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viernes, 2 de abril de 2010

¿Representa el Congo un reto para las tesis anarquistas?


El pasado verano partí hacia la República Democrática del Congo para investigar movimientos de resistencia contra las estrategias de paz oficiales que buscan la construcción del estado. Volví con demasiadas preguntas que he intentado plasmar en las siguientes líneas.

Su incoherencia es testigo del reto que ha significado entender no sólo el contexto congoleño, sino mis propias ideas sobre la organización, la resistencia, la revolución y la solidaridad. Hay muchas formas de resistencia en el Congo, pero la mayoría de las veces son en forma de supervivencia y casi nunca en forma de movimiento político y social, como las conocemos desde nuestras organizaciones y sindicatos. Pero hay más. El problema del anarquismo y el Congo es el reto que representa que esa misma resistencia tenga como objetivo la construcción del Estado. Todo esto me lleva a pensar el significado de la solidaridad, en la posibilidad de distintas formas de lucha y en si la desaparición del Estado implica necesariamente a nuestro ideal más ansiado.

La historia del Congo es trágica. Los últimos doce años han visto una guerra internacional, mal llamada la ‘Primera Guerra Mundial Africana’, pues hubiera sido mejor llamarla la Tercera Guerra Mundial. Cuando en 2006 el capital internacional y sus organizaciones llevaron a cabo las primeras elecciones democráticas, la gente votó masivamente. En el período llamado de transición, entre 2003 y 2006, los congoleños se opusieron a la rapidez con la que el capital internacional quería organizar elecciones, la gente quería tener más tiempo para organizarse, no quería que se legitimaran los principales grupos armados. Pero quería elecciones. Finalmente hubo elecciones. Ahora la gente todavía se queja de que, efectivamente, dichas elecciones legitimaron a los grupos armados, poniéndolos en el poder, y la antigua oposición que se opuso a Mobutu fue ignorada. Pero la gente quiere el Estado.

Para la gente el Estado no existe desde hace mucho tiempo. En 1970 Mobutu anunció que el Estado se retiraba, que la gente se apañara como pudiera. Por eso, la creatividad para sobrevivir es absolutamente fascinante. En el Congo verdaderamente hay una historia de heroísmo en cada persona, de desafío a todo tipo obstáculos, incluyendo una represión brutal. La solidaridad y el apoyo mutuo entre la gente han sido estrategias esenciales para sobrellevar una falta total de medios a todos los niveles, pero de una manera que han pasado a ser estrategias de una frustrante supervivencia diaria y no una inspiradora resistencia política.

Cuando una pregunta por las causas concretas de la guerra… Poca gente habla del neocolonialismo, del capitalismo o del militarismo, incluso cuando la injusticia o los recursos naturales se mencionan, todo pasa por una cosa: el problema es la ausencia del Estado. No es sorprendente entonces que la mayoría, desde el barrendero de la calle, la mujer que vende harina en el mercado, el profesor de universidad, el personal de las ONG, el oficial de las Naciones Unidas y el diplomático de turno de cualquier país coinciden en que la restauración de la autoridad del Estado, la formación de un gobierno, la reforma y restructuración de la policía y de las fuerzas armadas es, de hecho, una estrategia de paz. El Estado se erige como el único con la capacidad de construir las grandes obras públicas, con la capacidad de ejercer la autoridad necesaria para instaurar la paz social, para impartir justicia y para organizar la economía.

Hablar de la represión en Europa, de la necesidad de la organización contra el poder del capitalismo mundial… Todo suena a retórica barata de alguien que lo tiene todo. Es como si yendo al Congo con una postura anarquista una sintiera que de repente enarbola una bandera un tanto burguesa. La lucha contra el poder, la resistencia, la organización… Nada tiene sentido cuando tus hijos no han comido en varios días consecutivos, cuando no ves futuro para ellos…

¿Entonces qué tiene que ofrecer el anarquismo/ anarcosindicalismo a la población congoleña? Esta es una cuestión que nos deberíamos empezar a plantear. En este artículo un tanto desordenado y confuso, como mis propios pensamientos, no busco dar respuestas, sino crear curiosidades. Si algo puedo decir es que el anarquismo puede dar claves, herramientas para la organización y el análisis. Por ejemplo, ayudando a entender que el Estado ha existido siempre en el Congo. No el estado social y de bienestar que se implantó en Europa y ahora en proceso de desmantelamiento; no, un estado predador cuya única presencia es la represora y extractiva. Nuestras ideas siguen teniendo cabida en una sociedad que necesita armarse de valor para auto-organizarse, no como una forma de sobrevivir, sino como una aspiración de cambio y justicia social.

