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lunes, 18 de octubre de 2010

La Proclama - Palabra del Congreso de los Pueblos de Colombia

“Propuesta de país para una vida digna”

Hermanos. Hermanas. Nuestra palabra, que camina y teje razones y sueños, ahora se levanta para compartirles a todos y todas, habitantes del territorio colombiano, pero también a todos los pueblos hermanos, que hombres y mujeres de la más variada procedencia y diversidad de edades nos dimos cita en Bogotá, entre el 8 y el 12 de octubre de 2010, para asumir en nuestras manos la responsabilidad histórica de nuestras vidas y motivar a nuestro pueblo para que haga lo propio con la suya.



Somos los trabajadores y las trabajadoras,
somos los corteros de caña y sus compañeras,
somos los campesinos y las campesinas, jornaleros y cosecheras,
somos la gente hija de la tierra,
somos los pueblos indígenas,
somos los descendientes de africanos que nos estamos liberando,
somos las mujeres dignas y libres,
somos gente pescadora de mares y ríos,
somos los moto-trabajadores, los taxistas, las camioneras,
somos los estudiantes, las maestras, los educadores populares,
somos las experiencias de resistencia al capital, al Estado y a la guerra,
somos los pobres, las marginadas, los excluidos,
somos las artistas y los artesanos,
somos la gente desplazada por las balas, la amenaza, las motosierras, el latifundio, los grandes proyectos,
somos los otros, las otras, quienes desde la diversidad sexual hacemos democracia,
somos los habitantes de la calle, de los barrios, de los cerros de las grandes ciudades,
somos los detenidos y detenidas en las cárceles,
somos las defensoras de los derechos humanos,
somos los comunicadores y las comunicadoras populares,
somos los creyentes en nuestros dioses y sobre todo los creyentes en la justicia,
somos los ausentes y las víctimas,
somos las niñas y los niños, la risa y la imaginación sin límites,
somos los jóvenes, que resistimos la opresión de un sistema policíaco,
somos el país y los pueblos,
Somos el Congreso de los Pueblos.


¿Por qué nos constituimos en Congreso de los Pueblos?

Este Congreso fue convocado con un propósito fundamental: que el país de abajo legisle, que los pueblos manden, que la gente ordene el territorio, la economía y la forma de gobernarse.

Así de sencillo. Estamos recuperando para el pueblo y los pueblos de Colombia nuestro carácter soberano, o como dicen, de constituyentes primarios.

Porque a pesar de la euforia de los poderosos, estamos convencidos que el sistema político y económico colombiano está agotado, casi muerto de corrupción y crimen. No esperamos gran cosa de los congresistas y los gobernantes. Lo que hemos confirmado en esta sesión de instalación es que en muchos lugares del país la gente no esperó más y se puso a legislar por su cuenta, a organizar el territorio y a darse su propia forma de mandar. Asambleas constituyentes municipales, pactos de convivencia barriales y regionales, territorios autónomos indígenas y afros, territorios de paz, experiencias de presupuestos participativos, redes de soberanía alimentaria, mesas de concertación de sectores populares, asambleas territoriales en los barrios, movimientos para consolidar reservas campesinas, ¡todos!, han encontrado en sus propios ejercicios legislativos más democracia, bienestar y justicia que toda la que puedan ofrecer y no han garantizado en 200 años de vida republicana.

Este Congreso de los Pueblos ha empezado a juntar esas dinámicas de autonomía popular. Y ha llamado a todos los sectores sociales alternativos a que nos juntemos para pensar un nuevo país, iniciar una deliberación nacional e ir elaborando un Mandato de los Pueblos, o un Mandato País, o una Agenda Alternativa, o una Constitución Popular. La discusión que hemos empezado dirá qué nombre le ponemos. Con ese espíritu, más de 17.000 delegados y delegadas de unas 220 organizaciones con sus procesos sociales populares hemos aceptado sumarnos al Congreso de los Pueblos en su primera sesión; pero el Congreso de los Pueblos tendrá el quórum decisorio cuando otros cientos de procesos de base, dispersos por toda la geografía nacional, se sumen de manera activa, y con todo el espacio para deliberar y decidir, a esta tarea de legislar y hacer de nuevo al país, o mejor, cuando todo el país real se reúna para discutir y decidir cómo es que quiere vivir y trabajar.

El Congreso de los Pueblos no es una reunión. Este primer encuentro fue solo su Sesión de Instalación. Lo que hicimos estos cuatro 4 días ha sido principalmente definir nuestra Agenda Legislativa Popular. Cada una de las organizaciones y sectores sociales que aquí participamos, aportamos alguna experiencia de haber aprobado un Mandato general o puntual, de haber elaborado un Programa o Propuesta sectorial, de haber adoptado Leyes en ejercicio de nuestras autonomías, de haber presentado un Pliego político. Hemos puesto en común esa experiencia de autonomía. Y hemos adoptado las líneas gruesas de una Agenda Legislativa Popular y la Ruta de Trabajo Legislativo de todos los sectores, actores, sujetos y organizaciones populares del país para el próximo período.

