistado por los funcionarios judiciales. “A Daniel lo desaparecieron junto con diez de sus escoltas en ese horno”. Una noche me llamó un amigo y me dijo ‘se tragaron a Daniel, el patrón’, y nunca más supe de él. Tampoco sé que pasó después con ese horno”.

Investigadores sociales de la Universidad de Antioquia que trabajan sobre este tipo de fenómenos criminales y que solicitaron la reserva de la fuente, indicaron que la existencia de hornos crematorios en Norte de Santander y en Antioquia evidencia que se trata de una manera de “industrializar la criminalidad”. Había una orden superior de “desaparecer las víctimas a toda costa” y en ese sentido es que aparecen los desmembramientos, las fosas, los ríos y los hornos como técnicas eficaces de acabar con el llamado “enemigo”.

Lo que revela este tipo de criminalidad, agregan los investigadores sociales, es su carácter sistemático y selectivo, “lo que quiere decir que toda esa criminalidad fue planificada, tanto que no se puede perder de vista que los paramilitares tuvieron escuelas en donde preparaban a los combatientes en diversas actividades. Allí los convertían en máquinas de guerra” a través de una división interna del trabajo, especificada por técnicas criminales.

La Fiscalía espera que otros ex paramilitares, ya sea que estén postulados a los beneficios de Justicia y Paz, privados de la libertad por crímenes juzgados por la justicia ordinaria o libres, sin requerimientos de la justicia, contribuyan a precisar aún más los detalles sobre este tipo de desaparición forzada, con el fin no solo de establecer la ubicación exacta del horno crematorio, sino de identificar a las víctimas que fueron conducidas a esa macabra máquina de la muerte.

Por: verdadabierta.com
Tomado de: prensarural.org



Los hornos crematorios que construyeron los paramilitares en Norte de Santander [2009]


<br />Los Hornos crematorios de las AUC

-Click en la imagen-




Informe Especial: CAMBIO conoció los hornos crematorios que construyeron los paramilitares en Norte de Santander.


Tomado de: cambio.com.co

lunes, 3 de mayo de 2010

Sentenciado a muerte

Fuerzas oscuras amenazan al padre Javier Giraldo. ¿Quién es este religioso que no cree en la justicia y desconfía de la fuerza pública?
El sacerdote jesuita Javier Giraldo asegura que no dejará de documentar y denunciar violaciones a los derechos humanos por los grafitos amenazantes que aparecieron en varias partes de Bogotá.

En las calles de Bogotá se puede leer una sentencia de muerte contra el sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno. No es la primera vez que se conoce una amenaza contra este religioso, defensor de los derechos humanos, pero nunca antes sus enemigos le habían notificado su 'muerte' a través de una decena de grafitos que aparecieron en la capital desde el pasado 23 de abril.

Las intimidaciones públicas están firmadas por un grupo que se autodenomina 'nacionalista' y se identifica como 'AN RN'. Las autoridades no han determinado quiénes están tras esta sigla, pero el padre Giraldo supone que las amenazas provienen de quienes ha incomodado con sus denuncias.

Giraldo se ha dedicado por más de 30 años a documentar y denunciar atrocidades sufridas por distintas comunidades remotas del país. Su labor ha sido riesgosa y solitaria. Ese compromiso lo ha puesto como un testigo de excepción en varios de los episodios más luctuosos del país.

A finales de los 80, Giraldo intentó, con el abogado Eduardo Umaña Mendoza, que fuera esclarecido el caso de los desaparecidos del Palacio de Justicia, asaltado a sangre y fuego por el M-19, y luego retomado a la fuerza por el Ejército. Umaña fue asesinado y valiosas pruebas que ambos aportaron al proceso durmieron el sueño de los justos hasta hace un par de años cuando la Fiscalía reactivó el proceso. Varios militares de alto rango están siendo juzgados por este caso y está a punto de producirse la primera sentencia, 25 años después.

Algo similar ocurrió con la masacre de Trujillo, en Valle del Cauca. Giraldo, junto con el párroco de la comunidad, Tiberio Fernández, recopiló amplia información sobre los crímenes que sufrieron los habitantes de este municipio entre 1988 y 1994, que dejaron más de 300 víctimas. En medio de esta labor, el padre Tiberio fue descuartizado y lanzado al río Cauca. La impunidad reinó por años, hasta que en 2008 el Grupo de Memoria Histórica publicó un detallado informe que rememora lo denunciado por Giraldo en su momento, lo que le dio un nuevo impulso a este proceso en la justicia.

También ha documentado centenares de crímenes en zonas como El Carmen del Chucurí, Santander; Magdalena Medio, Chocó y Meta. Su labor con la Comunidad de Paz de San José de Apartado, en el Urabá antioqueño, ha sido más que minuciosa: Giraldo ha activado todo tipo de recursos legales, dentro y fuera del país, para que la justicia esclarezca 201 homicidios perpetrados entre 1996 y 2009. Y en especial la masacre ocurrida en 2005, por la que hay en la cárcel más de 20 militares.

El jesuita trabaja con el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), donde sistematiza la información y semestralmente la publica bajo el título Informe Noche y Niebla, un documento que paradójicamente está siendo usado por los fiscales de Justicia y Paz para esclarecer los crímenes de los paramilitares.

Desconfía profundamente de la justicia, y los militares lo consideran su adversario por las acusaciones que ha hecho sobre violaciones de derechos humanos. Lo acusan de ser el corazón de la llamada guerra jurídica.

Nunca ha aceptado tampoco protección del Estado. "No puedo admitir que una persona armada esté conmigo y en un momento vaya a agredir a alguien por defenderme. Por otra parte, no son buenos los antecedentes de cómo actúa la fuerza pública frente a críticos como yo", le dijo a SEMANA.

Aunque no cree en la justicia colombiana, Giraldo conoce como nadie los recursos que le da la ley para combatir la impunidad en cada caso. La única respuesta que dice haber obtenido es comprobar una y otra vez "la podredumbre de nuestra justicia". Su conclusión, luego de 30 años en ese empeño, es simplemente lapidaria: "En Colombia la impunidad es la medida de todos los crímenes". Por eso no tiene ninguna fe en que se descubra quién ha pintado una sentencia de muerte en su contra, en los muros de Bogotá.

Por: Semana
Tomado de: semana.com

jueves, 18 de febrero de 2010

Doble cara del cristianismo en América Latina. Vigencia del pensamiento de Camilo Torres


LA HABANA.- "Tenemos una institucionalizacion del cristianismo, especialmente del catolicismo, ahora, en América Latina como en el resto del mundo, que es una restauración de la Iglesia con poder, con prestigio, y un combate contra las fuerzas progresistas dentro de la Iglesia", afirmó el sacerdote y teologo belga François Houtart, durante la conferencia que ofreciera sobre el sacerdote-guerrillero colombiano Camilo Torrres, al conmemorarse el 44 aniversario de su caida en combate.

El sacerdote François Houtart habló, este lunes 15 de febrero, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana ---donde reposan los restos del patriota cubano y sacerdote católico Felix Varela, uno de los primeros cubanos que abogó por la independencia de Cuba de la metropoli española---, durante un acto organizado por el Grupo de Reflexión y Diálogo "Oscar Arnulfo Romero", con el que se dio inicio a una nueva "Jornada "Camilo Torres" en Cuba.

Entre los presentes estuvieron estudiantes colombianos becados en la Isla, en la Escuela Latinoamericana de Medicina, así como profesores y estudiantes de la Universidad de La Habana, varios pastores evangelicos ---entre ellos el pastor bautista Raul Suarez, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba y fundador del Centro Memorial "Martin Luther King Jr."---, la antigua obispa coadjutora de la Iglesia Episcopal de Cuba, Nerva Cot, y el sacerdote catolico espanol Isidro Hoyos.