No obstante, creo que el anarquismo tiene que aprender del Congo quizá más que el Congo de las ideas anarquistas. A modo de boceto, mis primeras impresiones son que el narquismo es un movimiento minoritario y deberíamos actuar como tal (hablo por experiencia propia). Pensar que la resistencia al poder viene dada casi naturalmente, que la gente se auto- organiza espontáneamente y que somos seres antijerárquicos por naturaleza es auto-engañarnos. La “revolución”, dondequiera que esté, se hará sólo a base de un trabajo de organización y concienciación. El anarquismo no tiene la verdad sino una idea. Que la gente se una depende de nuestra capacidad de acción, y no de que hayamos apretado el supuesto botón que automáticamente activa el modo revolucionario anticapitalista y anti-autoritario que supuestamente todo el mundo tiene.

A nivel más colectivo, el internacionalismo que tanto proclamamos, basado en un programa (y utilizo esta palabra bien intencionadamente) bastante rígido, nos ha llevado a despreciar demasiado rápido y con pasmosa arrogancia movimientos y organizaciones que de otra forma nos hubieran podido aportar ideas y fuerzas. Pienso en movimientos de liberación, en los zapatistas, en cuántas organizaciones sindicales y sociales… O, de otra forma, si no surge una organización anarquista congoleña ¿pasamos del Congo? Si somos serios y verdaderamente más que un programa de hierro, como decía Emma Goldman, ofrecemos una puerta abierta a la libertad y a la creatividad de ser nosotras mismas, tenemos que apoyar los balbuceos de resistencia y liberación aunque no sean tan radicales y sofisticados comos los nuestros.
Este artículo no tiene conclusión. Pero sí me gustaría plantear algunas preguntas: ¿Admitiríamos como compañeras de lucha a gente que se organiza bajo un líder tribal (jerárquico y muy patriarcal)? ¿Cuánta solidaridad estaríamos dispuestos a mostrar con gente que busca el desarrollo y no la anarquía? ¿Qué conclusiones sacamos cuando, a la vista de las recientes experiencias de ‘estados fallidos’, la desaparición del estado no trae necesariamente la solidaridad y la cooperación o la organización horizontal en federaciones de industria? ¿Cuánto estamos dispuestas a aprender de y a apoyar luchas que no se parecen a las nuestras?


Por: Marta Íñiguez - Sto. OO.VV. de Madrid
Tomado de: www.cnt-ait.tv

lunes, 11 de enero de 2010

CNT, 100 años de anarcosindicalismo (1910-2010)

El día 1 de Noviembre de 1910, en el local barcelonés del Círculo de Bellas Artes, quedó constituida la CNT (Confederación Nacional del Trabajo). Esta Organización, heredera de la Regional Española de la 1ª Internacional (1870), nació del propio seno del Movimiento Obrero como la primera organización sindical autónoma en este país.

Asumiendo el lema internacionalista “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, o no será”, la CNT se hizo depositaria de la rebeldía popular que, como una corriente soterrada, se opone al poder a lo largo de los tiempos, para emerger triunfante en momentos concretos desde el imperio medio egipcio a la Revolución Francesa, germen de los únicos procesos históricos en que la humanidad avanzó notoriamente por la senda de la libertad, la justicia, la igualdad, la dignidad y el progreso.

Sobre el sencillo acuerdo de crear una organización obrera independiente de los poderes políticos, religiosos y económicos, como condición indispensable para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores hasta el fin de la explotación, comenzó la CNT su actividad anarcosindicalista. En pocos años aglutinó la mayoría del movimiento obrero, consiguiendo importantes conquistas sociales y económicas que constituyen ya un legado de valor incalculable para la sociedad actual.

La jornada laboral de ocho horas, la jornada semanal de treinta y seis horas, la erradicación del trabajo infantil, la igualdad de la mujer y la incorporación a los quehaceres diarios de valores como la solidaridad, el federalismo, la ecología, el feminismo, el amor libre, el antimilitarismo, el ateísmo ..., hoy tan en boga, son parte de ese legado que alcanzó su cenit en la Revolución Social de 1936, cuando la utopía -el comunismo libertario- se convirtió en modo de vida cotidiano de todos los territorios liberados

La reacción del capitalismo internacional, permitió al ejército fascista de Franco convertir ese sueño revolucionario en una pesadilla de cientos de miles de personas perseguidas, asesinadas y desaparecidas, tras la victoria golpista en 1939. Mas ni uno solo de los culpables – todos conocidos, algunos políticos en activo- de aquel régimen de terror, uno de los más criminales de la historia, resultó tan siquiera públicamente reprobado, merced al vergonzoso pacto de impunidad con el franquismo, que la izquierda nacional democrática (PSOE, PCE, UGT y CCOO) selló en sus acuerdos de rendición al capital, conocidos como “la transición española” (1977).

