martes, 5 de enero de 2010

Chomsky en bufón de Chávez y Crítica breve del artículo “Chomsky en bufón de Chávez”

Chomsky en bufón de Chávez
REPLICA A UNA REPLICA

Contrariamente a lo que muchos piensan, la capacidad de creer en falacias y aceptar ciegamente una ficción, por fantasiosa y grotesca que ésta sea, no es atributo de tontos e ignorantes. El famoso ensayista Noam Chomsky nos acaba de mostrar que también intelectuales cultivados, inteligentes y perspicaces pueden volverse crédulos y aceptar conductas y actuaciones políticas a todas luces demagógicas, falaces y autoritarias. Creerlo o por lo menos simularlo.

Claro que no es nada nuevo ver a un intelectual de alto rango caer en tal contradicción. Ya con la Unión soviética y la China maoísta tuvimos el irracional fenómeno de los “compañeros de viaje”… Esos intelectuales que creyeron -muchos de ellos de buena fe- en la instauración del “socialismo” y la construcción del “hombre nuevo” en esos países, hasta que los hechos les obligaron a darse cuenta de lo que realmente eran esos regímenes. No obstante, aunque en muchos casos tales extravíos no estén motivados por la búsqueda de algún tipo de recompensa y parezcan sinceros, puras fatalidades antropológicas, es lógico preguntarse el por qué y el cómo de tales conductas. Y aunque lo más fácil sea pensar que es simplemente por el efecto de creencia, que ningún ser humano –inclusive el más racional- puede permanentemente evitar, en el caso de Chomsky no es posible olvidar que él combatió ese efecto de creencia en el pasado.

Por eso es obligado preguntarse: ¿cómo un hombre, aparentemente capaz de razonar, de analizar críticamente lo que sucede en el mundo, puede viajar hoy a Venezuela para loar el “socialismo del siglo XXI” sin apercibirse de la mentalidad castrense de su inventor, el Comandante Chávez, ni del populismo grotesco de su llamada “revolución bolivariana”? ¿Cómo puede cometer Chomsky el mismo error que cometieron, en el pasado siglo, famosos intelectuales de la época, unos loando a Stalin y otros, años más tarde, alabando a Mao y su “Pequeño Libro rojo”? Ellos por haber creído que en Rusia y en China se estaba construyendo el “verdadero comunismo”, y él por creer ahora que en Venezuela se está creando “un nuevo mundo, un mundo diferente”. ¿Cómo ha podido olvidar que después todos esos intelectuales se vieron obligados a hacer un mea culpa por la ceguera ideológica que les había impedido ver lo que había detrás del discurso revolucionario estalinista y maoísta? Ese totalitarismo, responsable de la muerte de millones de gentes, que inspiró a Castro para imponer desde hace cincuenta años en Cuba una dictadura de la que Chávez es un devoto admirador.

Pero lo sorprendente en el Chomsky de estos últimos años no es sólo esta aparente amnesia histórica sino que haya sido sensible a los elogios de ese castrense histriónico: “Te doy la más calurosa bienvenida (…) ya era hora de que nos visitaras y que el pueblo venezolano te viera y oyera directamente” y le haya agradecido sus “amables y generosas palabras”. Además de la bufonada de decir Chomsky lo “emocionante” que le resultaba “ver hombres que han inspirado esta situación”.

Lo más sorprendente de esta conversión a la fe mesiánica, parecida a conversiones célebres a la fe católica (las de Baudelaire, Peguy, Claudel, etc.), es que el milagro llega tras producirse el derrumbe del “socialismo real” de inspiración soviética y la instauración del capitalismo en China por el Partido comunista que Mao dejó en el poder. Pues, a diferencia de aquellos jóvenes intelectuales “idealistas”, que loaron a Stalin o a Mao antes de producirse estos importantes y significativos acontecimientos históricos, Chomsky los ha podido observar en vida y por eso es más incomprensible el hecho de que ahora parezca haberlos olvidado. Sobre todo que los fracasos del mesianismo revolucionario confirmaron de manera indiscutible sus profecías.