El Coordinador del Grupo de Reflexion y Solidaridad "Oscar Arnulfo Romero", Gabriel Coderch, manifesto que esa agrupación quiso "conmemorar y celebrar la vida de Camilo Torres, quien escandalizara a muchos hombres y mujeres de su tiempo, pero que tambien fuera un reto de fe y de esperanza para muchos cristianos y cristianas en el continente".

Destacó que fueron las Jornadas Camilo Torres que celebradas en Cuba las que nos irían "mostrando la radicalidad del Evangelio y la opción camilista, y la necesidad de las transformaciones sociales más radicales, y nuestro sentido de estar al lado de la Revolución Cubana", "va a ser desde nuestro compromiso un quehacer teológico cubano y una contribución a la teología latinoamericana desde nuestra realidad y desde nuestra experiencia".

"En el marco del 25 aniversario del Grupo de Reflexión 'Oscar Arnulfo Romero' ---dijo--- es que hemos invitado a esta Aula Magna de la Universidad de la Habana al sacerdote belga François Houtart, que es una de las figuras cimeras de lo más avanzado del pensamiento cristiano y socialista de la segunda mitad del siglo XX y los comienzos del siglo XXI, ademas una persona que conocio a Camilo Torres".

Houtart destaco que junto a la iglesia institucional "tenemos tambien nuevos movimientos religiosos que responden al espiritu de las necesidades sociales y psicologicas de la gente, pero que estan vinculados con una perspectiva de salvacion puramente individual, de despolitizacion. Ese es el tipo de institucionalizacion principal que conocemos en el cristianismo actual en el continente latinoamericano".

"Pero, al mismo tiempo ---senalo---, frente a este tipo de institucionalizacion hay los valores del Mensaje de Cristo, que es un Mensaje de Liberacion, de liberacion personal y de liberacion colectiva, y este Mensaje vive todavia en muchos cristianos del continente".

"Por eso ---argumento---, podemos pensar en las palabras de la Misa Campesina de Nicaragua, donde hablan de un Dios que esta en la calle, de un Dios que se identifica no con la clase opresora, sino con los pobres que luchan. Esta perspectiva de un compromiso de cristianos en las orientaciones revolucionarias de America Latina existe, y ese ---recalco--- fue el aporte de Camilo".

Houtart inicio su conferencia destacando que "este mismo dia del quince de febrero, hace 44 anos, cayo Camilo Torres en las montanas de Colombia. Hablar de Camilo a este auditorio es un privilegio particular y realmente lo hago con mucho gusto y emocion ---expreso--- porque he tenido el privilegio de ser amigo suyo durante casi doce anos".

Describio primero a grandes razgos lo que fue la vida de este sacerdote catolico colombiano; conto varios aspectos de relaciones personales que tuvo con el, y ofrecio algunas caracteristicas de su pensamiento y accion, concluyendo con una reflexion sobre lo que Camilo puede significar "para nosotros en el continente latinoamericano".

Subrayo que la conviccion politica de Camilo fue avalada por una adhesion al cristianismo, pero no del cristianismo como una pura herencia sociologica, sino como proyecto de una eleccion muy consciente. Apunto que Camilo Torres "no era cristiano de nacimiento, (sino que el) lo eligio".

Concluyo su conferencia insistiendo en que en este tiempo de transformaciones, necesitamos "principios y eticas, y eso es un aporte de Camilo". Anadiendo: "Porque realmente ha desarrollado eso: principios y etica, especialmente hoy, que no podemos solamente en el mundo entero pensar a regular situaciones, sino que estamos pensando en terminos de nuevos paradigmas en la organizacion de la sociedad, para salvar el planeta y salvar a la humanidad".

Insistio en que "la realidad social es dialectiva y no lineal. El pensamiento lineal es siempre un pensamiento conservador ---asevero---, aunque sea de derecha o de izquierda. Es un pensamiento dogmatico". Pero, "Camilo, como sociologo, se dio siempre cuenta de que la situacion no es lineal, que los cambios no son lineales. Que la sociedad significa actores, interaccion, es decir una dialectiva, que nunca se realiza (como) una cosa definitiva. Que la revolucion es una marcha, es un proceso".

Refiriendose a Colombia el sacerdote belga sostuvo que hoy se esta ante "una sociedad muy bloqueada y con muchos actores", que "debemos eventualmente analizar en su realidad y entrar en un proceso dialectivo de transformacion, lo que vale para todos los paises de America Latina. Este pesamiento dialectico me parece fundamental", recalco.

Segun Houtart esta situacion "plantea un problema delicado: el problema de la lucha armada. La lucha armada ---afirmo---no puede ser tampoco una cuestion de dogma, no es la via necesaria para transformar las sociedades. La lucha armada depende de las circunstancias. Hay evidentemente situaciones donde esta muy claro que la lucha armada es la via necesaria, tal vez no la queremos, pero es necesaria", y recordo que el, personalmente, participo en la lucha armada contra el nazismo en Europa.

"Podemos preguntarnos hoy en Colombia si es la lucha armada la manera de transformar la sociedad", expreso y anadio: "Estamos en un contexto nuevo, no es el contexto de la vida de Camilo. Un contexto interno y externo diferente. Por eso hay interrogantes reales"

"La historia de Colombia es una historia de violencia terrible. Cada vez que la izquierda acepto un cese al fuego con la derecha, fue aniquilada, fue suprimida fisicamente, lo sabemos. Pero evidentemente estamos en una situacion de violencia que debe terminar un dia", dijo.

Puntualizo: "Hay un cansancio de la poblacion frente a la violencia, que se traduce tambien por un cierto nivel de despolitizacion. Hay tambien la necesidad para la lucha armada de recurrir a metodos que podemos llamar contradictorios, como secuestros, como narcotrafico, etc."

Y sobre todo, afirmo: "Hay situaciones nuevas que piden una reflexion. No condeno a la guerrilla, donde hay gente de un valor extraordinario, pero si pienso que se debe reflexionar la manera de transformar la sociedad colombiana a largo plazo. Debemos reconocer a la guerrilla como un actor politico y debemos luchar para eso, porque es la unica manera de transformar una lucha armada, que no parece tener los resultados esperados, en una lucha politica". Y agrego: "pero estoy muy consciente de la dificultad de este proceso".

La conferencia culmino intercambiando con varios asistentes que interrogaron al sacerdote Houtart sobre aspectos por el abordados, entre estos, el valor del simbolo, valor que el sacerdote considera ha olvidado el pensamiento moderno, y que debe redescubrirse como una segunda lectura de la realidad. Sobre la compleja situacion actual de Colombia, Houtart opino que el pais tiene una situacion geopolitica privilegiada "por el imperialismo", lo que motiva las nuevas bases militares. Finalmente, insistio en la necesidad de cambiar los paradigmas: modificar la relacion con la naturaleza, situar el valor de uso sobre el valor del cambio, democratizar todas las relaciones sociales, y permitir a todas las culturas contribuir al desarrollo social. Insistio asimismo en la necesidad de ayudar a los Movimientos Sociales a construir una nueva teoria para los cambios.

Por: Prof. Enrique Lopez Oliva
Corresponsal en La Habana de Monitor (Mexico)
Secretario en Cuba de la Comision para el Estudio de la Historia de la Iglesia en Latinomerica (CEHILA-Cuba)
Tomado de: www.desdeabajo.info

jueves, 14 de enero de 2010

Caso de Mumia Abu-Jamal ante la Suprema Corte de Estados Unidos mañana 15 de enero

El miércoles 13 de enero, la Suprema Corte de Estados Unidos anunció que habrá una conferencia este viernes 15 de enero sobre el caso de Mumia Abu-Jamal con respecto a la petición de la fiscalía de Filadelfia para ejecutarlo sin audiencia.

El mismo día la Corte anunció su decisión de reimponer la pena de muerte en el caso de Frank Spisak. Se teme que la Corte use esta decisión para justificar la reimposición de la pena de muerte para Mumia.