Pese a todo, el pueblo siguió defendiendo, muchas veces con su vida, los sencillos principios del anarcosindicalismo: independencia, autonomía, federalismo, autogestión, asamblea, solidaridad y acción directa, es decir, autoorganización para rechazar toda injerencia de partidos políticos u otras instituciones económicas, religiosas, etc. en los asuntos obreros. Huelgas, manifestaciones, represión y tortura fueron la crónica diaria de la dictadura (1939-1976), hasta que con su desaparición el movimiento obrero volvió ilusionado a reconstruir su anhelada CNT (1977). Vivimos nuevos años de incesantes conquista obreras. Las jornadas de Montjuich, o San Sebastián de los Reyes, jalonaron el poderoso renacer confederal en la década de 1970.

El avance del movimiento obrero, de nuevo autoorganizado por la CNT, mediante luchas ejemplares como la huelga de gasolineras de 1978, suscitó la reacción del capitalismo, esta vez apoyado en el estado democrático y su aparato institucional (gobiernos, partidos, jueces, burocracias sindicales, …). El éxito sindical de la CNT fue reprimido policialmente (Caso Scala, 1978) y junto a campañas de silencio y propaganda difamatoria en los medios de comunicación, generaron desastrosas consecuencias para el movimiento obrero de este país.

La debilitación de la presencia anarcosindicalista en el movimiento obrero posibilitó la pérdida de derechos adquiridos tras una larga y dura lucha sindical, por la desregulación y precarización laboral implantadas con la peor de las corrupciones que asolan el país: La Corrupción Sindical. Una corrupción oficialmente silenciada, que pervierte el sindicalismo en general a los ojos de los trabajadores, pero que es protagonizada fundamentalmente por los sindicatos institucionales- CC.OO y UGT-, cuyos "yuppies" sindicales cobran subvenciones y sumas millonarias a gobiernos y empresas como pago a su traición, por aceptar cuantas medidas se adoptan en defensa del capital y su creciente acumulación de beneficios ( EREs, Reformas Laborales, despido libre...)

A pesar de todo, miles de trabajadores y trabajadoras seguimos hoy en esa genuina organización obrera a la que llamamos CNT, manteniéndola exclusivamente con nuestros propios medios, convirtiéndola así en el único ejemplo vivo de sindicalismo de clase, capaz de enfrentarse a la opresión y el control social, la destrucción ecológica del planeta y la sobreexplotación económica, aspectos todos, inherentes al Capitalismo.

2010 tiene para nosotros una connotación especial: se cumple un siglo de existencia de la CNT. Es el centenario de un pueblo y la inestimable lucha de miles de personas, que a lo largo de estos cien años se han dotado de una herramienta ejemplar, a seguir para la clase obrera mundial, por su cultura propia, capacidad autoorganizativa, lucha radical, extensión popular y realizaciones revolucionarias en aras a construir una sociedad antiautoritaria y solidaria.

Estos ideales conforman la noble causa a la que aquí y ahora te invitamos.
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Almanaque


Comienza el año del deslumbrante CNTenario que también es el año del entenario de la Revolución Mexicana y el del Bicentenario de la Independencia de la ayoría de los países latinoamericanos. Puestos a conmemorar, recordemos que también ocurrieron otros magnoseventos en 1910:

Internacional.- Bélgica, Gran Bretaña y Alemania marcan sobre un papelucho cualquiera las fronteras entre sus respectivas colonias africanas: Congo, Uganda y el África Oriental [el nuevo mapa sirve para establecer un campeonato de genocidios; en sus primeras ediciones, la Liga es ganada por Bélgica demostrándose así que los equipos pequeños también son de temer, especialmente si su seleccionador es un rey] Amenazado por China, el Dalai Lama huye del Tibet y se refugia en la India [al revés de lo que pasaría décadas después, en esta ocasión los sacerdotes de la teocracia tibetana, los seráficos lamas, tuvieron tiempo para llevarse sus collares de huesos humanos] Los territorios de Arizona y Nuevo México son anexionados por los EEUU; asimismo, los gringos invaden Nicaragua y, a través de sus esbirros locales, deponen al presidente Madriz [todo sea por la democracia] So pretexto de reprimir una supuesta conspiración ácrata a la que atribuye la colocación de una bomba en el Teatro Colón, el gobierno argentino promulga contra los anarquistas una Ley de Defensa Nacional seguida de una ola de torturas contra el proletariado [cualquier parecido con el Caso Scala, no es mera coincidencia]