Es verdad que desde hace ya un buen momento estamos asistiendo a la instrumentalización de Chomsky en muchas direcciones. Y ello pese a que su posición ética, sus referencias ideológicas y su actuación política están a las antípodas de lo que defienden y adoran muchos de estos que hoy pretenden tenerlo de guía. Y esto es fácil de verlo simplemente leyendo sus libros. Salvo que el Chomsky de hoy no sea el mismo que escribió: “Estamos en un período de corporativización del poder, consolidación del poder, centralización. Se supone que eso es bueno si eres un progresista, como un marxista leninista. De los mismos antecedentes proceden tres cosas importantes, fascismo, bolchevismo y tiranía corporativa. Todas surgen más o menos de las mismas raíces hegelianas.” (Chomsky. Class Warfare, p. 23). Y no digamos lo que escribió más tarde a propósito del país salido del golpe de Estado bolchevique de octubre de 1917, que, para Chomsky, era responsable de la eliminación de las estructuras socialistas emergentes en Rusia: “Son los mismos brutos comunistas, los brutos estalinianos de hace dos años, que dirigen ahora los bancos” y que son “los gestores entusiastas de la economía de mercado”. Y de ahí su pesimismo: “Los que intentan asociarse a organizaciones populares y ayudar a la población a organizarse por ella misma, los que apoyan a los movimientos populares de esta manera, simplemente no podrán sobrevivir en tales circunstancias de poder concentrado”. (Chomsky. Comprendre le pouvoir, pp. 7-11).

¿Cómo es posible pues que él cometa hoy la misma equivocación cometida entonces por los “compañeros de viaje” pro-chinos -que habían conocido la ceguera comparable (y reconocida) de la generación que les había precedido, -la de los viejos estalinistas pasados tardíamente a la autocrítica- pese a que él fue un testigo crítico de tal ceguera?. ¡Lo grave, en el caso de Chomsky, es que de nada le han servido esas experiencias a pesar de haberlas conocido y denunciado!

Con Chomsky tenemos pues que interrogarnos también sobre el misterio de esa extraña cohabitación de la inteligencia más aguda y la credulidad más obtusa en un mismo espíritu humano. Y tanto más que, en aquellos tiempos, él fue uno de los que más contundentemente criticaron la ceguera en que habían caído muchos de sus colegas intelectuales que constituían con él lo más granado de la inteligencia occidental: los Sartre y otros grandes filósofos, historiadores, sociólogos, periodistas o universitarios de primer plano.

Misterio hay, puesto que raros fueron los intelectuales que después no tuvieron que confesar haberse equivocado y reconocer que Chomsky había tenido razón al poner en evidencia la ceguera que les había inducido a cometer ese gravísimo error de apreciación en el pasado. ¿Cómo ha podido Chomsky olvidar esto? Es verdad que tampoco la ceguera de los antiguos estalinistas -mil veces confesada y analizada en artículos, entrevistas y libros- sirvió de lección a los jóvenes maoístas occidentales, puesto que a una distancia de 20 años de intervalo reprodujeron el mismo tipo de extravío. Y con el mismo orgullo y fatuidad de sus predecesores. Pero lo primero en estos fue la adhesión ciega a lo que se presentaba como revolución emancipadora. En Chomsky sucede lo contrario: primero fue la denuncia, el análisis objetivo, racional, rigurosamente crítico, y después la ceguera…

El antiimperialismo miope

Cierto es que el antiimperialismo USA de Chomsky le llevó ya a una relativa discreción a propósito del autoritarismo creciente de los sandinistas durante su ejercicio del poder en los años 1980 en Nicaragua y de la dictadura castrista desde hace varias décadas. Y ello pese a que entre las víctimas de esta última se encuentran personas con muchos puntos en común con los militantes antiimperialistas pro cubanos del resto de América Latina.