Los hechos de los dos casos no podrían ser más diferentes. Frank Spisak es un neo-nazi que alardeó de haber cometido cinco crímenes de odio, incluso tres homicidios, en una “fiesta de caza” para “limpiar” la ciudad de Cleveland, Ohio, en 1982. Durante su juicio llevaba bigote de Hitler y habló de su odio a los negros y judíos. Mumia, por otro lado, es reconocido como un periodista y escritor con un fuerte compromiso social incriminado por luchar por la libertad del pueblo africano-americano y por un mundo anti-racista de justicia y libertad para todos y todas.

Lo que tienen en común es que los dos fueron condenados a muerte. En los dos casos la pena de muerte fue revocada porque el juez violó un precedente establecido por la Suprema Corte federal en el caso conocido como Mills v Maryland en 1988.

Según Mills, sólo se requiere una decisión de la mayoría del jurado, y no un voto unánime, sobre las circunstancias atenuantes suficientes para imponer una sentencia de cadena perpetua en lugar de la pena de muerte. Pero en el caso de Mumia, y en el de Spisak también, el juez le dijo al jurado que el voto tenía que ser unánime. Por ejemplo, todos los integrantes del jurado tendrían que estar de acuerdo de que algo como el buen carácter del acusado merecía una sentencia menos grave.

Mills lo hizo más difícil para que una fiscalía consiguiera una sentencia de muerte en un caso capital. Hasta ahora ha habido un acuerdo de que la decisión de Mills se aplique en todos los estados. Pero los estados de Ohio y Pensilvania alegan que no se aplica en sus estados porque las instrucciones al jurado pueden ser diferentes en diferentes estados.

La decisión de la Suprema Corte del miércoles pasado en el caso de Spisak tiene implicaciones ominosas para el caso de Mumia. Ahora su vida depende del capricho de la Suprema Corte, que ya violó sus propios precedentes al negarle un nuevo juicio el abril pasado.

Recordemos que en marzo de 2008, el tribunal de apelaciones del Tercer Circuito respaldó el dictamen del juez William Yohn de 2001 de revocar la pena de muerte. Si la fiscalía de Filadelfia quiere reimponer la pena de muerte, tiene que convocar una audiencia para determinar la sentencia: cadena perpetua o muerte. La fiscalía está apelando la afirmación de 2008 del dictamen de 2001.

Si la Suprema Corte acepta la apelación, la fiscalía puede ejecutar a Mumia sin audiencia. Si la Corte rechaza la apelación, la fiscalía tiene que aceptar la sentencia de cadena perpetua o convocar la audiencia para determinar la sentencia. La Suprema Corte también tiene la opción de reenviar el caso a un tribunal menor para reconsiderar el caso bajo nuevas instrucciones. No se sabe se la Corte tome su decisión inmediatamente o si se tarde. Mientras tanto Mumia sigue en el corredor de la muerte.

¡ LIBERTAD PARA MUMIA ABU-JAMAL!

¡NO A LA PENA DE MUERTE!

¡NO A CADENA PERPETUA!

¡PRES@S POLÍTIC@S LIBERTAD!


Por:Amig@s de Mumia, Mx
Tomado de: www.alasbarricadas.org

sábado, 15 de agosto de 2009

El funeral de Kropotkin

En una madrugada de hace unos ochenta y ocho años (el 8 de febrero de 1921) moría a sus 78 años, a causa de una neumonía, en su casita de Dmitrov —que habitaba desde el verano del 1918—, un pueblecito a unos kilómetros al norte de Moscú, uno de los mayores teóricos del anarquismo de la historia, el ruso Piotr A. Kropotkin. Su familia y conocidos rechazó la oferta del gobierno bolchevique de celebrar un funeral de estado, siendo fieles a los principios del fallecido de no aceptar favores de ningún gobierno, ni toleró fausto ni pompa alguna. Para ello se creó una comisión especial para las exequias compuesta por anarquistas.

En sus últimos tres años de vida no tuvo estrecho contacto con las masas y vivía sencillamente con su esposa, Sofía, e hija, Alejandra. Estaba entonces enzarzado en su obra sobre la ética, que no pudo concluir al sobrevenirle la muerte.

El mismo Lenin se preocupó de su estado de salud, pero le permitió conservar la vaca. Aunque apartado de la política y los asuntos sociales, siempre que podía escribía algunas cartas a las autoridades soviéticas y a conocidos, denunciando los abusos del régimen o haciendo sus análisis de la realidad del momento.

Durante dos días afluía la gente sencilla de los alrededores de Dmitrov a rendirle el último homenaje. El féretro llegó a Moscú el 10 de febrero, durante el viaje el tren llevaba varias banderas negras con textos de él, y al llegar a la estación hubo un pequeño altercado con los denominados «anarcobolcheviques» o «anarcosoviéticos» (libertarios colaboracionistas con la dictadura bolchevique) que querían llevar el ataúd a toda prisa y sin ceremonia a la capilla ardiente. Durante el trayecto se pararon junto la carcel de Butyrki y se cantaron himnos revolucionarios, como protesta al confinamiento de muchos anarquistas en las cárceles de la Cheka.

La capilla ardiente se situó en la Sala de las Columnas de la Casa de los Sindicatos, cerca del Kremlin. Allí se puso una gran bandera negra en donde estaba escrito una denuncia de los anarquistas moscovitas, ante la negativa de liberar a los presos libertarios (la mayoría ucranianos detenidos, meses atrás, durante el Congreso Anarquista de Jarkov), deseo expreso del mismo difunto.

Hubo varias peticiones de excarcelación a las autoridades soviéticas, desde el soviet de Moscú hasta al mismo Lenin, quien se lavaba las manos delegando la responsabilidades al Congreso Panruso de Soviets y la decisión final para la misma policía política, la Cheka, para que pudiesen participar en el funeral. Y la respuesta siempre fue negativa. A pesar de las trabas oficiales, como la censura y la burocracia, se publicó el boletín de la comisión y varias octavillas en la imprenta precintada del doctor Atabekían, amigo personal de Kropotkin y que estuvo junto a su lecho de muerte.

La comisión llegó a amenazar a retirar las coronas fúnebres del Partido Comunista, además de informar de la situación a la prensa internacional, si no soltaban ya a los presos anarquistas de Taganka y Butyrki, y al final las autoridades locales, Kamenev al frente, prometieron tal liberación.

Otro de los deseos del fallecido fue que no se cantase ni tocase La Internacional (le parecía que sonaba a «los aullidos de perros famélicos»).

Dos días estuvo expuesto el cuerpo al público. En la mañana del 13 de febrero las calles estaban llenas a rebosar, a pesar del frío. Helaba, se congelaban hasta los instrumentos musicales de la banda, pues el inicio del entierro se demoró durante una hora más hasta la llegada de los presos. Las autoridades soviéticas solamente liberaron, bajo palabra, a siete anarquistas, quienes portaron el féretro (Olga Taratuta, Fania Baron, Aaron Baron, David Kogan, Mark Mrachny, Alexandr Guevky y Alexiev Clonetsky) y algunos pacifistas tolstoianos, todos de Taganka.

El recorrido, desde la Casa de los Sindicatos hasta el cementerio de Novodévichi, duró unas dos horas y se hicieron dos paradas. La primera fue frente el Museo Tolstoi, al llegar a su altura se tocó La marcha fúnebre de Chopín. Y la segunda frente la prisión de Butyrki, desde la cual los encarcelados golpeaban los barrotes de sus celdas y entonaban un himno a la muerte. A este funeral asistieron miles de moscovitas —se comentaba que fueron entre veinte a cien mil los asitentes— y, además de multitudinaria, fue la última manifestación en Moscú en varias décadas (hasta tiempos de la Perestroika de Gorbachov) contra el régimen soviético. Y al frente del cortejo fúnebre iba la bandera contestataria. Había muchas banderas rojas y negras, y en algunas había textos del finado como: «Donde hay autoridad no hay libertad».