Imperio español.- Convenio hispano-marroquí: la monarkía española recupera Ifni [todavía faltaba casi un siglo para la singular matanza de las cabras del islote Perejil] Se celebra en Gernika la Fiesta del Árbol, con la plantación de un retoño de roble que representa las tradiciones vascas [los nacionalismos se extravían cuando se ponen fecha de nacimiento]

Obituarios y natalicios.- Fallecen el anarquista peruano Manuel González Prada y los escritores Samuel Clemens alias Mark Twain y León Tolstoi. Nacen Miguel Hernández y Jean Genet.

Agresiones de los religiosos.- El Senado italiano renueva la prohibición de celebrar procesiones religiosas en las calles. El parlamento prusiano aprueba la incineración de cadáveres con los votos en contra de centristas, conservadores y polacos. Una Real Orden autoriza en España los signos externos de religiones distintas a la católica [en los últimos cien años, ¿hemos mejorado posiciones en la sempiterna batalla contra el intrusismo inquisitorial?]

Rebeliones.- Asesinato legal de 25 japoneses acusados de intentar ajusticiar al Emperador [de haber conseguido los revolucionarios tan altruista propósito, es posible que el pueblo nipón se hubiera ahorrado los millones de muertos que, en años subsiguientes, costearon la megalomanía de su atildado reyezuelo] Motín de la marina de guerra en Río de Janeiro [un antecedente de la revolución de los marineros de Kronstadt (1917-1921), junto con la Makhnovina, la cumbre de la auténtica revolución rusa] Un alzamiento árabe en Palestina es violentamente reprimido por el ejército otomano [otra prueba de que los palestinos no llevan sólo 60 años luchando contra sus invasores sino que su rebelión viene de más antiguo]

MUNDO FACUNDO/ Antonio Pérez, el Otro


Por: Confederación Nacional del Trabajo (CNT)
Tomado de: cnt.es - Periódico CNT

martes, 5 de enero de 2010

España 1910-2010: Cien años de Anarcosindicalismo

España 1910-2010: Cien años de Anarcosindicalismo
lundi 28 décembre 2009.



Hace ahora 100 años el coraje y la rebeldía de un puñado de mujeres y hombres hizo que el mundo empezara a cambiar de base.


Conscientes de que la emancipación de los trabajador@s sólo podría realizarse por la acción directa de los mismos trabajador@s, sometidos de todas condiciones y oficios decidieron organizarse autónomamente como personas libres y asumir el destino de sus vidas en comunidad al margen de amos, gobiernos y supersticiones.


Nacía así el movimiento anarcosindicalista bajo las siglas históricas de la Confederación General de Trabajo y la Confederación Nacional del Trabajo, inspirado en los principios que dinamizaron la Primera Internacional de Trabajadores, la más democrática, humanista y revolucionaria expresión de autodeterminación política y social que han conocido los tiempos modernos.


Y la experiencia ha demostrado que esas siglas e ideales antiautoriarios han sido los que han promovido las transformaciones sociales más importantes y ambiciosas de la historia. Refutando la cultura de sumisión que predicaban las clases dirigentes, las oligarquías y la iglesia, combatiendo sobre el terreno la intolerancia de la burguesía depredadora, predicando con el ejemplo de su solidaridad y disputando palmo a palmo al totalitarismo en armas las conquistas con tanto sacrificio alcanzadas.


Adelantados a su tiempo y pioneros en la denuncia de las injusticias, fueron anarcosindicalistas quienes arrancaron de las garras del capital la jornada laboral de 8 horas y quienes con su lucha fraternal lograron tras siglos de humillaciones la equiparación social de las mujeres, llevando su ideario de revolución social plena, integral y libertaria por todo el mundo, y muy especialmente a América Latina, convertida desde entonces en el segundo hogar de ese heroico proletariado militante.