¿Será pues este obstinado antiimperialismo, el hecho de que para él lo principal es denunciar las injusticias que prevalecen en los USA así como las injusticias generadas por este país a la escala del planeta, lo que le lleva a posicionarse de manera tan desconcertante con lo que pasa en el continente americano? Efectivamente, aunque Chomsky se sigue considerando “anarquista-libertario”, está claro que para él las consideraciones ideológicas deben pasar a un segundo plano y que se debe establecer una especie de graduación entre las injusticias según el grado de peligrosidad planetaria de los blancos contra los que se dirige la crítica. El problema es que este relativismo político permite a muchos marxistas-leninistas, populistas y políticos, cuya única preocupación es la conquista del poder, su ejercicio y su conservación, a ampararse sólo de los argumentos antiimperialistas de Chomsky en lugar de preocuparse por la ayuda a aportar a la población para organizarse por ella misma. Y es un verdadero problema porque Chomsky no hace ni dice nada para disuadirles de hacerlo. Al contrario, manteniéndose con tanta perseverancia en esta inmoral discreción y dejándose fotografiar al lado de los Castro y los Chávez se hace -aunque sus elogios sean discretos y de conveniencia- cómplice de las bufonadas y de las derivas autoritarias, dictatoriales, de estos nuevos oligarcas.

Desgraciadamente, esta obstinación en mantener tan maniquea discreción (por considerar menos peligroso el acceso al poder de estos populistas que los destrozos que causa el imperialismo yanqui en el mundo) no es sólo ineficaz para impedir tales destrozos (estos populistas siguen haciendo negocios con las multinacionales del imperio) sino que contribuye a desmovilizar a los pueblos y a hacer aún más difícil la tarea de los que si luchan contra la dominación planetaria del Capital y el Estado.

Es posible que, dada su edad, Chomsky no pueda reconocerlo: pero es imposible pensar que no sea consciente de la distancia que le separa de todos aquellos que recogen sus argumentos contra el imperialismo yanqui y que, en cambio, se muestran muy reticentes, por interés o comodidad, a denunciar las formas de dominación de esos populistas pretendidamente revolucionarios.

Octavio Alberola

Nota sobre el autor: O. A. combina la reflexión teórica con el activismo. En el año 1955, organizó desde México la solidaridad con la lucha en Cuba contra la dictadura de Batista, lo que luego se transformó en el apoyo directo a los preparativos del desembarco de Fidel Castro en la isla. En 1962, en Francia, coordinó un organismo llamado Defensa Interior (DI), un grupo secreto formado por acuerdo de la CNT, la FAI y la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias para reactivar la lucha contra la dictadura de Franco, por lo cual fue responsable de sabotajes, intentos de atentados, impresión de propaganda clandestina y refugio de personas que escapan del fascimo español. Actualmente trabaja en la revisión del proceso de Delgado y Granado; en el Grupo de Apoyo a los Libertarios y Sindicalistas Independientes en Cuba (GALSIC), entre otras actividades. Entre otros libros, es autor de “El anarquismo español y la acción revolucionaria (1961-1974)” y “Miedo a la memoria”.


Por: Octavio Alberola - El Libertario, # 57
Tomado de: www.nodo50.org/ellibertario/PDF/.pdf

................................................................................


Crítica breve del artículo “Chomsky en bufón de Chávez”

El trabajo de Chomsky como “compañero de viaje” del anarquismo es encomiable y creo que Los intelectuales y el Estado tiene más peso libertario en este ámbito que muchos artículos de anarquistas.


Nota de Kaos en la Red: El artículo mencionado puede leerse a continuación de esta nota

Otro plano complejo, es la crítica de Cuba y de la Venezuela de Chávez, descartando argumentos falaces para acallar la rebeldía y juzgando una realidad con visos de obrerismo, sin herir a los trabajadores, sobre todo latinoamericanos, que mantienen cierta confianza en direcciones y líderes que no nos parecen ni fiables ni serias.