Al final, en el cementerio, varios representantes de diversas organizaciones (comunistas, eseristas, anarquistas,...) pronunciaron sus respectivos discursos. Emma Goldman tuvo su primera intervención pública en Rusia y Aaron Baron habló en nombre de los encarcelados. Y todo esto... bajo la vigilancia de un destacamento chekista.

Los detenidos pasaron la tarde con los compañeros, pero tuvieron que regresar por la noche, acompañados por otra gran procesión popular, a la carcel de Taganka. Exceptuando uno de ellos, Mark Marchny, que fue expulsado de la Unión Soviética junto otros nueve (como Volin y Maximov, entre otros) y Fania Baron, fusilada junto el poeta Lev Chorny en los sótanos de la Cheka meses más tarde, los demás desaparecieron, tiempo después, junto a los millones de seres humanos de las cárceles y campos de concentración soviéticos.



Por: Federación Local de Sindicatos de Madrid
Tomado de: madrid.cnt.es

martes, 7 de julio de 2009

La Guerra en Medellín es un hecho Comuna 13

“no mijo, apenas nos dejaron bajar no ve que toda la mañana se dieron bala, hoy madrugaron a enfrentarse por ahí desde las ocho de la mañana y quien sale pues con esas balaceras”.. El pasado viernes 3 de julio pudimos evidenciar la dura guerra que hoy se libra en la comuna trece de Medellín, en el marco de la tercera jornada de Atención de Victimas del Conflicto.

Eran las 8:00de la mañana del día viernes 3 de julio del presente año y nos encontrábamos en la comuna 13 realizando nuestra tercera jornada del proyecto de la FundaciónForjandoFuturos, y la investigación Victimas Violencia y Despojo que se adelanta con la Universidad San Buenaventura, Universidad Autónoma Latinoamericana y el IPC, bajo el proyecto de Mejoramiento del Acceso a la Verdad, Justicia y Reparación de Victimas del Conflicto Armado, en Medellín.

Por los grandes índices de violencia que se registraron años atrás antes, después y en el transcurso de la tan mencionada y controvertida “operación Orión”, esperábamos una afluencia de victimas mucho mayor de la que atendimos en el corregimiento de San Cristóbal y en el barrio Santo Domingo, pero vaya sorpresa nos llevamos cuando a las 9 de la mañana solo habíamos hecho clasificación de 100 victimas, de las 500 o 600 que esperábamos a lo largo de la jornada.

Todos nos preguntábamos ante la preocupación de algunos organizadores de la jornada, ¿qué pasó?, ¿sería por la falta de información de los medios?, ¿por que el sector era de difícil acceso?, muchas preguntas surgían y sólo una era la respuesta, de la que nos enteramos en el desarrollo de la jornada mucho tiempo después.

A eso de las 12 y 30 p.m., se empezó a ver mucho más afluencia de Víctimas, empezaron a llegar las madres, padres, niñas, niños así la jornada iba tomando el color que todos esperábamos. Y entonces surgió la respuesta la cual obtuve en medio de una conversación con una victima del conflicto en el Salado Comuna 13, quien ante mi pregunta del por qué tan tarde habían bajado, me responde textualmente: “no mijo, apenas nos dejaron bajar no ve que toda la mañana se dieron bala, hoy madrugaron a enfrentarse por ahí desde las ocho de la mañana y quien sale pues con esas balaceras”.

Pues sí, esta era la respuesta, las personas ansiosas de asistir a la jornada no lo habían podido hacer debido a los constantes y cotidianos enfrentamientos que se dan casi todos los días y hasta varias veces en un mis mi día.

Según las victimas consultadas, cuando dos camiones del ejército arribaron, se pudo calmar la balacera y todas las personas lograron bajar a la jornada un poco tensionadas, y es que todos los días tienen que esperar a que llegue la fuerza pública para que se calme el conflicto y salir de sus casas a donde tengan que ir, o a veces hasta no salir pues estos nunca llegan.

Esta triste y cotidiana realidad la pudimos reconfirmar a la llegada del compañero encargado del perifoneo animando a las víctimas a asistir a la jornada, quien nos manifestó que en un sector de la comuna trece que visitaba, presencio como unos hombres asesinaban un joven en una esquina con toda la tranquilidad del mundo y como mas abajo dos “tipos” armados se le acercaron diciéndole: “¡¡Cucho!! hágale de ahí pa’ bajo con esa maricada, no se vaya a hacer dar piso por acá”.

Pues así es, asesinatos, enfrentamientos, balaceras, tiempos de tensión y de angustia, son las que están viviendo constantemente los habitantes de la Comuna Trece, en un sector donde supuestamente la tranquilidad había llegado después de la tan documentada y popular Operación Orión y donde el “orden” estaba imperando por la constante presencia de las autoridades.

Diferentes actos violentos tuvieron lugar en la noche del jueves y el medio día del viernes (día de la Jornada) en los barrios El Socorro, 20 de julio y Nuevos Conquistadores y que dejaron, según los vecinos, varias personas muertas y heridas.

Entonces ahora finalmente me pregunto: ¿por qué no se mencionó nada de esto en los medios de comunicación? Tan sólo el Mundo (sábado 4 de julio) publicó algo al respeto:¿Qué pasa en esta zona?, ¿qué paso con la totalidad de grupos que se habían desmovilizado?, ¿quienes se enfrentan?, ¿no que Medellín está tranquila según nos venden los medios? Y la ¿Seguridad Democrática depuse de ocho largos años de aplicación?

Y así son muchas las preguntas sin respuesta que nos hacemos muchos habitantes de Medellín; interrogantes mas que respuestas urgen por una pronta solución por parte de las autoridades, eso si, esperemos que sean soluciones sin ayudas de nadie extrañamente ILEGAL.

ALGUNOS RELATOS:

Algunos de los relatos que en la Jornada escuchamos resaltamos las cuales fueron publicadas en el periódico El Mundo (sábado 4 de julio):

A Sinforosa Álvarez Yépez le mataron dos hijos entre 1991 y 1994, esta mujer menuda y aparentemente frágil cuenta con dureza en sus ojos cómo sacaron a sus muchachos de 17 y 19 años de la casa y nunca más volvieron, aún después de tantos años dice que los extraña y puede verlos en la cara de sus nietos “yo soy nacida y criada en el barrio El Salado y por 66 años he podido ver como la violencia ha estado siempre fuera de mi casa, cuando uno siente el silbido de las balas, lo único que puede hacer es buscar el techito y pedirle a Dios que no sea la hora de uno” dice, sin embargo ve esta posible reparación como un alivio en parte a su dolor y su pobreza. 274 personas más acudieron a esta jornada buscando orientación y respuestas.

Sigifredo Gómez ya no recuerda hace cuanto llegó desplazado por la violencia desde Apartadó, pero lo que recuerda vívidamente es el día de hace 13 años en que mataron a su hijo y el letrero que dejaron sus victimarios fuera de la casa, decía “por sapo”. Sigifredo se acercó a Acción Social el año pasado y ayer llegó a la Institución Educativa Samuel Barrientos para ver cómo va su proceso “me demoré para denunciar pero luego entendí que yo también tengo derecho a reclamar por el sufrimiento que me causaron”.

María Arenas también perdió a su hijo de 26 años “un muchacho como ya no hay” recuerda, él le informó a varios jóvenes de la zona que estaban en peligro y por eso lo sacaron a la fuerza de la casa, en la que vivía con cuatro hijos, y apareció muerto dos horas después.

Ahora ésta abatida madre por fin puede reclamar reparación, ya sabe que los perpetradores fueron militantes del Bloque Héroes de Granada que delinquían en la zona en 2004.