También fue la resistencia libertaria la que en un primer y crítico momento frenó en seco la embestida criminal de las tropas mercenarias nazifascistas llamadas por la dictadura franquista para someter al pueblo español y castigar su insolencia revolucionaria. Aún hoy, la revolución española de 1936-1939 asombra al mundo y es universal la valoración de aquella epopeya popular como hito histórico. Mientras aquí, en el propio escenario de la desigual contienda, el revanchismo y la desmemoria cómplice continúan escatimando el legado ético de aquellas gentes que llevaban un mundo nuevo en sus corazones.


Por eso hoy, al cumplirse el centenario de aquel fulgor que aún ilumina la fecunda senda de la libertad y la solidaridad, desahuciados ya definitivamente funestos espejismos autocráticos y estatalistas de poder que se han revelado rendidos compañeros de viaje de la dominación y la explotación, los anarcosindicalistas nos volvemos a autoconvocar para denunciar las nuevas e insospechadas amenazas que están poniendo en peligro la existencia del planeta y la convivencia en dignidad y afirmar nuestra fe en la humanidad trabajadora y en la derrota final de la barbarie capitalista y sus representantes.


Al despuntar el Siglo XXI, convencidos de que la patria de los oprimido@s es el mundo y su familia la humanidad, nosotros , hombres y mujeres, jóvenes y mayores, oriundos y foráneos, mestizos, enarbolamos la insumisión, la paz y la palabra para llamar a romper las recientes e invisibles cadenas de la servidumbre voluntaria.


Cuando todo en las alturas conspira para ahogar los gritos contra la injusticia establecida, anarcosindicalistas, sindicalistas revolucionarios, anarquistas, libertarios, anticapitalistas y antiautoritarios, como depositarios de la auténtica democracia de acción directa, afirmamos que nosotros somos el pueblo y su rebeldía infinita, y reconocemos la inmensa deuda contraída con las generaciones que nos precedieron en la lucha por la libertad, la justicia y la dignidad.

Porque el afán que guía nuestra anarquía representa la más alta expresión del orden.

Porque cuando todo el pueblo gobierna, como pretende el ideal de la verdadera democracia, nadie manda, como persigue el anarquismo.


¡¡SALUD Y LIBERTAD!!

Secretariado Permanente de la CGT Martes 22 de diciembre de 2009


Tomado de: www.fondation-besnard.org

sábado, 15 de agosto de 2009

El funeral de Kropotkin

En una madrugada de hace unos ochenta y ocho años (el 8 de febrero de 1921) moría a sus 78 años, a causa de una neumonía, en su casita de Dmitrov —que habitaba desde el verano del 1918—, un pueblecito a unos kilómetros al norte de Moscú, uno de los mayores teóricos del anarquismo de la historia, el ruso Piotr A. Kropotkin. Su familia y conocidos rechazó la oferta del gobierno bolchevique de celebrar un funeral de estado, siendo fieles a los principios del fallecido de no aceptar favores de ningún gobierno, ni toleró fausto ni pompa alguna. Para ello se creó una comisión especial para las exequias compuesta por anarquistas.

En sus últimos tres años de vida no tuvo estrecho contacto con las masas y vivía sencillamente con su esposa, Sofía, e hija, Alejandra. Estaba entonces enzarzado en su obra sobre la ética, que no pudo concluir al sobrevenirle la muerte.

El mismo Lenin se preocupó de su estado de salud, pero le permitió conservar la vaca. Aunque apartado de la política y los asuntos sociales, siempre que podía escribía algunas cartas a las autoridades soviéticas y a conocidos, denunciando los abusos del régimen o haciendo sus análisis de la realidad del momento.

Durante dos días afluía la gente sencilla de los alrededores de Dmitrov a rendirle el último homenaje. El féretro llegó a Moscú el 10 de febrero, durante el viaje el tren llevaba varias banderas negras con textos de él, y al llegar a la estación hubo un pequeño altercado con los denominados «anarcobolcheviques» o «anarcosoviéticos» (libertarios colaboracionistas con la dictadura bolchevique) que querían llevar el ataúd a toda prisa y sin ceremonia a la capilla ardiente. Durante el trayecto se pararon junto la carcel de Butyrki y se cantaron himnos revolucionarios, como protesta al confinamiento de muchos anarquistas en las cárceles de la Cheka.

La capilla ardiente se situó en la Sala de las Columnas de la Casa de los Sindicatos, cerca del Kremlin. Allí se puso una gran bandera negra en donde estaba escrito una denuncia de los anarquistas moscovitas, ante la negativa de liberar a los presos libertarios (la mayoría ucranianos detenidos, meses atrás, durante el Congreso Anarquista de Jarkov), deseo expreso del mismo difunto.

Hubo varias peticiones de excarcelación a las autoridades soviéticas, desde el soviet de Moscú hasta al mismo Lenin, quien se lavaba las manos delegando la responsabilidades al Congreso Panruso de Soviets y la decisión final para la misma policía política, la Cheka, para que pudiesen participar en el funeral. Y la respuesta siempre fue negativa. A pesar de las trabas oficiales, como la censura y la burocracia, se publicó el boletín de la comisión y varias octavillas en la imprenta precintada del doctor Atabekían, amigo personal de Kropotkin y que estuvo junto a su lecho de muerte.

La comisión llegó a amenazar a retirar las coronas fúnebres del Partido Comunista, además de informar de la situación a la prensa internacional, si no soltaban ya a los presos anarquistas de Taganka y Butyrki, y al final las autoridades locales, Kamenev al frente, prometieron tal liberación.

Otro de los deseos del fallecido fue que no se cantase ni tocase La Internacional (le parecía que sonaba a «los aullidos de perros famélicos»).

Dos días estuvo expuesto el cuerpo al público. En la mañana del 13 de febrero las calles estaban llenas a rebosar, a pesar del frío. Helaba, se congelaban hasta los instrumentos musicales de la banda, pues el inicio del entierro se demoró durante una hora más hasta la llegada de los presos. Las autoridades soviéticas solamente liberaron, bajo palabra, a siete anarquistas, quienes portaron el féretro (Olga Taratuta, Fania Baron, Aaron Baron, David Kogan, Mark Mrachny, Alexandr Guevky y Alexiev Clonetsky) y algunos pacifistas tolstoianos, todos de Taganka.

El recorrido, desde la Casa de los Sindicatos hasta el cementerio de Novodévichi, duró unas dos horas y se hicieron dos paradas. La primera fue frente el Museo Tolstoi, al llegar a su altura se tocó La marcha fúnebre de Chopín. Y la segunda frente la prisión de Butyrki, desde la cual los encarcelados golpeaban los barrotes de sus celdas y entonaban un himno a la muerte. A este funeral asistieron miles de moscovitas —se comentaba que fueron entre veinte a cien mil los asitentes— y, además de multitudinaria, fue la última manifestación en Moscú en varias décadas (hasta tiempos de la Perestroika de Gorbachov) contra el régimen soviético. Y al frente del cortejo fúnebre iba la bandera contestataria. Había muchas banderas rojas y negras, y en algunas había textos del finado como: «Donde hay autoridad no hay libertad».

Al final, en el cementerio, varios representantes de diversas organizaciones (comunistas, eseristas, anarquistas,...) pronunciaron sus respectivos discursos. Emma Goldman tuvo su primera intervención pública en Rusia y Aaron Baron habló en nombre de los encarcelados. Y todo esto... bajo la vigilancia de un destacamento chekista.

Los detenidos pasaron la tarde con los compañeros, pero tuvieron que regresar por la noche, acompañados por otra gran procesión popular, a la carcel de Taganka. Exceptuando uno de ellos, Mark Marchny, que fue expulsado de la Unión Soviética junto otros nueve (como Volin y Maximov, entre otros) y Fania Baron, fusilada junto el poeta Lev Chorny en los sótanos de la Cheka meses más tarde, los demás desaparecieron, tiempo después, junto a los millones de seres humanos de las cárceles y campos de concentración soviéticos.



Por: Federación Local de Sindicatos de Madrid
Tomado de: madrid.cnt.es

martes, 31 de marzo de 2009

Por qué los Anarquistas perdieron la Revolución Española

Respuesta a la Tradifición Revolucionaria Anarquista

Nota del Traductor:Artículo escrito por Wayne Price en la revista anarquista norteamericana Love and Rage (Amor y Rabia) en respuesta al artículo escrito previamente por Christopher Day "La Tradición Revolucionaria Anarquista" (http://www.anarkismo.net/article/12552)En él se hacen precisiones importantes ante los problemas de la democracia, defensa de la revolución y estrategia libertaria en base a las lecciones de la Revolución Española. Esta discusión sigue siendo tan relevante hoy como entonces.

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POR QUÉ LOS ANARQUISTAS PERDIERON LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA
Respuesta a la Tradición Revolucionaria Anarquista



El artículo de Chris Day “La Tradición Revolucionaria Anarquista”, se refiere a la corriente pro-organizativa en la historia del anarquismo revolucionario. Remarca que ha habido anarquistas que han defendido una mayor coherencia organizativa y un pensamiento teórico y estratégico de mayor seriedad en el movimiento anarquista. En general, concuerdo con él (pese a que ningunea a Malatesta, el gran anarquista revolucionario pro-organización, del cual se puede aprender mucho). Esta es una posición mucho mejor que, por ejemplo, llamar a abandonar el anarquismo en favor de una nueva síntesis dominada por el marxismo. Sin embargo, cuando se propugna por mayor estructura y teoría organizativa, es posible descarriarse y terminar defendiendo un programa autoritario y dictatorial. El peligro de esto, aparece en la discusión de Chris sobre la derrota de los anarquistas en la Revolución/Guerra Civil de España en 1936-39.

LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA

Como dice Chris, en 1936 las fuerzas armadas españolas y los fascistas, liderados por Franco, intentaron tomar el poder mediante un golpe bien planificado. Buscaban derrocar al gobierno del Frente Popular, una coalición administrativa de liberales burgueses y de social-reformistas. Sin casi ayuda del Frente Popular, los obreros se organizaron y derrotaron a los militares en dos tercios de España. En ese momento, los anarquistas (organizados en la FAI) dirigían una federación sindical (la CNT) que agrupaba a la mitad de la clase obrera española y a la mayoría de los obreros en Cataluña –la región más industrializada de España- y tenían gran arraigo en el campesinado. Bajo la inspiración anarquista, los trabajadores se tomaron las fábricas y otras empresas, dirigiéndolas democráticamente. Los campesinos voluntariamente colectivizaron sus tierras. El transporte y las comunicaciones fueron echados a andar por comités obreros. La policía fue reemplazada por patrullas obreras. Gran parte de las fuerzas armadas fueron dirigidas por anarquistas.

Pese a todo esto, los anarquistas terminaron por perder la lucha en contra del fascismo. Abandonaron todos sus principios, uniéndose al gobierno capitalista (incluso llegando a ocupar el Ministerio de Justicia). ¿Cómo es que esto ocurrió?

Como dice Chris, ocurrió un vuelco tempranamente en la Guerra Civil. Luego de inicialmente aplastar a los fascistas en Cataluña, dos dirigentes anarquistas se reunieron con el (impotente) presidente del gobierno regional. Él ofreció su renuncia, pero ofreció, como alternativa, la colaboración. García Oliver, uno de esos anarquistas, explica por qué eligieron la colaboración con el Estado capitalista. “La CNT y la FAI optaron por la colaboración y la democracia, renunciando al totalitarismo revolucionario que hubiera terminado por estrangular la revolución con una dictadura anarquista y confederal (ed., de la CNT)… (eligiendo) entre el Comunismo Libertario, que significaba la dictadura anarquista, y la democracia, que significaba colaboración”.

Entonces, estos dirigentes anarquistas veían tan sólo dos alternativas: (1). La FAI-CNT toma el poder para sí. Pero la FAI era una minoría aún dentro de la CNT; probablemente, la mayoría de los sindicalistas de CNT no eran anarquistas. Había muchos obreros y otros, que no concordaban con el conjunto de las políticas de FAI-CNT. En el resto del país, la mitad de la clase trabajadora se organizaba en el sindicato de los social-reformistas (UGT) y otros no se hallaban sindicalizados. Consecuentemente, si la FAI derrocaba al Estado y se establecía como mandataria, el resultado hubiera sido una dictadura uni-partidista. Hasta ahora, la lógica en este escenario parece ser la correcta. (2). Trabajar conjuntamente con todas las otras fuerzas anti-fascistas, incluyendo no sólo a los social-reformistas, sino también a diversos partidos capitalistas y aceptando la existente hegemonía del Estado capitalista-liberal. Esto los inició en un camino que les llevaría a los ministros anarquistas en un gobierno capitalista, la derrota de la revolución, y la victoria del fascismo en España (poco antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial).

Chris señala que los anarquistas debieron tomar la primera alternativa, pese a que el “apoyo a la CNT no era universal”. Pero los anarquistas estuvieron en lo correcto en este punto: la toma del poder por parte de la FAI-CNT, hubiera creado “totalitarismo revolucionario (y) dictadura anarquista”.