Noam Chomsky y América Latina

Muchos sabemos que Noam Chomsky no está afiliado a un grupo anarquista, si bien está cerca de los IWW de EE UU. Su trabajo como “compañero de viaje” del anarquismo es encomiable y, por ejemplo, creo que Los intelectuales y el Estado (http://www.fondation-besnard.org/ar...) tiene más peso libertario en este ámbito que muchos artículos de anarquistas, empezando por mí.

No menos evidente es que Chomsky obra y tiene militancia en su propio país con la denuncia del imperialismo norteamericano. Y añade a este enfoque, la necesidad para los trabajadores de ampliar la superficie de la jaula en que estamos (imagen que encontró en el MST brasileño, y que ya se citó en la revolución bolchevique), o sea reforzar los servicios sociales estatales para no estar avasallados por las grandes corporaciones privadas. La disminución del Estado significa la vertebración del sector privado. La disminución del Estado mengua el espacio en que se puede ejercer la influencia pública. No es un objetivo anarquista. Algunas personas se pueden ilusionar con la expresión « disminuir el Estado » y el medio de quitarse del mismo, pero piensen en lo que significa. Equivale a reducir el Estado y consolidar un poder todavía peor. No es un objetivo anarquista. (Diálogo entre Chomsky y estudiantes de Historia de la Universidad de São Paulo en noviembre de 1996) Democracia e autogestão, São Paulo, 1999, p. 71.

En cuanto a la visita de Chomsky a Venezuela de septiembre de 2009 él mismo declaró: Muchos de los programas que ha iniciado [Chávez] me parecen bastante prometedores, como las misiones (programas sociales), los esfuerzos para reducir la pobreza. Ha impulsado los esfuerzos de integración en Sudamérica, como el Banco del Sur, o Petrocaribe. Todas estas cosas son muy positivas. Creo que también hay grandes problemas en el país, como el alto nivel de crimen, enorme corrupción, elementos de caudillismo -la tradicional plaga latinoamericana. (Rebelión, 24.06.09, sacado de BBC Mundo, Noam Chomsky, «Los cambios en Sudamérica son inspiradores").

Tras la visita de Noam Chomsky a Hugo Chávez, no he visto bajo la firma de Chomsky parrafadas de encomio desorbitado ni que había dado con el socialismo real. También en los 1970 durante la guerra de EE UU en Indochina, Chomsky fue a Vietnam, o sea un Gobierno marxista leninista, para mostrar su apoyo a un país asolado por el imperialismo y no se convirtió por eso en propagandista marxista.

Creo que Noam aprovecha al máximo su papel excepcional (e irrepetible, a mi parecer) de intelectual comprometido e incorruptible. Si Octavio lo olvidó es una pena para él, pero no veo desviación o dejación en Chomsky.

En cambio, estoy de acuerdo con Octavio cuando evoca intelectuales admiradores del socialismo real y que cobraban con creces sus derechos de autor por las ediciones en ruso y en otras lenguas de las colonias (para los latinoamericanos, Pablo Neruda y en especial García Márquez que dejó en la Bulgaria de Todor Zívkov, un recuerdo de avidez de dólares como dijo alguien de Salvador Dalí).

El problema que Octavio habría debido plantear es ¿qué ganamos con la retirada del imperialismo de EE UU si lo substituye otro? Y muchas veces dicho reemplazo va seguido de un régimen corrupto y sin control alguno de los ciudadanos sobre su propio Gobierno, como Vietnam lo sigue demostrando, y Cuba igualmente, pero en un contexto distinto.

En efecto, la prostitución era menor que bajo Batista hasta la adopción en Cuba a mediados de los 1980 de las tiendas en dólares [cualquier cubano ingenuo podía ver a la semana de estar en Moscú o en Sofía las secuelas de corrupción, pero Fidel Castro antepuso los dólares antes que la ética, elemental aplicación de un análisis -que voy a presentar- de Engels para México], la educación progresó (pero con una fabricación del consenso digna de la de EE UU) y un auge de la medicina (por lo menos mientras existía el socialismo real).