Otros casos de victimas en esta nueva ola de violencia no pueden acceder a estos beneficios pues la ley los excluye considerándolos victimas de delitos comunes y no del conflicto armado pues este según el gobierno ya terminó.


Por: Walter Rivera - Kavilando
Tomado de: www.redjuvenil.org

martes, 5 de mayo de 2009

Los fantasmas de Bojayá

Indigenas Bojayá

Relato del periodista Paco Gómez Nadal, en la última visita que nos hizo al Chocó. “Desde septiembre de 2007, Bellavista ya no es Bellavista. En ese mes, los últimos moradores fueron trasplantados a lo que el gobierno denomina Nuevo Bellavista y que la voz popular llama Severá –porque fueron años de promesas incumplidas hasta que se levantó este pueblo artificial a un costo de 34.000 millones de pesos colombianos (unos 15 millones de dólares)-.

Minelia sabía que no estaba bien esto de que cabezas y troncos no estuvieran juntos. Hay ciertas cosas que no deben suceder. Hasta en la muerte debería haber reglas. Tampoco consideraba Minelia que vivos y muertos debieran yacer revueltos entre vísceras y lluvia. Por eso, Minelia gastó su tiempo entre las balas cruzadas de paramilitares y guerrilla en dos tareas urgentes. La primera, regalarle pequeños sorbos de agua con sal a modo de suero improvisado a las pocas personas que habían quedado con aliento dentro de la iglesia de Bellavista, cabecera del municipio de Bojayá (Chocó), y que no alcanzaron a hacerse oír y así escapar del infierno con el resto de aterrorizados supervivientes. La segunda requería de más pericia: poner junto a cada cuerpo ensangrentado de las decenas de niños que dejaron de serlo ese 2 de mayo de 2002, la cabeza con la que nacieron y de la que se separaron cuando las FARC lanzaron dos tanques de gas convertidos en bombas caseras sin precisión que cayeron en la iglesia donde se protegían de las balas unos 500 civiles.

Minelia, en este juego de apariencias, es la loquita del pueblo pero esa noche demostró tener más frialdad y humanidad que cualquiera. Más, eso seguro, que El Alemán –Freddy Rincón-, el jefe del Boque Élmer Cárdenas de los paramilitares que tomaron este pueblo unos días antes de la tragedia y que ha reconocido haber presenciado los largos días de batalla campal entre armados desde una avioneta, “con binoculares”. El Alemán, en las versiones libres rendidas ante la fiscalía colombiana, dentro del marco de la denominada Ley de Justicia y Paz, sólo reconoció ser responsable de una muerte: la de Minelia. Los binoculares debían estar mal calibrados, porque Minelia, seis años después de esa matanza, la mayor en la historia sangrienta de Colombia, que dejó casi 90 muertos, 100 heridos e hipotecó el futuro de las otras 1.500 almas que poblaban Bellavista, sigue viva y habla, y habla, dicen unos que sin sentido. “Es la que dice más verdades en este pueblo”, refuta Coca, o Bernardina Vásquez, una de las líderes naturales de este pueblo ahora desgajado, trasplantado a la fuerza, despistado y enfrentado.

Trasplantados a la fuerza

Hasta septiembre de 2007, Bellavista era Bellavista. Un pueblo como tantos otros a las orillas del contundente río Atrato, expuesto a todos los actores de esta guerra colombiana que dice no ser guerra, a las crecidas de este caudal que asusta, al abandono estatal, a la lluvia que a veces parece incesante en esta región calificada como una de las de más pluviosidad del planeta. También era un lugar tranquilo. Allí, en las precarias bancas de madera clavadas en la ribera del Atrato he tomado algunos de los mejores rones de mi vida y he conocido a sus gentes, acostumbradas a convivir con el río, dispuestas a no perder la partida ante la pobreza. “No nos dejan disfrutar de esta tranquilidad”, me decía en julio de 2007 una muchacha de mirada triste y sonrisa floja.

Desde septiembre de 2007, Bellavista ya no es Bellavista. En ese mes, los últimos moradores fueron trasplantados a lo que el gobierno denomina Nuevo Bellavista y que la voz popular llama Severá –porque fueron años de promesas incumplidas hasta que se levantó este pueblo artificial a un costo de 34.000 millones de pesos colombianos (unos 15 millones de dólares)-. El viejo Bellavista es hoy un esqueleto sin piel. Lo camino con Carmencita, una de las cuatro misioneras agustinas que se han quedado como únicas habitantes de este pueblo fantasma sin fantasmas. Propios y extraños se han robado la madera de las casuchas, el piso del centro de salud, los techos de zinc… Lo que quedaba, ha sido pasto de las llamas en las que soldados colombianos han enterrado la memoria de este lugar. Solo queda en pie la iglesia donde ocurrió la matanza y la sólida casa donde viven las agustinas. Carmencito reúne en sus 150 centímetros de altura la dignidad de los que resisten. “Nunca estuvimos de acuerdo con como se hizo lo del nuevo pueblo, fue un chantaje”. Y así fue. Presencié en 2003 una reunión de la comunidad con Everardo Murillo, el responsable del proyecto por parte del gobierno nacional. Las opciones eran dos: o el nuevo pueblo tal y como lo habían diseñado los burócratas desde Bogotá o nada. Demasiados años de nada como para despreciar 265 casas nuevas.

Eso sí, hay maneras muy diferentes de describir Severá. Llego al Nuevo Bellavista en el bote de Macedonio, de un verde desgastado y con esas sillas plásticas recortadas en sus patas que hacen la vez de butacas de primera en el Atrato. Compró el renqueante motor de 15 caballos de potencia con parte de los 13 millones de pesos (unos 7.000 dólares) en los que el Estado valoró la vida perdida de su hijo de seis años, una de las víctimas de aquella matanza. “Ahora hay que subir todo porque hay ladrones en el pueblo. Uno no puede dejar nada en el bote. La Policía está ahí y no hace nada”.

La cuesta para subir al Nuevo Bellavista se torna descomunal en este calor sofocante. El barro corre por la loma como testigo de la lluvia que inundó las nuevas calles hace unas horas. Es medio día y casi nadie está en estas calles sin árboles donde el sol multiplica su poder. Las casas –diseñadas por la comunidad según el pomposo informe especial de la Presidencia de la República- fueron pensadas para otro lugar, seguro. No hay un solo vecino que recuerde haber participado en el diseño de estas cajas de fósforos, con poca ventilación y cuyas paredes de bloque acumulan el calor del día para convertirlas en hornos en la tarde. Los pisos son de cemento sin pulir, sin pintar, sin nada. Las pocas paredes repelladas –“dicen que van a ir repellando todas”- son tan precarias como el clima. Durarán poco.

El balance final de la Presidencia se hizo a propósito de la visita del presidente Álvaro Uribe el pasado 23 de octubre para entregar este decorado de pueblo. Se hizo acompañar del secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos Gutiérrez y de varios congresistas de ese país. El show fue casi perfecto. El informe oficial asegura que desde todas las casas se ve el río para mantener la cultura de estas gentes. Debe ser desde el techo, y no desde todos. El barrio conocido como las 80 casas está a más de un kilómetro del río. “Yo echo de menos mucho el otro pueblo, allá teníamos nuestro río y se conseguía la comidita fácil”, me dice una vecina que se esconde del calor tras los muros de su nueva casa. En el restaurante Punto y Coma –dos mesas acomodadas en la entrada de una casa como las otras- ya no acompañan el arroz y el pollo con patacones fritos de plátano verde, sino con un banano crudo. Extraña mezcla que se explica porque los botes que pasan por el río vendiendo pescado y plátano –ingredientes básicos de esta supervivencia- ya no paran en el Nuevo Bellavista por lo lejano de las casas. “Cuando paran, entonces cobran más caro por vender arriba. Le digo que estamos pasando apuro con la comida”.