Sin embargo, había una tercera alternativa. Podrían haber llamado a la federación de comités populares y juntas: los comités de fábrica, los pueblos campesinos colectivizados, comités de soldados, patrullas obreras, etc. Federados juntos, éstos se hubieran transformado en un poder alternativo al gobierno catalán –y, extendiéndose nacionalmente, al Estado español-, en una situación de poder dual. Tal estructura federativa, podría haber derrocado al Estado e impulsado una guerra revolucionaria en contra de Franco sin crear una dictadura partidista-estatal.

Esto hubiera sido más democrático que el Estado liberal. Las diferentes tendencias políticas habrían estado representadas de acuerdo a cuán populares eran realmente entre los oprimidos. Los partidos capitalistas habrían tenido representación sólo acorde a su respaldo entre los oprimidos. Las coaliciones (entre anarquistas y social-reformistas) se hubieran basado en el balance real de fuerzas. En la medida en que el pueblo obrero se radicalizaba, sus representantes regionales y nacionales se harían más revolucionarios.

Este programa de una federación de concejos fue sustentado durante la Revolución Española por León Trotsky y sus escasos seguidores españoles. Es cierto que la defensa de Trotsky de los concejos era puramente instrumental –como una herramienta para derrocar al Estado existente, no como la base para una nueva sociedad. Sabemos, por la experiencia de la Revolución Rusa, que él era un entusiasta censurador de los partidos socialistas no bolcheviques en los soviets (concejos) y partidario de transformar a los soviets en meros títeres del partido bolchevique. Pero esto no excusa a los anarquistas de su fracaso en levantar el programa de una federación de concejos como un poder alternativo.

LOS AMIGOS DE DURRUTI

Chris repite el mismo error cuando se refiere a los Amigos de Durruti. Este fue un reagrupamiento de verdaderos anarquistas revolucionarios, en oposición al liderazgo de FAI-CNT. Chris resume su posición: “Los Amigos de Durruti, además, proponían la creación de una Junta Revolucionaria compuesta por ellos mismos y otros grupos opuestos a la participación en el gobierno republicano”. Esto quiere decir, según él, que defendían el gobierno de su organización. En absoluto es éste el caso.

En realidad, proponían un concejo nacional elegido por trabajadores desde sus sindicatos y organizaciones de masas. Su programa, “Hacia una Nueva Revolución”, dice: “Constitución de una Junta Revolucionaria o Consejo Nacional de Defensa… los miembros de la Junta Revolucionaria se elegirán democráticamente en los organismos sindicales”. Esto es similar al programa de concejos obreros y campesinos (si bien no tanto, ya que requería el trabajo a través de las estructuras sindicales existentes). Por cierto, querían ser elegidos ellos mismos y otros afines para el concejo nacional, pero lo que proponían era una estructura democrática popular, no un Estado-partidista. Desafortunadamente, era ya demasiado tarde para salvar la Revolución Española.

LECCIONES PARA LOS ANARQUISTAS

En múltiples ocasiones, las revoluciones han parido concejos populares y estructuras similares, para luego ser destruidas por los “líderes” revolucionarios. Hoy en día, los radicales están divididos entre los social-reformistas (quienes creen que la “democracia” requiere que apoyen los Estados burocrático-militares existentes y al imperialismo occidental), y los “revolucionarios” (mayoritariamente Maoístas, Castristas, o nacionalistas), que desean genuinamente derrocar a los Estados existentes –a fin de reemplazarlos por Estados-partido totalitarios. Visualizan a sus respectivos partidos como el nuevo Estado. El anarquismo (o socialismo anti-autoritario), con todos sus problemas, es único en el sentido que posiciona la auto-organización de los oprimidos en el centro de su programa –el centro tanto de su fin último, como de los medios para alcanzar tal fin.

En el curso de una revolución, será necesario un cierto nivel de centralización y represión (a los contrarrevolucionarios declarados), tal es el punto del artículo de Chris. Pero los anti-autoritarios deben usar conscientemente tanta centralización y represión como sea necesario, mientras deben deliberadamente trabajar por mantener las organizaciones comunales tan descentralizadas y radicalmente democráticas como sea posible. Cómo mantener exactamente este equilibrio es un asunto de juicio político, pero no debemos ser ambiguos en nuestra oposición a los Estados-partidistas.


Wayne Price
(Publicado en Love and Rage, Octubre/Noviembre de 1996)
Traducción de José Antonio Gutiérrez D.


Tomado de: www.anarkismo.net