Una situación poco brillante, pero sin los escuadrones de la muerte y el genocidio de los opositores que sembró EE UU en Guatemala y otros países vecinos, desde los 1960. La mugre impuesta por EE UU hizo resaltar en Cuba un auge social mediocre, que se convirtió en un mito hasta en Argentina, donde Perón y Evita hicieron mucho más en la educación y en la salud (un sistema aún eficaz para las urgencias, pero con condiciones previas mejores que en el Caribe).

Y en este contexto es lógico que Chomsky aprecie regímenes como los de Correa, Evo Morales, incluso Lula, y de Chávez, por su relativa oposición a aspectos del imperialismo norteamericano.

Aquí también la crítica posible a la posición de Noam Chomsky es observar que el imperialismo que se substituye al de EE UU es él de la Unión Europea, bastante similar o totalmente cómplice del de EE UU en el caso de Repsol. Otro aspecto inquietante, es la política interior y en este ámbito Chávez es el más tímido de los estadistas suramericanos sedicentes anti imperialistas, puesto que sigue vendiendo casi tanto crudo a EE UU como hacían sus predecesores y no parece tener ningún plan alternativo, a pesar de afirmaciones altisonantes.

Pero, como para Cuba, queda el contexto latinoamericano y suramericano de villas miserias y de muerte cotidiana por hambre. Y en oposición al abandono en que están los pobres desde México a Argentina, Chávez levanta medidas alentadoras que se pueden tildar de populismo, de demagogia, clientelismo, promesas hueras, pero sí existen como ayudas a los más pobres. Se va generando un mito de progreso y de lucha contra el hambre.

En el clima de maniqueísmo propagado y profundizado en América Latina de apostarlo todo al neo liberalismo (en castellano sencillo: el capitalismo de EE UU y del FMI) o todo a los líderes de una mezcolanza pseudo izquierdista de los Castro, Chávez, Lula y Morales, hay que usar una lengua comprensible y saber matizar las dudas y las críticas.

Noam es uno de los pocos intelectuales norteamericano que no cayó en la ilusión de la novedad de la candidatura de Barack Obama, dentro de la minoría que interviene contra el imperialismo de su propio país. Y Noam lo hace con criterios anti capitalistas que todos los libertarios pueden compartir (en el sentido de libertarios clasistas y anti jerárquicos, los otros poco aportan en la lucha).

Descartar argumentos falaces para acallar la rebeldía

La polémica es un arte difícil. A fines del siglo XIX y a inicios del XX, bastantes anarquistas españoles (casi todos bajo la influencia de Bakunin y luego Kropotkin) proponían debates contradictorios públicos a socialistas o a burgueses. La finalidad no consistía en convertir al opositor sino en demostrar la insuficiencia de argumentos para sostener una postura autoritaria, o sea que amordaza los trabajadores disolventes, en nombre de un Comité Central supuestamente clarividente y guía de las masas, o de una oligarquía poseedora de la clave de la economía estable y de progreso social para todos.

En la chabacanería intelectual de los partidarios del verticalismo, capitalista o marxista leninista, cuando de ideas libertarias se trata, no hay debate alguno sino afirmaciones de verdades (rayanas en la infalibilidad papal). Por ejemplo los anarquistas, cuya característica central fue una entusiasta adhesión a la acción y un rechazo por la reflexión [...] Para cubrir esas esperanzas [revolucionarias] no parecían necesarias grandes disquisiciones teóricas ni una extremada coherencia ideológica. (Juan Suriano Auge y caída del anarquismo (Argentina, 1880-1930), Buenos Aires, 2005, pp. 13-15). Y similares impertinencias se encuentran en historiadores James Joll, Hugh Thomas, Gerald Brenan.