No hay mucho que hacer acá. Ya no hay centro del pueblo, que antes se identificaba en el triángulo formado por la iglesia, la escuela y la cancha de fútbol del viejo Bellavista. Bueno, y por las tiendas-bares que se ponían en fila frente al río para construir un malecón ficticio. Ya no hay grupos de vecinos reunidos. Sólo se ve la actividad de los policías armados para combate y cuatro hombres jóvenes que beben cerveza en el lejano billar de la entrada.

“Con los policías ha entrado la vagabundería. Ahora se vende marihuana y bazuko (crack) y los pelaos (muchachos) la pasan tomando cerveza con ellos y aprendiendo malas cosas”. La queja de otra de las mujeres que guarda nombre para salvar vida se mezcla con el silencio generalizado sobre casi todo. “Es que hay informantes infiltrados y uno no sabe quién es quién”. Un silencio que según todas las fuentes también ha sido comprado en forma de empleos oficiales para los principales líderes del pueblo que hasta 2005 fueron respondones y ahora son corderitos.

La nueva guerra

La guerra en esta zona del Atrato ha cambiado de forma, no de crueldad. Cuando pisé por primera vez esta región, en 1998, el río era controlado por la guerrilla y los paramilitares desafiaban ese dominio entrando por tierra a las cuencas de los ríos Jiguamiandó y Curvaradó, donde a punta de sangre y desmembramientos abrieron espacio para los cultivos de Palma Africana. En esos últimos y amedrantadores años del milenio no había transporte público por el río, las tomas violentas de uno u otro grupo se sucedían en Vigía del Fuerte, Mutatá, Pavarandó, en los ríos, en toda parte.

La matanza de Bojayá fue un punto de inflexión que reorganizó el control territorial y modificó sustancialmente la estrategia del Estado. Entré a Bellavista el 4 de mayo de 2002, dos días después de que, en medio de los enfrentamientos, 90 vidas, la mayoría de menores de edad, convirtieran la iglesia en una tumba abierta.

Para llegar allá, superamos al menos siete controles de la guerrilla, que dominaba Vigía del Fuerte, población en la otra ribera del río, frente a Bellavista. Allí se apelotonaban guerrilleros del Frente 58 de las FARC y víctimas del desastre. En Bellavista, junto al cementerio, como metáfora de esta guerra, se enfrentaban unos 250 paramilitares contra unos 500 guerrilleros. Una lucha desigual que trataba de compensar el ejército con bombardeos selectivos que mantuvieron a la población civil bajo las colchonetas y sin la posibilidad de hacer el duelo. La mayoría de los muertos de la iglesia fueron a parar a una fosa común que hoy nadie visita.

Hoy el Ejército y la Policía colombianos están en los principales núcleos de población. Lanchas rápidas artilladas –pirañas-, patrulleras y puestos de control se reparten a los largo del río generando una ficción de control que se debilita con la realidad. Nada evitó a mediados de mayo que la guerrilla robara un bote con mercancía en un punto conocido como Brazo de Buchadó, nada evita que los miembros de Aguilas Negras –paramilitares reagrupados bajo otro nombre- estén en Vigía del Fuerte o en Quibdo, la capital del departamento del Chocó.

Todo es más sutil ahora, pero igual de peligroso para la población civil. “Desaparecieron a un vecino en Napipí hace 10 días”, “De Bellavista se han tenido que ir cuatro muchachos que aparecían en una lista de los paramilitares”, “En el Bajo San Juan mataron a un líder indígena y desaparecieron a otros cuatro”… los relatos son interminables. “Pero ahora es muy difícil tener información, que la gente denuncie. Hay mucho miedo por los infiltrados. Los derechos humanos se siguen violando pero ahora, además, no existe el derecho a la libre expresión”, se queja Uli Kollwitz, de la Comisión Vida, Justicia y Paz. Y las comunidades están más solas. El dinero y las presiones han sembrado la división en muchas de las organizaciones civiles de resistencia que lograron que estos pueblos no se desmoronaran en los duros años entre 1997 y 2002, Naciones Unidas se excusa en las reuniones privadas con el argumento de que todo lo que ocurre es tema de narcos y en Colombia el Chocó sigue siendo el lugar lejano, inhóspito e inviable que siempre han retratado los medios y los opinadores.

El peso de las mentiras

La metamorfosis de la guerra contamina casi todo. Antún Ramos es el sacerdote que se convirtió en un héroe para la población de Bellavista el 2 de mayo de 2002 cuando, bandera blanca en mano, logró arrastrar entre las balas a los supervivientes de la iglesia hasta los botes en los que huyeron del infierno. Ahora, Ramos es párroco en el barrio Las Américas de Quibdó. Está orgulloso de las obras que está haciendo en su nuevo destino, pero no sale del asombro de la declaración de El Alemán ante la fiscalía en las que éste lo responsabiliza de la muerte de ese mundo de civiles por meterlos en el templo y, según el paramilitar, haber cerrado con llave.

“Yo no sé si hay que contestarle a ese hombre…”. Esa duda ronda en todos a los que El Alemán ha untado con sus palabras. “La sensación es que lo que él dice vale más que lo que nosotros vivimos”, insiste Coca desde su nueva casita en Bellavista.

Rosa Emilia Córdoba, a sus gastados 48 años, describe a las víctimas de otra manera: “Somos las sobras del mundo”. Esta mujer carga como una losa en su alma la muerte en aquella iglesia de su hijo Ilson, de 19 años, de su madre Rufina, de 76 años, y el estigma de ser desplazada en Bojayá. Rosa no había vuelto a Bellavista desde que salió de allá el 4 de mayo huyendo en pijama, con una hija de 15 años herida de bala y dejando atrás todo lo material y sus dos muertos. Viajó hasta allá el pasado 28 de mayo para escuchar las grabaciones con las palabras de El Alemán que la fiscalía presentó a la comunidad para someter a una especie de terapia colectiva de 6 horas y dudosos beneficios a los habitantes fantasmas del nuevo pueblo. “no me atreví a ir al pueblo viejo, demasiados recuerdos. No pude”. Como tampoco va poder regresar a vivir en la casa que le correspondió: “Yo no quiero regresar a mi pueblo por los recuerdos, como por la tristeza y bueno… por la rabia que tengo. Rabia con la guerrilla, rabia con los paramilitares y… y con el Gobierno oiga, que eso no debía de haber pasado”.

Rabia y resignación son los dos estados que más aparecen cuando se pregunta a estas gentes cómo están seis años después. Han tenido que esperar este tiempo para que un juez administrativo de Quibdo confirme que el Estado es responsable por omisión de aquella matanza, ya que recibió alertas tempranas de diferentes organizaciones días antes del suceso, advirtiendo de la inminencia de un choque armado de grandes dimensiones en pleno casco urbano. Seis años para escuchar eso y para sentir aun que no se ha hecho justicia. Ahora, en Quibdo se encuentran cientos de desplazados de aquellos miles que salieron de todo el municipio de Bojayá en 2002. Los estudios señalan que apenas regresó el 60% de los huidos. No hay empleo en una ciudad sin fuentes de empleo y las condiciones de vida son muy precarias. “De mi familia cayeron 12 en esa iglesia. Yo no pienso volver, tengo todavía el nervio en el cuerpo”. Miriam Martínez, de 58 años, habla con los brazos cruzados y la tristeza enquistada. Junto a otras cinco mujeres trabaja por unos pesos fabricando hostias para las iglesias. “Es poca plata, pero lo agradecemos, aquí es difícil amañarse [sentirse bien] porque nos miran como si con nosotros llegara todo lo malo”.