***

Hemos decidido hacer de nuevo a Colombia. En realidad, somos nosotros y nosotras, cada cual por su lado, quienes la construimos todos los días. Pero esta vez la edificaremos con nuestra mirada, a nuestro modo, hablando diariamente entre todas las organizaciones populares. Nuestra vocación de unidad popular es irreductible. El Congreso ha decidido que iniciamos un proceso de deliberación y acción conjunta en todos los rincones del país, abordando lo que nos parece que son los temas fundamentales. Aquí algunos de estos asuntos:

Pensar y adoptar un nuevo sistema político basado en los gobiernos autónomos y democráticos de las comunidades locales y los pueblos. Un Estado soberano e independiente. Seremos nosotros y nosotras quienes lo construiremos.

Ordenar de nuevo el territorio del país para que las comunidades puedan mandar sobre sus recursos estratégicos, y para fundar una nueva forma de relacionarnos con la Madre Tierra. El Congreso manda que se libere la Madre Tierra. Y manda que se devuelva a la población el derecho a decidir tanto sus formas de gobierno como el aprovechamiento de los bienes de la naturaleza.

Construir una economía para el buen vivir. En la lucha contra el modelo económico neoliberal que expropia y roba y destierra, la recuperación para los pueblos de los recursos naturales y estratégicos que hoy se encuentran en manos de las transnacionales, es un imperativo.

Consolidar unas rutas propias de las organizaciones de base, populares, para encontrar una solución política del conflicto, y unas rutas de movilización que nos permitan abrir los caminos de la justicia y la paz. Mientras llegan estos momentos, rechazamos la guerra del capital, y demandamos redistribuir el presupuesto destinado para la guerra, de modo que éste se invierta en suplir las múltiples necesidades que agobian a los siempre excluidos y negados.

Potenciar los valores más queridos por la gente que carga con el peso del país real, dándole cuerpo a una ética que respeta y potencia la vida y rechaza la muerte. Cultura que rompa con la opresión patriarcal, cultura de la equidad de género, del respeto y protección de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, por una vida libre de violencias. Valores y ética que se oponen a aquellas decisiones del poder que privilegian el lucro sobre el bien común, la especulación sobre la producción real, el logro individual sobre la realización colectiva, el amasar de mercancías sobre su redistribución, la homogenización sobre la diversidad. Cultura de la solidaridad, del complemento, de la producción limpia, de la armonía con la naturaleza, que sabe y entiende que “los más” urgimos de un sistema de comunicación nacional independiente para que nuestras reflexiones y decisiones lleguen a todo el país, para que se hagan cuerpo y movimiento cotidiano.

Nuestra apuesta es sumarnos al torrente de los pueblos de América que se deciden por la libertad, por la libre determinación y el ejercicio de la soberanía.

***
Es obvio que nuestro propósito de hacer un nuevo país y hacer realidad los derechos de la gente, nos ponen en clara oposición con el gobierno de Juan Manuel Santos, que se reclama heredero de la “seguridad democrática”, pero que sobre todo mantiene intacta su intención de seguir entregando el país al capital financiero y a las transnacionales. Entendemos que las diferencias entre el nuevo gobierno y las mafias con que gobernaron los ocho años anteriores, puede llevar incluso a conflictos entre ellos. Será un período peligroso. Intentarán que a cambio de que ellos se distancien de las mafias, nosotros aceptemos la continuidad del saqueo y la invasión de nuestros territorios. Entre tanto seguirá la judicialización de las luchas populares, el recorte de los derechos sociales, la desterritorializacion del país, la transformación de Colombia en una inmensa zona franca donde vale más la ley comercial que el interés público y la dignidad.

El nuevo gobierno dice ser de “unidad nacional”. Es claro que se trata de unir a todos los sectores de las viejas oligarquías para tratar de restablecer en parte el desastre dejado por el uribismo en materia de polarización interna y aislamiento internacional. De paso quieren cooptar a algunos líderes populares para detener la movilización social. Nada dicen de cumplir sus obligaciones como Estado en materia de los derechos sociales, económicos, culturales, ni de los miles de acuerdos firmados con el movimiento popular, los campesinos, los indígenas y afrodescendientes, los sindicatos y los pobladores de las ciudades, incumplidos año tras año.

Reconocemos que el clima de intolerancia cotidiana que había impuesto Uribe Vélez ha mermado en el nuevo gobierno. Vemos que mientras tanto mantiene la misma agenda económica contra las regiones, contra la soberanía nacional y contra las clases trabajadoras: raponazo a las regalías, ley de ordenamiento territorial sin consulta con los indígenas y afrodescendientes, tratados de libre comercio como pan de cada día, privatización acelerada de los servicios públicos, persecución a las economías campesinas y a los pequeños mineros. Los proyectos de las transnacionales en minería, energéticos y de infraestructura, siguen invadiendo nuestros territorios, sustento de nuestras culturas y de nuestra soberanía alimentaria.