Del otro lado, para el “socialismo científico”, Federico Engels dejó sentado ¿Y acaso reprochará Bakunin a los norteamericanos una « guerra de conquista » que propina, por cierto, un rudo golpe a su teoría fundada en la « justicia y la humanidad » pero que se llevó pura y sencillamente por el interés de la civilización? ¿O es una desgracia que la espléndida California esté arrebatada a los mexicanos perezosos que no sabían qué hacer con ella? [...] La « independencia » de algunos californianos y tejanos españoles puede sufrir de ello, la « justicia » y los demás principios morales pueden ser violados en parte, pero ¿representa en relación con hechos tan importantes por la historia del mundo? (1849, “le panslavisme révolutionnaire”, sin traducción castellana en http://www.marxists.org/francais/en...).

La cita es excelente porque no fue refutada por Carlos Marx, y porque estriba en una reducción falsificadora del bakuninismo y en un pilar marxista leninista. En efecto nunca predicó Bakunin una evolución de la historia fundada en la “justicia y la humanidad”, aceptó el enfoque de Marx de la lucha de clase, matizando el mecanismo económico con la toma de conciencia revolucionaria. Al igual que Marx y Engels deseaba una sociedad sin explotación social basada en la “justicia y la humanidad”, SIN tutela de ninguna minoría encima de las masas y sin el control de éstas. Los marxistas se empaparon de fórmulas como El anarquismo, hijo de la burguesía, nunca tendrá una influencia seria sobre el proletariado (Pléjanov, 1895, http://www.fondation-besnard.org/IM...) que se repiten bajo las plumas de Rosa Luxemburgo, Bujarin, Trotsky, etc., pero el idealismo marxista no puede eliminar la voluntad crítica y rebelde de los trabajadores.

Engels, con la aprobación (in)directa de Marx, afirma el interés económico a largo plazo antes que la consulta de las bases explotadas, y de pasada es una justificación del colonialismo con el pretexto de una etapa obligatoria del desarrollo capitalista. Así se condujo Lenin al alentar los soviets manipulados por el Partido (http://www.fondation-besnard.org/ar...) y creando la Comisión Extraordinaria opuesta a la Contrarrevolución y al Saboteo, Checa, el 20 de diciembre de 1917. Y la Rusia actual celebra cada 20 de diciembre (como fue el caso en 2009) el “Den sotrudnika organov gosudarstvennoy i natsionalnoy bezopasnosti” [Día del colaborador de los órganos de la Seguridad estatal y nacional], en Rusia.

En la URSS había la misma fiesta, la misma fórmula con “trabajador” en lugar de “colaborador”, ¡qué simpático mantener las fiestas de los defensores de las cúpulas! Volvamos al “entrañable” Lenin, para él, la Checa era una herramienta indispensable para mantener a raya a los asalariados, los “gusanos”, los “parásitos”, mientras el Partido no haya decidido el momento en que las masas estén preparadas para el socialismo. Por eso había que liquidar con el paredón desde los makhnovistas a los insurrectos de Kronstadt, en la URSS y en sus colonias y países que mantienen el leninismo, hasta los obreros de la Construcción de Berlín Este en 1953, y un largo etcétera que llega a los estudiantes de Tien An men en 1989... (Se podrá completar en los próximos años).

Es evidente que desde un enfoque libertario, no debemos acudir a la vulgaridad del reduccionismo de que se sirven los manipuladores de la gente. Peligro es aducir “Ese totalitarismo; responsable de la muerte de millones de gentes por hambre o por persecución, que inspiró a Castro para imponer desde hace cincuenta años en Cuba una dictadura de la que Chávez es un devoto admirador.” En efecto, la frase incita a pensar que Chávez sería capaz de aniquilar millones de venezolanos, pero incluso aplicando los porcentajes de víctimas del periodo de socialismo real a la población de varios países que vivieron y siguen viviendo el socialismo real, ni Bulgaria ni Vietnam ni las locuras de Enver Jodsa- y Chauchescu -en Albania y Rumanía-, ningún país llegó a la demencia generalizada de los Burós políticos del PC en la URSS, Camboya y China. Dicho de otro modo, como dijo Bakunin la historia no tiene una evolución mecánica, incluso si aparecen muchas similitudes entre seguidores de la misma ideología.