Seis años han pasado y la sensación de frustración es más fuerte que la posibilidad de un futuro. A Bellavista entré en plenos combates el 4 de mayo de 2002 con la primera comisión humanitaria que rompió el cerco de miedo y riesgo. Estaba conformada por miembros de la Diócesis de Quibdó, los únicos que han estado con los civiles todo el tiempo, sin pestañear. La religiosa Yaneth Moreno iba en ese bote y con ella estuvimos bajo los bombardeos y retenidos por la guerrilla en la retaguardia del frente de esa guerra. Hoy, la hermana Yaneth siente que nada mejora, aunque sigue luchando con la misma energía. “Es tan frustrante ver como no solo las cosas han vuelto a ponerse tan mal sino que los medios en Colombia ya no están interesados en nada de lo que ocurre. Ahora estamos en el silencio”. Cuando me dirijo al aeropuerto de Quibdó, de salida, siento que volver acá es regresar a la realidad más perversa de Colombia, la que queda solapada tras los aspavientos de los Uribes, los Chávez o de los bravucones armados de uno u otro bando. Y al caminar hacia el avión, volteo la vista y una pancarta me recuerda que en esta guerra, como en casi todas, la verdad queda solapada por los discursos y las mentiras: “Bienvenidos al Chocó, tierra de biodiversidad y seguridad. Policía Nacional de Colombia”.


Por: Paco Gómez Nadal - choco.org

martes, 28 de abril de 2009

¿No te huele a podrido?

Sombrero de mago

No sé si lo sentís de esa manera, pero hay una vaharada de putrefacción en el país.
Pensaría cualquiera que hasta bueno y sintomático, porque las sociedades, a diferencia de los humanos, primero se pudren y después se mueren. El asunto es que este sistema de desgracias e inequidades no está en agonía, sino más bien, en reconstrucción y reforzamiento de bases para que el reino y su rey sigan a perpetuidad.

El olor, como pasa en un cuento de Faulkner, sale de una casa que está en aparente decadencia y no basta con que vamos a regarle cal en los zócalos. No sé si lo sentís así, pero no es de extrañar, digamos, que los hijos del presidente, negociantes de alcurnia, aprovechen la posición de su papá para acrecentar su sapiencia de comerciantes. Es la cultura del poder, sobre todo en Colombia, donde padres y delfines, han aprovechado al Estado en beneficio propio.

Pasó en los tiempos de la Handel, también en los de la carretera La Libertad. No sé si lo apreciás así, pero nos acostumbramos a la podredumbre. Perdimos el olfato. Nos prepararon para la sumisión y la complicidad. Se dirá: los de arriba pueden hacer lo que les dé la gana. Para qué rebelarnos, si al fin de cuentas aquí no pasa nada.

Qué importa, por ejemplo, que en una semana asesinen a un periodista, hieran a otro, y asalten en Tulúa a Álvarez Gardeazábal. O que cada día se sepa que el DAS, ese que dirigió una vez un “buen muchacho”, tiene listas negras, chuza teléfonos de magistrados, hace seguimientos a opositores, monte espionaje a aquellos que son considerados incómodos o no pertenecen al redil. Hace parte de la “normalidad” de un régimen, presidido por una “inteligencia superior”.

Qué importa, por ejemplo, si la Comisión Primera de la Cámara, en el caso del referendo del agua, aprobó un texto contrario a la iniciativa ciudadana. Las denuncias al respecto dicen que se alteró en esencia el contenido del mismo. Se eliminó la consagración del derecho fundamental al agua potable. Se sustrajo el reconocimiento del agua como bien común y público. Se quitó la prohibición de privatizar la gestión del agua y del servicio de acueducto y alcantarillado, sin ánimo de lucro. Mejor dicho: se irrespetó la propuesta popular.

Lo más atractivo, según las denuncias, es que las modificaciones arbitrarias se acordaron en la Casa de Nariño entre el Presidente y su bancada. Además, se le filtró un “mico” (o un elefante) al texto original: volver constitucional que “las aguas que nacen y mueren en la misma heredad”, son privadas. No sé si lo considerás así, pero esto significa, entre otros asuntos, que el principio de que todas las aguas son bienes de uso público, lo volvieron trizas.

Y después, desde la Casa de Nariño (o de “Nari”), se grita que sea el pueblo el que decida sobre el referendo del agua. Claro, cuando ya se le trastocó el contenido y se adaptó para defender intereses privados. Nada raro en este país sometido a tantas ferias, engaños y dizque “profundizaciones” de la democracia.

No sé si lo mirás así, pero no será extraño que a este referendo espurio le adhieran el referendo reeleccionista, sin tocarle ni una letra, claro. Y todos tan contentos. O sea, que ya va siendo hora de recordar la “hecatombe”, aquella que pronosticó el profeta para aspirar a quedarse en el poder hasta el final de los tiempos.

Y la hecatombe –no sé si estarás de acuerdo- la viven los despedidos de las empresas, los desplazados, los desempleados, los que no atienden en los hospitales y clínicas, los destechados, los olvidados de las bienaventuranzas. Pero qué importan todos ellos, si el día que despierten (despertemos) el Mesías estará ahí, como el dinosaurio del cuento.

Por: Reinaldo Spitaletta
Tomado de: www.elespectador.com

miércoles, 11 de marzo de 2009

No olvidar 10 años de impunidad 10 años de resistencia



El 7 de agosto de 1999 fue asesinado el líder estudiantil de la Universidad de Antioquia (Medellín, Colombia), Gustavo Marulanda. El crimen fue reconocido por los grupos paramilitares quienes habían publicado una lista en Internet, donde acusaban a los miembros del Movimiento Estudiantil de pertenecer a grupos insurgentes y los amenazaban de muerte.


EL COMPAÑERO GUSTAVO MARULANDA LUCHO POR UN IDEAL,Y POR EL LUCHO HASTA EL FINAL.
HOY CASI 10 AÑOS DESPUES SU ASESINATO SIGUE IMPUNE ANTE EL ESTADO PERO EN NUESTROS CORAZONES EL SIGUE VIVO Y POR EL Y MUCHOS OTROS COMPAÑEROS NO ESTAMOS DISPUESTOS A RENDIRNOS Y SEGUIREMOS CON EL PUÑO EN ALTO SIN DEJARNOS ASUSTAR POR EL ESPIRITU DE GUSTAVO Y DE NUESTR@S COMPAÑER@S ASESINAD@S TORTURAD@S Y DESAPARECID@S NUESTRA LUCHA SIGUE EN PIE


GUSTAVO MARULANDA
1999- HASTA SIEMPRE PRESENTE!!!

LUCHA POPULAR POR EL CAMINO A LA GLORIOSA LIBERTAD!!

lunes, 26 de enero de 2009

TEXTO PARA EL CONDENADO A MUERTE MUMIA ABU-JAMAL

Texto para el condenado a muerte Mumia Abu-Jamal

Para Mumia
Queridos amigos

Hemos andado, hemos hecho manifestaciones, hemos perdido banderitas, hemos cosido de nuevas, hemos escrito, siempre escrito, incluso si las respuestas nos eran robadas, le hemos deseado felicidades en todos sus cumpleaños, hemos nombrado a un vino en su honor, hemos aplaudido a su ciudadanía de honor en por lo menos 30 ciudades francesas, hemos ayudado a nombrar una Calle con su nombre, hemos depositado un ramo a los pies de la estatua de la Libertad, la verdadera, incluso si habían zodiacs en el Sena, hemos sido periodistas de nosotros mismos. Para despertar una lucha para su nuevo proceso jurídico o su liberación inmediata, para todos los presos políticos en los Estados Unidos y para la abolición de la pena de muerte, lucha que con el tiempo se anestesiaba, hemos ocupado el sitio de una sucursal que, en Francia, fabrica la molécula que anestesia al condenado durante la inyección letal. Hemos aprendido desde entonces que muchos de los sentenciados morían de dolor, hemos aprendido desde entonces que esta molécula no se utiliza incluso ni para los perros americanos. Hemos cubierto una Cadillac, pintada en blanco, de nuestros gritos, de nuestros escritos, de nuestros poemas, de nuestro tag-art, hemos tendido la mano a los sin papeles, les hemos dado el Papel, que él escribió para ellos, hemos tendido la mano a los raperos, a los slameros, a las cantantes de ópera, a una antigua Primera Dama, la misma que lo visitó y quiso ver su pie infectado a través del Plexiglas, hemos fundado los miércoles de la Concorde para él, hemos firmado kilómetros de peticiones para él, y también le hemos visitado en el final más profundo de Pensilvania, en la frontera con Virginia del oeste allí donde decapitan las montañas para tener acceso más rápido al carbón. Hemos visitado los museos vivientes de la cultura de la muerte.
Hemos recorrido los Estados Unidos para volver en el corredor de la muerte para explicarle: "Mumia, un joven hombre en Luisiana llamó a su madre para decirle que reventaba, el otro día, este otoño, porque le habían pedido de deshacerse de 5000 cadáveres todos matados de una bala en la sien a quemarropa en Nueva Orleans. Es el huracán Gustav que removió el agua de los pantanos e hizo subir a la superficie los cadáveres del Katrina". Para explicarle: "¿Sabes Mumia, 200 000 personas vestidas de blanco descendieron a la calle en Bélgica para honorar a las niñas martirizadas. Sus padres andaban en cabeza. Un periodista se acerca a uno de los padres: "Señor, tan sólo tiene que decir una palabra para que se restablezca la pena de muerte en Bélgica": El padre: "Esta palabra, no la voy a decir"."
Esta es la única vez que veo los ojos de Mumia llenarse de lágrimas.

"Me estás hablando de otro planeta".
¿Somos otro planeta? Permanezcamos lo que es humano en este otro planeta. Cerremos las puertas a lo inhumano que se importa. Hemos aprendido a conocer a lo largo de las visitas un poco mejor a Mumia: Su discreción, su pudor, su rechazo de la "people-isation". ¿Iros y ocuparos de Shaka Sankofa, ocuparos de los refugiados en el interior alcanzados por el Katrina. Ocuparos de Troy Davis, venga, ONA MOVE!? Lo aprendemos de su círculo: su vecino de celda le confía a una visitante de prisión que nos informa. Está en baja forma, cansado. Ha escrito tantos libros, se le pide tantos mensajes, es abogado de prisión para los otros antes de serlo para él mismo, es por ello que está agotado, es humano.

Este verano, un día tenía sed: Siempre deja caer un poco el agua del grifo antes de beber. Se tumba un rato bajo el sonido del agua que cae ?único ruido en esta celda construida para la privación sensorial. Se duerme. La inundación lo despierta: su mini Katrina de él. No me habla de ello. No habla de ello a los visitantes. Perdió documentos jurídicos y un cierto número de libros (a través de amazon.com, podéis enviarle para año nuevo un libro en inglés siempre que no haya inscripciones en el interior - hay que subrayarlo cuando se pasa el pedido). Hay muchas cosas que no os dirá si no os dais cuenta: "¿Pero no ve nada cambiado?" El visitante molesto estudia el box del que tiene tanta costumbre que olvida de sorprenderse: Siempre el mismo Plexiglas antibalas, Mumia con una ropa naranja vivo. "No nada". Vuelve a hacer la pregunta. Finalmente Pam Africa se vuelve la niña que se da cuenta que "El emperador está Desnudo". "Pero, ya no llevas las esposas". Él sonríe. Por fin, alguien se dio cuenta.
El arzobispo Desmon Tutu lo había visitado algunos meses antes, saliendo del corredor de la muerte, en estado de choque ¿Cómo se los puede encadenar en esta jaula de vidrio? ¿Incluso nosotros en el tiempo del apartheid? Los meses pasan. Nada silencio. Pero un día sin razón aparente, todos los condenados a muerte son librados de las esposas [grilletes de manos] durante las visitas.

Nos manifestamos en el ruido pero unas cartas se intercambian por correo diplomático. Unos países con pasados inhumanos se interrogan, se indignan, exponen las indignidades en términos de derechos humanos e internacionales.

¿Y él?
Él siempre escribe, en esta misma celda de condenado a muerte, sí, de condenado a muerte a pesar del disgusto de la desinformación. Él y otros, es verdad, ya no llevan las esposas durante las visitas e, incluso cansado, continúa durante más de una generación, él continúa continuando. Para él la hora que gira se mide a nuestras cartas. Cada carta enviada es un espejo mantenido frente a su valentía.
El Señor Jean-Jacques de Félice que nos dejó hace poco y que había ayudado discretamente desde hace generaciones a Negros Americanos en Francia, me hizo un día esta pregunta: ?Os veo tentar con vuestras subscripciones y vuestras colectas de pagar a Mumia una justicia. No estoy de acuerdo, la justicia no debería pagarse y tan cara además.? (En 1995, obtener un nuevo juicio para un condenado a muerte en los Estados Unidos costaba 2 millones de dólares. Para Angela Davis, fue entre 7 y 8 millones. Hasta hoy en día, las sumas reunidas para Mumia podrían ser aproximadamente el doble de aquellas reunidas para Angela?). El Señor de Félice se calla. Pero su mirada azul busca una respuesta. "¿Es una suma para un rescate y Mumia ha sido raptado?" pregunto. Él guarda el silencio. Esta fue una de las últimas veces que vi a Jean-Jacques antes que nos dejara como lo hicieron tantos otros amigos de Mumia: Jacques Derrida, Théodore Monod, y tantos otros?

Julia Wright
COSIMAPP
richardwrightcentennial.jw@gmail.com
Miembro de la Red MUMIA LIBRE Marsella, Montpellier, Barcelona.
DIRECCIÓN DE MUMIA EN LA GALERÍA DE LA MUERTE DE PENSILVANIA

Mumia Abu-Jamal
SCI GREENE
169 Progress Drive
Waynesburg, PA 15370
USA

tel: 00-1-724-852-2902

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¡NUEVO LIBRO DE MUMIA ABU-JAMAL !

"QUEREMOS LIBERTAD" Una vida en el partido de los Panteras Negras.

publicado en castellano por el Editorial Virus, 1a edición noviembre 2007.
www.viruseditorial.net

"WE WANT FREEDOM" A live in the Black Panther Party.
Ed. South End Press, Cambridge, Massachussets, USA
Copyright Mumia Abu-Jamal, 2004

publicado en francés:

"WE WANT FREEDOM" Une vie dans le parti des Black Panthers
Copyright para la edición francesa
Ed. Le temps des Cerises, éditeurs, 2006

Tel: 00 33 (0)1 49 42 99 11


http://www.nodo50.org/federacioniberica_cna/mostrar.php?id=a20a7e84193caf5c3499f08cb6698d65

jueves, 15 de enero de 2009

DISTURBIOS EN OAKLAND POR LA MUERTE DE UN JÓVEN A MANOS DE LA POLICÍA

Disturbios en Oakland por la muerte de un jóven a manos de la policía

El miércoles 7 y el jueves 8 se han registrado disturbios durante las protestas por el asesinato de Oscar Grant, joven asesinado en Oakland (EEUU) por la policía el día de año nuevo.


El pasado miércoles 7 de enero se había convocado una manifestación a las 20:00 h en protesta por el asesinato del joven Oscar Grant a manos de la policía, la marcha salió espontáneamente a las 17:30 h. Al terminar se produjeron disturbios contra la policía y el mobiliario urbano. Alrededor de 120 personas han sido detenidas durante los disturbios, a las cuales se les acusa de vandalismo, incitación a los disturbios, ataque a una patrulla de policía, asamblea ilegal y disturbios. Al dia siguiente (Ayer) se convocó otra marcha en la cual se produjeron nuevos enfrentamientos con cortes de carretera.


Extraído de:
http://news.infoshop.org
http://www.indybay.org/
Video:
http://cbs5.com/video/?id=44166@kpix.dayport.com

traduccion en la haine(fotos y videos):
http://www.lahaine.org/index.php?p=10184