El Congreso de los Pueblos ha determinado que es urgente concentrar nuestros esfuerzos en darle cuerpo a una intensa acción social, política, cultural, espiritual. Nos convocamos a movilizarnos en torno de los grandes desafíos del momento, entre los cuales resaltamos los siguientes:

Por la defensa de los territorios, los recursos naturales, el medio ambiente y la vida digna, contra el despojo.

Por el derecho a la tierra y la reparación a las víctimas.

Por la solución política del conflicto, contra la militarización de la vida y los territorios.

Por el ordenamiento democrático del espacio urbano, contra el sometimiento de las ciudades a las lógicas de acumulación privada.


***
Sobre estos y otros variados temas, el Congreso de los Pueblos empieza a deliberar. Su sesión de instalación organizó el trabajo que realizaremos por todo el país, en todas las organizaciones y comunidades, en el país pleno, para darle forma durante los próximos años a ese Mandato. El país es de los de abajo, y entre todos y todas iremos tejiéndolo. Con la persistencia de todas y todos los concitados por el ánimo de una Colombia diferente de la que hoy tenemos, llevaremos adelante las deliberaciones aquí iniciadas a todos los rincones, para escuchar y retomar los anhelos de los nunca escuchados y siempre negados, esforzándonos en hacer ley y poder lo que hoy apenas es un sueño.

Entre tanto, sesionaremos por líneas sectoriales y temáticas. Convocamos a los Congresos regionales de los Pueblos para iniciar las discusiones y la acción conjunta. Superaremos la dispersión que hoy caracteriza las luchas de resistencia, con nuestras manos siempre dispuestas a anudar esfuerzos y proyectar en forma conjunta el quehacer con otras experiencias sociales alternativas.

Para hacerse realidad, y sabiendo que es proceso, este Congreso de los Pueblos constituye una mesa de trabajo integrada por todas las organizaciones y procesos que hicieron presencia en su primera sesión de instalación que hoy termina, dejando el espacio abierto para todas las dinámicas organizadas que resuelvan llegar. Y cita a unas y otras a encontrarse en no más de 30 días en Bogotá, con el propósito de estructurar ordenada y puntualmente las decisiones tomadas en su primera sesión.

Al mismo tiempo, estimula a la diversidad que lo ha constituido, para que se despliegue por todo el país con ánimo deliberativo y de acción. Seguiremos aplicando nuestros principios de trabajo: desde abajo, entre todos y todas, alrededor del fogón, dialogando y buscando que la palabra transparente y justa sea la que lleve nuestro mensaje y nuestra decisión. Diagnosticar, reflexionar, unir, hacer, transformar, son algunos de los verbos llenos de contenido que deben orientar el esfuerzo de todas y todos los congresistas.

Mientras este momento llega, y por ahora, lo más importante es que salimos de esta primera sesión del Congreso con el convencimiento de que estamos legislando, que estamos construyendo nuestro propio sistema político desde las comunidades y organizaciones de base. Que lo haremos porque es nuestra tarea, y porque los ricos y poderosos no lo harán. Somos los pueblos, las comunidades, las organizaciones populares, quienes sacaremos al país de este lugar terrible al que lo han llevado los líderes históricos y nuevos del establecimiento.

Proponemos al país poner de nuevo en la agenda nacional la urgencia de superar el conflicto. Respaldamos a las personas, comunidades y organizaciones que día a día realizan hechos de paz, y rechazamos su criminalización. De nuevo exigimos a los actores armados el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario.

Mostraremos en los hechos que estamos por la democracia popular, la soberanía, la lucha contra el capital, por la vida digna, la paz y la justicia. Que los pueblos de Colombia somos el país; que la unidad es posible y que la estamos tejiendo.

Que el país de abajo legisle.
Que los pueblos manden.
Que la gente ordene el territorio, la economía y la forma de gobernarse.
Que camine la palabra.









Por: Palabra del Congreso de los Pueblos de Colombia
Tomado de: congresodelospueblos.org

jueves, 22 de julio de 2010

Porque sigue la resistencia…. Antimili Sonoro 2010

DÉCIMO SEXTA ACCION DIRECTA DE ANTIMILI SONORO 2010



El pasado 20 de julio se adelantó por la red juvenil de Medellín, y un grupo de organizaciones amigas; la versión numero 16 de la acción directa de ANTIMILI SONORO, este se llevo a cabo en el simbólico parque obrero del barrio Boston en el centro de la ciudad de Medellín; contó con la presencia de 7 bandas musicales, 3 presentaciones teatrales y más de cinco mil asistentes.

Como es usual cada año, personas de muy variadas expresiones contraculturales, que desde su vestimenta, sus prácticas, sus gustos y sus convicciones fueron sumando y sumando hasta llagar a ser mas de cinco mil personas cantando, arengando y disfrutando de un espacio que cada año se libera para dar paso a la expresión antimilitarista más fuerte en la ciudad.

Para este año, el mensaje y fecha eran claro; mientras la oligarquía de este país festeja 200 años de colonialismo criollo, nosotros desde un micrófono, unas guitarras, una batería y algunas pistas, alzábamos nuestra voz recordando que, cual independencia si la voz de los artistas es acallada, si nadie puede disentir, si la voz del pueblo no es escuchada, si hay más de mil efectivos norteamericanos en territorio colombiano, mas de 7 bases de los E.U, multinacionales extranjeras controlando la economía, y lo peor, 200 años en los que las mismas elites nos han controlado, maniatado, asesinado, desplazado, falseado y excluido.

Cual independencia en un país con más de 24 millones de pobres, con mas servicios que derechos, con mas legalidad que legitimidad; cual independencia en un país rico en agua, pero agua controlada por capital extranjero, con una deuda externa que crece y crece; cual independencia en un país en el que sus gobernantes quieren que nos matemos unos con otros mientras ellos se reparten la torta desde la casa de Nariño, el country club o el club el nogal.

En esta ocasión, en un acto de desobediencia a un estado que quiere militarizar nuestras vidas, que nos ha impuesto un modelo de desarrollo que solo beneficia a los pequeños monopolios, y que además se ha valido de ejércitos ilegales y del terrorismo para mantener su proyecto; nos hemos concentrado en un reto permanente.

Un reto para nosotros y nosotras, es que en una ciudad fundida en el terror, el control, la arbitrariedad, la exclusión y el paramilitarismo, todavía alcemos la voz aunque sea cada año, nos concentremos miles de jóvenes y permanezcamos durante 12 horas continuas, diciendo, resistiendo y confrontando desde nuestro quehacer y desde nuestra expresión cultural.

El antimilitarismo sonoro, es una forma de romper con el temor que quieren infundir todos los ejércitos en las calles de esta ciudad, una forma de romper con la cultura de la obediencia a la ley injusta, una forma de decirle a la ciudad que….

Los jóvenes hacemos una apuesta permanente por la paz y la desmilitarización.

Que no es cierto que todos los jóvenes seamos un peligro.

Que no nos dejaremos vencer por este estado mafioso e ilegitimo.



Es una forma de decir desde el arte, que nada es neutral, que nuestra apuesta es clara, que no queremos ejércitos, patriotas, patriarcado, leviatanes, policías, héroes, ni hombres armados; que no los necesitamos.

Durante doce horas en un lugar en el que estaban concentradas más de cinco mil personas y no había fuerzas del estado no hubo ni un muerto, lo que no ha podido hacer el estado con todos sus aparatos, todos los venteros ocasionales hicieron su día, los asistentes disfrutaron bajo una sola regla: el autocontrol es posible, y una vez más logramos decirle a la ciudad que un grupo numeroso de personas estamos en desobediencia a este modelo cultural patriarcal y militarista, que no creemos en la independencia que nos quieren vender y lo mejor de todo, que no obedeceremos al control del estado sobre los espacios públicos.

El antimili es una expresión legitima de jóvenes, de esos mismos que hemos sido estigmatizados y controlados; de esos mismos que por el hecho de vestirnos diferentes se nos aisla, de esos mismos que por proponer la abolición de las dominaciones se nos juzga; esos mismos jóvenes somos lo que en este día que no queda registrado por ningún medio de comunicación masivo, hemos dicho: no tenemos miedo, tenemos esperanzas, sueños y propuestas y en ellas persistiremos.

Agradecemos a todas las personas que asistieron, a todas aquellas que lo hacen cada año; a todas las organizaciones nacionales y extranjeras que nos acompañan y sobre todo, a la ausencia de aquel verde oliva y camuflado que nunca será invitado ni bienvenido.


Desobedece y resiste

a toda forma de dominación.

Por la desmilitarización de nuestros cuerpos y territorios.

Red Juvenil de Medellín

julio de 2010.



Por: Red Juvenil
Tomado de: redjuvenil.org

miércoles, 21 de abril de 2010

Recordemos lo que aconteció el 8 de marzo, día internacional de la Mujer en Medellín.

Sin la voz de las mujeres la verdad no está completa


Las heridas hablan y cuando son escuchadas se van cerrando con el bálsamo del dolor compartido, que junta manos y corazones para tejer la verdadera solidaridad de piel y amor. Es la solidaridad que cura las heridas de la injusticia, el abandono, la violencia y la guerra. Alba Lucia Tamayo

Los hechos narrados por las mujeres en este Tribunal son el reflejo de un conflicto armado permanente, de una sociedad patriarcal y militarista, que justifica la opresión, la explotación y la discriminación contra las mujeres, en una sociedad profundamente desigual que las empobrece y margina. Por lo tanto su palabra es suficiente para afirmar que la violencia contra las mujeres es un fenómeno estructural, que las instituciones estatales son responsables de la permanente violación de los derechos humanos, por su incapacidad, por su retardo por sus prejuicios patriarcales.

Mujer tu voz y tus pasos hacen falta en la marcha

Movimiento Social de Mujeres
Medellín 8 de marzo de 2010


Por: Producciones El Retorno
Tomado de: youtube.com/elretornocolombia

lunes, 8 de febrero de 2010

Masacre de indígenas awá, un año de impunidad y duelo

Tras un año de la masacre, los cuerpos de ocho aborígenes que fueron asesinados con cuchillos y machetes por las Farc, no han sido enterrados.

Las Farc se llevaron a 11 indígenas awá hacia la quebrada El Hojal, en el resguardo Tortugaña-Telembí, en Nariño. Tras acusarlos de ser colaboradores del ejército, desaparecieron a tres y mataron al resto con machetes y cuchillos. En realidad, la cantidad de víctimas eran 13, porque entre los cadáveres había dos mujeres embarazadas que ya casi iban a dar a luz.

Medicina Legal de Cali logró identificar cuatro cadáveres, aún faltan otros tres. El resto están desaparecidos y se presume que fueron arrojados al río El Bravo.

La brutal masacre ocurrió el 4 de febrero de 2009, en una tupida y pantanosa selva nariñense donde llueve a diario pero hace calor todo el día y sólo hace frío al amanecer. El terreno además está lleno campos minados. Al poco tiempo, la columna Mariscal Sucre, de las Farc, reconoció su autoría del hecho mediante un comunicado y se justificó diciendo que las víctimas eran informantes de la fuerza pública.

A pesar de que se tuvieron noticias de la masacre a los pocos días, el número de víctimas y la forma como murieron sólo se pudo aclarar dos meses después. Por las dificultades del terreno y lo inseguro que es para cualquier persona, ninguna autoridad pudo llegar al sitio de la matanza.

Ante la necesidad de saber en realidad qué pasó, unos 700 indígenas de Cauca, Nariño, Huila, Valle, Putumayo, Quindío y Córdoba se fueron monte adentro. Encontraron tres cadáveres en el resguardo Tortugaña-Telembí. Para su sorpresa no eran víctimas de la masacre de febrero sino de otra ocurrida en septiembre de 2008. Luego encontraron otros cuatro en una fosa, y otro más enterrado cerca.

Pese a la odisea, ninguno de los cadáveres ha tenido sepultura. Según cuentan los indígenas, los cuerpos están todavía en Medicina Legal en Tumaco y no han sido devueltos a sus familiares. Todavía falta identificar plenamente algunos cuerpos. Ha sido una tarea difícil, pues no se sabe dónde están algunos parientes y las muestras de su sangre son fundamentales para establecer los parentescos.

Después de la matanza, se desplazaron más o menos 400 personas. De ellas, la mitad no soportó las condiciones en que tenían que vivir en el sitio donde estaban alojados y se fueron para las casas de familiares y amigos. El dato que se tiene es que todavía ninguno ha regresado a sus casas.

Si las víctimas no han sido enterradas, quiere decir que tampoco tendrán el ritual que, por tradición, se les hace a los awá un año después de muertos. Este pueblo indígena acostumbra que, durante los primeros 12 meses después de la muerte de alguno de sus miembros, la familia guarde un luto que implica no bailar y no tomar licor a lo largo este tiempo.

Gabriel Bisbicús, líder de la Unidad Indígena del Pueblo Awá (Unipa), explica que el día del primer aniversario, los familiares y amigos visitan la tumba y llevan un tambor. Hacen como una especie de evento social alrededor y, después, golpean el instrumento cuatro veces, como para despertar al muerto.

Uno de los asistentes lleva una estructura de madera en su espalda, algo así como una silleta. Se supone que en ella se sienta el espíritu. Caminando, van a la casa del muerto, donde previamente la familia ha preparado su llegada.

Para ese momento, han puesto la cama idéntica a como solía usarla el pariente y, sobre ella, una muda de ropa, como si la persona estuviera acostada allí. Quien lleva el espíritu en su espalda, lo ubica delicadamente encima, como si estuviera acostando a una persona dormida sin querer despertarla.

En otro sitio, han puesto una mesa con la comida favorita de quien murió hace un año y en otro lugar, sacan todas sus pertenencias, como ropa, zapatos, machete, en fin. Con la casa así organizada, se inicia una fiesta. Los asistentes toman trago, comen, bailan. También pueden hacerlo los familiares del muerto, porque ya con este rito se acaba el luto.

Al amanecer, quienes no son parientes toman las pertenencias del difunto y se las reparten para quedarse con ellas. Y la familia toma una muda de ropa, va donde un sacerdote para que celebre una misa por el difunto y, al final, le entrega las prendas. Desde ese momento, se despiden definitivamente y el espíritu se va para la selva.

Esa es la manera como los awá creen que sus muertos pueden descansar definitivamente tranquilos, cosa que no ocurrirá si permanecen en la morgue.

Quien no se sabe si está descansando tranquilo es el guerrillero Antonio Villavicencio, alias ‘Villavo’, el comandante de la Mariscal Sucre cuando ocurrió la masacre. Bajo sus órdenes, este grupo de las Farc fue el responsable de brutales muertes.

Según la Policía, ellos quemaron un bus en la vía entre Pasto y Cali el pasado 20 de noviembre. Las versiones conocidas hasta ahora dicen que los guerrilleros prendieron el fuego cuando aún estaban seis personas adentro, incluidos dos niños. Todos ellos murieron en las llamas.

Quienes conocieron de cerca de ‘Villavo’, se lo describieron en su momento a Semana.com como un hombre que se agitaba fácil y lo comparaban con “un cerdo apareándose”, porque a veces hablaba a los gritos, se inflaba su nariz, decía cosas que nadie entendía y su boca se mojaba con saliva.

Y en esos momentos de excitación llegó incluso a permitir que sus hombres cometieran atrocidades como matar con cuchillos y machetes a indígenas amarrados, incluyendo a dos mujeres embarazadas.

El secretario de gobierno de Nariño, Fabio Trujillo, le contó a Semana.com que hay información de inteligencia que dice que ‘Villavo’ podría estar muerto.

Las versiones son tres. La primera, es que el guerrillero ‘J.J’, jefe del Frente 29, ordenó relevarlo ante el gran costo político que tenían que pagar las Farc por los excesos de ‘Villavo’. “Para ello, mandaron a ‘Gustavo’, que era el comandante de la columna móvil Daniel Aldana, que opera más hacia Tumaco. Parece que hubo líos entre ellos dos y ‘Villavo’ mató a ‘Gustavo’. Entonces la guardia ‘Gustavo’ reaccionó y mató a ‘Villavo’”, según narra Trujillo.

Otra versión es que ‘Villavo’ escuchó que iban por él y se preparó para atacar sin ningún diálogo y lo mataron. Y la tercera hipótesis es que se enfrentó con el ELN y cayó en un campo minado y se murió.

“Creemos que ‘Villavo’ está muerto. Era extremadamente sanguinario y es posible que las Farc hayan querido relevarlo”, enfatiza Trujillo.

Esas versiones que da el Secretario de Gobierno están sujetas a verificaciones. Pero sea cual sea el final de los victimarios, hay un grupo de gentes que después de un año, no han podido darles a sus parientes la sepultura que merecen.


Por: Semana.com
Tomado de: www.semana.com

miércoles, 30 de septiembre de 2009

COMIENZA EL FORO SOCIAL 2009‏

Diversas personas, comunidades, organizaciones, colectivos, redes y movimientos sociales, nos hemos articulado para visibilizar las problemáticas causadas por el neoliberalismo, el autoritarismo y la privatización; con el propósito de buscar alternativas y propuestas para transformar la situación de pobreza y exclusión social que se presenta en la ciudad de Medellín, Antioquia y Colombia.

En esta oportunidad invitamos a todos y todas a reivindicar el derecho al territorio, reflexionar sobre la dignidad y la identidad popular, avanzar en la lucha por los derechos humanos y la vida digna, así como articularnos frente a las propuestas de movilización comunitaria y popular.

Las y los invitamos a conocer y divulgar la programación y los contenidos del
Foro Social por la Vida, la Dignidad y la Identidad Popular
3 al 11 de octubre de 2009 ¡Nuestros Territorios son Posibles, Sin Miseria Ni Exclusión!

Programación e información en el Link:

www.forosocialmedellin.org

o contactar en esta dirección:

info@forosocialmedellin.org



Para mejor visualización Mozilla Firefox.




Por: Foro Social Medellín 2009

domingo, 5 de julio de 2009

La quimera del Poder Popular: una forma de integración al sistema.

Al menos como es entendido en general por la izquierda, el “Poder popular” sería una propuesta para construir el socialismo mediante un modelo de democracia participativa, que reestructuraría la organización sobre la que se sustenta el Estado. El poder popular estaría fundado en la vieja idea de Rousseau de voluntad general, transfiriendo las atribuciones del gobierno al pueblo, instituido en organizaciones asamblearias de base y eligiendo mediante el voto a los representantes en el gobierno popular.
Esta política requiere la toma del gobierno para impulsar la transferencia antes mencionada, pero de forma gradual para transformar la democracia representativa en participativa, y alcanzar el socialismo por el camino del poder popular. Es decir, se plantea un objetivo supuestamente revolucionario por un camino reformista, aderezado de jerga nacionalista, socialista y antiimperialista. Este fue un experimento que quedó trunco en Chile en 1973 por el golpe de Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, y forma parte del canon ideológico de la Venezuela de Hugo Chávez y la Cuba post-bloque socialista, que recupera la consigna guevarista de desarrollar en el pueblo los “gérmenes de socialismo”. Este tipo de proyectos reformistas y autoritarios, defendido por la izquierda nacionalista y burguesa, han sido repudiados desde siempre por los anarquistas y sus teóricos más influentes, Bakunin y Malatesta, entre otros.
Sin embargo, desde hace un tiempo muchos compañeros libertarios latinoamericanos (argentinos, uruguayos, colombianos y brasileños) han publicado declaraciones acerca de la necesidad de que los anarquistas “construyamos el poder popular” luchando por la socialización del poder a fin de que no se convierta en la posesión de unos pocos. La idea que se propone apuntaría a construir un movimiento libertario anti-dogmático, aterrizado en la realidad y conectado con las luchas populares.
Estas formulaciones, como bien presuponen sus autores, podrían parecer “una contradicción irresoluble” a todo “luchador o luchadora de la libertad”. En realidad no lo parece, sino que es una contradicción irresoluble. Pero antes de responder por qué lo es, veamos en qué consiste esta propuesta.
En un documento titulado Anarquismo y Poder Popular, de la Red Libertaria Mateo Kramer de Colombia (http://redlibertariapopularmk.entodaspartes.net/), se hace la siguiente pregunta:
¿Debe el poder ser entendido únicamente como una imposición autoritaria, como un poder sobre? ¿No se puede comprender el poder de otra forma, es decir, como un poder-hacer colectivo, un poder-construir en conjunto? Son los de arriba, aquellos que mandan, los que nos han hecho creer que el poder es un “objeto” del cual ellos tienen posesión, una “cosa” despegada de las relaciones sociales, un aparato trascendente de sujeción. Pero, en cambio, nosotros y nosotras, los y las de abajo, concebimos el poder de otra forma: no como una “cosa”, sino como una “relación”, como un poder social alternativo y liberador. Así, nuestro poder es principalmente una capacidad colectiva de imaginar y de crear en el aquí y ahora una nueva sociedad.
Aquí surge una confusión en la pregunta que va a afectar a todo el análisis posterior. El término poder tiene múltiples acepciones, significados e interpretaciones, por su carácter polisémico. Podemos hablar de poder como una relación de dominio, como la capacidad de hacer, como posesión de algo, fuerza, capacidad de provocar efectos de verdad, mando, coerción, y finalmente, el gobierno de un país.
Claramente en la pregunta se confunde la acepción de relación de dominio (primera pregunta) con la acepción capacidad de hacer (segunda pregunta). Para mayor embrollo, el razonamiento prosigue proponiendo dejar de ver al poder como un objeto o instrumento y tomarlo como una relación, pero desdeñando que las relaciones de poder sean relaciones de dominio, y nuevamente proponiendo un poder como “capacidad colectiva de imaginar” (es decir, una competencia y no una relación).
Luego de semejante enredo, que no por enmarañado deja de ser de una simpleza y una frivolidad pasmosa, sería lícito preguntarse si todo se reduce a preferir una acepción por otra o a considerar que los anarquistas siempre han sido tan obtusos como para haber confundido siempre el poder con una “cosa” y nunca haberse percatado de que era una relación de dominio. Como si el hecho de pensar al poder en su aspecto relacional lo convirtiera en “un poder social alternativo y liberador”, y no en una relación asimétrica de dominio. El capitalismo, entre otras cosas, también es una relación social asimétrica (de explotación y dominio), y seguramente a estos compañeros no se les ocurriría olvidar este aspecto para proponer un “capitalismo social alternativo y liberador”.
En realidad, los anarquistas negamos el poder político, la capacidad de dominio de una institución, un grupo o un individuo sobre otras personas, el poder como sinónimo de gobierno. Es decir, toda la teoría anarquista se funda sobre una crítica al poder y los efectos que produce, expresado objetivamente en los medios, instituciones, dispositivos e instrumentos materiales a través de los que se ejerce el dominio, pero también subjetivado en relaciones asimétricas donde unos deciden y mandan mientras que otros obedecen y ejecutan. Los anarquistas nunca propusieron el poder popular, ni el poder para una clase, precisamente porque apuntaban a ese aspecto relacional del poder, donde si una clase o un grupo (aunque fuese mayoritario) ejercieran poder sobre otro, se convertiría en otra relación de dominio (asimétrica). Quien posee el poder ejerce control sobre la conducta de quien los sufre. No existen relaciones de poder simétricas, porque cuando existe simetría y reciprocidad en una relación social, es porque la relación de poder ha dejado de existir.
En el documento también se afirma que, “para que este poder colectivo sea popular, el agente no puede ser otro que el pueblo, ese sujeto plural que se define por la reunión de las clases subalternas, de los marginales, de los desposeídos, de los excluidos”. Más allá de la obviedad de la proposición, se percibe una valoración de lo popular como positivo per sé, lo cual puede ocasionar ciertos conflictos. Lo popular no está exento de acarrear ciertas lacras sociales, como el sexismo, el nacionalismo o el racismo, por mencionar las más habituales. Si algo fuese definido como popular tan solo porque lo produce el agente “pueblo”, y si definimos al pueblo gramscianamente como clases subalternas, deberíamos también aceptar que dentro de ese pueblo hay gran cantidad de elementos sociales, culturales, políticos y económicos burgueses incrustados, que incluyen tanto al ama de casa, al vendedor ambulante y al obrero, como al policía de la esquina, al dueño de una verdulería o a un barrabrava futbolero. La esencia popular es precisamente ese carácter policlasista, que conjuga elementos revolucionarios y conservadores, proletarios y burgueses, libertarios y autoritarios.
Si -como sostienen- el poder popular es una nueva forma de relación, y apunta a poner “en marcha un nuevo ethos,” creando “otro mundo posible, un mundo distinto que se enfrenta al que ya conocemos,” y al mismo tiempo “es una praxis que en la misma medida en que va transformando los lugares de vida de las personas crea un bloque contrahegemónico, un bloque que entra en confrontación directa con el orden imperante,” entonces el poder popular planteado de esta forma comienza a tener puntos en común con el poder popular según lo ha entendido históricamente la izquierda. Este poderse presenta como una anticipación de la sociedad futura, como una práctica gradualista, que apunta a reemplazar al Estado y al capital. Lo que no se explica es como una cultura horizontal y libertaria, participativa e incluyente pueda tener cabida en una sociedad que es su negativo rotundo, en que los medios de comunicación, educación, explotación y represión están en manos de quienes detentan realmente el poder. Claro que existen prácticas solidarias, ayuda mutua, cooperación, altruismo y actitudes libertarias en el seno del pueblo, pero esto es más inherente a la condición humana que al ethos popular. Es sencillamente una ilusión creer que por propugnar el poder popular (como quiera que esto se entienda) vamos a estar más cerca de la auto-liberación de las masas. El sistema capitalista ha demostrado una gran capacidad de absorción de todos los movimientos populares, de todo signo: Venezuela y Cuba son un muy buen ejemplo de esto. Cuando excepcionalmente los gobiernos que realmente ejercen el poder conceden la posibilidad de que la gente practique alguna forma de autogestión, siempre es bajo el permiso y supervisión directa o indirecta, cuando no el interés, del Estado.
Es un error plantear que, “el anarquismo que quiere socializar los medios de producción, también quiere socializar el poder y evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos”, precisamente porque eso sería socializar la asimetría, haciendo del poder el “privilegio de la mayoría”, y donde aquello que una mayoría denominada “popular” imponga al resto “menos popular” su particular visión de lo que debe ser. Es una peligrosa ingenuidad suponer que dicho poder popular crearía “espacios alternativos de vida colectiva, lugares materiales y virtuales que escapan al control del capitalismo y de la autoridad”. Más aun cuando todas las experiencias históricas han demostrado exactamente el contrario, y nunca pudo coexistir un espacio libertario por mucho tiempo en una sociedad estatal sin enfrentarse con ella (como en Ucrania o Kronstadt y la revolución española), o siendo absorbido por el capitalismo y el Estado, como en Cuba o en la Venezuela bolivariana, donde el Poder Popular funciona como un mecanismo de autorregulación capitalista.
Contrariamente a los que sostiene la Red Libertaria Mateo Kramer, los anarquistas debemos aspirar a destruir toda forma de poder, sin dejar de organizarnos igualitaria y libremente, propugnando que el pueblo se auto libere. Porque las perspectivas políticas del populismo y el socialismo antiburgués siempre serán reformistas, aspirando a lo sumo a un capitalismo gestionado por la clase obrera, mediante cooperativas, sindicatos, partidos políticos o el “Estado Popular”.
Ser anarquista implica estar en contra del poder en todas sus formas, no solamente en contra de “algunas formas de poder”. El poder colectivo no es ausencia de poder, del mismo modo que un capital colectivo no es ausencia de capital. El ser anarquista no puede reducirse a enfrentarse al poder burgués, sus agentes económicos, culturales y políticos. No podemos hacer del pueblo o el poder popular un adorado fetiche, del que presuponemos revolucionario per sé. De lo contrario, pondremos al pueblo en el trono, para ser su propio opresor, alienado de sí mismo. Un Poder Popular negador de la liberación humana y que, parafraseando a Bakunin, no va a ser menos prepotente porque lleve inscrito el rótulo de “poder del pueblo”.


Publicado en el periódico anarquista Libertad! N° 52

Por: Patrick Rossineri
Tomado de: www.alasbarricadas.org