Otro tanto vale para “Es posible que, dada su edad, Chomsky no pueda reconocerlo”. La lógica de la vida hace que cada militante que se pone a escribir es más joven o más viejo que el promedio de sus lectores y le corresponde tenerlo en cuenta. Dado el último texto de Chomsky, “El legado de 1989 en los dos hemisferios”, 14.12.09 (http://www.rebelion.org/noticia.php...), es evidente que Noam nos sigue aportando mucho, a los 81 años.

¿Cómo juzgar una realidad con visos de obrerismo, como la crítica de Cuba y de la Venezuela de Chávez?

Las dos situaciones son muy distintas, en Cuba, un apoyo exterior artificial de varios decenios a espaldas de los asalariados del socialismo real (el chiste corriente era ¿qué es la familia básica soviética o búlgara? Los padres, los abuelos, el hijo, y el nene cubano y el otro vietnamita), y luego un estancamiento impresionante (peor si no hubiera las inversiones turísticas del capitalismo español); en Venezuela, un país con muchas posibilidades mal aprovechadas.

Pero existen similitudes dos cúpulas que ostentan el máximo conocimiento de las orientaciones y un dialogo unilateral de arriba abajo sin devolución de mensajes, con la obsesión por el complot y los saboteadores (¡qué bueno tener una seguridad de tipo chekista!).

El testimonio del exiliado cubano Nelson P. Valdés aclarece mucho: La baja productividad, el absentismo laboral y la llamada indisciplina no son el resultado de la baja conciencia de los hombres y mujeres que laboran diariamente, sino la consecuencia directa de un gobierno revolucionario que ha distribuido beneficios sociales, pero no ha distribuido el poder. Como los trabajadores no toman decisiones, no sienten responsabilidad. Al igual que antes, reciben órdenes desde arriba y venden su trabajo a los que controlan los medios de producción. (“Burocracia y socialismo en Cuba”, en Aportes, París, enero de 1972, p. 51).

Me temo que el 99 % de la cita siga exacta y los vistazos que echo de vez en cuando a la actualidad cubana me recuerdan demasiado el día a día búlgaro del socialismo real para que yo pueda opinar de otro modo. El conjunto de ingenieros, ejecutivos, de hecho la pequeña burguesía que se enriqueció y depende del régimen, apuesta a una evolución paulatina hacia una sociedad de tipo yugoslavo o chino e idolatra al pseudo reformador comunista local, que le permita mantener su “status”. En Yugoslavia sirvió hasta el colapso nacionalista (que Tito alimentó sin comprender que hundía su propia construcción social). En Bulgaria las ilusiones sobre Ivan Bashev en los 1960 se pincharon con su asesinato enmascarado. Cuesta ser comunista inteligente en medio de comunistas mediocres (Jorge Dimitrov murió rápido cuando se puso a criticar a Stalin). La solución china supone una férrea dirección y un contexto económico propio halagüeño, poco probable en Cuba. En todos esos casos, el factor común es la espera en una pandilla encumbrada, sin contar con la gente de a pie, los asalariados de la base. Sería muy extraño que siguieran soportando la crisis sin rechistar.

Para Venezuela, me parece que de hecho Chávez va por una vía semejante a la de Perón y Evita en los 1940 en Argentina. El régimen se valió de la clase trabajadora para darle ventajas reales y simultáneamente atarla firmemente a la sumisión a la patronal a través de una supuesta representación sindical de la CGT. Desde luego, hubo derrapamiento, secciones gremiales que se creían que iban a doblegar a los patronos (Cipriano Reyes contra la patronal extranjera de los frigoríficos Swift en Berisso). Los jerarcas sindicales dejaban empantanarse el conflicto, dejaban de lado al cabecilla y arrancaban (al parecer) un convenio inmejorable.

Allá también sería más que extraño ver la base y los trabajadores y precarios aceptar un sistema que no pudiesen controlar.

Por: Frank Mintz - A las Barricadas
Tomado de: www.kaosenlared.net

No hay comentarios: